El santuario Yasukuni en Tokio es el lugar donde se honra a los caídos por Japón en sus guerras y es una fuente de controversia constante por su relación con el nacionalismo japonés.

El santuario genera grandes tensiones entre Japón y sus vecinos China y Corea del Sur e incluso ocasiona tensiones dentro de la propia sociedad japonesa, especialmente el día 15 de agosto de cada año, cuando se conmemora el aniversario de la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial y el Yasukuni se convierte en el santuario más famoso de todo el país.

Aunque este santuario se creó en 1869 para honrar a los caídos por la parte del gobierno central en el conflicto que enfrentó a las fuerzas del emperador Meiji contra los partidarios del shōgun y aunque hay 2,5 millones de soldados fallecidos que son honrados allí, la inclusión de 14 criminales de clase A de la Segunda Guerra Mundial en 1978 causó que el propio emperador dejara de visitar el santuario y que el santuario pasara a ocupar la primera página de medios de comunicación.

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Desde entonces, ha habido visitas al santuario que han contribuido a aumentar esta controversia y a tensar las relaciones bilaterales de Japón con sus vecinos. En concreto, las visitas de algunos primeros ministros japoneses, sobre todo Nakasone primero y luego Koizumi, han moldeado la política exterior japonesa con sus vecinos China y Corea del Sur. La última visita registrada por un primer ministro fue la de Abe en diciembre de 2013, que también generó protestas de China y Corea del sur.

Estos países consideran que Japón no ha aprendido de su pasado y continúa teniendo unes tendencias militaristas. Pero además, estas visitas también causan controversia interna porque la visita de Nakasone en 1978 se hizo a título oficial y las restantes se han hecho a título personal, ya que la propia constitución japonesa establece una separación clara entre el estado y la religión.

Introducción

El santuario Yasukuni es un grandioso santuario sintoísta situado en el corazón de Tokio, a poca distancia del Palacio Imperial que sirve de memorial para los japoneses muertos en las guerras al servicio del país, ya que consagra sus espíritus como kami o dioses sintoístas. De esta forma, Yasukuni es el equivalente japonés a la tumba del soldado desconocido del cementerio de Arlington en Estados Unidos (Tamamoto 2001, pp. 33-40) y es que el recuerdo a los caídos en combate supone una fuente esencial de autoconocimiento y de unidad nacional (Fukuoka 2013, p. 27).

Este santuario es uno de los memoriales más famosos en todo el mundo precisamente porque resulta uno de los más controvertidos y uno de los que más ira provoca en China y Corea del Sur. Esto se debe sobre todo a la historia reciente del santuario y a cómo representa la forma en la que los japoneses ven su propia historia y cómo se enfrentan a ella (Fulford 2006, p. 358), especialmente tras la Segunda Guerra Mundial y la inclusión de los criminales de guerra de Clase A en él.

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Desde su creación, el santuario Yasukuni consagra más de 2 460 000 muertos, de entre los que hay 50 000 chinos, 27 863 taiwaneses y 21 181 coreanos que fueron obligados a luchar como japoneses (McGreevy 2005; Tanaka 2004). A este santuario acuden muchísimos tokiotas y turistas japoneses y extranjeros, pero si se ha hecho famoso internacionalmente es, sobre todo, por las visitas de algunos primeros ministros japoneses como Nakasone, Koizumi o incluso Abe en su segunda etapa al frente del gobierno japonés y la repercusión que estas visitas tienen en los medios de comunicación.

El santuario Yasukuni resulta un tema tan complejo que ha sido objeto de numerosos estudios que se han centrado en temas tan dispares como el significado histórico-cultural del santuario y su museo adyacente, las relaciones de Japón con sus vecinos, el problema de consagrar en el santuario los espíritus de los criminales de guerra de Clase A, en la importancia y ética de las visitas de los primeros ministros desde un prisma constitucional, etc.

Es decir, como comenta Perkins, el santuario Yasukuni presenta un objeto de estudio elusivo y multifacetado (Perkins 2011) pero, en resumen, lo que en Japón se conoce como el “problema de Yasukuni”Yasukuni mondai en japonés– tiene dos dimensiones principales. Por un lado encontramos la dimensión internacional, que se centra en esta consagración de los espíritus de 14 criminales de guerra de Clase A e implica problemas en las relaciones bilaterales de Japón con China y Corea y, por el otro, encontramos la dimensión nacional del problema que tiene que ver con la separación constitucional entre estado y religión, pero también con la relación entre el Japón moderno y sus muertos y el concepto de patriotismo, sobre todo en los jóvenes japoneses (Ryu 2007, p. 714)

Breve historia del santuario Yasukuni

Para entender la importancia del santuario Yasukuni en la actualidad y en particular en el periodo de 1978 a 2013, con las visitas de tres de los primeros ministros más importantes que ha tenido Japón, debemos conocer de forma breve sus orígenes históricos.

La llegada de las potencias occidentales a Japón a mediados del siglo XIX supuso, como dice el historiador Kano Masanao, el descubrimiento de Japón por parte de los propios japoneses y la transformación de la diferencia cultural japonesa en una ideología nacionalista (Doak 2007, p. 40), como respuesta a la amenaza del imperialismo occidental, para poder preservar la independencia japonesa (Tamamoto 2001, pp. 33-40).

