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Si bien Kioto es la capital indiscutible del mundo de la flor y el sauce, hay geishas en otras partes de Japón como Kanazawa, Atami, Hakone o hasta Tokio. En Tokio hay seis hanamachi o barrios diferentes: Shinbashi, Akasaka, Asakusa, Yoshicho, Kagurazaka, Mukojima y, por último, Hachioji, un barrio de geishas a las afueras de Tokio que está haciendo muchísimos esfuerzos por sobrevivir

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La geisha Megumi (©Happy-Town)

Hachioji, un barrio al oeste de Tokio, tuvo antaño una importante industria textil gracias a su ubicación ideal entre la ruta Hama Kaido (浜街道, también conocida como ruta de la seda japonesa) y la ruta Koshu Kaido (甲州街道), una de las cinco rutas que partían de la antigua Edo. Gracias a ello, el barrio de geishas prosperó, puesto que aparecieron muchos exclusivos restaurantes de estilo tradicional donde los altos ejecutivos de las empresas más productivas de la zona podían llevar a cenar a sus clientes, socios o colaboradores mientras firmaban importantes negocios y eran entretenidos por geishas en un ambiente de ozashiki asobi muy tradicional.

De hecho, antes de la Segunda Guerra Mundial había más de 200 geishas en Hachioji repartidas en unos 30 restaurantes tradicionales, pero con el declive de la industria textil durante la posguerra la zona cambió radicalmente. Los exclusivos restaurantes tradicionales de años atrás fueron cerrando sus puertas y en la década de los 90 tan sólo había siete u ocho geishas que apenas tenían dónde trabajar. En 2011 la situación era crítica: tan sólo había 5 restaurantes tradicionales donde las geishas de Hachioji (supuestamente) podían trabajar.

Ésa es la razón por la que, después de convertirse en geisha independiente en 2001, la geisha Megumi, presidenta de la asociación de geishas de Hachioji (Hachioji Geigi Kumiai) y propietaria de la okiya o casa de geishas Yukinoe colgó pósters por toda la ciudad de Tokio buscando a “jóvenes interesadas en las artes, así como en la danza japonesa y el shamisen” (actividad que prosigue desde su página web). Y no contenta con esto, Megumi decidió que ya era hora de que las geishas de Hachioji comenzaran a trabajar más allá de los (escasos) restaurantes tradicionales de la zona; para ello participó voluntariamente (es decir, sin cobrar nada) en varios festivales regionales para promover la historia de las geishas de Hachioji.

Por ejemplo, durante las noches de Setsubun (comienzos de febrero) y dentro de la festividad del Obake, las geishas acuden a trabajar disfrazadas, un poco al estilo de nuestro Carnaval pero siempre siguiendo las tradiciones del barrio. Pues las geishas de Hachioji decidieron lucir disfraces de todo tipo, desde vestidos chinos hasta ropajes del popular personaje de anime Ikkyu-san, un monje budista, o disfrazándose como si fueran una más de las AKB48, etc. Y además, no fueron a los restaurantes más tradicionales y caros de la ciudad, sino que acudieron a saludar a los clientes de los los bares y karaokes más populares de la zona. De hecho, la geisha Megumi sorprendió a todo el mundo hace unos años no sólo disfrazándose de flamenca, sino demostrando sus dotes en baile español.

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Diferentes imágenes de las geishas de Hachioji disfrazadas durante el Obake de Setsubun.

Ése ha sido desde siempre el espíritu de la geisha Megumi, proteger las tradiciones pero abrirse a las necesidades de un mundo nuevo. La geisha Megumi quería, por tanto, evitar la desaparición del barrio de geishas de Hachioji, pero sus tácticas, tan alejadas del funcionamiento habitual del mundo de la flor y el sauce (de hecho, acepta a mujeres que se hayan casado o hasta que hayan tenido un hijo, algo todavía muy tabú en el mundo de las geishas) le valieron muchas críticas por parte de otras geishas de Tokio y del país.

Sin embargo, a pesar de estas críticas, sus esfuerzos han valido la pena y ahora el número de geishas y aprendizas en Hachioji es de 19, algunas de las cuales son todavía muy jóvenes y permiten vislumbrar un futuro esperanzador para un barrio de geishas que casi parecía extinto.

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Algunas de las geishas de Hachioji (© Yukinoe).

Las razones que han llevado a distintas mujeres de diferentes edades a entrar en el mundo de las geishas son muchas y variadas. Por ejemplo, la geisha Hisamaru, de 27 años, explica que intentaba vivir de su pasión por actuar, queriendo ser actriz profesional, cuando vio el póster y decidió probar suerte como geisha hace ya más de año y medio.

La joven geisha Seika, de 25 años, vio un vídeo en internet sobre geishas participando en un festival tradicional y no pudo evitar buscar más información de un mundo totalmente desconocido para ella hasta ese momento, hasta que decidió hacerse geisha. Las geishas de la okiya de la geisha Megumi reciben clases de shamisen (kouta y nagauta), de danza tradicional, del pequeño tambor de mano tsuō y de ceremonia del té.

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Geishas de Hachioji actuan en el festival Wakaba Matsuri, en el monte Takao, Hachioji. (© Asahi Shimbun)

Además del número creciente de geishas y aprendices en Hachioji, otro de los indicadores que dan esperanzas de cara al futuro es la celebración del primer odori o espectáculo de bailes de primavera el pasado mes de marzo. Gracias al esfuerzo de la geisha Megumi y de la okiya Yukinoe, las geishas de Hachioji pudieron celebrar su arte en un espectáculo que las situó a la altura de las geishas de Kioto (cuyos bailes de primavera y bailes de otoño son muy populares en todo el país).

Además, las geishas de Hachioji han comenzado a promocionar el monte Takao como un destino turístico interesante en Tokio. Por ello, en abril un grupo de geishas ofreció un espectáculo de danza delante de la estación de tranvía de Kiyotaki como parte del festival anual Wakaba Matsuri del monte Takao. Fue una bonita oportunidad de verlas bailar en directo en un evento abierto a todo el mundo.

Así pues, las geishas de Hachioji demuestran lo que llevamos diciendo desde hace varios años. El mundo de la flor y el sauce ya no puede ser cerrado y exclusivo si quiere sobrevivir. Las geishas deben participar en festivales populares, deben promocionar destinos, deben aparecer en eventos de todo tipo y sobre todo estar abiertas a trabajar en muchos otros sitios aparte de los tradicionales restaurantes japoneses si quieren sobrevivir y seguir trabajando de su pasión, las artes tradicionales.

Sólo adaptándose a la modernidad conseguirán seguir manteniendo sus tradiciones vivas.

 

Referencias:
Asahi ShimbunYukinoe, Happy-town, Datemeguminmin