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2011
El japonismo o la fascinación por lo japonés
La apertura de Japón a partir de la década de 1850 no sólo fue un acontecimiento decisivo para su modernización, sino que también supuso el redescubrimiento de Japón. Una cultura que durante más de dos siglos había permanecido desconocida y misteriosa saltaba repentinamente a la luz enseñando sus sorprendentes particularidades.
Después de tantos siglos de aislamiento, fue inevitable que se produjera una confusión por el choque con la cultura occidental. La década de 1870 está marcada por la adopción entusiasta por parte de Japón de los usos y costumbres occidentales, llegando a detestar su propio pasado y valores, considerando su gobierno, idioma, escritura, arte, literatura y filosofía como productos de una cultura tenebrosa y atrasada. Este espíritu quedaba plasmado en el lema que se convirtió en la consigna del nuevo Japón: bunmei-kaika, el florecimiento de la civilización y la ilustración. El modelo chino, que había definido la identidad cultural japonesa desde el siglo VII había dejado de ser objeto de estima, pasando a ejemplificar los peligros del estancamiento.
En 1856, el grabador francés Félix Bracquemond (1833-1914) encontró en una caja de embalaje en el taller del pintor Delâtre un volumen de los Manga del artista de ukiyo-e Katsushika Hokusai (1760-1849). La belleza extraña de estos dibujos atrajo su atención y comenzó a usarlos en sus trabajos, extendiéndose el interés por los grabados japoneses. Hokusai llegó a hacerse muy popular y los diseñadores de objetos decorativos usaron frecuentemente sus bocetos e ilustraciones como modelo.
En 1867, Japón tomó parte en la Exposición Internacional de París con uno de sus productos más típicos: el té. El té japonés fue la causa de que se exportaran grandes cantidades de un tipo de grabado japonés (chirimen-e, la versión “barata” de los ukiyo-e) ya que muchas de las cajas exportadas llevaban los paquetes de té envueltos con ellos. Estos grabados habían sido considerados hasta entonces en Japón un pasatiempo, no una forma de arte. Pero desde aquel momento, se convirtió en un arte para la exportación con todos los derechos, además de ser muy valorados como souvenirs.
Pintores de la talla de Monet, Degas, van Gogh, Pisarro y Toulouse-Lautrec encontraron en la originalidad de los ukiyo-e unos extraordinarios argumentos para una renovación estética. Junto con los grabados llegaron también a Occidente desde Japón muchos y variados objetos exóticos
que provocaron el surgimiento de una moda por “lo japonés”.
El japonismo
El termino “japonismo” fue acuñado por el periodista y crítico de arte francés Philippe Burty en un artículo publicado en 1876 para describir el interés y fascinación por la cultura japonesa y que se prolongó hasta la década de los treinta del siglo XX.
En una dimensión artística, el japonismo se caracterizó por la influencia del arte japonés sobre el arte occidental y dio lugar a un movimiento pictórico basado en el reconocimiento, la admiración y la reinterpretación de la sensibilidad estética japonesa. En una dimensión más general, la influencia de la cultura japonesa abarcó campos tan dispares como la publicidad, la moda, las fiestas, la sociedad, los espectáculos y los deportes.
Durante esta época se renovaron las imágenes más exóticas y sugestivas de Japón: un mundo de fantasía, la tierra de la espiritualidad, de los ritos ancestrales, de la veneración por la naturaleza, de los artistas refinados, de valientes samuráis y de geishas de extrema belleza y sensualidad. Una visión poética que acabaría convirtiéndose en tópico y que en un primer momento sería el reclamo de la fascinación que sintió Occidente por Japón. A medida que Japón era cada vez más conocido en círculos internacionales se creaban nuevas imágenes y nuevos tópicos sobre el País del Sol Naciente en un proceso que no ha dejado de repetirse desde entonces.

Izquierda: Lluvia repentina sobre el puente de Atake (grabado de Hiroshige Ando). Derecha: Japonaiserie: Pont sous la pluie (óleo de van Gogh basado en el mismo grabado).
Desde el punto de vista sociológico, el japonismo como moda se concentró en las clases burguesas y en ambientes femeninos, en los que la geisha era la personificación de lo japonés. De hecho, en muchos anuncios publicitarios las referencias a lo japonés tenían como objetivo atraer al público femenino.
Aparte de los grabados y las muestras de arte que llegaron a Europa y Estados Unidos, otros factores contribuyeron también a despertar el interés por Japón: lazos comerciales directos, crónicas de viajeros, ensayistas y periodistas, estancias de viajeros occidentales, exposiciones universales e internacionales y publicación de libros y reportajes sobre Japón. La moda por lo japonés tuvo tres manifestaciones:
- Incorporación de la esencia japonesa, basada en un profundo conocimiento del nippon no kokoro, la forma de pensar y sentir japonesa. Ni que decir tiene que esta tendencia fue bastante minoritaria.
- Fuente de renovación estética. Los Manga de Hokusai constituyeron un poderoso estímulo para el hallazgo y conocimiento de los artistas y grabados de ukiyo-e, permitiendo al arte japonés ejercer cierta influencia en el mundo occidental, tanto en el impresionismo, como en el modernismo y en el Art Nouveau.
- Ambientación exótica. Utilización de objetos japoneses para crear un ambiente de evasión, exotismo y elegancia, la forma más común, perdurable y superficial de japonismo.
Como todas las modas, el japonismo tuvo sus altibajos y formas de expresión particulares en diferentes contextos temporales y geográficos, aunque en la actualidad es la cultura pop japonesa o contemporánea la fuente de fascinación: los Manga de Hokusai y el ukiyo-e, que tanto influyeron en los pintores impresionistas de mediados del siglo XIX, han dado paso al manga y al anime (cómic y animación japonesa), las crónicas de viajeros y periodistas son ahora los blogs de occidentales que viven o han vivido en Japón y cuentan sus experiencias. Además, ¿quién no ha deseado tener una katana para decorar su casa o un kimono? Y por supuesto, el cine, la arquitectura y la gastronomía, por sólo citar tres ejemplos, tampoco se han librado de esta nueva ola de “japonismo”.
Japón se ha convertido, tras Estados Unidos, en el principal exportador de cultura popular, principalmente en forma de manga, anime y videojuegos. En el año 2002 Douglas McGray escribió un artículo en Foreign Police titulado Gross National Cool, donde sugería que Japón también es una potencia de cultura pop. El Óscar de El viaje de Chihiro a la mejor película de animación al año siguiente acabó por convencer al gobierno japonés de que exportar su cultura pop (con el distintivo Cool Japan) podría ser otro medio para revitalizar la economía.
Este artículo se ha retocado y se publicó originalmente el 1 de enero de 2006.
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