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En el marco de la XXVIII edición del Festival Internacional Madrid en Danza y el Año Dual España – Japon, los Teatros del Canal ofrecieron el pasado fin de semana la obra de butoh “Virus” de la compañía japonesa Dairakudakan.

Tras su fascinante representación de la obra Paradise in the Jar Odyssey 2001 en la edición 2011 del Festival Madrid en Danza, la compañía Dairakudakan volvió a Madrid con su nueva obra, Virus, coreografiada por Akaji Maro con motivo del 40 aniversario de la fundación de la compañía y que llegó a Madrid para conmemorar los 400 años de la embajada Keicho, o 400 años de relaciones entre España y Japón.

Creada en 1972 por Akaji Maro, la compañía Dairakudakan se ha convertido en símbolo de la innovación y la evolución de la danza butoh del siglo XXI. El estilo de danza de Dairakudakan se sustenta sobre dos pilares básicos: el tempu-tenshiki, por un lado, que significa literalmente “nacer en este mundo es en sí mismo un gran talento” y miburi teburi, por el otro, que se refiere a la recopilación y reincorporación dentro de la danza de movimientos primarios del ser humano antes de ser influidos por los moldes culturales y de conducta impuestos por la sociedad y que, por ello, han sido a menudo abandonados en nuestras vidas cotidianas.

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Imagen de ntj-jac

Además, Maro es muy popular en el mundo del butoh por animar a sus bailarines a desarrollar sus propios estilos de expresión, algo que en japonés recibe el nombre de ichinin-ippa, literalmente “una persona, una escuela”. Maro es una de las principales figuras del mundo del butoh, miembro de la primera generación de bailarines que tuvieron relación directa con el mítico Tatsumi Hijikata. Es por todo esto que Maro es considerado uno de los renovadores más importantes del butoh, cuyo trabajo ha influido también en la danza contemporánea occidental.

La obra que vimos el pasado sábado, Virus, es un ejemplo de la temática que más preocupa a Akaji Maro, siempre interesado por el ser humano y sus misterios. Virus intenta ser su peculiar respuesta a la difícil pregunta de “¿qué es el ser humano?”. Los veinte bailarines de butoh aparecen en escena cubiertos por una enorme tela de araña que ocupa todo el escenario para que nos preguntemos qué es la existencia humana. Para Maro, el ser humano no es más que un virus que ha logrado sobrevivir 2.000 millones de años; 2.000 millones de años de creación y destrucción, una lucha antagónica que se repite en todas las escenas de Virus y sobre la que se basa toda la coreografía: mezcla la creación con la destrucción, la calma con la extravagancia, la crueldad con la misericordia, lo grotesco con lo sublime, etc. La música, compuesta por el famoso músico techno Jeff Mills, nos ayuda a sumergirnos en este mundo de mezcladas sensaciones.

Virus, pues, es una metáfora del ser humano, al que Maro ve como un monstruo:

Virus se ha convertido en la metáfora de los seres humanos. A lo largo de la historia de nuestro planeta, ha habido momentos cruciales en los que aparecían unos monstruos y provocaban un cambio de la era. Nuestra evolución intelectual nos asfixia. Estamos metiendo la mano en los órganos de la Tierra. Queremos seguir extrayendo sus órganos y apropiarnos de ellos. Es lo que nos convierte en monstruos, viviendo como parásitos de la tierra. La obra Virus es el grito de ese mundo minucioso en el que se repiten la destrucción y la creación.”

butoh

Imagen de ntj-jac

Y aquí es donde deberíamos hacer una valoración personal de la obra, pero sinceramente, no sé si seremos capaces, puesto que no tenemos formación suficiente como para  ser capaces de entender todo lo que vimos y valorarlo… aunque también es cierto que para entender el butoh hay que olvidarse de convencionalismos, hay que olvidarse del término “danza”, hay que vaciarse y dejarse llevar. Y recordar las palabras de Maro:

 “Me alegra el interés de Occidente por el butoh, pero es un análisis anatómico, como si nos observaran como una especie rara. A vuestra cultura le gusta conceptualizar las ideas, expresar de forma racional lo que, desde mi punto de vista, no tiene etiquetas posibles. En Japón, el butoh comenzó como una negación de la cultura y apenas se han promulgado interpretaciones sobre este estilo en nuestro país; las que existen, de hecho, provienen del mundo occidental”

Y teniendo en cuenta todo esto, sí podemos dar nuestra opinión de Virus, sí podemos explicar qué sentimos al ver Virus y valorarlo, dentro de nuestras posibilidades.

