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Matsuri

Los festivales japoneses

Japón tiene una larga tradición de fiestas en las que se invita y se acoge a las divinidades (kami), se les agasaja y se entabla comunicación con ellos. Los festivales japoneses o matsuri derivan de ritos sagrados sintoístas relacionados, al menos en sus orígenes, con el ciclo de las cosechas y el bienestar espiritual de las comunidades locales, de ahí que estén sincronizadas con los cambios estacionales y se clasifiquen según las cuatro estaciones.

Hazuki

Según el antiguo calendario japonés, el mes de agosto recibía el nombre de hazuki, el mes de las hojas porque durante este mes las hojas de los árboles empezaban a amarillear y caerse.

Otros nombres que recibe este mes son akikazetsuki, el mes del viento de otoño, kōzometsuki, el mes [en el que las hojas] se tiñen de rojo , o tsukimitsuki, el mes de la contemplación de la luna.

Los festivales de primavera y otoño son los más importantes. Los ritos de primavera sirven para pedir por una buena cosecha y los de otoño, para dar las gracias por la buena cosecha. Los ritos de verano sirven para alejar los desastres naturales y las plagas que amenazan las cosechas, mientras que los ritos de invierno, celebrados entre la recolección de la cosecha en otoño y su plantación en primavera, tienen elementos de los festivales de otoño y primavera. Algunos de esos ritos sintoístas fueron incorporados al calendario de celebraciones anuales, junto con ritos budistas y otros importados de China.

Un festival tradicional japonés es básicamente un acto simbólico donde los participantes entran en un estado de comunicación activa con las divinidades. En un amplio sentido, estos festivales incluyen celebraciones donde el elemento lúdico y los intereses comerciales han diluido su origen sagrado.

Fiestas de primavera

Desde los primeros días de marzo en los que florecen los ciruelos hasta los últimos días de mayo, cuando termina la floración de los cerezos en el norte de Japón, la primavera es una época de renacimiento y de celebraciones por todo el país. La primavera es la época de las flores y son numerosas las celebraciones relacionadas con la floración.

Fiestas de otoño

El otoño en Japón es un caleidoscopio de colores rojizos y anaranjados en los bosques y, también, la época de la cosecha. En las zonas rurales es la época de la recolección del arroz y de celebraciones en agradecimiento por la buena cosecha.

Fiestas de verano e invierno

Las fiestas de verano tienen la finalidad de prevenir las enfermedades y los desastres naturales. De los tres festivales más importantes de Japón (Gion Matsuri, en Kioto; Tenjin Matsuri, en Osaka, y Kanda Matsuri, en Tokio), el Gion Matsuri y el Tenjin Matsuri pertenecen a esta categoría. Durante el invierno, en las regiones septentrionales de Japón se celebran varias fiestas relacionadas con la nieve y el hielo.

Tenjin matsuri en Osaka

Fiestas de verano

El verano es la estación de los fuegos artificiales típicos japoneses, llamados hanabi y cientos de castillos de fuegos artificiales se celebran por todo Japón durante esta época. También se celebran algunas de las fiestas más grandes e importantes.

Fiestas de invierno

Con excepción de los territorios del norte y del oeste, el invierno en Japón no suele ser muy severo, con tiempo seco y cielos despejados. En esas regiones se celebran varios festivales relacionados con la nieve y el hielo.

Obon (13-15 de julio)

El 15 de julio según el calendario lunar, o el 15 de agosto si se sigue el calendario solar, se celebra en Japón el bon, la fiesta de los farolillos en la tradición budista.

Se dice que sólo en este día del año se permite salir a los difuntos del otro mundo y reunirse con sus familiares. Por tanto, las ceremonias en honor de los ancestros, familiares y amigos fallecidos en el pasado, especialmente durante el año en curso, son celebradas en templos y casas particulares. farolillos para guiar a los ancestrosLa principal característica del obon es la de ofrecer varios tipos de comida a los difuntos, como arroz, verduras, frutas, pasteles, dulces y flores. Es también típico encender farolillos en todas las casas, con la esperanza de poder guiar a los espíritus de los difuntos hacia ellas. Algunos de esos farolillos son hechos especialmente para la ocasión. También hay comidas especialmente preparadas para los invitados y amigos.

El obon acaba con el tōrō-nagashi, un rito por el cual se hacen flotar farolillos en los ríos o en el mar con la esperanza de guiar a los espíritus de vuelta al otro mundo.

El bon-odori es el baile típico de esta festividad y tuvo su origen como un baile popular religioso para dar consuelo al espíritu del difunto. Suele ser bailado tanto por hombres, como mujeres e incluso niños. El baile es normalmente celebrado en templos o santuarios que tienen acceso a ríos o al mar, o en otros sitos habilitados para la ocasión. La gente baila durante toda la noche alrededor de una especie de torre erigida especialmente para la ocasión.

Bailes del bon-odori

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