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La mujer de la arena de Kobo Abe
La mujer de la arena de Kobo Abe

La crítica al Japón capitalista de Kobo Abe en La Mujer de la Arena

La Mujer de la arena (砂の女, Suna no onna) es una opresiva e intensa novela escrita en 1962 por el escritor japonés Kobo Abe. La Mujer de la arena ganó el premio Yomiuri ese mismo año y en 1964 se estrenó una película basada en la historia.

Siruela publicó una versión en español de la novela hace unos años pero, desgraciadamente, se encuentra agotada. Y si buscamos en tiendas online, los pocos ejemplares que quedan tienen un precio prohibitivo. Sin embargo, es una de las grandes novelas de Abe y, por eso, nos gustaría hablar de ella. Porque hay mucho más de lo que se ve a simple vista. Eso sí, si no la habéis leído, no sigáis, ya que hablaremos en cierto detalle del final de la novela y de su significado y no queremos estropear la lectura a nadie.

Por cierto, también existe una adaptación cinematográfica de 1964 dirigida por Hiroshi Teshigahara y protagonizada por Eiji Okada y Kyoko Kishida con guión del propio Kobo Abe.

La mujer de la arena de Kobo Abe
Fotograma de «La mujer de la arena»

Sinopsis de La Mujer de la arena

La Mujer de la arena sigue los pasos de Jumpei, un profesor afincado en Tokio y aficionado a la entomología, que visita un pequeño pueblo de pescadores mientras persigue insectos para añadirlos a su colección. Cuando pierde el último autobús que le permitiría volver, los aldeanos le ofrecen quedarse en una extraña casa, enterrada en las dunas que rodean al pueblo, y a la que sólo se puede acceder mediante una escalera de cuerda que baja desde dichas dunas hasta la casa.

La sorpresa para Jumpei viene cuando, al día siguiente, comprueba que la escalera ha desaparecido. Y a partir de ese momento, tendrá que trabajar codo con codo con la mujer que vive en esa casa y que da título a la novela para mantener la casa a salvo de la arena. Y es que la arena se filtra por techos y paredes y, sin una lucha cotidiana contra ella, en poco tiempo cubriría la casa por completo.

Por si fuera poco, más adelante verá que los habitantes del pueblo esperan que tenga hijos con la dueña de la casa. Por supuesto, Jumpei tiene una actitud luchadora durante gran parte de la novela, ya que desea escapar de allí y volver a su vida, mientras se nos muestra cada vez más alienado y solo.

Sin embargo, justo cuando Jumpei descubre que es capaz de conseguir agua, y que gracias a ello podría escapar, decide no hacerlo. Y, tras siete años desaparecido, se le declara oficialmente muerto.

¿Supone el final la derrota de su protagonista como individuo?

Kobo Abe en 1954
Kobo Abe en 1954 (imagen de wikipedia)

Este final ha dado mucho que hablar. De hecho, analizarlo es una tarea bastante compleja, pues el propio Abe nos ofrece suficientes detalles como para considerarlo tanto positivo como negativo.

Sin embargo, la novela es profundamente existencialista, donde el individuo es el principal protagonista y la verdadera esencia está en la vida de cada individuo. Así, atendiendo a esta vertiente existencialista, podemos considerar que el protagonista acaba siendo derrotado como individuo.

Para ello, primero nos centraremos en el pasado del autor. Kobo Abe formó parte del Partido Comunista japonés en su juventud y esto podría llevarnos a pensar que toda la alienación que sentimos en la novela tiene que ver con sus ideales comunistas. Es decir, que la gran ciudad nos aliena mientras que en la comunidad tan unida del pueblo de la arena (aunque sea una unión forzada), no se da esta alienación.

Sin embargo, no podemos olvidar la desconexión del autor con el partido a partir de 1956, tras la invasión de Hungría por parte de la Unión Soviética. De hecho, fue en ese momento cuando Abe trató de dejar el partido, sin conseguirlo. Más adelante, en 1962, sería expulsado del mismo, justo el año en el que se publicó esta obra.

En cierto modo, por tanto, podemos entender La Mujer de la arena como una crítica a todo el posicionamiento comunista acerca de la alienación del individuo, como una crítica a la colectividad como fuente de todo bien y el ideal al que cualquier sociedad debería aspirar.

Pero además, la obra de Abe no se puede ver sólo como crítica al comunismo, sino también como crítica al Japón capitalista. Entendido aquí el Japón capitalista como ese Japón de la posguerra en el que, con el fin de sacar el país adelante, los japoneses entregaron casi sus vidas al trabajo. Fue en ese momento cuando se creó la cultura de los salaryman, del trabajo de por vida en una empresa donde se ascendía por antigüedad y donde la empresa cuidaba del individuo, a cambio de obtener su compromiso de por vida con la empresa.