Y Virus es simple y llanamente impresionante. Era la primera vez que veíamos butoh, así que íbamos con un poco de ‘miedo’ (o respeto o llamadle como queráis, con aquella incertidumbre nerviosa que te hace preguntar si entenderás algo de lo que veas, si te gustará, etc.), pero salimos realmente impresionados… ¡fue una pasada!

La primera escena, “Memoria del Cámbrico”, con todo el elenco de bailarines despertando con el latido de la música y empezando a temblar y a moverse, mientras Maro está al fondo, en penumbra, es tan espectacular que no se puede describir con palabras. Y esa primera escena te atrapa de tal forma que no puedes apartar la vista del espectáculo hasta que éste llega a su fin.

El control tan absoluto de todas las partes de su cuerpo, el cambio brutal de expresiones (ojos que te miran directamente, primero con una sonrisa perturbadora, después con una seriedad que aterra), los movimientos extravagantes e incómodos, a veces, que incomodan al espectador y le asombran a partes iguales, la perfecta combinación entre la música techno y los movimientos, la belleza visual de los colores que sobresalen entre el blanco de los bailarines… es todo tan absolutamente alucinante que nos quedamos sin palabras.

Virus es un juego brutal entre contrarios, entre opuestos. Por ejemplo, en una de las escenas, podíamos ver a las bailarinas reposando plácidamente a los lados del escenario, creando un ambiente casi onírico, mientras los bailarines se encontraban en una fase de despertar, de juego sexual y de desconcierto extremadamente perturbador.

En otra escena veíamos a grupos de bailarines que representaban al ARN y su papel en la transcripción genética y cómo su presencia afectaba a otros bailarines que se encontraban soportando la inmensa tela de araña del escenario. Y todo ello con movimientos sensuales y sexuales.

Sinceramente, Virus nos encantó y nos dejó con ganas de más. La expresividad y control de movimientos de los bailarines, la presencia escénica de Akaji Maro, la música de Jeff Mills y el sentir que no puedes dejar de mirar el escenario sin saber realmente qué es lo que está pasando.

Podéis ver algunas fotos más en esta página del fotógrafo Etienne Perra.

Ficha técnica de Virus de Dairakudakan

  • Título coreografía: Virus
  • Género: Danza contemporánea butoh
  • Dirección artística: Akaji Maro
  • Coreografía: Akaji Maro
  • Música: Keisuke Doi, Jeff Mills
  • Bailarines: Akaji Maro, Takuya Muramatsu, Ikko Tamura, Atsushi Matsuda, Tomoshi Shioya, Barabbas Okuyama, Daiichiro Yuyama, Kohei Wakaba, Matsuri Hashimoto, Naoya Oda, Yuta Kobayashi, Emiko Agatsuma, Akiko Takakuwa, Naomi Muku, Azusa Fujimoto, Jongye Yang, Risa Ito, Aya Okamoto, Yumiko Nishimori, Yuka Mita
  • Escenografía: Yasuhiko Abeta
  • Director de escena: Kazuhiko Nakahara
  • Vestuario: Kyoko Domoto / Mika Tominaga
  • Iluminación: Noriyuki Mori (diseño de luces) / Mami Tabata (operador)
  • Sonido: Satoshi Oikawa
  • Fotografía: Junichi Matsuda
  • Producción: Ryo Yamamoto
  • Directora de Producción: Yoko Shinfune
  • Duración: 1 hora y 20 minutos sin intermedio

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