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Los barrios de geishas o hanamachi (que literalmente significa “ciudad de las flores”) es el distrito donde viven y trabajan las geishas, un barrio más o menos repleto de okiya (casas de geishas) y ochaya (casas de té), lugares donde las geishas acuden a reuniones y banquetes.

Una visión general del hanamachi o barrio de geishas

Cada hanamachi tiene su propia historia particular, pero en líneas generales podemos decir que todos tienen su origen a principios del periodo Edo (1603-1868), un momento histórico de paz, prosperidad y auge cultural, durante el cual empezaron a surgir alrededor de templos importantes las llamadas casas de té, que cobijaban y servían té a los fieles, convirtiéndose estas zonas en el germen de lo que serían luego los hanamachi como los conocemos hoy en día y que como ya comentamos, eran los locales donde se entretenía a los clientes fuera de los barrios de placer. Al estar tan ligados los hanamachi y los templos de las ciudades, el calendario anual de los primeros está íntimamente relacionado con los eventos históricos y religiosos de la ciudad. La variedad de celebraciones va desde ceremonias que marcan el inicio o fin de una estación del año a ceremonias relacionadas con antiguas fiestas en templos o para dar las gracias a los profesores. Sin embargo, los eventos que más público atraen son los espectáculos anuales de danza.

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El riachuelo Shirakawa, en pleno hanamachi de Gion, Kioto

Actualmente, los hanamachi están organizados en asociaciones, que promueven actividades culturales como los ya citados espectáculos de danza tradicional, ceremonias del té, etc. Asimismo, en la ciudad de Kioto cada hanamachi tiene su propio teatro o kaburenjo, donde se celebran dichos espectáculos.

El pasado más reciente

Durante el pasado siglo XX, los barrios de geishas sufrieron golpes muy duros, pero demostraron su fortaleza y se levantaron una y otra vez. En la Primera Guerra Mundial, el periodo dorado de los hanamachi, la economía japonesa prosperó y debido a la fuerte demanda de entretenimiento, el número de maikos y geishas sobrepasó todos los récords anteriores. Los oficiales del ejército, los hombres de negocios con empresas beneficiadas por la guerra y ciertos grupos de comerciantes tenían poder económico suficiente para disfrutar de lujosos banquetes en estos hanamachi, lo que hizo que los negocios en ellos crecieran de una forma increíble.

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Linterna roja de una ochaya en Pontochō, esperando a que caiga la noche

Sin embargo, en 1923 un terremoto sacudió fuertemente la ciudad de Tokio, matando a más de un centenar de miles de personas y destruyendo el 60 por ciento de los edificios de la zona. Tanto la economía como el sector industrial se tambalearon ante tan duro golpe y los hanamachi se resintieron. Poco a poco, la economía se recobró a pesar de la guerra sino-japonesa y del estallido de la Segunda Guerra Mundial y los hanamachi volvieron a recuperar su antiguo esplendor, ya que los militares de alto rango y los empresarios de industrias relacionadas con la guerra volvieron a gastar dinero en ellos. Sin embargo, con el avance del frente del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial, la situación se complicó. Los militares, que habían sustituido a los grandes empresarios como patronos de las geishas, comenzaron a perder su influencia a medida que el resultado de la guerra se decantaba hacia los Aliados, y los grandes empresarios comenzaron a tener problemas económicos y a no poder permitirse el prohibitivo coste de los banquetes con geishas. Finalmente, en el año 1944, se promulgó un edicto que cerró todos los hanamachi y que obligó a las geishas a incorporarse al resto de la población civil para alimentar la cada vez más necesitada maquinaria bélica japonesa.

Muchas geishas y maikos pasaron entonces a trabajar en fábricas de munición, de armamento pesado, o de uniformes, cerca de sus antiguos barrios de geishas. Las más afortunadas, aprovechando sus contactos y la poca influencia que todavía les pudiera quedar a sus patronos del ejército, consiguieron trabajo como secretarias o asistentas, pudiendo realizar una tarea mucho menos pesada que las del resto de la población civil. Otras maikos y geishas volvieron a sus pueblos de origen, olvidando para siempre su profesión.

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Placa que indica, en kanji, que estamos ante una ochaya

Asimismo, muchas okiya y ochaya fueron destruidas, no sólo por las bombas, sino como en el caso de Kioto, porque sus estructuras de madera les hacía ser un peligro en caso de incendio. Sólo en Pontochō, uno de los hanamachi más importantes de Kioto, se destruyeron más de 30 casas de té. Cuando terminó la guerra en 1945, quedaban muy pocas geishas dispuestas a trabajar, y apenas había ochaya en las que celebrar los banquetes. Una vez más, los hanamachi mostraron su poder de superación, se reorganizaron y reabrieron sus puertas cuando un año más tarde, tras la rendición japonesa en agosto de 1945, el gobierno volvió a abrir todos los establecimientos que habían sido cerrados un año antes. A pesar del sufrimiento de la posguerra, aprovechando que la Ocupación Aliada suponía nuevos clientes potenciales, los estadounidenses de las Fuerzas de Ocupación, los hanamachi pudieron volver a la vida con renovadas energías. Si bien es cierto que la vida en los hanamachi sigue muy ligada a la tradición y el pasado, cabe destacar que después de la Segunda Guerra Mundial, la vida en los distritos de geishas ha cambiado mucho.