La fundación del santuario Yasukuni se remonta al 29 de junio de 1869, poco después de que el emperador Meiji hubiera trasladado su residencia a la entonces Edo (actual Tokio), aunque entonces recibio el nombre de Tōkyō Shōkonsa, que significaba “santuario de Tokio para dar la bienvenida a los espíritus” (Pye 2003, p. 52).

Emperador Hirohito visitando el Yasukuni en 1935

Emperador Hirohito visitando el santuario Yasukuni en 1935. Imagen de Japan Focus.

El objeto del santuario era honrar a los 3588 caídos del nuevo ejército imperial en la guerra civil que los había enfrentado a los partidarios del shōgun y que tuvo como consecuencia la restauración Meiji de 1868. Los arquitectos del nuevo Japón entendían que, para crear un estado fuerte necesitaban del nacionalismo, de un lugar que reflejara la unidad y la lealtad de un pueblo con su gobernante supremo, sobre todo porque hasta ese momento, la única afinidad de los japoneses había sido hacia su familia y su pueblo (Tamamoto 2001, pp. 33-40).

Poco a poco los espíritus de otros caídos en combate, consagrados en otros santuarios repartidos por todo el país, fueron trasladados a este santuario de Tokio que, en 1879, fue renombrado como Yasukuni, que significa “País en paz”.

El propio emperador Meiji depositó un mensaje escrito para los espíritus, que decía:

“Habéis dado vuestras vidas por vuestro país. Os habéis sacrificado para traer la paz a vuestro país. Este santuario ha sido creado para invocar vuestros espíritus. Llamamos a este santuario el santuario del país en paz. Y podéis tener la certeza de que seguiremos ofreciento plegarias por vuestros espíritus para siempre” (Pye 2003, p. 52).

Un emperador que, según el sintoísmo estatal que se estableció en 1870, era el dios y padre de Japón mientras que el pueblo eran los hijos que le servían. Así, el pueblo japonés fue incorporándose al ejército y luchando en sucesivas campañas expansionistas del nuevo imperio mientras desde el estado se les inculcaba la noción de morir de forma honorable por su país y el emperador. De hecho, el sintoísmo estatal deificaba a los caídos en combate por el emperador, consagrándolos en el santuario Yasukuni, que se convirtió así en el santuario central de este sintoísmo estatal y en un pilar del Japón imperial (Killmeier y Chiba 2010, p. 336).

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La administración del santuarió estuvo en manos del ejército y la armada imperial hasta el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945. De hecho, durante esta guerra, la despedida típica entre los pilotos kamikaze era “nos vemos en Yasukuni” (O’Dwyer 2010, p. 150). Pero desde el final de la guerra el santuario es una institución religiosa autónoma controlada por la Asociación de Santuarios Sintoístas (Takahashi 2006, p. 155).

De esta forma, los sacerdotes sintoístas del santuario siguen homenajeando y consagrando a los muertos japoneses en combate, pero bajo su propia autoridad religiosa, sin ningún tipo de relación con el estado (Killmeier y Chiba 2010, p. 336).

Los criminales de guerra de Clase A

Pero aunque la separación entre religión y estado está recogida en el Artículo 20 de la constitución japonesa, los responsables del santuario Yasukuni reciben del estado el listado con los nombres de los soldados muertos. Y de todos los soldados fallecidos por Japón, sin duda los más famosos y los que han causado la controversia que nos ocupa son 14 de los 28 criminales de guerra de Clase A que fueron consagrados en octubre de 1978.

Tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, en los Juicios de Tokio se juzgaron los crímenes cometidos por los japoneses, estableciendo tres distinciones en función de la gravedad de los crímenes cometidos. Los criminales de Clase A eran aquellos que habían conspirado para comenzar una guerra y que serían juzgados por crímenes contra la paz, como el general Tōjō, que fue primer ministro japonés durante la mayor parte de la guerra y, quizás, la figura más conocida de todos los criminales de guerra de Clase A.

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Los juicios de Tokio. Imagen de The Japan Times.

Estos criminales de guerra no murieron en combate, sino que fallecieron en prisión o fueron ejecutados, pero pese a ello, sus espíritus podían ser consagrados en Yasukuni como kami porque las condiciones para ello eran, además de ser japonés, haber muerto de forma relacionada con la vida de la nación (Pye 2003, p. 53).

La consagración de los espíritus de los soldados japoneses fallecidos en Yasukuni no ha generado nunca controversia, porque no hablamos de soldados que hubiera cometido crímenes de guerra. Pero en el caso que nos ocupa, para muchos coreanos, chinos y taiwaneses, e incluso para muchos japoneses, la inclusión de estos criminales de guerra de Clase A era y sigue siendo una ofensa contra la humanidad y una celebración de estos criminales de guerra (Ravitch 2014, p. 125).

Lo peculiar del caso es que esta consagración se hizo en secreto y hasta abril de 1979 no se hizo público que estos 14 criminales de guerra habían sido consagrados en el santuario (Fukuoka 2013, p. 29). De hecho, el sacerdote sintoísta que consagró a estos criminales de guerra, Matsudaira Nagayoshi, había sido teniente en la armada imperial y rechazaba la legimitidad del tribunal de los Juicios de Tokio y, por tanto, su veredicto final (Killmeier y Chiba 2010, p. 336).

Es también un hecho notorio que el emperador Hirohito, que había visitado el santuario en diversas ocasiones, dejó de hacerlo tras la inclusión de estos criminales de guerra en 1978, aunque sus motivos no están claros, ya que hay opiniones contradictorias basadas en escritos de asistentes del emperador. Uno dice que el emperador conocía y aprobaba la consagración de estos criminales en el santuario, porque no hacerlo suponía estar de acuerdo aunque fuera de forma tácita con los Juicios de Tokio, mientras que otros establecen la postura contraria, que dejó de visitar el santuario al no estar de acuerdo con esta consagración (Killmeier y Chiba 2010, p. 342).

