Hace tiempo que queríamos escribir sobre arte japonés, pero nos surgía una duda importante: ¿por dónde empezar? ¿Era mejor usar líneas temporales y hacer entradas concretas basándonos en la época y los estilos más prominentes? ¿O podíamos ir hablando, sin orden aparente, de ciertos puntos que nos interesaban personalmente? 

Al final, como no podía ser de otra manera, nuestros gustos y opiniones personales han ganado la batalla y hemos decidido comenzar a publicar entradas sobre arte japonés centrándonos en aquellos aspectos que más nos interesan, intentando siempre ponernos brevemente en situación (histórica y estilo), pero no escribiendo al estilo ‘tradicional’, de manera que las entradas puedan leerse de manera independiente, tanto si ya sabemos sobre arte japonés como si no.

Así, los que sepáis una pizca sobre arte japonés, al leer el título probablemente os estéis preguntando lo siguiente: “¿están comparando estos locos de Japonismo dos estilos de arte de épocas totalmente distintas y características aparentemente muy diferentes?”. Pues sí, éste es el objetivo principal de esta entrada, comparar dos obras de arte aparentemente muy dispares y usarlas para hablar de dos estilos de pintura japonesa muy diferentes a simple vista -aunque con más cosas en común de lo que pudiera parecer- y bastante alejados en el tiempo.

Las obras con las que vamos a trabajar son Fujin Raijin Zu Byoubu de Sōtatsu Tawaraya, cofundador de la escuela Rinpa de finales del siglo XVII, y 727-727 de Murakami Takashi, creador y estandarte del movimiento artístico Superflat de principios del siglo XXI.

Fujinraijin-tawaraya

Fujin y Raijin (Fujin Raijin Zu Byobu), biombo de cuatro paneles y aguada sobre papel, Tawaraya Sotatsu, Escuela Rinpa, siglo XVII, Periodo Edo, Tesoro Nacional, Templo Kennin-ji de Kioto, Japón.

murakami727

727 – 727, acrílico sobre lienzo montado sobre tabla (300 x 450 x 7cm), Murakami Takashi, 2006, The Steven A. Cohen Collection

Escuelas tradicionales de pintura japonesa: breve repaso histórico

Para comenzar, hay que dejar claro que, desde sus inicios, la pintura japonesa, como el resto de artes japonesas, tuvo grandes influencias extranjeras, especialmente de la vecina China.

El primer desarrollo pictográfico plenamente japonés probablemente surgió durante el periodo Heian (794-1192) y es la llamada escuela de pintura Yamato-e, muy conocida por sus pinturas sobre rollos de pergaminos (llamados emaki) y por ser ‘puramente japonesa’. La escuela de pintura Yamato-e es una escuela muy importante que resurgiría con fuerza durante el período de Edo y que influiría en el autor de la primera obra que os hemos mostrado, Sōtatsu Tawaraya y de rebote, muchos años después, también influiría al autor de la segunda obra, Murakami Takashi.

Genji_emaki_azumaya

Una escena del pergamino de la Historia de Genji que data del año 1130. Imagen de wikipedia.

Del período Heian, la pintura evolucionó durante el período Kamakura (1192-1333) con un enfoque hacia la pintura religiosa, hasta llegar a la pintura monocromática en tinta (muy influenciada por la cultura china) que fue promovida principalmente por el budismo zen a través del estilo sumi-e del periodo Muromachi (desde 1336 hasta 1573). A continuación, durante el período Azuchi-Momoyama (1568-1603), adquiriría mucha importancia la pintura decorativa de los palacios, con grandes superficies y el uso de láminas de oro, como demuestran las obras de la escuela Kano y la escuela Tosa, pero no fue hasta el período de Edo (1603-1867) cuando la pintura japonesa volvió a centrarse en los temas tradicionales japoneses e impulsó el renacimiento del antiguo estilo Yamato-e, puramente japonés, gracias al surgimiento de la escuela de pintura decorativa Rinpa, de la que Sōtatsu Tawaraya fue uno de los principales exponentes.