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Okāsan limpiando, en el hanamachi de Gion, Kioto

En el año 1958 se promulgó la Ley Anti-Prostitución, que ilegalizaba todos los tipos de prostitución que hasta ese momento habían sido legales en Japón. Las geishas, por supuesto, estaban fuera de todo esto, puesto que la suya era una profesión totalmente distinta, pero aun así, esta ley también trajo importantes cambios para ellas. A partir de ese momento, aunque siguió habiendo maikos y geishas que provenían de familias pobres que habían vendido a sus hijas a una okiya, esta práctica fue cayendo en desuso cada vez más, viéndose como algo de todo punto inaceptable. La propia prosperidad del país hizo, además, que ya no fuera necesario para ninguna familia el tener que vender a una de sus hijas para poder salir adelante.

Con el tiempo, las maikos y las geishas empezaron a ser mujeres que libremente escogían la profesión y podían retirarse y casarse o dedicarse a otra cosa cuando quisieran. Sin embargo, un aspecto que se ha mantenido a lo largo del tiempo es la fuerza y el respeto a la tradición de los barrios de geishas. Festivales sintoístas, budistas o lunares, que han ido desapareciendo de la vida de los japoneses de a pie, siguen vivos con fuerza en estos barrios, así como numerosas artes tradicionales como la ceremonia del té, por ejemplo, y también aspectos de la vida tradicional japonesa que ya casi no se ven en la calle, como vestir el kimono, o acatar la jerarquía, la disciplina y las reglas sociales.

Geisha paseando por Pontocho, Kioto (por la mañana)

Geisha en el hanamachi de Pontocho, antes de prepararse para los banquetes de la noche

Las okiya o casas de geishas

Pero, ¿dónde viven las maikos y geishas? Actualmente muchas geishas viven en sus propios apartamentos (quizá acompañadas de su pareja, quizá compartiendo piso o simplemente solas, como cualquier joven más), sobre todo en el área de Tokio. Sin embargo, estas geishas independientes tienen que estar inscritas en una okiya, una casa de geishas, para poder trabajar. La okiya es una casa de estilo tradicional donde viven la okāsan (literalmente la “madre”), las aprendices o maikos y las geishas que no se han independizado todavía. La okāsan, que suele ser la propietaria y directora de la okiya, suele ser una antigua geisha o hija de la propietaria que en su día asumió el control de la okiya cuando la anterior propietaria se retiró.

Maiko Terukoma con okasan y shikomi (Gion, Kioto)

Una okāsan despide a una maiko y a su shikomi que van camino a un banquete

Una okiya convencional aloja a unas cuatro maikos y unas cuatro o cinco geishas. Actualmente, sin embargo, puede haber casas con una o dos maikos solamente, y con un número similar de geishas, que pueden o no estar residiendo en ella. La okiya es un mundo completamente femenino, donde sólo encontraremos mujeres, que conviven como hermanas, siendo la okāsan una especie de madre para ellas. La okāsan, pues, es la que vigila, ayuda y enseña a las maikos. Les enseña qué decir y hacer en según qué circunstancias, qué kimono escoger para cada ocasión, etc. Asimismo, se encarga de dar alojamiento, comida y un salario a las maikos y geishas que no son independientes y se encarga además de comprar kimonos, acordar citas en banquetes, llamar al peluquero, etc.

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Nombres de las maikos y geikos en la entrada de la okiya Hanafusa en el hanamachi de Miyagawacho

La vida en la okiya no tiene descanso. Las maikos y geishas que viven en ella, a pesar de ir a dormir bastante tarde, tienen que levantarse temprano para tomar lecciones de baile, música y ceremonia del té, entre otras. Al mediodía, vuelven a casa y tienen tiempo libre para dedicarlo a sus asuntos personales, pero a las cuatro de la tarde empiezan a arreglarse y maquillarse para los banquetes de la noche, que normalmente empiezan a las 17:30 o a las 18 horas. Antes de salir, todos los miembros de la okiya toman un té y degustan una pequeña cena, ya que normalmente ni las maikos ni las geishas comen durante el banquete: se dedican solamente a sus invitados.