La visita de Nakasone de 1985

Sin embargo, aunque desde 1979 era un hecho conocido que el santuario albergaba los espíritus de 14 criminales de guerra de Clase A, la controveria con el santuario Yasukuni no explotó hasta 1985, con la visita del entonces primer ministro Nakasone.

Esto no quiere decir que Nakasone fuera el primero de entre los primeros ministros japoneses en visitar el santuario, ni mucho menos. De hecho, hasta ese año, las visitas de primeros ministros habían sido la norma y no la excepción, como ocurre ahora. Así, en el Japón de la posguerra y hasta llegar a Nakasone, hubo varios primeros ministros que visitaron Yasukuni: Shidehara, Yoshida, Kishi, Ikeda, Sato, Tanaka, Miki, Fukuda, Ohira, y Suzuki. Posteriormente, entre Nakasone y Koizumi también Miyazawa y Hashimoto visitaron el santuario. Tras Koizumi, solo Abe, en 2013, volvería a visitarlo (Shibuichi 2005, p. 205).

En 1985, año en que se cumplía el 40º aniversario del final de la guerra, el primer ministro Nakasone Yasuhiro decidió visitar el santuario el 15 de agosto, la fecha exacta de la rendición japonesa, desoyendo la opinión de la Oficina de Legislación del gabinete, que consideraba que una visita oficial podía ser contraria a la constitución (Fukatsu 1986, pp. 22-23). Posteriormente, Nakasone se plegaría a las presiones de China y cambió su política hacia el santuario, no volviendo a visitarlo (Tamamoto 2001, pp. 33-40), lo que hizo que llegara a recibir amanezas de muerte por parte de activistas de extrema derecha (Shibuichi 2005, p. 206).

Nakasone explicó que “otras naciones tienen monumentos para conmemorar y agradecer a aquellos que murieron en combate por su país. Sin estos monumentos para expresar gratitud, ¿quién estaría dispuesto a entregar su vida por su país?”. Pero las críticas fueron numerosas. Por supuesto, China se quejó por boca de uno de sus principales líderes, Deng Xiaoping, pero también Corea del Sur y otros paises del sudeste asiático, antiguas víctimas del pasado militarista japonés, expresaron su malestar. Internamente, los japoneses también fueron muy críticos y ese mismo agosto de 1985 el periódico Asahi Shimbun recibió 624 cartas condenando la visita por sólo 49 alabando a Nakasone (Fukatsu 1986, pp. 19-20).

Nakasone y Yasukuni

Nakasone tras su visita al Yasukuni. Imagen de Raymiyatake.

¿Por qué hubo tanta crítica en este momento? Se pueden citar dos razones principales. Además de la elección de la fecha, justo en el aniversario de la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial, la principal razón fue que Nakasone se atrevió a anunciar de antemano que su visita sería oficial. Y es que hasta ese momento, todos los primeros ministros que habían visitado el santuario Yasukuni habían declarado que sus visitas eran privadas o, incluso, las habían hecho sin anunciar nada públicamente (Shibuichi 2005, p. 206).

Esta visita, por tanto, causó un enorme revuelo y avivó el interés en el Artículo 11 del Tratado de Paz de San Francisco de 1951, por el que Japón aceptaba los veredictos de los Juicios de Tokio y que no había sido objeto de consideración en los medios hasta esta visita (Yamamoto 2010, p. 12) y es que una visita oficial al santuario que tenía consagrados los espíritus de los criminales de guerra de Clase A se consideró que era una crítica hacia ese tratado de paz.

En las visitas previas de primeros ministros China ya había expresado su malestar, pero no había sido tan vocal. Para ello, se había valido de la agencia de noticias oficial Xinhua y del periódico Renmin Ribao, pero las protestas, como decimos, nunca habían ido más allá. En algunos casos, incluso, hubo visitas de primeros ministros que no tuvieron eco en estos medios. Sin embargo, en esta ocasión la respuesta china fue mucho más dura y contundente. El 14 de agosto de 1985 un portavoz del ministerio de asuntos exteriores chino expresó el malestar de su gobierno en una rueda de prensa convencional y al día siguiente, el periódico Renmin Ribao cubrió la visita desde un punto de vista crítico. La agencia Xinhua cubrió también esta visita e, incluso, miembros del Politburó chino condenaron a Japón por este hecho. El 18 de septiembre de aquel año, en el aniversario de la invasión japonesa de Manchuria, 1000 estudiantes universitarios se manifestaron contra Japón en la plaza de Tiananmen (Shibuichi 2005, p. 207).

Como hemos comentado, Nakasone se tomó muy en serio las protestas de China y no volvió a visitar el santuario, lo que causó las irás de la extrema derecha japonesa que llegaron a considerarlo un traidor y a amenazarlo de muerte por tres razones (Shibuichi 2005, p. 208-209) que os expongo a continuación.

En primer lugar por blasfemia, porque Nakasone quería utilizar su visita oficial para demostrar que existía un lazo entre el sintoísmo y el estado, pero finalmente no se atrevió a desafiar abiertamente la separación de estado y religión recogida en la constitución. Además, Nakasone había notificado al santuario que no iba a seguir el ritual sintoísta y, en protesta por su “actitud arrogante”, el sacerdote principal del santuario se negó a recibirle como establecía la tradición.

