
El comercio del sexo ha sido y es una de las industrias más florecientes en cualquier cultura, y Japón no es una excepción. Es cierto que, debido a la particular idiosincrasia japonesa, las formas que ha tomado esta industria en Japón varían un poco respecto a lo que, como occidentales, esperamos encontrar (hablaremos de todo ello en otros artículos). En realidad, desde el año 1956, cuando se promulgó la Ley Anti Prostitución, el ejercicio de la prostitución es ilegal (con ciertas reservas), pero hay que notar que esta ley se promulgó en plena ocupación estadounidense, sin tener muy en cuenta la moral y la forma de pensar japonesa, y desde entonces los empresarios japoneses han encontrado maneras de aprovechar los recovecos de esta ley para hacer dinero gracias al sexo.
¿Pero qué dice la ley exactamente? ¿Cómo ha sido posible que se encontraran argucias para seguir comerciando con el sexo? Muchas de las confusiones respecto a la industria del sexo en Japón vienen derivadas de un mal conocimiento de la ley de 1956. Esta ley, en realidad, no declaró ilegal la práctica de la prostitución, sino que lo que declaró ilegal fue buscar servicios sexuales, obligar a alguien a prostituirse, obtener una compensación por la prostitución de terceras personas, inducir a la prostitución, abrir locales para el ejercicio de la prostitución, obtener fondos para la prostitución, etc. Lo curioso es que la definición de prostitución que se da en esta ley se refiere única y exclusivamente al coito, con lo cual otros tipos de prácticas sexuales que no impliquen el coito son legales. Para regular este tipo de actividades, se han producido varias modificaciones (en 1985 y 1999) de la Ley de Regulación de Negocios que Afectan a la Moral Pública, de 1948.
Hay que tener en cuenta, en cualquier caso, que aunque en el pasado la prostitución era legal, lo era sólo en los barrios de placer creados bajo el shogunato Tokugawa. De hecho, sólo estaba permitido el comercio del sexo en estos barrios vallados y apartados de la vida cotidiana, que fueron los siguientes: Yoshiwara en Edo (antiguo nombre de Tokio), Shimabara en Kioto, y Shinmachi en Osaka. Si las autoridades competentes detectaban un prostíbulo no licenciado situado fuera de estos barrios de placer, lo clausuraban inmediatamente y mandaban a todas las empleadas a vivir a estos barrios, obligándolas a trabajar para alguno de los prostíbulos ya establecidos.
Como suele ser habitual, los japoneses no hablan de sexo a las claras, para lo que utilizan diversos eufemismos. Como ejemplo, podemos encontrarnos con venta de primavera
o baishun, utilizado en la ley de 1956, que equivale a prostitución ilegal. Otro término más antiguo y ampliamente utilizado en el pasado en el mundo de las geishas, válido tanto para las actividades legales como ilegales es comercio del agua
, o Mizu shōbai.
Seguramente nos preguntaremos, a la vista de todo esto, los motivos por los que el sexo es un tema tan, aparentemente, natural en Japón. La explicación, simple y evidente, es porque su religión autóctona, el sintoísmo, nunca ha visto el sexo como algo tabú, cosa que si ha ocurrido en todos los países de tradición judeocristiana. No es de extrañar, por tanto, que los occidentales que entraron en contacto con Japón se escandalizaran ante la permisiva actitud nipona hacia el sexo, de forma que, cuando los estadounidenses ocuparon el país tras la Segunda Guerra Mundial, todo lo relacionado con el sexo pasara a estar regulado.
Hoy en día, y tras las últimas revisiones de las leyes, pagar por tener sexo con un menor de 18 está penado con hasta un año de cárcel y una multa equivalente a unos 5000 euros. Antes de que estas revisiones entraran en vigor, la edad límite para el sexo consentido se marcaba en los 13 años. Sin embargo, todas estas leyes no han modificado la actitud a veces enfermiza de los japoneses hacia el sexo, habiéndose llegado a extremos tales como tener que poner vagones de metro especiales sólo para mujeres para evitar tocamientos, entre otras muchas cosas de las que hablaremos en esta sección.