No obstante, con la apertura de Japón al exterior y el proceso de modernización y occidentalización del periodo Meiji (1868-1912) se fomentó la escuela Yōga, muy influenciada por el arte europeo, pero también surgió, ya en el periodo Taisho (1912-1926) y gracias al creciente nacionalismo japonés de principios del siglo XX, un género artístico que quería recuperar las raíces culturales japonesas, el Nihonga.

Hishida_Shunsō_001

Ejemplo de Nihonga. Rakuyō (落葉, hojas caídas) de Hishida Shunsō, Propiedad de Importancia Cultural (1909). Imagen de wikipedia

Sōtatsu Tawaraya y la escuela Rinpa

Fujin Raijin Zu Byoubu de Sōtatsu Tawaraya es un biombo de cuatro paneles, aguada sobre papel de principios del siglo XVII (Periodo Edo) que actualmente se encuentra en el templo Kennin-ji de Kioto (situado en pleno barrio de Gion) y es Tesoro Nacional.

La obra representa dos de los dioses más importantes de la mitología japonesa, que fueron claves en el mito de la creación de Japón: el dios del viento Fujin y el dios de la tormenta Raijin, en plena acción.

arte japonés

Fujin y Raijin (Fujin Raijin Zu Byobu), biombo de cuatro paneles y aguada sobre papel, Tawaraya Sotatsu, Escuela Rinpa, siglo XVII, Periodo Edo, Tesoro Nacional, Templo Kennin-ji de Kioto, Japón.

Al contrario que muchos otros artistas de comienzos del período de Edo que pintaban siguiendo el estilo pictórico chino, Sōtatsu Tawaraya trabajó de una manera muy japonesa basándose en las tradiciones de pintura Yamato-e.

Sus obras son típicamente japonesas tanto en la elección del sujeto como en los diseños abstractos y decorativos y a la hora de seleccionar paisajes también se decantaba por los más típicamente japoneses, como las islas cubiertas de pinos de Matsushima, diferenciándose así de los artistas de la escuela Kano que pintaban paisajes más chinos. Asimismo, su estilo también era muy japonés, utilizando el color de forma muy concreta, utilizando colores brillantes y hojas doradas sobre superficies planas, para conseguir así patrones decorativos y abstractos de gran belleza y sensibilidad.

Sōtatsu fue pionero en el contraste del color y las líneas y desarrolló un estilo original de pintura monocromática donde la tinta era utilizada como si fuera color. Así, Sōtatsu utilizaba o bien colores vivos o bien tinta monocroma, a menudo sobre fondo dorado, desarrollando un estilo pictórico mucho más abstracto y simplificado que el de sus predecesores. Sin embargo, se le conoce especialmente por ser el cofundador de la escuela Rinpa, cuyo estilo se basa en crear motivos simples sobre fondos dorados y fue muy influyente durante la época de Edo.

La escuela Rinpa fue clave del resurgimiento, durante la era Edo, de los intereses artísticos puramente japoneses descritos por la escuela Yamato-e, con una nueva estilización, dramatismo y énfasis en la decoración de la superficie. Pinturas, textiles, cerámicas y lacas fueron decoradas por los artistas de la escuela Rinpa con colores vibrantes aplicados de manera muy decorativa y organizada y sus composiciones subrayaban la superficie plana de la pintura y enfatizaban el diseño y el patrón.

El estilo de la escuela Rinpa siguió influyendo la pintura japonesa a lo largo de los siglos XIX y XX y se combinó con otros movimientos, como el ukiyo-e o el Nihonga, que alteraron y diluyeron la devoción por los temas y características clásicos del original estilo Rinpa pero influyeron a una gran cantidad de artistas modernos, como es Murakami Takashi.