En segundo lugar estaba el tema de los criminales de guerra de Clase A consagrados en el santuario y es que China, ante la visita de Nakasone, dejó caer la idea de que aceptarían la visita si los espíritus de estos criminales se retiraban de Yasukuni. Al parecer, pese al perfil conservador del entonces primer ministro japonés y a su pasado como oficial de la armada, Nakasone repudiaba a los criminales de guerra de Clase A y entendía los motivos de la protesta china. Así, estaba dispuesto a aceptar esta sugerencia e incluso presionó al sacerdote principal del santuario y a las familias de estos criminales para que aceptaran la propuesta, pero sin éxito.

En tercer y último lugar, los ultraderechistas consideraban que Nakasone se había plegado a las presiones internacionales. Sea como fuere, lo cierto es que Nakasone se encontró con muchos más problemas tras su visita de los que presumiblemente había imaginado.

Las visitas de Koizumi

Pero si la visita de Nakasone había sido controvertida, esto se quedó en nada comparado con las reacciones que suscitaron las visitas que hizo Koizumi Jun’ichirō en cada año de su mandato como primer ministro. Koizumi, además, ha sido posiblemente el primer ministro más influyente del Japón reciente y su nivel de apoyo público ha estado siempre en niveles altísimos, lo que hace que sus visitas hayan tenido si cabe más repercusión.

Pero lo cierto es que, tras la visita de Nakasone en 1985, pocos primeros ministros visitaron el santuario Yasukuni. Miyazawa Kiichi lo hizo en noviembre de 1992 pero se mantuvo en secreto hasta que los periódicos lo revelaron en 1996. Hashimoto Ryutaro visitó Yasukuni de forma breve el día de su cumpleaños en julio de 1996 pero ante las críticas de China y de la oposición en Japón, no volvió a visitarlo. De hecho, se puede ver cómo el caso de Koizumi fue totalmente diferente al de primeros ministros anteriores, porque pese a las tensiones diplomáticas que causaron y a las disputas internas, no dejó de visitar el santuario, mientras que sus predecesores sí que se plegaron a esta corriente crítica de opinión (Shibuichi 2005, p. 209).

En 2001, su primer año como primer ministro, Koizumi había prometido en abril, durante la elección presidencial del PLD, que visitaría el santuario el 15 de agosto. El 25 de junio el embajador chino en Tokio le pidió que reconsiderase su postura y el 10 de julio el presidente chino, Jiang Zemin, expresó a una delegación japonesa que estaba visitando la capital china su preocupación por este hecho. Las presiones chinas continuaron cuando el 24 de julio el ministro de asuntos exteriores chino comunicó a su homólogo japonés que intercediera para evitar la visita, en un encuentro en el que ambos coincidieron en Hanoi (Vietnam). Ese mismo día, el embajador de Corea del Sur comunicó al gobierno japonés que el pueblo coreano estaba siguiendo el asunto muy de cerca y, de hecho, fue esta la primera vez que Corea del Sur protestaba oficialmente por las visitas de un primer ministro japonés al santuario Yasukuni (Shibuichi 2005, p. 211).

Las protestas tuvieron un éxito moderado porque forzaron a Koizumi a cambiar la fecha de su visita y acudir al santuario Yasukuni el 13 de agosto de 2001 en lugar de visitarlo el 15 de agosto, como había prometido inicialmente. Este cambio de parecer, aunque pequeño, no hubiera sido posible sin los esfuerzos del Komeito, el partido con el que el PLD de Koizumi gobernaba en coalición, que se esforzó en persuadir a su socio de gobierno a cambiar la fecha (Tamamoto 2001, pp. 33-40).

Koizumi visitando el Yasukuni

Koizumi visitando el Yasukuni. Imagen de Mamorenihon.

A pesar de la opinión internacional acerca de sus visitas, en las declaraciones anuales que Koizumi hacía cada 15 de agosto con motivo del servicio conmemorativo por los muertos en la guerra, siempre repetía que el objetivo de su gobierno era la paz y honrar a quienes perdieron su vida por Japón, así como su deseo de construir relaciones amistosas con sus vecinos asiáticos (Fukuoka 2013, p. 29). Respecto a sus visitas a Yasukuni, Koizumi siempre ha dejado claro que el objetivo no era glorificar el militarismo japonés del pasado o disminuir la responsabilidad de Japón en la guerra, sino reafirmar su compromiso de trabajar por la paz y honrar a los muertos (Tanaka 2008, pp. 134–137).

De hecho, Koizumi declaró en el santuario Yasukuni durante su primera visita de 2001 que Japón nunca jamás volvería a recurrir a la guerra y dio las gracias a los muertos por la paz actual de la que goza Japón, que según dijo, fue posible gracias a su sacrificio (Tamamoto 2001, pp. 33-40).

En 2002 Koizumi visitó el santuario el 21 de abril y declaró que había escogido esta fecha para evitar “ansiedad en Japón y en el extranjero” (Fukuoka 2013, p. 33). En 2003 la visita tuvo lugar el 14 de enero y, en este caso, el primer ministro no la comunicó previamente así que muchos, incluyendo miembros de su propio partido, expresaron sorpresa y decepción al enterarse.

