4
2011
Viaje a Japón: Okonomimura, restaurantes de okonomiyaki en Hiroshima
Si hay una ciudad especialmente famosa por sus okonomiyaki ésa es, sin lugar a dudas, Hiroshima. Como sabéis, es uno de los platos más conocidos de la gastronomía japonesa, y por si queréis preparar okonomiyaki en casa, os dejamos hace no mucho la receta en el blog.
En realidad, podemos encontrar restaurantes de okonomiyaki por todo Japón, desde algunos pertenecientes a cadenas estilo franquicia y otros más caseros, y desde luego, en cada región de Japón tienen su toque particular. Pero los de Hiroshima se llevan la palma, con su particular estilo de añadir un huevo a la plancha, justo antes de terminar de cocinar el okonomiyaki, y luego colocar todo el conjunto encima de este huevo. Además, también suelen añadir yakisoba, para hacerlo todavía más rico y contundente.
Y este plato es tan popular que existe una zona en Hiroshima donde encontramos Okonomimura, que significa, literalmente, la ciudad del okonomiyaki, que no es más que un edificio de varias plantas en las que en la planta 2, 3 y 4 contienen 27 restaurantes diferentes de okonomiyaki, todos parecidos pero con sutiles diferencias, todos muy pequeños, con poco sitio para sentarse, y con toda la zona de la barra con planchas para cocinar el plato allí mismo. Eso sí, todos ellos utilizan una salsa especial de okonomiyaki hecha especialmente para ellos por Sun Foods, que se puede comprar en diferentes paquetes de regalo en dos sabores, el suave y el picante, y que aunque similar a las salsas que podemos encontrar en los supermercados, tiene un toque especial.

Lo complicado en este caso es decidirse por un restaurante u otro, porque en todos vamos a poder degustar de un okonomiyaki delicioso, y os podemos decir sin lugar a dudas que podríamos pasarnos todas las noches que estemos en Hiroshima cenando cada día un okonomiyaki diferente.
En nuestro viaje por Japón en verano de 2007, cuando pasamos por Hiroshima dos días a principios de agosto (cuando el aniversario de la bomba atómica), cenamos las dos noches allí, y el de la primera noche, en la segunda planta, nos encantó, pero en el que cenamos la segunda noche, en la tercera planta, nos maravilló. Jamás habíamos probado un okonomiyaki tan rico. Y podríamos haber seguido cenando solamente okonomiyaki hasta completar los 27 restaurantes de no ser porque teníamos que visitar otras ciudades. Eso sí, no nos preguntéis cómo se llamaba el restaurante porque ni nos fijamos, digamos que lo escogimos un poco al azar, pero mirando dos cosas, la primera que hubiera sitio libre (todos son bastante pequeños) y la segunda, que no estuviera completamente vacío, porque seguro que si había gente cenando es porque es un poco mejor que el resto.
Así que ya sabéis, si visitáis Hiroshima, no podéis dejar escapar Okonomimura y sus muchísimos restaurantes de okonomiyaki. Nos lo agradeceréis.
Datos prácticos
- Dirección: 5-13 Shintenchi, Naka-ku, Hiroshima.
- Web: http://www.okonomimura.jp/foreign/english.html. La web en inglés tiene menos información que en japonés, pero he supuesto que se entenderá mejor…
- Cómo llegar: debemos tomar un tranvía con destino a Ujina, Eba, Nishihiroshima o Miyajima y bajarnos en Hatchobori después de unos 10 minutos. En tres minutos andando estaremos en Okonomimura. Si preferimos autobús, podemos bajar en Hiroshima Bus Center y caminar 12 minutos, bajar en Hatchobori y caminar 5 minutos, o bajar en Shintenchi, que lo tendremos ahí mismo.
