El fetichismo por la ropa interior femenina es un fenómeno relativamente común pero en pocos lugares está tan arraigado y casi institucionalizado como en Japón, donde se pueden adquirir estas prendas por un módico precio, nuevas o usadas. Este negocio de compra/venta de ropa interior se conoce en japonés como burusera (ブルセラ).

La palabra japonesa burusera deriva del cruce entre las palabras burumā, que viene del inglés bloomer y es el nombre que recibe el pantalón corto utilizado en las clases de educación física y sērā-fuku, que significa traje de marinero, que hace referencia a los uniformes típicos de las colegialas japonesas.

Obsesión por la ropa interior

El japonés medio, por lo general, se siente atraído por los uniformes en cualquiera de sus tipos, ya sean de colegio, de enfermeras, etc., como se puede comprobar al tener en cuenta la existencia y éxito de los clubes de imagen o imekura, イメクラ, en los que las empleadas visten todo tipo de uniformes para satisfacer las fantasías masculinas.

Las chicas pueden cobrar por sus bragas entre 5.000 y 10.000 yenes.

Además, la actitud hacia estos uniformes es muy fetichista, sobre todo cuando hablamos de los uniformes de colegio femeninos o a los pantalones cortos utilizados en la clase de Educación Física. Esto no es de extrañar si tenemos en cuenta que el tipo de muchacha japonesa inocente y juvenil tiene un gran éxito entre los hombres japoneses, al contrario que el tipo de mujer de corte más occidental, por lo que muchas chicas jóvenes que ya no están en el colegio siguen utilizando esta estética para aprovecharse de este interés masculino.

Y el manga y el anime no podían dejar de recoger esta obsesión, claro. Si recordamos la serie de animación japonesa Dash! Kappei, emitida en España hace ya años con el título Chicho Terremoto, el protagonista estaba obsesionado con la ropa interior femenina. Otro caso particularmente notorio lo tenemos en el personaje del maestro Chen de Ranma ½, que se volvía loco por la ropa interior femenina. Son sólo 2 ejemplos de los muchos que podríamos encontrar, pero que nos hace darnos cuenta de que, lejos de mostrar un comportamiento ficticio, no hacen más que reflejar una realidad presente en la sociedad japonesa.

Chicho Terremoto y su obsesión por la ropa interior

Chicho Terremoto y su obsesión por la ropa interior.

De hecho, es tal la obsesión por la ropa interior, que en algunas estaciones de tren encontramos carteles al lado de las escaleras mecánicas que piden precaución al utilizarlas con gente que utilice teléfonos móviles para hacer fotos de la ropa interior. Y ciertos grupos musicales femeninos de rabiosa actualidad salen siempre al escenario con minifaldas imposibles que dejan poco a la imaginación, pero claro, sus fans están encantados.

No es raro, por tanto, que una de las recomendaciones que se les da a las chicas japonesas que viven en pisos bajos es que no dejen su ropa interior tendida, ya que puede llegar a desaparecer aunque a veces estos ladrones roban incluso en las lavanderías. Este fenómeno se conoce como shitagi dorobo, 下着ドロボ, que significa “robo de ropa interior”.

Y es que los hombres que roban, compran, o incluso visten ropa interior femenina, utilizan estas prendas como fetiches, obteniendo placer sexual de la contemplación de dichas prendas, generalmente imaginándose a las antiguas propietarias vistiéndolas. Y como con cualquier tipo de fetichismo, los hombres que lo sufren suelen coleccionar los objetos que les excitan.

¿Qué es exactamente el burusera?

Con todo esto de trasfondo, no es raro que a algún avispado empresario del submundo japonés se le ocurriera la idea de vender uniformes de colegio, pantalones cortos de deporte, o incluso ropa interior, a unas tiendas que se conocen por el nombre de bloomer shops o burusera shops. Lo más curioso, y lo que hace que estas prendas se coticen todavía mucho más, es que en muchos casos están usadas.

Este negocio saltó a los medios de comunicación sobre el año 1992, aunque por aquel entonces algunas tiendas llevaban comerciando con ropa interior usada desde hacía ya una década. Además de las tiendas, en aquella época también se podía comprar la ropa interior usada en algunas máquinas de venta callejera, aunque tuvieron una vida fugaz, ya que fueron ilegalizadas en 1993.