Murakami Takashi y el movimiento Superflat

727 – 727 de Murakami Takashi es un acrílico sobre lienzo montado sobre tabla (de 300 x 450 x 7cm), del año 2006 y que actualmente forma parte de la colección The Steven A. Cohen Collection.

arte japonés

727 – 727, acrílico sobre lienzo montado sobre tabla (300 x 450 x 7cm), Takashi Murakami, 2006, The Steven A. Cohen Collection

Es una obra curiosa que nos muestra a Mr. DOB sobre fondo dorado y entre colores vivos mezclados. Mr. DOB es el retrato que hace Murakami del pueblo japonés y evoluciona como lo hizo el pueblo a los ojos del artista: pasa de ser un ser dulce e inocente a convertirse en un ser corrupto y finalmente totalmente deconstruido y regurgitado sobre sí mismo, un ser monstruoso con múltiples ojos que “lo ven todo pero no entienden nada”.

Así pues, Mr. DOB es una crítica al pueblo japonés que ha perdido su identidad al occidentalizarse, es una muestra de la crisis de identidad del pueblo japonés que no puede separarse ya de la influencia occidental porque ésta es parte intrínseca de la modernización del país.

Nacido en Tokio en 1962, Murakami es uno de los artistas más influyentes de Japón de las últimas décadas. Doctor por la Universidad Nacional de Bellas Artes y Música de Tokio en 1983 y con formación en Nihonga, Murakami surge de la generación neo-pop japonesa del estallido de la burbuja económica a finales de los años ochenta que le lleva a fijarse en la cultura popular otaku, es decir, en el anime y el manga, llevándolos a otro nivel, transformando un producto popular, tal vez incluso considerado vulgar en ocasiones, en arte.

Aún así, a pesar del hecho de incorporar elementos de la cultura popular japonesa en forma de anime y manga, lo cierto es que Murakami bebe también de las fuentes tradicionales japonesas, desde la iconografía budista o los rollos de pinturas del siglo XII, hasta la pintura zen y las técnicas de composición de la pintura excéntrica del período de Edo del siglo XVIII que se caracteriza por el uso de imágenes fantásticas y poco convencionales (como vimos en la obra anterior de la escuela Rinpa) y por el uso de una línea expresionista que suponía el rechazo al realismo y el tradicionalismo de la época.

En cuanto a la composición de 727 – 727, la superficie de la obra fue creada meticulosamente aplicando y luego puliendo capa a capa la pintura sobre el lienzo, un proceso que evoca técnicas de la escuela Nihonga. En un primer vistazo, las líneas curvas que parecen engullir a Mr. DOB nos recuerdan a La Gran Ola de Hokusai, pero la verdadera fuente de inspiración de Murakami fue justamente la obra Fujin Raijin Zu Byoubu de Sōtatsu, con la que comparte composición y profundidad alcanzadas al usar tinta sobre hojas doradas, ya que el uso del color para diferenciar las formas y orientar la mirada del espectador, más que utilizar las tecnologías de la profundidad, son claves del movimiento Superflat, del que Murakami es el máximo exponente.

800px-Great_Wave_off_Kanagawa2

La Gran Ola de Kanagawa de Katsushika Hokusai. Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons

Ésta es una técnica de composición japonesa ligada a la bidimensionalidad, las superficies de color planas, la falta de juego de luces y sombras y el valor de la línea del contorno, composiciones en las que sólo se utilizan colores fluorescentes, brillantes y puros y que se caracterizan por sus relaciones con el arte japonés completo, es decir, que van desde el ukiyo-e hasta el anime.

Así pues, el movimiento Superflat combina el arte con las formas comerciales de la cultura popular japonesa y hace referencia a una conexión estética entre las convenciones bidimensionales de la pintura japonesa y las expresiones actuales de la cultura popular, una genealogía de tendencias estéticas donde la cultura visual contemporánea ha heredado el espíritu de innovación y creatividad artísticas del período de Edo.

De los dioses Fujin y Raijin al personaje de cómic Mr. DOB

En el Japón de las décadas de 1980 y 1990 hubo un boom por el periodo Edo. Tanto en la televisión, como el manga o la literatura y en el resto de las artes, el período de Edo inundó el imaginario popular, porque Edo era sinónimo del Japón auténtico ‘perdido pero no olvidado’, un repositorio de tradiciones asociadas a la singularidad japonesa que influyeron las obras de muchos artistas, y como ya hemos visto, a Murakami.