Como las relaciones de Japón con sus vecinos se habían ido enrareciendo por las continuadas visitas al santuario, en 2004 Koizumi decidió hacer su visita anual el 1 de enero sin tampoco anunciarla previamente. Según Koizumi, esta visita era el hatsumode o primera visita a un santuario en Año Nuevo, con lo que simplemente estaba cumpliendo con una tradición sintoísta.

En 2005 Koizumi visitó el santuario el 17 de octubre, coincidiendo con el primer día del festival o matsuri Shuki Reitaisai, lo que también se vio con ojos críticos, a pesar de que tras su primera visita Koizumi había evitado acudir al santuario en momentos de especial importancia simbólica y que pudieran estar conectados con el pasado militarista del país.

En este año los principales periódicos japoneses apoyaron los esfuerzos de los miembros del ala moderada del PLD, de la oposición y de ciertos grupos empresariales para buscar una solución de consenso que consistía en crear un nuevo santuario en el que honrar a los caídos por Japón y que excluyera a los criminales de guerra de Clase A. Se pensaba que así los políticos podrían honrar a los muertos por Japón sin causar tensiones con otros paises. Pero sin embargo tanto los responsables de Yasukuni como los grupos nacionalistas se oponían firmememente a esta idea y el propio Koizumi declaró que, si aquello se llevaba a cabo, él seguiría visitando Yasukuni (Killmeier y Chiba 2010, p. 347). Finalmente esta idea no se llegó a llevar a cabo.

Koizumi visitando el santuario Yasukuni

Koizumi visitando el santuario Yasukuni. Imagen de Takungpao.

Pero lo que está claro es que las visitas de Koizumi resultaban de gran interés para los medios de comunicación, porque en 2005 la duración total de la visita fue de alrededor de cinco minutos y, durante la ceremonia, estuvo de pie en silencio durante únicamente treinta y cinco segundos. Sin embargo, cinco cadenas de televisión diferentes ofrecieron un total de 118 minutos de cobertura (Seaton 2007, pp. 163-88).

En 2006, su último año como primer ministro, la frustración de Koizumi con la opinión pública japonesa era notoria y en varias ocasiones comentó que no entendía cómo el pueblo japonés se oponía a sus visitas poniéndose de lado de las críticas extranjeras. Para Koizumi, eran los medios de comunicación los que convertían sus visitas al santuario Yasukuni en un circo mediático (Fukuoka 2013, p. 37). Así, a finales de julio declaró que los resultados de varias encuestas de opinión en las que se mostraba la oposición de los japoneses a su última visita no afectaría a su decisión y, de hecho, ésta tuvo lugar el 15 de agosto de 2006, coincidiendo con el aniversario de la rendición de Japón, el día más controvertido de todo el año para visitar el santuario.

La visita de Abe en 2013

Abe Shinzō fue el político japonés que sustituyó a Koizumi como primer ministro, pero su primer mandato fue de corta duración. En diciembre de 2012 volvió al poder y, actualmente, ha renovado su mandato tras las últimas elecciones de diciembre de 2014.

Durante su primer mandato Abe no visitó Yasukuni, posiblemente por ser muy reciente toda la controversia causada por las visitas de su predecesor, aunque en numerosas ocasiones ha declarado que algo de lo que más se arrepiente de aquella etapa es no haberlo visitado.

El 26 de diciembre de 2013 Abe hizo una visita por sorpresa al santuario Yasukuni, la primera de un primer ministro tras la última visita de Koizumi en 2006. El día escogido no tenía relación alguna con fechas importantes para Japón, pero sí era especial para Abe puesto que marcaba el primer aniversario de su segunda llegada al poder. De hecho, incluso aliados importantes de Abe en el gobierno como el secretario general del PLD o el principal responsable del Komeito se enteraron de que iba a visitarlo cuando ya estaba en ruta hacia el santuario (Cossa y Glosserman 2014).

Abe y Tojo

Protestas anti-japonesas en Hong-Kong tras la visita de Abe en 2013, que comparan al primer ministro con el general Tojo. Imagen the AFP.

Antes de esta visita, Abe había mandado una ofrenda floral al santuario durante el festival de primavera del mismo y, el 22 de abril de 2013, en pleno festival, 146 miembros de la Dieta visitaron el santuario, junto con dos miembros del gabinete de Abe (Przystup 2014). Esto motivó críticas por parte de China, pero no fueron excesivamente virulentas al no haber acudido el propio Abe.

Tras la visita, el secretario jefe del gabinete de Abe comentó que dicha visita era un “problema del corazón” y que había sido totalmente privada. El ministro chino de asuntos exteriores, sin embargo, no opinó lo mismo y declaró que “sólo cuando el gobierno japonés se enfrente a la historia con la actitud correcta caminará hacia el futuro y desarrollará una relación amistosa y de cooperación con sus países vecinos y con China”.

Tras estas declaraciones Abe dejó claro que su gabinete “no cedería a ningún tipo de intimidación” (Przystup 2013) y comentó también que es natural que el líder de un país ofrezca sus respetos a los que han sacrificado sus vidas por el bien de la nación. Al mismo tiempo, tras su visita, Abe lamentó que ésta se hubiera convertido en un problema diplomático y político aunque no dijo nada acerca de si visitaría el santuario en un futuro (Przystup 2014). Por el momento, y tras esta visita de 2013, no lo ha vuelto a hacer.