Bragas en vente en una página web

Bragas en vente en una página web.

Entonces también se podían encontrar revistas que basaban todo su contenido en la visión furtiva de unas bragas, bajo la excusa de hablar de cantantes femeninas y que contenían anuncios que hablaban de estos negocios de compra/venta de ropa interior usada, por lo que muchas colegialas comenzaron a vender su ropa interior a partir de ese momento, ya que hasta ese momento este tipo de tiendas eran bastante desconocidas.

En cualquier caso, está claro que si este negocio existe es porque hay una demanda, de la que ya hemos hablado, pero también existe una oferta. ¿Qué lleva a una colegiala a vender sus bragas a estas tiendas? La motivación principal suele ser la de obtener una “paga extra” que complemente el dinero que suele obtener de sus padres, con el fin de sufragar los costosos complementos de moda que tanto gustan y que en Japón son, claramente, un símbolo de estatus social.

¿Cómo funciona este tipo de negocio?

Después de todo lo que he contado, parecería lógico suponer que las chicas dispuestas a entrar en este negocio venden a estas tiendas todo el contenido del cajón en el que guardan la ropa interior, pero sin embargo el procedimiento suele ser un poco diferente.

ropa interior usadaLo más normal es que las chicas compren unas bragas de las más baratas que puedan encontrar, y es que hay que maximizar el beneficio. Luego, las chicas utilizan esas bragas durante varios días seguidos, sin cambiárselas, para que tengan más “sustancia” (ya, sé que es algo un poco asqueroso). Y cuando están en su punto óptimo, a punto de salir andando solas, no hay más que ir a una de estas tiendas para entregar las bragas usadas. A veces, las chicas se quitan las bragas allí mismo, lo que recibe el nombre de namasera, 生セラ (nama, en este contexto, significa “sin tratar, en crudo”), que le da un plus a las bragas porque queda totalmente claro que son material de “primera calidad”.

En líneas generales la cantidad de dinero que reciben estas chicas suele ser unas 10 veces superior al coste de las bragas, obteniendo así una cantidad de dinero entre los 2.000 y los 4.000 yenes. Posteriormente, las bragas se colocan en las estanterías, cuidadosamente envueltas en plástico. En cuanto al resto de prendas que también se pueden encontrar en estas tiendas, podemos citar los uniformes colegiales completos, pantalones cortos de deporte, etc. En estos casos, cuando las chicas quieren vender este otro tipo de prendas, lo normal es que las lleven en sus mochilas.

Y como os podéis imaginar, las chicas que acuden a estas tiendas ganan más dinero cuanto más tiempo hayan llevado puestas las bragas, ya que la cantidad de flujo vaginal será más grande, y el olor más fuerte e intenso, por lo que la cotización de las mismas será mucho mayor. Si las bragas, además, tuvieran manchas y olores especiales, como los de la sangre menstrual, las chicas podrían obtener todavía más dinero.

Para completar el paquete, el vendedor suele incluir una foto de la chica junto a las bragas, para excitar aún más la imaginación de sus futuros compradores, y guarda ambas cosas en envoltorios de plástico transparente colocando las bragas de forma cuidadosa, de forma que la parte de la entrepierna, la que generalmente tiene las manchas del uso cotidiano de la prenda, quede a la vista de los posibles compradores. A veces, incluso, las colegialas venden hasta frascos con muestras de su orina, que se guardan en contenedores transparentes refrigerados.

En cuanto a las otras prendas que hemos mencionado, los uniformes y los pantalones cortos de deporte, lo que marca su mayor o menor precio es el colegio al que pertenecen. Esto es así porque algunos colegios tienen un gran prestigio y las prendas con sus escudos son prácticamente consideradas piezas de coleccionista, pudiéndose pagar por uno de estos uniformes desde 40.000 hasta 200.000 yenes.

Uniformes colegiales a la venta

Uniformes colegiales a la venta, por 58.000 yenes.

Curiosamente, a pesar de que lo normal sería pensar que esta venta de ropa interior la realizan chicas de familias de clase media o media-baja, que no disponen de tanto dinero para pagarse todos los caprichos, la gran mayoría de las que deciden vender su ropa interior suelen ser de familias acomodadas. Y es que, al no tener que esforzarse para conseguir casi nada, prefieren recurrir a este tipo de negocios para obtener dinero antes que recurrir a, por ejemplo, un trabajo a tiempo parcial.