6
2011
Tōrō nagashi en Hiroshima en el aniversario de la bomba atómica
Todos los años, el día 6 de agosto tiene lugar en Hiroshima una ceremonia japonesa típica del Obon llamada tōrō nagashi para recordar a todos los muertos por la bomba atómica lanzada sobre la ciudad, en la que la gente deja en el río Motoyasu lámparas de papel llamadas chōchin que llevan una vela dentro y que la corriente poco a poco se va llevando, a la altura del Genbaku Dōmu o Cúpula de la Bomba Atómica. La palabra japonesa tōrō significa, entre otras cosas, lampara de piedra, mientras que nagashi significa fluir.
Esta ceremonia empieza sobre las 18:00 horas, y acaba sobre las 21:00 horas, y es muy recogida, silenciosa y respetuosa, pero a la vez multitudinaria, porque el recuerdo de la bomba atómica todavía sigue estando muy presente en Hiroshima, y tuvimos la suerte de ser testigos de esta ceremonia en 2007 y, desde luego, no deja indiferente.
Lo cierto es que la ceremonia del tōrō nagashi no es exclusiva de Hiroshima ni mucho menos, sino que forma parte de las celebraciones del Obon, ya que la creencia es que estas lamparitas de papel guían a los espíritus de los muertos de vuelta al más allá, ya que durante el Obon se les permite reunirse nuevamente con sus familiares. Esta ceremonia, por tanto, la podemos ver en muchos pueblos y ciudades japoneses, sobre todo si nos acercamos en la última noche del Obon. Y alejándonos un poco, podemos asistir a esta ceremonia incluso en Hawaii, donde tiene lugar en el Memorial Day (el último lunes de mayo).
Pero la fecha del Obon, como ya decíamos cuando hablábamos hace unos días del mes de agosto en Japón, depende del calendario que utilicemos, así que podemos encontrarnos con el tōrō nagashi tanto en julio como en agosto, normalmente entre los días 13 y 16, aunque en algunas ocasiones, como en Hiroshima, se realiza en otro día para conmemorar a todos los muertos en un suceso especialmente importante, como es el aniversario de la bomba atómica en este caso.
Como decía, pudimos asistir a esta celebración el 6 de agosto de 2007, de la que tenéis una entrada con fotos en grande en mi blog personal y más imágenes en Flickr, y pone los pelos de punta, independientemente del número de años que hayan pasado desde la caída de la bomba. Es algo especial y que recomendamos encarecidamente, si vuestros planes de viaje os encajan, que visitéis.
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2011
Exposición fotográfica Hiroshima: Zona Cero 1945
Esta semana se ha presentado en el Centro Internacional de la Fotografía (ICP) de Nueva York la muestra “Hiroshima: Zona Cero 1945” que recoge 62 imágenes de la devastación y destrucción que causó la bomba atómica el 6 de agosto de 1945 en Hiroshima. Uno de los principales reclamos de esta exposición es que todas estas imágenes habían estado censuradas hasta hoy por el gobierno estadounidense, por lo que son documentos históricos de primer orden.
Tras la bomba, fueron muchos los militares y civiles (entre los que había fotógrafos) que tomaron centenares de instantáneas del desolador paisaje de una Hiroshima destrozada en la que poca cosa quedó en pie, pero el gobierno de los Estados Unidos prohibió la publicación de una gran cantidad de estas imágenes, muchas de las cuales pasaron a considerarse “clasificadas” y formaron parte de informes secretos que analizaban los efectos de la bomba atómica.
Las fotos de Hiroshima que ahora ven la luz estuvieron guardadas en un sótano durante años, hasta que fueron tiradas a la basura y en el año 2000 alguien las encontró, vendiéndolas unos años más tarde a la colección del ICP.
La muestra estará abierta al público hasta el 28 de agosto, así que si vais de vacaciones a Nueva York, no dejéis de visitarla y seguramente, os pondrá los pelos de punta igual que a nosotros, y con un poco de suerte este tipo de cosas no se volverán a repetir nunca.