Lo cierto es que Abe dejó claro que el objetivo de su visita no era el de glorificar el pasado de Japón sino el de comprometer su gobierno con la paz, muy en la línea de las declaraciones de Koizumi. Así, declaró que “se critica (la visita) por el malentendido de que una visita al santuario Yasukuni es un acto de veneración de criminales de guerra. He venido a informar a las almas de los muertos cómo mi administración ha trabajado durante el último año. He venido a expresar mi determinación y compromiso de construir una era en la que la gente no tenga que sufrir los horrores de la guerra”.

Abe visitando el santuario Yasukuni

Abe visitando el santuario Yasukuni en diciembre de 2013. Imagen de AFP.

Asimismo, Abe también dijo que había visitado el santuario Chinreisha, dedicado a todos los muertos por guerras en cualquier parte del mundo y de cualquier nacionalidad. En palabras del primer ministro: “Por aquellos que perdieron la vida en las guerras, junto mis manos para rezar por el eterno descanso de sus almas y prometo renunciar a la guerra, con el firme propósito de construir una era en la que nadie tenga que volver a sufrir los estragos de la guerra”. Pero como era de esperar, las palabras de Abe no tuvieron un efecto calmante en las críticas de sus vecinos, sobre todo por haber sido pronunciadas en Yasukuni (Cossa y Glosserman 2014).

Quizás lo más curioso es que, además de las esperadas críticas de China y Corea del Sur, por primera vez los Estados Unidos, aliado tradicional de Japón y que se había mantenido al margen de esta polémica, expresaron su decepción con Abe porque la visita “agrava las tensiones con los vecinos de Japón” (Cossa y Glosserman 2014).

La dimensión internacional del problema del Yasukuni

Hemos visto como, en general, el santuario Yasukuni resulta un poderoso símbolo de la falta de arrepentimiento japonés por la Segunda Guerra Mundial.

En 1995 y con motivo del 50º aniversario del fin de la guerra, durante un debate en la Dieta sobre si se debía hacer una declaración formal de arrepentimiento, una diputada que no había nacido cuando Japón se rindió dejó claro que ella no sentía ninguna culpa por lo ocurrido puesto que ni siquiera había nacido. Y esta forma de pensar, bastante común entre los japoneses, es algo que los chinos y coreanos encuentran aborrecible (Tamamoto 2001, pp. 33-40).

Este santuario evoca recuerdos muy negativos en China porque recuerda la agresión japonesa, la conquista y el sufrimiento del pueblo chino a manos de las tropas imperiales japonesas (Shibuichi 2005, p. 204). Así, desde el punto de vista de China se percibe a Japón como un país que no respeta la historia pasada, que justifica la agresión en tiempos de guerra y que no cuida las relaciones internacionales, incluso se ve a Japón intentando repetir el mismo error en un movimiento hacia una nueva militarización (Tan y Zhen 2009). Por otro lado, Japón se ve cada vez más amenazado por el auge de China como potencia económica y militar y como competidora por los mismos recursos naturales (Lam 2006, p. 98), sobre todo el periodo que va desde la consagración de los criminales de guerra de Clase A (1978) hasta la actualidad.

Protestas chinas contra Abe

Protestas chinas frente al Consulado de Japón en Chicago en 2014, tras la visita de Abe en 2013. Imagen de News.cn

En la cobertura de los medios chinos a las visitas a Yasukuni existe una constante “villanización” de Japón que hace ver a China como una víctima del empeoramiento de las relaciones sinojaponesas. Y este sentimiento tan negativo posiblemente tuvo como resultado las protestas anti-japonesas que tuvieron lugar, como comentamos, en 2005 con las visitas de Koizumi al santuario (Tan y Zhen 2009).

Y como hemos dicho, China ha protestado desde la visita de Nakasone de forma muy vocal y es que China no tiene ningún problema con lo que los ciudadanos japoneses honren a sus parientes muertos en conflictos bélicos “pero una visita de un líder japonés (…) es un tema importante sobre la percepción japonesa de la naturaleza de aquella guerra de agresión y su responsabilidad por la misma”, en palabras del embajador chino Cheng Yonghua en el Mainichi Shimbun tras la visita de Abe en diciembre de 2013 (Przystup 2014).

La indignación que muchos chinos sienten hoy hacia Japón tiene sus raíces en la evolución de las narrativas sobre su propio pasado, ya que lo que nos contamos a nosotros mismos sobre quiénes fuimos marcan quiénes somos en el presente (Gries 2005, p. 107) y, en el caso chino, hablamos de una civilización que fue el centro cultural de Asia oriental y que espera, en el siglo XXI, volver a emerger como potencia, como ya lo está haciendo.

China culpa a Occidente, incluyendo a Japón, de su siglo de humillación, que comenzó con la primera guerra del opio en 1842 y que dejó al país a merced de todas las potencias occidentales. Y esta historia de lo que ocurrió en China es un eje primordial de lo que significa ser chino hoy en día (Gries 2005, p. 108). Japón, en este caso, es ese hermano pequeño que lleva siglos tomando prestadas partes de la cultura china y que ha maltratado a China en numerosas ocasiones.

De hecho, el presidente chino Wen Jiabao dijo el 13 de abril de 2003 que China se opondría al intento japonés de formar parte como miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, explicando que “sólo un país que respeta la historia y se responsabiliza por su pasado puede asumir grandes responsabilidades en la comunidad internacional” (Gries 2005, p. 110).

Está claro que China no quiere ver a Japón en un papel internacional tan importante, pero a la vez tampoco quieren poner en peligro los tratados comerciales y las inversiones que hay con Japón, con lo que tienen que equilibrar su necesidad de mantener relaciones estables con Japón con la necesidad de responder a las presiones de la opinión nacionalista de su propio país.