Y al igual que con otros servicios de corte sexual, es normal ver información sobre estas tiendas en postes de electricidad o en cabinas de teléfonos, y por supuesto también nos pueden informar sobre ellas en los espacios de “información sin compromiso” que encontramos en ciertos barrios de Japón, como Shibuya o Kabukicho en Tokio, sin ir más lejos.

También los chicos

Este tipo de tiendas poco a poco han ido dando cabida a ropa interior masculina, calcetines, uniformes, etc., porque las mujeres también han empezado a buscar este tipo de objetos, y es que el fetichismo por este tipo de artículos no es algo exclusivo del sexo masculino.

Esto no es más que una evolución natural en la sociedad japonesa, y al igual que los hostess masculinos cada vez tienen más éxito, cuando años atrás su existencia era casi impensable, en el caso de la ropa interior pasa lo mismo: las mujeres también tienen los mismos o parecidos deseos que los hombres.

Curiosamente, hace unos años hubo una cierta polémica cuando varias amas de casa confesaron que les daban tanto asco los calzoncillos de sus maridos, que los cogían con palillos para llevarlos a la lavadora. Seguramente la ropa interior masculina de sus maridos siga provocando las mismas reacciones, pero no así la de estos jóvenes estudiantes.

Generalmente, las mujeres que compran estas prendas suelen ser mujeres solteras, que utilizan estos fetiches para el sexo en solitario, pero no pensemos que esto es un fenómeno de reciente aparición, porque hay tiendas de este tipo que reconocen que hace ya algunos años que tienen mujeres entre sus clientes.

Y exactamente igual que ocurre con la ropa interior femenina, se paga más por unos calzoncillos que hayan sido llevados durante más días, y más incluso si contienen restos de esperma.

El burusera más actual

En los tiempos actuales, la juventud quiere dinero fácil, no sólo las chicas, por lo que también hay chicos que roban la ropa interior a las chicas para así venderla ellos. De esta forma no se obtiene tanto dinero como si la ropa interior fuera vendida por la chica directamente, ya que cuando la roban, suele ser porque acaba de ser lavada y está, por tanto, limpia. En cualquier caso es un medio muy sencillo de obtener un dinero extra.

Las autoridades, finalmente, se han hecho eco del problema pero no parece que hayan tenido mucho éxito. En 2004 se promulgó una ordenanza municipal en Tokio que ilegalizó la venta de ropa interior usada, de orina, heces y otras cosas similares de menores de edad, así como que las propias menores lo vendieran a las tiendas. Esta ordenanza también ilegalizó todas las actividades que fomentaran este tipo de negocio, bajo pena de multa de hasta 500.000 yenes. Uno de los problemas es que sólo es ilegal si la chica es menor de edad, con lo que las tiendas que se dedican a este negocio ahora lo que tienen es material de chicas mayores de edad, con lo que todo solucionado.

Página web de subasta de ropa interior

Página web de subasta de ropa interior.

De hecho, esta ley no ha erradicado la práctica del burusera en Tokio, sino que ha hecho que se vuelva algo todavía más soterrado, porque fomentó aún más la proliferación de páginas web en las que las chicas contactan directamente con el comprador, evitando así intermediarios (y evitando también el acecho de las autoridades). La forma estándar de funcionar, en estos casos, es citar al comprador en lugares con cierta privacidad, como podría ser una habitación de un local de karaoke, por ejemplo. Entonces, la chica se quita la ropa interior delante del comprador que, a cambio, le entregará una cantidad de dinero previamente pactada.

Pero lo más normal, y lo que más ha proliferado son páginas web en las que las vendedoras muestran la ropa interior que venden, y por otro lado los compradores solicitan material que se ajuste a sus gustos, haciéndose una transacción electrónica y sin contacto físico. El material que aquí encontramos es relativamente “barato”, nadie pone en peligro su integridad física y toda la transacción se realiza de la forma más aséptica posible. Pero qué queréis que os diga, si las tiendas “tradicionales” de venta de ropa interior usada podían ser sospechosas de vender material falso, yo no me creo que todas las bragas usadas que hay en estos foros de compra/venta sean reales. Es el negocio perfecto para empresarios avispados que quieran aprovecharse de las parafilias de unos pocos.

