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El chico y la garza, película de Miyazaki para Studio Ghibli

El chico y la garza: la ¿última? película de Hayao Miyazaki

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Recientemente, se ha estrenado internacionalmente El chico y la garza, la última película de Studio Ghibli. Dirigida por Hayao Miyazaki, la película tuvo una curiosa estrategia de promoción cuando se estrenó en Japón en verano de 2023. Esto, junto con lo que significa esta película para los fans y las noticias recientes sobre el estudio nos han llevado a querer ahondar en ella en este artículo.

Cualquier cosa que hace Ghibli y, sobre todo, Miyazaki, genera ríos de tinta. Aunque, especialmente en este caso, luego es cosa de cada uno decidir si esta película se convierte en un clásico personal o está lejos de esas obras imperecederas del estudio.

A continuación, te cuento mi opinión de la película y comparto algunas reflexiones personales. Por ello, ten en cuenta que puede haber spoilers, aunque hemos intentando que sean menores.

Escena de El chico y la garza
Escena de El chico y la garza

Studio Ghibli: ¿hay alguien que aún no lo conozca?

También conocido fuera de Japón como el «Disney Japonés», Ghibli es uno de los estudios de animación más prestigiosos del mundo. Fue fundado por los directores Hayao Miyazaki e Isao Takahata junto con el productor ejecutivo Toshio Suzuki en 1985 tras varias aventuras juntos.

De hecho, podría dar muchas referencias previas a Ghibli creadas por Miyazaki y Takahata. Si no eres tan joven, seguro que los nombres de Heidi, Conan el niño del futuro, Ana de las tejas verdes o el Sherlock Holmes canino te suenan bastante, ¿verdad? Pues todas ellas fueron creadas justamente por Miyazaki y Takahata en colaboración con otros artistas.

Después de varias colaboraciones, fundaron el estudio tras el descomunal éxito de Nausicaa del valle del viento (1984). La película se basaba en un manga del propio Miyazaki (que recomiendo encarecidamente) y, de hecho, el título fue añadido al catálogo del estudio de forma retroactiva.

Las películas de Hayao Miyazaki son, en su totalidad, clásicos de la historia de la animación. No obstante, cabe destacar Mi vecino Totoro, La princesa Mononoke y, sobre todo, El viaje de Chihiro. Ésta fue uno de los mayores éxitos comerciales de la historia y la única película no estadounidense que ha ganado el Oscar a la mejor película de animación hasta la fecha.

Pero en Ghibli no todo es Miyazaki. Takahata también ha creado clásicos inolvidables como La tumba de las luciérnagas. Y también otros directores y animadores han dado vida a grandes filmes a lo largo de los años. Algunos ejemplos son El recuerdo de Marnie, Susurros del corazón, Puedo escuchar el mar, Desde la colina de las amapolas, Arrietty o Pom Poko.

Hoy, Ghibli es considerado casi una leyenda viva tanto en Japón como en el extranjero. Y legiones de cinéfilos y otakus lo reverencian, entre ellos un servidor. Además, con la apertura de Ghibli Park, hay aún más oportunidades para disfrutar del mundo creado por este estudio.

Merchandising de Studio Ghibli

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La «breve pausa» en las producciones de Ghibli

El estreno de El chico y la garza llega una década después de la última película de Miyazaki. Una cinta que ya en su momento fue anunciada como su «obra final». El viento se levanta (2013) era una película relativamente atípica en la filmografía del director. Se trataba de un extraño biopic sobre el creador del caza Zero, Jiro Horikoshi. Y estaba muy alejada de películas anteriores, aunque conservaba ese toque personal.

Para los fans, es bien conocida la traumática vivencia personal de Miyazaki en su infancia tras la Segunda Guerra Mundial (nació en 1941). A través de sus filmes hemos aprendido a escuchar, de forma casi poética, el arte de crear belleza a través de los sueños y del esfuerzo. Que es mejor ser un cerdo a un nazi. Y que la verdadera belleza de la vida está en la imaginación, la naturaleza, la vida sencilla y cotidiana. Lugares donde todos nos debemos ayudar los unos a los otros.

Ese mismo año, 2013, Takahata lanzaría el que sí sería su último largometraje, pues falleció poco después. Se trataba de la obra maestra La leyenda de la Princesa Kaguya. Y, un año después, la joven promesa del estudio Hiromasa Yonebayashi estrenó la que era, inicialmente, la última producción del estudio: El recuerdo de Marnie (2014). Miyazaki anunció poco después que se retiraba completamente debido a su avanzada edad.

