Desde finales de marzo hasta principios de abril se produce la floración de los cerezos en Japón, y su contemplación se ha convertido en una de las tradiciones más arraigadas del país. El nombre de la celebración, hanami, recoge literalmente esta tradición pues su significado es ver flores
.
Según el antiguo calendario japonés, el mes de abril recibía el nombre de uzuki, el mes en el que florecen las deutzias (utsugi)
. Además puesto que 卯 es el cuarto animal según el zodíaco japonés, también puede considerarse como el mes de la liebre.
Otros nombres que recibe este mes son unohanatsuki (la forma larga de uzuki) y hananokorizuki, el mes de los restos de las flores
.
Hacia el final del invierno, los vientos fríos que soplan del continente se van debilitando y se vuelven intermitentes. En este momento, las bajas presiones que se originan en China entran en el Mar del Japón, haciendo que empiecen a soplar vientos calientes desde el sur. El primero de estos vientos se llama Haru Ichiban.
La floración de los ciruelos comienza en febrero y la de los cerezos en marzo, en las latitudes más meridionales, y el frente de floración
(kaika zensen) se va extendiendo desde Okinawa hacia el norte del país, acabando a mediados de mayo con la floración de los cerezos en Hokkaidō, la más septentrional de las islas del archipiélago japonés. Debido a que el clima de cada región no siempre es igual año tras año, la floración de los cerezos en dicha región puede adelantarse o atrasarse ligeramente.

El frente de floración de los cerezos (sakura zensen) tal y como se anuncia en televisión. Normalmente está referido a la variedad someiyoshino (Prunus x yedoensis ), un cruce entre las especies edohigan (P. pendula Maxim. form. ascendens Ohwi) y ōshimazakura (P. lannesiana var. speciosa).
Es por ello de gran importancia el pronóstico de floración que realiza anualmente la Oficina de Meteorología, y que cuando llegan estas fechas, se puede encontrar en los telediarios y periódicos para que los japoneses sepan cuándo pueden ir a contemplar los cerezos en flor, ya que la flor del cerezo tiene una vida muy corta, de tan sólo una semana, lo que encaja perfectamente con el espíritu tradicional japonés de admirar la impermanencia de la vida y el fluir de la misma. Precisamente, la flor del cerezo es tan admirada porque es una metáfora de la vida, bella pero efímera.
Esta tradición se remonta al período Nara (710-784) cuando los japoneses tomaron de la cultura china el placer de contemplar las flores. En aquella época la flor del ciruelo era la más admirada, cosa que cambió en el período Heian (794-1192), cuando el cerezo cobró más protagonismo, hasta el punto de que en la literatura de la época era frecuente la sinécdoque de utilizar la palabra flor
por cerezo
.
En aquellos tiempos, cuando la gente pensaba que existían dioses dentro de los árboles, el cerezo se utilizaba como método para adivinar las cosechas, por lo que se realizaban ofrendas a estos supuestos dioses. Fue el emperador Saga (786-842) quien tomando esta tradición decidió organizar fiestas bajo los cerezos del Palacio Imperial, estando reservado únicamente para los miembros de la corte. Con el tiempo la costumbre se extendió a los samuráis, y finalmente, en el período Edo (1600-1868), se convirtió en una celebración popular y acabó extendiéndose al resto de la población.

Hoy en día el hanami (llamado a menudo o-hanami, para indicar respeto) es la excusa perfecta para hacer un picnic con la familia, con los amigos, o con los compañeros de trabajo, sentado bajos los cerezos, y en el que se bebe y se come en grandes cantidades, continuando la fiesta a veces incluso por la noche (llamada entonces yozakura o cerezos nocturnos). Es peculiar ver también cómo mucha gente guarda los mejores sitios con varios días de antelación. El parque de Ueno, en Tokio, y Yoshinoyama, en Nara, son dos de los lugares más populares para la celebración del hanami.
Los que quieran imitar esta costumbre tampoco hace falta que vayan a Japón. El valle del Jerte, situado en las estribaciones de la Sierra de Gredos, entre las provincias de Cáceres, Ávila y Salamanca, es el mayor cerezal de Europa, con con un millón de cerezos, y los habitantes de esta comarca celebran todos los años durante la segunda quincena de marzo su peculiar hanami, denominado Fiesta del cerezo en flor.
Una vez al año y por sólo unos días el valle del Jerte ve como sus colinas aparecen nevadas de flores blancas. Cuando empiezan a desaparecer las nieves de las cumbres, otro blanco se extiende por sus laderas, el blanco puro y aromático de la flor del cerezo. Este milagro es uno de los mejores regalos que la naturaleza nos puede ofrecer cada año.
La Fiesta del cerezo en flor es una fiesta de interés turístico regional que lleva unos 30 años organizándose y cada año atrae a más de 40.000 visitantes. En el año 2006 ha ampliado su período de celebración a 15 días, desde el 21 de marzo al 2 de abril, con el objetivo de convertirla en una de las dos fiestas más importantes de la región.
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