Protestas de Corea del Sur por las visitas al Yasukuni

Protestas de Corea del Sur por las visitas al Yasukuni. Imagen de The Japan Times.

En 2001 el viceministro de asuntos exteriores chinos declaró que el asunto del santuario Yasukuni “no es, de ninguna manera, simplemente un problema interno de Japón, sino una piedra de toque de la actitud del gobierno japonés hacia su historia de agresión” (Ryu 2007, p. 712).

Corea del Sur también ve el santuario Yasukuni como un símbolo de la opresión japonesa en el pasado, cuando la península coreana estaba bajo el control del imperio japonés y se ha llegado a decir, de hecho, que el espíritu nacional coreano se forjó en parte en la lucha por la independencia de la dominación japonesa (Shibuichi 2005, p. 205). De hecho, Corea del Sur celebra su Día de la Liberación precisamente el día 15 de agosto de cada año, justo el día en que Japón se rindió y finalizó oficialmente la Segunda Guerra Mundial.

Así, el que fuera presidente de Corea del Sur, Roh Moo-hyun, declaró que el asunto del Yasukuni “es una piedra de toque de hasta dónde Japón reconoce su historia pasada así como de su compromiso con el futuro de las relaciones entre Japón y Corea y con la paz en Asia oriental” (Ryu 2007, p. 712).

Y según la encuesta realizada por Ryu en 2007 entre políticos de la Dieta, hay un punto importante que los políticos japoneses no acaban de comprender y es que estos ven las críticas de China y Corea del Sur únicamente como una herramienta para hacer avanzar sus propios nacionalismos. Para los políticos japoneses consultados, por tanto, las críticas no son más que extensiones de la política local china y coreana. Y aunque es evidente que existe un elemento de política local en juego, para China y Corea del Sur también hay una parte de justicia y principios que Japón no reconoce (Ryu 2007, p. 713).

Pero sea cual sea la crítica y venga de donde venga, la respuesta oficial japonesa se ha mantenido consistente desde la primera visita de Koizumi. Como ya hemos comentado, el principal objetivo de las visitas al santuario es la de honrar a los muertos japoneses en las diferentes guerras en las que ha participado el país nipón, no el de glorificar ni exonerar a los criminales de guerra de Clase A y trabajar para conseguir una paz duradera.

La dimensión doméstica del problema del Yasukuni

Pero la controversia que suscita el santuario Yasukuni no es únicamente internacional, aunque en los medios de fuera de Japón sea lo que más se ve, porque las visitas de los primeros ministros japoneses también generan tensiones internas en el propio Japón aunque, para los japoneses, el santuario no es necesariamente el símbolo del pasado militarista del país, como a menudo se asume en China y Corea del Sur.

Desde un punto de vista interno japonés las visitas de un primer ministro suponen, sobre todo, un problema constitucional. El Artículo 20 de la constitución japonesa establece que ninguna organización religiosa recibirá privilegio alguno por parte del estado ni tendrá, a su vez, ninguna autoridad política. Además, también establece que el estado y sus órganos se abstendrán de cualquier actividad religiosa. Otro artículo importante para analizar este problema desde el punto de vista interno es el Artículo 89, que establece que no se podrá utilizar dinero o propiedades públicas para el uso, beneficio o mantenimiento de ninguna institución religiosa (Ravitch 2014, p. 128).

Santuario Yasukuni-13

Ha habido casos en los que diferentes tribunales japoneses establecieron que estas visitas eran constitucionales porque se hacían de forma privada. De hecho, el 30 de septiembre de 2004 esto fue lo que dijo el Tribunal Superior de Tokio para evitar pronunciarse sobre la constitucionalidad de una de las visitas de Koizumi (Yoshida 2005).

Pero el 1 de octubre de  2004 el Tribunal Superior de Osaka determinó que las visitas de Koizumi habían sido oficiales y que, por tanto, habían supuesto una violación del Artículo 20 de la constitución japonesa. Por eso, a partir de 2005 Koizumi especificó que sus visitas a Yasukuni eran de tipo privado.

Pero incluso así, para el Tribunal Superior de Osaka una visita pública de un líder del país al santuario Yasukuni está imbuida de significado religioso en la mente de la opinión pública y puede tener, por tanto, un efecto religioso, incluso aunque se diga que la visita se ha hecho a título privado (Ravitch 2014, p. 131). Así, estas visitas son generalmente conocidas por el gran público y atraen la atención de los medios de comunicación, por lo que existe una “acción de estado” que resulta en la inconstitucionalidad de la visita.

Más adelante y tras la visita de Abe, tambien ha habido denuncias como la realizada por un grupo de 273 personas en un tribunal de distrito en Tokio (China Daily 2014). Sin embargo, incluso aunque expertos en derecho como el profesor de la Universidad de Sophia Katsutoshi Takami consideran que la visita de Abe en particular y las de los primeros ministros en general no se pueden considerar constitucionales desde un punto de vista amplio, dejan claro que para un tribunal es complicado tomar una decisión (Nikkei 2013). Y en vista de los veredictos emitidos hasta el momento, que en ningún caso han supuesto compensación económica para los demandantes, no parece que futuros veredictos vayan a cambiar la decisión del primer ministro de turno sobre si visitar o no el santuario Yasukuni.

Visitas al Yasukuni de japoneses militaristas

Japoneses con uniformes militares ofrecen sus respetos en Yasukuni a los caídos en combate, el 15 de agosto de 2014, aniversario de la rendición. Imagen de AP.

