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Omisoka

La Nochevieja japonesa

Aunque desde finales de noviembre algunos centros comerciales empiezan a engalanarse con las típicas decoraciones de fin de año, en un país donde el cristianismo ronda el 2% de la población, la Navidad no es una fiesta nacional. Sin embargo, sí lo es el cumpleaños del Emperador Akihito, el 23 de diciembre, que puede considerarse como el prólogo a las celebraciones de la Nochevieja (ōmisoka) y del Año Nuevo japonés (shōgatsu).

Shiwasu

Según el antiguo calendario japonés, el mes de diciembre recibía el nombre de Shiwasu, el mes en el que los maestros corren. El origen de este nombre se debe a que en diciembre todo el mundo anda afanado en los preparativos de la Nochevieja e incluso los maestros, que suelen ser personas tranquilas, también andan con prisas. Otra versión del origen de esta palabra sostiene que son los monjes.

Otros nombres que recibe este mes son kagirizuki, el mes del límite; kurekozuki, el último mes del año, o harumachitsuki, el mes que aguarda la primavera.

Como sucede con el día de San Valentín o Halloween, la Navidad japonesa es un producto de importación al que se le ha despojado su carácter religioso y se le ha acentuado el carácter comercial. Lejos de celebrarse en familia, la cena de Nochebuena se convierte en una cena romántica con la pareja con el típico intercambio de regalos que se hace en los países anglosajones en esta fecha. Como postre tradicional figura el Christmas Cake, una tarta de bizcocho con nata y fresas cuya relación tamaño/precio es bastante desfavorable.

A medida que se acerca el fin de año, es bastante común que los japoneses celebren la bōnen-kai junto con sus compañeros de trabajo, de escuela, o simplemente con sus amigos. Ésta es la fiesta para olvidar el año que acaba, una suerte de catarsis etílica para dejar atrás los problemas y preocupaciones del año que está a punto de finalizar y que tienen su contrapartida en las shinnen-kai, las fiestas de Año Nuevo.

Otra de las cosas que se suelen hacer en los días previos a la Nochevieja japonesa es una limpieza de la casa más exhaustiva de lo normal, llamada ōsōji. Esta gran limpieza tiene como objetivo purificar la casa para el Año Nuevo, pero va incluso más allá, pues también supone una limpieza metafórica de las manchas espirituales del año que está a punto de terminar. Esta limpieza también se realiza en lugares tan variopintos como las oficina, las escuelas e incluso tiendas y laboratorios de investigación.

Las celebraciones de fin de año y de bienvenida al año nuevo empiezan el 29 de diciembre y se prolongan hasta el 4 de enero, un período que se conoce como nenmatsu-nenshi. Como la inmensa mayoría de los comercios y tiendas permanecen cerrados durante estos días, además de que suele ser un tiempo de descanso de las labores domésticas, lo que se suele hacer en las casas japonesas por estas fechas es preparar comida que dure varios días, la o-sechi ryōri, que se guarda en una caja de madera lacada llamada jūbako que puede tener tres, cuatro o incluso cinco pisos.

O-sechi ryōri en su jūbakoComo muchos de los platos requieren una laboriosa preparación, se pueden comprar ya preparados en los grandes almacenes, supermercados y otras tiendas; de hecho, hoy en día casi toda la o-sechi ryōri se compra en supermercados, perdiéndose poco a poco la tradición de cocinarla en casa. Los precios típicos suelen empezar en torno a los 10.000 yenes para una comida variada que durará unos tres días para unas pocas personas, aunque es posible llegar a gastarse hasta un millón de yenes en o-sechi cocinada por los chefs japoneses más reputados.

Cada plato de o-sechi simboliza algo: salud, fertilidad, buenas cosechas, longevidad, y varía de una region a otra. Entre los platos más típicos de o-sechi encontramos los siguientes:

Una típica puesta en escena en el Kōhaku Uta GassenComo suele ser normal en la gastronomía japonesa, el aspecto visual y la armonía entre los colores están siempre presentes. Además, existe un orden predeterminado para colocar la o-sechi ryōri en el jūbaku: la caja superior (ichi no jū) son los aperitivos: kuromame, kazu no ko, tazukuri; la segunda (ni no jū), los entrantes: kurikinton, datemaki, kamaboko; la tercera (san no jū), los pescados asados; y la cuarta (yo no jū), las verduras. La quinta caja está vacía y simboliza la prosperidad para el futuro.

Un componente fundamental del menú de la Nochevieja japonesa es el toshikoshi soba, el soba (un tipo de fideos japoneses hechos con trigo sarraceno) para pasar el año, que asegura la prosperidad y la longevidad de quien los come. Estos fideos se consumen antes de ir al templo budista o santuario sintoísta (hatsumōde) a celebrar la entrada del nuevo año.

Por supuesto, tampoco debe faltar el típico programa (musical) de fin de año y ése es el Kōhaku Uta Gassen (lucha musical entre rojos y blancos), que emite la NHK, la cadena pública de televisión japonesa, todas las nocheviejas desde el año 1953 (aunque en realidad su primera edición fue en 1951) en el que los cantantes participantes se dividen en dos equipos: el masculino (blanco o shirogumi) y el femenino (rojo o akagumi) y compiten para ver quién obtiene la máxima puntuación. Aunque llegó a alcanzar audiencias de más del 70% durante los años 60 y 70, en la actualidad ha bajado de la barrera del 50%, en gran medida debido a la contraprogramación de las cadenas privadas.

Decoraciones típicas del fin de año japonés: kadomatsu y shimekazariLa versión japonesa del árbol de navidad bien podrían ser el matsukazari o kadomatsu y el shimekazari. Las dos primeras son decoraciones hechas de pino o de pino y bambú que se colocan delante de las casas para atraer la buena suerte. El shimekazari es una cuerda sagrada hecha de paja en la que se cuelgan una mandarina y tiras de papel en zig-zag, y que se coloca en las entradas de las casas para prevenir que los malos espíritus penetren en ellas. A veces, incluso, los coches la colocan en la parrilla frontal para protegerse de accidentes de tráfico. Otra decoración bastante típica es el kagamimochi, una ofrenda a Buda hecha de mochi (pasta de arroz) y daidai que recuerda a un muñeco de nieve y que se mantiene hasta el 20 de enero.

Justo antes de medianoche, las campanas de los templos suenan 108 veces (joya no kane), 107 veces en el año que acaba y 1 vez en el que comienza, por los 108 pecados del hombre en la tradición budista. Según el budismo, los seis sentidos (vista, oído, olfato, gusto, tacto y mente) son tentados por lo bueno, lo malo y lo neutro que, a su vez, pueden dar lugar a cosas puras o impuras y que pueden ocurrir en el pasado, el presente o el futuro, por lo que tenemos 6 (sentidos) x 3 (pecados) x 2 (resultados) x 3 (existencias) = 108 pecados. Se dice que si se escuchan todas las campanadas, se pueden liberar de todos los pecados.

Otra explicación sostiene que las 108 campanadas simbolizan un año: 12 (meses) + 24 (sekki, dos periodos en los que se divide cada mes en el calendario lunar) + 72 (, períodos en los que se divide cada sekki).

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