Studio Ponoc, el regreso inesperado de Miyazaki y la venta a Nippon TV

Cuando Ghibli anunció una «breve pausa» en producción de películas en 2014, Yonebayashi y muchos ex-Ghiblis fundaron Studio Ponoc. Este estudio solamente ha producido, hasta ahora, dos películas claramente inspiradas en el estilo Ghibli, de las que destaca Mary y la flor de la bruja (2017). Ghibli, por su parte, solamente hizo una coproducción con Francia, la maravillosa La tortuga roja (2016).

Sorprendentemente, Toshio Suzuki anunció que Miyazaki salía de su retiro en 2017 para hacer una última película. Curiosamente, tras ese anuncio tan sólo se estrenó una película más, elaborada por el hijo de Miyazaki, Goro, titulada Earwig y la bruja (2020). Era una película hecha exclusivamente para la televisión NHK en 3D. Y, desafortunadamente, fue un auténtico fracaso de audiencia y crítica. Posteriormente, tuvimos la apertura del parque temático Ghibli Park cerca de Nagoya (2022) y la reciente adquisición del estudio por parte de Nippon TV el 6 de octubre de 2023.

La decisión de vender Ghibli a inversores externos se debió a la avanzada edad de sus fundadores originales. Pero, especialmente, a las discrepancias entre Hayao Miyazaki y su hijo Goro, quien estaba inicialmente designado a ser su sucesor. Goro no estuvo a la altura con Cuentos de Terramar (2006), su primer film. Algo que incluso provocó un desencuentro con la autora de los libros, Ursula K. Le Guin y las severas críticas de su padre Hayao.

Libro en el que se basa El chico y la garza comprado por el autor del artículo
Libro en el que se basa El chico y la garza comprado por el autor del artículo

La no-campaña de marketing de El chico y la garza

Todo lo anterior es importante para comprender el contexto que envolvió el lanzamiento de El chico y la garza. Una película que, en principio, jamás tendría que haberse producido. Al menos si nos ceñimos a los anuncios que el estudio hizo cuando se estrenó El viento se levanta.

Además, la campaña publicitaria de la película en Japón fue prácticamente inexistente. Y cuando digo inexistente quiero decir justamente esto: no hubo nada de nada. Ni trailers, ni adelantos, ni siquiera un indicio del tema de la película. Nada, salvo una ilustración y el título de la película: 君たちはどう生きるか。(Kimitachi wa dō ikiru ka). El título sí indicaba que la película se basaba en una novela de Genzaburo Yoshino de 1937 titulada «¿Cómo vives?» y que puedes encontrar traducida al español por la editorial Montena (además, si la compras a través del enlace nos ayudas a mantener Japonismo y con toda la información sobre Japón).

Aparentemente, Toshio Suzuki, productor ejecutivo, quería que los espectadores fueran a verla «sin prejuicio alguno». Pero, especialmente en la actualidad, esto es un «suicidio comercial» que quizás solamente Studio Ghibli puede permitirse. Y solo si el filme en cuestión sale de las manos de Hayao Miyazaki. 

Así lo demuestra El chico y la garza. Sin que el estudio se haya gastado un yen, la estrategia ha funcionado y la película ha sido todo un éxito de público en Japón, aunque con críticas dispares.

Queda por ver qué sucederá en el mercado extranjero, donde el filme se irá estrenando en próximos meses. Sorprendentemente temprano, si tenemos en cuenta que las producciones japonesas tardan bastante más en llegar a Occidente. De nuevo, probablemente gracias a la reputación y la fama del director.

Nuestra opinión: ¿un nuevo clásico del cine de animación?

El pasado 15 de octubre de 2023 pude ver la película en Londres, donde se estrenaba bajo el paraguas del BFI London Film Festival. Así pues, mis comentarios están basados en la versión original japonesa con subtítulos en inglés. Por ello, es posible que algunos nombres o expresiones sean distintas a la versión en castellano.

No voy a mentir, estaba emocionado como un niño pequeño. Studio Ghibli y Hayao Miyazaki son más que una serie de películas o un director. Son parte de mi propia identidad como persona. Parte de mi vida. Y lo digo sin exagerar ni un ápice.