Existen otros sitios web en los que la ropa interior se subasta, como si fuera un eBay de bragas usadas. Los compradores pujan por esta ropa interior usada, partiendo de un precio base, y el mejor postor se lleva la prenda. Una sencilla búsqueda nos muestra muchos sitios en los que conseguir este material. Me perdonaréis que no os ponga los enlaces, porque una cosa es hablar de este fenómeno y otra muy diferente darles publicidad.

Otro lugar que en los últimos años, según contaba Mainichi, se utilizaba para este intercambio de bragas por dinero, eran los baños para discapacitados de ciertas estaciones, sobre todo la de Tokio. Aquí, hay espacio suficiente para hacer la transacción con comodidad, hay privacidad, y sobre todo un continuo ir y venir de gente que hace fácil perderse entre la multitud al llegar e irse.

Curiosamente, gracias a esta nueva ley y al soterramiento de esta corriente de venta ilegal de ropa interior, las chicas que sí venden su ropa interior pueden llegar a cobrar entre 5.000 y 10.000 yenes, bastante más caro de lo que se pagaba por el mismo artículo en las tiendas de venta de ropa interior usada, quizás porque la interacción es más directa y el comprador se excita todavía más al ver a la chica a su lado despojándose de su ropa interior.

burusera shops

Mosaico con objetos que podemos encontrar en una tienda de burusera. Imagen de Rockandfiocc.

Otra manera que han encontrado estas chicas para sacar un dinero extra, sin vulnerar la ley, es la de vender fotos en las que aparecen con sus uniformes colegiales, por unos 5.000 yenes aproximadamente, y entonces añadir a esa foto unas bragas usadas como si del regalo de una revista se tratara. Algo parecido a cuando se venden bolígrafos por precios estratosféricos porque, curiosamente, llevan de regalo una entrada para el partido de fútbol más esperado de año.

Y por si fuera poco, el negocio se va extendiendo, y se están creando nuevas áreas de negocio en las que antes no se había pensado. De hecho, estas chicas a veces ya ni siquiera necesitan vender su ropa interior, porque les basta con quedar con un cliente, acompañarle a una de las salas de cualquier local de karaoke, y dejarle que meta la cabeza entre sus piernas, para que pueda aspirar sus olores íntimos, hasta quedar saciado. Esta práctica recibe el nombre de kagaseya, 嗅がせや, y los hombres llegan a pagar hasta 10.000 yenes por cita.

La realidad es que estas prácticas siguen llevándose a cabo, sobre todo porque las chicas japonesas que se involucran en este tipo de negocios no consideran que estén haciendo nada malo. Sin embargo, el mayor problema se encuentra en que muchas chicas, a los pocos meses de haber realizado su primera venta de ropa interior, acaban entrando en el negocio de las citas compensadas o enjo kōsai, con el que se obtiene todavía más dinero, porque si todas sus compañeras se están comprando el último modelito de bolso de Louis Vuitton, no van a ser ellas menos, ¿verdad?

Y de hecho, las posibilidades, y también los riesgos, son mayores hoy en día, puesto que en el pasado había intermediarios entre las chicas y los compradores, en la forma de las tiendas de venta de ropa interior usada, pero ahora muchas de estas transacciones se llevan a cabo directamente entre las chicas y los compradores, y en lugares oscuros y privados.

Así que todas las voces que claman que el burusera ya es algo del pasado, y que ya se ha erradicado, están algo alejadas de la realidad, puesto que, por el momento, esta práctica sigue estando vigente.

Eso sí, pese a todo lo que os he contado, no hay que pensar que la práctica del burusera es algo que realizan todas las chicas japonesas. La realidad es que no deja de ser un comportamiento minoritario, y es que además, en un gran número de casos, la ropa que se vende no es realmente de colegialas. Pero en el imaginario colectivo ya ha quedado grabada esta práctica y como se ha hablado de ella hasta la saciedad, aunque no se tuvieran los datos completos, porque lo que interesaba era contar una historia de perversiones y de comportamientos extravagantes japoneses, en muchos casos parece que el burusera es algo frecuente.

NOTA: este artículo se publicó originalmente en 2006, en la versión anterior de Japonismo, y lamentablemente fue copiado en muchos sitios sin mencionar la fuente. Ahora he querido darle una revisión importante, que espero que sea de vuestro agrado.