Durante el periodo de Edo hubo una serie de artistas con tendencias expresionistas, que se caracterizaron por sus imágenes excéntricas y fantásticas, como claramente ejemplifica el biombo de Fujin y Raijin de Sōtatsu. Murakami estableció una línea de relación entre la excentricidad de aquellas obras y las tendencias de producción contemporáneas (el manga, por ejemplo), para dar forma a su obra. Así pues, existe una estrecha relación entre la obra de Sōtatsu y la obra de Murakami.

escuela rinpa y movimient superflat

A primera vista, el primer punto en común entre las dos obras es el uso del color para diferenciar las formas y otorgar profundidad a las obras, que son ambas plenamente bidimensionales. Ambas obras utilizan el color dorado del fondo para dar profundidad a sus composiciones y luego juegan con el color para conseguir más bidimensionalidad; las nubes que rodean los dioses como la ola que soporta a Mr. DOB son un juego de color que da profundidad a los personajes y los pone en un plano diferente.

Un aspecto diferente entre ambas obras es la composición. Mientras en el biombo de Sōtatsu los dioses se encuentran en las esquinas superiores y la pintura se mueve en diagonal hacia abajo por el centro, Murakami sitúa a Mr. DOB casi en el centro, aunque el uso del color y las líneas de la ola que soporta el personaje hacen que la pintura también se mueva en diagonal hacia abajo por el centro. Así pues, aunque la composición del sujeto principal es diferente, la mirada nos lleva a un mismo punto.

En cuanto a la temática de ambas obras, también hay cierta correlación. Si bien es cierto que ambas obras nos muestran seres monstruosos, su significado es muy diferente, ya que mientras los dioses de Sōtatsu forman parte del mito de la creación de Japón, es decir, son creadores de vida, Mr. DOB es una crítica a un pueblo que ha perdido su identidad, es decir, es una representación de un pueblo podrido y muerto. Murakami utiliza en cierto modo la imagen del mito de la creación de Japón para quizás inventarse un nuevo mito: el mito de la destrucción de Japón, del que Mr. DOB es el máximo exponente.

Como opinión personal y conclusión final, Murakami supo aprovechar muy bien la influencia que la obra de Sōtatsu tuvo sobre su creación artística, tanto en lo referente a temas puramente técnicos, como la composición o el uso del color y la bidimensionalidad, como por la crítica a una sociedad cada vez más ajena a sí misma. Murakami utiliza el arte, es decir, vuelve al pasado y utiliza formas artísticas plenamente japonesas en un contexto contemporáneo (con el uso de personajes de manga, por ejemplo), para demostrar la extrema occidentalización de Japón. No sólo los sujetos de sus obras son una crítica, sino también el arte en sí; las técnicas pictóricas en sí, son una vía, una crítica a la sociedad que la rodea y una reflexión sobre el pasado y el futuro del su pueblo.

arte japonés

Takashi Murakami. Tan Tan Bo vomitando – alias Gero Tan (Tan Tan Bo Puking-a.k.a. Gero Tan), 2002. Acrílico sobre lienzo montado sobre tabla. 360 x 719,9 x 6,7 cm. Colección de Amalia Dayan y Adam Lindemann. ©Takashi Murakami/Kaikai Kiki Co., Ltd., 2002. Imagen de Guggenheim Bilbao

 

ACTUALIZACIÓN: Actualmente la obra de Sōtatsu se encuentra expuesta en el Museo Nacional de Kioto (Heisei Chishinkan) bajo la exposición: Rinpa: The Aesthetics of the Capital. La exposición está disponible hasta el 23 de noviembre de 2015 y la entrada cuesta 1500 yenes. www.kyohaku.go.jp/eng/special.

Asimismo, podemos disfrutar de una espectacular exposición sobre Murakami titulada Takashi Murakami: The 500 Arhats en el Mori Art Museum de Roppongi Hills. La exposición está disponible hasta el 6 de marzo de 2016 y cuesta 1600 yenes.  www.mori.art.museum

 

BIBLIOGRAFÍA

NOTA: Esta entrada se ha escrito con material usado para la asignatura Arte del Asia oriental del máster de Estudios de Asia Oriental de UOC.