La primera gran pregunta es: ¿mereció la pena la larga espera? Tengo que decir que personalmente, para mi, sí. Es cierto que aún tengo que digerirla y, al mismo tiempo, colocarla en ese podio de clásicos del director. Porque soy consciente de que idealizamos el pasado y vemos el presente como algo extraño. Pero está claro que en esta película hay mucho corazón. Y que es algo extremadamente íntimo.

Abuelitas adorables, con un estilo muy icónico
Abuelitas adorables, con un estilo muy icónico

La secuencia inicial de la película es impactante e intensa. Se nos presenta al protagonista de la película, Mahito, un personaje masculino, algo inusual en Miyazaki. Mahito se despierta entre las sirenas de alarma de una Tokio que está siendo bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial. Durante la secuencia, vemos cómo Mahito corre entre figuras fantasmagóricas hacia el hospital en que trabaja su madre, que está en llamas.

Tras este inicio traumático, sabemos de la muerte de la madre de Mahito por el propio relato del chico. Quien nos cuenta, además, cómo él y su padre se marchan a vivir al campo, donde la nueva madrastra del chico, ya embarazada, les espera. En el campo, su padre comienza a dirigir una fábrica de aviones. Y, como anotación, vemos de nuevo la obsesión del director por los aviones y la aviación en general. Es un tema típico en casi todos sus filmes y he de reconocer que, hasta aquí, me parecía estar viendo una extensión de El viento se levanta.

No voy a narrar la película completa. Sino simplemente diré que este primer acto sitúa de forma magistral los eventos históricos y a su vez muy personales de la vida de Miyazaki, casi de un modo autobiográfico.

Tras esta introducción, viene una breve interacción en la gran casa donde la familia de Mahito se hospeda, que incluye un pelotón de abuelitas adorables (también marca de la casa). Y finalmente, empieza la magia: una misteriosa garza parece tener un extraño interés en el chico y le empieza a acosar. Además, cerca de la casa hay una misteriosa torre desde donde se oyen leyendas de fantasmas y hechicería.

Es en este segundo acto donde la película, al más puro fan service, nos da los que queremos: misteriosos seres de los que no sabemos muy bien qué pretenden, un mundo detrás del nuestro donde el espacio y el tiempo se entremezclan… o una especie de país de las maravillas que no se aleja demasiado de ese mundo oculto que ya apareció en El viaje de Chihiro o en las visiones de Sophie en los momentos más emocionantes de El castillo ambulante.

Interior del Guide Book de El chico y la garza
Interior del Guide Book de El chico y la garza

El chico y la garza nos invita a explorar cómo aceptar los golpes de la vida. Para poder seguir adelante, lidiando con la pérdida o el propio sentido de la vida y la muerte. Y todo ello está narrado desde la perspectiva de una de las mayores obsesiones de Miyazaki: el poder de la imaginación. Y de que vivir depende, ante todo, de la forma de afrontar la vida desde nuestro mundo interior. En ese aspecto, Miyazaki siempre se ha codeado con los grandes como Akira Kurosawa (Vivir) o Yasujiro Ozu (Cuentos de Tokio).

Mahito es un adolescente traumatizado que no acepta la pérdida de su madre y sufre con resignación y sumisión. Sin darse cuenta de que ese dolor también afecta a personas que, por diferentes razones, sufren su propio duelo. En ese aspecto, los personajes de Natsuko y Himi son claves para entender el otro lado del dolor de Mahito. Y el personaje de la garza es el intermediario y agente catalizador de todas estas emociones.

El título original es brevemente mencionado en una emocionante secuencia de la película. Porque, de hecho, la novela en la que se basa sigue una premisa similar, en la que los personajes son parecidos y viven experiencias parecidas en las que la esencia de la vida, con sus alegrías y sus penas, nos definen como seres humanos.

En esta secuencia, Mahito termina leyendo las páginas del libro entre lágrimas. Poco más se menciona del título, pero, sin duda, es el epicentro de la película. Y, de hecho, inaugura el acto más intenso previo a un desenlace que, como muchas otras películas del director, es emocionante a la vez que abrupto.

Sinceramente, estuve entretenido en todo momento. En los 124 minutos de metraje no me pareció que hubiera ningún momento especialmente bajo, pese a que el ritmo de la película es bastante lento.