9
2011
Grullas de papel
02:45 de la madrugada
Isla Tinian, Marianas. Pacífico Central
Una sensación de incomodidad recorre todo mi cuerpo, como hormiga deseosa de encontrar comida. Miro a Robert, que como buen copiloto me agarra por el hombro, sonriente. Sus negras pupilas brillan excitadas y bailarinas ante el estruendo de flashes y preguntas de los periodistas reunidos en la base. Oigo su corazón latir emocionado, con una fuerza casi enfurecida, arrolladora. Él percibe mi mirada y me sonríe, como dándome su aprobación. Y me reconforta esa sonrisa emblanquecida por los flashes que siguen quemándonos la cara, como fuego vivo sobre nuestra piel. El general Groves ya me había avisado de la repercusión mediática que tendría nuestro objetivo, pero me repito a mí mismo que no por ello tendría que estar mejor preparado. Me siento incómodo, incluso nervioso, me atrevería a decir, aunque no pueda ni quiera demostrarlo. He estado trabajando secretamente en este proyecto mucho tiempo y aunque mis sentimientos estén ahora divididos, estoy muy orgulloso de formar parte de él y me siento honrado, sí, honrado de ser el coronel de esta misión, de formar parte de la noche que marcará un hito en la historia de la humanidad y pondrá punto y final a una era de horrores, guerras y ultrajes.
Concentrado en mis pensamientos, no me doy cuenta del abrupto finalizar de los flashes, las preguntas y el ruido. Respiro una especie de calma excitada, mezclada con el irónico frenetismo que nos ordena a despegar. Los focos que iluminan nuestro Boeing B-29 nos ciegan por un momento los ojos y nos hacen sentir vigilados, sigilosamente examinados. Con la tripulación preparada y en sus respectivos puestos, sonreímos por última vez en tierra, dejamos la isla de Tinian atrás y, oscurecidos por la noche, escondemos nuestros miedos, teñidos de sangre, y escuchamos nuestros corazones latir con fuerza. Miramos atrás, rezando para poder volver a pisar, en unas pocas horas, esa misma isla, sanos y salvos. Observamos los dos aviones de seguimiento a nuestras espaldas, repletos de cámaras e instrumentos científicos que se aseguraran de mostrar a la humanidad todos y cada uno de los momentos de nuestra misión. Para que nunca nadie lo olvide.
El sol despunta vergonzoso, como asustado ante la batalla, en la línea del horizonte. Tal y como estaba previsto, a las seis de la mañana, Thomas termina de colocar y preparar nuestro secreto y siento la necesidad de compartir con mi tripulación el devenir de nuestra misión. Enciendo el pequeño micrófono, que de vez en cuando disfruta haciéndome cosquillas en los labios, arrancándome una sonrisa, y me dispongo a hablar, pero en este preciso instante, cuando más deseo hacerles partícipes de la verdad, lo único que surge de mi garganta es un tímido gemido. Silencio. Respiro profundamente y alivio con pocas palabras el peso de ser el único conocedor de la misión abordo. La tripulación cruza miradas extrañadas, una mezcla de pánico y emoción, de repugna y deseo. Y yo suspiro, ligero. George, a la cola del avión, se retuerce en su asiento, concentrado y activo. Pronto, en una hora y media, sobrevolaremos la ciudad marcada con una X en el mapa y los radares japoneses detectarán nuestra presencia. Él lo sabe y, como todos, se prepara. La entrada no acaba aquí…
6
2011
Mil grullas de origami
Una de las tradiciones más bellas de Japón la que nos dice que si hacemos mil grullas de origami, es decir, de papiroflexia japonesa, y las atamos todas juntas, las grullas nos concederán un deseo, que generalmente suele tener que ver con una pronta recuperación tras una enfermedad.
¿Por qué las grullas? En Japón, la grulla es un ser mitológico que vive 1.000 años, y de ahí surge la costumbre del senbazuru (千羽鶴), que también se regala cuando hay un nacimiento, porque otorga una vida larga y próspera; en una boda, porque otorga mil años de felicidad conyugal, etc., y es que este conjunto de grullas de papel es uno de los amuletos más arraigados en Japón.
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