En este sentido, el pueblo que vive en la arena sería el equivalente a las empresas capitalistas del Japón moderno. Unas empresas en las que una vez que se entra ya no se puede salir, y en las que hay una actitud gregaria y de vida colectiva. Y es que en esta cultura corporativa, la empresa proporciona la vivienda, que en el caso de la novela sería la casa de la mujer en la que acaba viviendo obligado el protagonista; pero también proporciona un marco social en el que hacer esa vida, que sería el propio pueblo en el caso de la novela. Y además, como en el Japón corporativo de los salaryman, donde todo está estrictamente regulado, intentar destacar (u obtener libertad, como intenta Jumpei), resulta en ostracismo o, en el caso de la novela, en restricciones con el agua.

Desde este punto de vista, aunque Jumpei intenta escapar cuando se encuentra prisionero contra su voluntad, con el paso del tiempo intenta aparentar que acepta las condiciones para no levantar sospechas. Pero esa apariencia se acaba convirtiendo en su realidad hasta el punto de que, cuando descubre que puede conseguir agua por su cuenta, ese logro le hace sentirse ya liberado.

En ese momento deja de sentir que tenga que dar un paso más para conseguir la libertad que tanto ansiaba al principio. En este sentido, el mundo corporativo y capitalista japonés de la posguerra ha borrado por completo la individualidad del protagonista y le ha convertido en un trabajador más que sólo piensa en el bien común y en qué puede hacer por sus colegas.

la mujer de la arena
Fotograma de «La mujer de la arena»

Resulta interesante ver, además, como la humedad de la arena, algo que al principio Abe nos muestra como negativo a los ojos de Jumpei, porque lo carcome todo, al final acaba siendo positivo, porque es la fuente de la supuesta libertad del protagonista. Es decir, Abe nos muestra aquí que lo que cambia es la forma de pensar y de ser, sobre todo, de Jumpei, que pasa a ver su nueva vida como natural y positiva, de la que no tiene sentido escapar porque, en cierto modo, ya está en casa.

Curiosamente, el pueblo de la arena también puede verse como un reflejo muy real del Japón de la posguerra y las diferencias entre la vida rural y urbana. Un Japón que pasó de un 63 % de población urbana en 1960 a un 93 % de población urbana en 2016 (World Bank, 2017). Y es que, pese a las diferencias con la actualidad, en la década de 1960 ya comenzaba a verse cómo el medio rural se iba despoblando. Entonces, los pueblos en Japón ya comenzaban a padecer los primeros problemas del crecimiento económico de dos dígitos de aquella década, un crecimiento que llevó a casi toda su población hacia entornos urbanos.

Por todo esto, si consideramos la novela principalmente como una crítica al comunismo, la decisión final de Jumpei le hacer fracasar porque pierde su individualidad, sus ansias de libertad. Se acaba convirtiendo en uno más con el pueblo, que se sigue haciendo grande a costa de eliminar todo vestigio de disidencia, en un claro ejemplo del dicho japonés deru kui wa utareru, que podríamos traducir como que el clavo que sobresale es el que recibe el martillazo (Mouer y Sugimoto, 2002).

La mujer de la arena
Fotograma de «La mujer de la arena»

Por otro lado, si vemos en ella una crítica al Japón corporativo y urbano, el protagonista también fracasa porque se evade del Japón real que está surgiendo en aquellos años y del que es imposible escapar, el Japón moderno. Pero si escapa de él no ayuda tampoco a la supervivencia del pueblo en el largo plazo, sólo a una supervivencia imaginada, al ideal de estar haciendo lo correcto para luchar contra ese nuevo Japón.

Y es que este nuevo Japón que surgía en la década de 1960 estaba dispuesto a pagar el precio de abandonar el medio rural para ocupar un lugar de privilegio junto a las naciones más industrializadas y avanzadas del mundo (Pollack, 1992). Pero como la historia reciente de Japón nos cuenta, esta lucha entre el Japón rural y moderno era desigual y estaba condenada al fracaso.

Además, tal como comenta Murakami Fuminobu, las relaciones entre vecinos, comunitarias, pertenecen para Abe a las sociedades preindustrializadas del pasado. Y, como buen existencialista, Abe rechaza una vuelta a los valores del pasado como solución a los problemas del individuo en las sociedades contemporáneas. Las soluciones, de hecho, tienen que buscarse dentro del contexto existencial de los entornos actuales (Murakami, 1996). Pero en la novela, sin embargo, el protagonista decide quedarse en el pueblo, obviando esa realidad contemporánea.

Por todo ello, podemos establecer que el protagonista fracasa al quedarse y dejar de poner en duda qué hace allí, quién es él y cuáles son sus deseos individuales, y cómo encontrar sentido a su existencia dentro del Japón moderno.

Bibliografía

Mouer, R. y Sugimoto, Y. (2002). Images of Japanese Society. Oxon: Routledge.

Murakami, F. (1996). Ideology and Narrative in Modern Japanese Literature. Assen: Van Gorcum.

Pollack, D. (1992). Reading Against Culture: Ideology and Narrative in the Japanese Novel. Ithaca: Cornell University Press.

World Bank (2017). Urban population (% of total).

 

Nota: esta post es una adaptación de un trabajo para la asignatura Narrativa, Modernidad y Globalización en China y Japón, del Máster de Estudios de China y Japón: Mundo Contemporáneo.

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