
La absorción de elementos extranjeros y su posterior modificación para que estén a la medida y gusto de los japoneses ha sido una tónica general dentro de la historia japonesa, y ha sido especialmente importante en lo que se refiere a la cultura contemporánea. Durante la ocupación estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial, una gran cantidad de elementos culturales provenientes de los Estados Unidos fueron importados por Japón, añadiéndose a otros que ya habían sido importados cuando el país se abrió a Occidente tras la Restauración de Meiji. Durante los años 60 se produjo un período de crecimiento económico que impulsó el desarrollo del consumo, el tiempo libre y la asimilación de aún más elementos occidentales.
Tras medio siglo de incorporación de influencias occidentales, la cultura contemporánea japonesa ha madurado y ha incorporado un toque japonés que la distingue del resto de países tanto asiáticos como occidentales. De hecho, la cultura contemporánea japonesa está ejerciendo una notable atracción en el resto de países asiáticos. Los países que se han visto particularmente influidos por Japón incluyen Taiwan, Hong Kong, Corea del Sur y Tailandia, donde ahora la música, películas, videojuegos, animación, moda y otras ofertas culturales japonesas se han hecho extremadamente populares.
Este interés por la cultura japonesa en Asia también refleja un profundo cambio generacional. Mientras que sus antepasados crecieron viendo como el imperialismo japonés se extendía por todo el continente con el pretexto de la "esfera de co-prosperidad" durante el primer tercio del siglo XX, para las nuevas generaciones del siglo XXI los excesos del pasado ya están superados y lo que prima es que Japón puede aportar unos iconos culturales modernos, nuevos y frescos.
Esta moderna influencia cultural japonesa es tan importante en Asia debido a que, tanto geográfica como culturalmente, Japón está mas próximo de lo que cualquier otro país occidental puede llegar a estar, y es que los estilos y modos de vida que refleja la cultura japonesa están más próximos a la idiosincrasia oriental que las manifestaciones culturales estadounidenses o europeas. Una vez más se confirma el dicho de que la pluma es más fuerte que la espada
: todo lo que no pudieron hacer las armas durante la expansión imperialista japonesa que acabó con su derrota en la Segunda Guerra Mundial, lo están haciendo Mario, Hello Kitty y Pikachú, por sólo citar tres iconos culturales especialmente populares.
En cuanto a la introducción de la cultura contemporánea japonesa en Occidente, todavía queda un largo camino por recorrer, puesto que aunque en el mundo de la animación, del cómic y de los videojuegos hace años que Japón desembarcó en los países occidentales para quedarse, en otros campos como el musical casi todos los intentos realizados por grupos y cantantes japoneses para de abrir nuevos mercados han acabado en fracaso.
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