¿Y cómo ven estas visitas el resto de la clase política japonesa? A menudo se presta poca atención a este hecho, porque se habla mucho de la reacción de China y también de la de Corea del Sur pero de la opinión de la clase política japonesa no se sabe casi nada y resulta de interés, por tanto, los datos obtenidos por Ryu en una encuesta realizada en marzo de 2006 entre miembros de la Dieta (Ryu 2007, pp. 705-726).

Para la mayoría de miembros del partido en el gobierno, el PLD, el santuario Yasukuni es el lugar apropiado para honrar a los muertos y por eso apoyan las visitas del primer ministro. Para ellos este problema es un asunto interno de Japón porque implica la relación entre el estado y los caídos en las diferentes guerras. Es por eso que los miembros del PLD consideran que otros países no tienen ningún derecho a intervenir y que lo que hacen China y Corea del Sur es, como decíamos, utilizar este hecho para hacer avanzar su política interna y su propio nacionalismo (Ryu 2007, p. 706).

En el caso del PDJ, el partido en la oposición, la opinión es algo más diversa. En este caso, los miembros de la oposición tienden a oponerse a estas visitas en líneas generales y además dan mayor peso a las relaciones bilaterales entre Japón y sus vecinos, además de ver como un problema el que los criminales de guerra de clase A estén consagrados allí.

Pero la realidad es incluso más compleja porque incluso dentro del PLD hay quienes se oponen a estas visitas, mientras que dentro del PDJ hay miembros que las apoyan y que forman parte de un grupo conocido como “Vayamos a Yasukuni a honrar juntos” (Mina de Yasukuni ni sanpai suru kaigi, en japonés), cuya opinión sobre este santuario y las visitas del primer ministro coincide con la del ala más conservadora y nacionalista del PLD (Ryu 2007, pp. 706-707).

También en contra suelen estar los miembros de ONG y del mundo de los negocios, grupos que no quieren tener nada que ver con lo que Yasukuni representa. Y les preocupa el impacto que este santuario pueda tener en las relaciones de Japón con sus vecinos asiáticos porque, al final, siendo pragmáticos, estos países son mercados naturales para la exportación japonesa.

La encuesta que mencionábamos reflejó que un 53% de los miembros del PLD apoyaban las visitas, mientras que únicamente el 36% estaba en contra. Sin embargo, de entre los miembros de la oposición que contestaron, el 77% estaban en contra y sólo el 23% estaban a favor (Ryu 2007, p. 718).

Pero además de los problemas de constitucionalidad que suponen estas visitas, en la dimensión doméstica de la controversia sobre el santuario hay otro tema a tener en cuenta que es del patriotismo y el orgullo nacional.

En un boletín informativo del santuario, de diciembre de 2001, Kobori Keiichirō, profesor emérito de la Universidad de Tokio, escribió que había que encontrar una solución a la falta de patronazgo estatal al santuario y que, cuando esto se consiguiera, la actitud de los jóvenes hacia su país se transformaría. Para él, la sociedad japonesa actual carece de patriotismo. Y en esta línea, en el boletín del santuario de junio de 2003 se insistía en que el hecho de que el primer ministro visitara el santuario serviría de “inspiración para los jóvenes y haría que albergaran sentimientos de patriotismo y gratitud hacia los muertos en las guerras” (Ryu 2007, p. 715).

Conclusión

Como hemos podido ver, el santuario Yasukuni siempre ha tenido una relación muy estrecha con la idea de estado-nación en Japón y, pese a la separación entre estado y religión tras la Segunda Guerra Mundial, la consagración en 1978 de 14 criminales de guerra de Clase A supuso la primera piedra en una controversia que no ha cesado.

Desde entonces y hasta 2013 ha habido momentos de mayor tranquilidad y otros en los que las declaraciones de los vecinos de Japón, especialmente China y Corea del Sur, se han hecho notar tensando las relaciones bilaterales. Estos momentos tensos han coincidido con las visitas de varios primeros ministros japoneses.

Santuario Yasukuni-3

La existencia de este santuario y las visitas de los primeros ministros han servido a China y, en menor medida, a Corea del Sur, para poner en entredicho el compromiso japonés con la paz pero también para hacer avanzar su propia política doméstica nacionalista y conviene notar que, precisamente la mayor escalada de críticas de China hacia Japón surge tras la llegada al poder en China de Deng Xiaoping y otros reformistas, tras la muerte de Mao, cuando China comienza a virar hacia una economia de mercado (controlada por el Partido Comunista, ciertamente, pero de corte capitalista) y a adquirir un papel más importante en el terreno internacional.

Y aunque Japón no habla con una única voz en lo referente al santuario, con disparidad de opiniones sobre él y sobre las visitas de los primeros ministros, mientras Yasukuni siga siendo el lugar para honrar a los muertos, especialmente a los criminales de guerra de Clase A y mientras el país no ofrezca una disculpa que sea entendida como sincera y suficiente por sus vecinos, las relaciones bilaterales tanto con China como con Corea del Sur seguirán teniendo momentos de tensión, a pesar de que los tres países han sido muy cuidados hasta el momento para no permitir que este hecho afecte negativamente a sus relaciones comerciales.

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Este texto es una adaptación de un trabajo para la asignatura Historia Contemporánea de China y Japón II del Máster de Estudios de China y Japón: Mundo Contemporáneo de la UOC.