Al final, reconozco que salí de la sala emocionado, fascinado y con ganas de profundizar en la gran cantidad de referencias visuales y narrativas que adornaban de forma más que generosa cada fotograma del film. Tocará hacerlo en profundidad cuando haya «asentado» un poco más la película.

Referencias

Hay mucho que analizar en El chico y la garza: la colección de adorables abuelitas obachan, los fascinantes pero aterradores personajes de la garza o el rey de los periquitos, las extrañas habitaciones y zonas de los mundos paralelos que vemos en el viaje de Mahito, los fascinantes sub-relatos que nos hacen dudar quienes son los buenos y los malos (y que me recordaron a La princesa Mononoke), los más que adorables y trágicos warawara, que casi parecen un homenaje a la película Soul de Pixar…

Todas estas referencias siempre te transportan a películas pasadas, con especial hincapié a El viaje de Chihiro. Eso sí, en este filme no hay nada explícito que recuerde el compromiso de Miyazaki con el mundo natural, que tanto marcó sus películas iniciales y que es más que evidente en Nausicaa del valle del viento y La princesa Mononoke.

Ni que decir tiene que la película es absolutamente espléndida a nivel técnico. Mantiene la identidad del estudio y del director y destaca la excelente música de Joe Hisaishi, como no podía ser de otro modo. Destaco, especialmente. el solo a piano del tema principal.

En estos aspectos, y como cabía esperar, nadie quedará decepcionado. De hecho, yo me emocioné muchísimo volviendo a adentrarme en «esa magia» que desprenden las películas de Ghibli y que tanto echaba de menos. En la sala, cuando el icónico logotipo de Ghibli apareció en pantalla al iniciarse el filme, hubo un estallido espontáneo de aplausos. Y exactamente lo mismo al final, cuando comenzaron los créditos iniciales.

Por cierto: la versión en inglés incluye nombres de la talla de Christian Bale o Dave Bautista en las voces.

Guide Book y banda sonora de El chico y la garza, propiedad del autor
Guide Book y banda sonora de El chico y la garza, propiedad del autor

Conclusiones

Personalmente, El chico y la garza me ha parecido una película casi de sobresaliente. Misteriosa, emocionante y, a veces, fría a propósito. Y con una emoción contenida constante. La historia es compleja, pero muy entretenida, con personajes ricos en detalle y extravagancia. Y con un mensaje tan complicado de descifrar en profundidad como fácil de entender en su superficie.

Además, en cuanto a dirección y producción, claramente es el sumun de este legendario director que, antes o después, pasará a ser leyenda, si no lo es ya. Pero, a pesar de todo ello, no puedo colocarla en mi TOP 3 de su filmografía. Quizás simplemente porque compite con películas que tengo muy arraigadas dentro de mí.

Lo más increíble de El chico y la garza es, una vez más, cómo Miyazaki consigue entremezclar el mundo de los niños, el mundo de los sueños, y la realidad adulta más dura en un contexto social extremadamente complejo.

El dolor reprimido de Mahito que solamente conocemos gracias a sus breves pero intensas narraciones durante la película. La confesión de Natsuko en cierto momento de la película pese a su aparente elegancia y compostura. Ese personaje que nos enseña la dualidad del paso del tiempo, Kiriko, etc. Hay complejidad en todos los sentidos en una realidad de varios mundos, sueños, desesperanzas, etc. Todo para ahondar en un concepto clave: que la vida no tiene verdades ni mentiras absolutas.

Miyazaki no ha confirmado si ésta es su última película, pero hemos de suponer que sí. Si es así, se despide quizá no en lo más alto, pero sí a lo grande. Y yo, como ese niño que descubrió la magia del cine y emociones que no había sentido nunca hasta que vio Porco rosso por primera vez, desearía que Miyazaki fuera eterno.

Pero precisamente El chico y la garza viene a darnos una obvia lección de vida: hay que seguir viviendo. Y hacerlo de la forma más digna y auténtica que podamos.

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Dani
Dani

Madrileño de nacimiento, residente en Cambridge (UK) y japonés de alma y corazón. Ingeniero de software y tecnologías web, apasionado de las metodologías de dinámica y desarrollo de equipos, actualmente trabaja como Agile coach. Adicto al cine, la fotografía, videojuegos y por supuesto, Japón: cultura, antropología, anime y manga, lenguaje y costumbres. Tokio es su "furusato" y regresa alli todos los años. Su dogma: 未来のワタシに、つながってる。"Conectando mi yo de ahora al futuro".