El comercio del sexo ha sido y es una de las industrias más florecientes en cualquier cultura y Japón no es una excepción, ya que se estima que este negocio genera unos 2,3 billones de yenes al año (unos 20.000 millones de euros), según Havocscope.

Hasta el año 1956 el ejercicio de la prostitución era legal, pero en ese año se promulgó la Ley Anti-ProstituciónBaishun Bōshi Hō que la ilegalizó, en plena ocupación estadounidense. Y es que el amigo americano estaba más preocupado de su propia visión de la moral que de tener en cuenta los usos y costumbres tradicionales que habían hecho de la prostitución algo relativamente natural en Japón en siglos anteriores (aunque tiempo habrá de hablar de todo esto).

La definición de prostitución que se daba en la ley (Anti-Prostitución) se refería única y exclusivamente al coito, con lo cual todas las prácticas sexuales que no implicaran el coito eran legales.

Baste decir aquí que, aunque el ejercicio de la prostitución fue legal en el pasado, no era oro todo lo que relucía, ya que la actitud de los japoneses era de aceptar la existencia de este comercio, pero fuera del centro de la ciudad, y en barrios vallados para que las buenas gentes del Japón no tuvieran que ver lo que se cocía dentro. Hablamos, por supuesto, de los barrios de placer, de entre los cuales podemos destacar Yoshiwara, en Edo (antiguo nombre de Tokio), Shimabara en Kioto, y Shinmachi en Osaka. Si las autoridades competentes detectaban un prostíbulo no licenciado situado fuera de estos barrios de placer, lo clausuraban inmediatamente y mandaban a todas las empleadas a vivir a estos barrios, obligándolas a trabajar para alguno de los prostíbulos ya establecidos.

imekura

Publicidad de un club de imagen o imekura especializado en abusar de una chica que viaja en metro.

Pero tener barrios legales para la prostitución era algo que no encajaba con la estricta moral de los estadounidenses, que eran fácilmente escandalizables. Y como suele ocurrir siempre, al prohibir o ilegalizar ciertos comportamientos sexuales hasta ese momento legales, los avispados empresarios buscaron -y encontraron- maneras de aprovechar los recovecos de la ley para seguir haciendo grandes cantidades de dinero gracias al sexo, ya que la ley daba definiciones poco precisas o con una visión muy restrictiva del sexo.

¿Y qué dice la ley exactamente? ¿Cómo fue posible que se encontraran argucias para comerciar con el sexo sin incumplir la ley? Muchas de las confusiones respecto a la industria del sexo en Japón vienen derivadas de un mal conocimiento de la citada ley. Esta ley, en realidad, no declaró ilegal la práctica de la prostitución, sino que lo que declaró ilegal fue buscar servicios sexuales, obligar a alguien a prostituirse, obtener una compensación por la prostitución de terceras personas, inducir a la prostitución, abrir locales para el ejercicio de la prostitución u obtener fondos para la prostitución.

Soaplands

Soaplands en Tokio. Imagen de Wikimedia Commons.

Curiosamente, la definición de prostitución que se daba en esta ley se refería única y exclusivamente al coito, con lo cual todas las prácticas sexuales que no implicaran el coito eran legales (y no prostitución, además). Miel sobre hojuelas, claro, para la imaginación desbordante de los comerciantes japoneses del sexo, que crearon multitud de negocios alrededor del sexo, con gran imaginación.

Así surgieron los soapland, donde los clientes son cubiertos en lubricante y llevados al orgasmo por las prostitutas; los salones de masajes eróticos, los salones rosas o pink salons, donde sólo se hacen felaciones; los clubes de imágenes o imekura, burdeles temáticos donde las habitaciones y las prostitutas interpretan las fantasías más recurrentes de los hombres japoneses, como la visita al doctor, una clase con colegialas o una colegiala en el metro a la que poder tocar y quitar la ropa interior; los clubes de teléfono o telekura, en los que los hombres pagaban por recibir llamadas de chicas dispuestas a tener una cita, que normalmente acaba en sexo pagado; el delivery health o deriheru, que son servicios de escorts en los que el cliente escoge a la chica o bien de un listado por ordenador o bien gracias a la publicidad que se deja en los buzones de las casas y estas chicas luego van allá donde esté el cliente.

Fashion Health

Letrero de un negocio de fashion health. Imagen de 雲が流れる如く.

La Ley de Regulación de Negocios que Afectan a la Moral Pública, o Fūzoku Eigyō Torishimari Hō, de 1948 y reformada en 1985 y 1999 regula todos estos negocios legales de sexo. Y menciono especialmente la palabra “legal” en este caso, porque muchos de estos negocios acaban teniendo una relación sexual con penetración entre el cliente y la prostituta, a pesar de no ser legal. Lo que ocurre es que el negocio, inicialmente, no ofrece la penetración como posibilidad a sus clientes, así que si esto finalmente ocurre, se considera que ha sido una decisión de mutuo acuerdo entre las partes implicadas y no una transacción económica. Así estos empresarios del sexo evitan tener problemas con las autoridades.

Y pese a la actitud teóricamente abierta de los japoneses, no suelen hablar de sexo a las claras y en su lugar utilizan diversos eufemismos. Como ejemplo, podemos encontrarnos con “venta de primavera o juventud” o baishun (売春), término utilizado en la ley de 1956 que equivale a “prostitución ilegal”. Otro término más antiguo y ampliamente utilizado en el mundo de las geishas es “comercio del agua”, o mizu shōbai (水商売) que se utiliza para describir tanto la prostitución como otros tipos de actividades del mundo del “entretenimiento”, como música, baile, conversación, etc.

Coche en el metro sólo para mujeres en Japón

Coche en el metro sólo para mujeres en Japón. Imagen de Wikimedia Commons.

A la vista de todo esto, nos podemos preguntar por qué el sexo es un tema tan natural en Japón. La explicación, aunque las apariencias a veces engañan, está en que su religión autóctona, el sintoísmo, nunca ha visto el sexo como algo tabú, cosa que si ha ocurrido en los países de tradición judeocristiana. No es de extrañar, por tanto, que los occidentales que entraron en contacto con Japón se escandalizaran ante la permisiva actitud nipona hacia el sexo y, por eso, tampoco nos extraña la regulación de todo lo relacionado con el sexo que mencionábamos durante la ocupación estadounidense.

Hoy en día el Código Penal japonés, en sus artículos 176 y 177 establece que la edad mínima a la que se pueden tener relaciones sexuales consentidas es de 13 años, aunque las prefecturas pueden tener ordenanzas propias que prohiban tener sexo con cualquier menor por debajo de los 18 años. Pero todas estas leyes no han modificado la actitud a veces enfermiza de los japoneses hacia el sexo y es que, como decíamos, las apariencias engañan y hay japoneses con parafilias difíciles de controlar, llegándose a extremos tales como tener que poner coches de metro especiales sólo para mujeres para evitar tocamientos, entre otras muchas cosas.

Esta entrada se publicó originalmente de forma abreviada el 1 de enero de 2006.