Las ochaya y los ozashiki en los barrios de geishas

El ozashiki es el nombre que recibe en japonés el banquete en el que los clientes reciben atenciones y entretenimiento por parte de las maikos y geishas. Asimismo, la palabra también se refiere a las salas tradicionales con suelo de tatami donde se celebran dichos banquetes, que se encuentran en las casas de té, las ochaya. La ochaya es, pues, el lugar ideal para disfrutar de la compañía y las dotes artísticas de una maiko o geisha. No sólo su interior, con salas de tatami y puertas correderas de papel japonés, da una sensación de tradición, sino que también se cuida la entrada, que, si el espacio lo permite, siempre es un lugar de relajación, de preparación para el banquete, con luz tenue y agua brotando de una pequeña fuente de piedra, al más puro estilo japonés. El cliente se despoja de sus zapatos y camina a través de un pasillo, por el que normalmente podrá ver un pequeño jardín de estilo japonés, y llegará a la sala del ozashiki.

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Calle Hanamikoji, en el hanamachi de Gion, llena de restaurantes, ochaya y okiya

Dentro del ozashiki, los invitados se sientan siguiendo un orden acorde a su edad y rango. De esta manera, los más mayores o los de mayor rango se sientan en los asientos más cercanos al tokonoma o altar de la habitación (tradicionalmente, los mejores asientos), mientras que los más jóvenes se colocan en los asientos más cercanos a la puerta. Cuando todos los invitados están sentados aparecen las maikos y geishas, que desde la puerta saludan, hacen reverencias formales y se disponen a entrar en la sala. A continuación, hace su entrada la okāsan, para dar una bienvenida formal a los invitados y proponer un brindis: es el principio del banquete.

Dada la arquitectura de ciertas casas de té, que normalmente son de dos pisos, todas las noches pueden alojar más de un banquete entre sus paredes. Si así fuere, todas las salas para banquetes deberán tener un tokonoma, un altar con alguna decoración estacional, y estar separadas entre ellas por puertas correderas y pasillos.

Secretismo y privacidad en los barrios de geishas

Quizá uno de los detalles más importantes de los hanamachi y una de las razones por las cuales han subsistido a pesar de las continuas dificultades sea el respeto a la privacidad, sobre todo la de sus clientes.

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Geisha recién llegada a un ozashiki

El ozashiki es un banquete de ambiente relajado en el cual los clientes pueden hablar de cualquier tema, por más secreto o privado que sea, ya que saben que pueden confiar en la discreción de las maikos y geishas reunidas allí. Si una maiko, por ejemplo, alguna vez se excede al hablar de lo ocurrido o comentado en un banquete, seguramente dejará de ser maiko en poco tiempo. De aquí se entiende que se lleve tan a rajatabla la práctica ichigen-san okotowari, es decir, el no aceptar a desconocidos en los banquetes, ya que estos no combinarían bien con la atmósfera de relajación basada en la confianza que es la base de todo ozashiki.

Vida moderna en los hanamachi

Actualmente, en una sociedad que se mueve a través del teléfono móvil y el correo electrónico, es curioso darse cuenta de que las maikos y las geishas todavía siguen haciendo visitas personales y enviando cartas manuscritas dando las gracias o la enhorabuena a sus mejores clientes ante cualquier acontecimiento importante en la vida de estos últimos. A pesar del secretismo que envuelve la vida en los hanamachi, lo cierto es que una maiko o una geisha pueden salir cuando quieran e ir de compras o al cine, por ejemplo, como cualquier otra chica más. Asimismo, con el declive de clientes y de trabajo, las organizaciones de los distintos hanamachi están haciendo un esfuerzo para dar a conocer sus actividades (como por ejemplo los bailes de primavera y otoño) al máximo número posible de gente.

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Exactamente así nació, en 1996, la Fundación para la Promoción del Mérito Artístico Tradicional en Kioto (llamada comúnmente Ookini-zaidan). Esta fundación se dedica a afiliar miembros (que pagan unos 30.000 yenes al año) y reciben invitaciones para los dos festivales de baile anuales, descuentos para el espectáculo de baile conjunto por parte de los cinco hanamachi de Kioto, asiento reservado durante la procesión del Jidai Matsuri en octubre e invitaciones a distintas fiestas. La Fundación también presenta a los miembros a una casa de té, para que de esta manera puedan tener la posibilidad de disfrutar de un banquete con maikos y geishas.

Asimismo, las geishas y maikos juegan un papel importante en el sector turístico hoy día: posan para anuncios, postales, programas de promoción cultural y exposiciones de kimonos. No tienen problemas en viajar de un extremo de Japón a otro, en el caso de celebrarse un banquete importante lejos de su hanamachi y algunas de ellas tienen otros trabajos (normalmente relacionados con la moda y creación de kimonos) y ya muchas han aprendido inglés, con la esperanza de tener más clientes extranjeros.

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Geiko y maiko en un taxi en Kioto, listas para desplazarse

El objetivo principal de los hanamachi, sobre todo en ciudades de fuerte tradición cultural como Kioto, es aprovechar el interés creciente que siente Occidente por todo lo relacionado con las geishas, sin que este mismo interés destruya su cultura y sus tradiciones. Nos encontramos en el siglo XXI y los hanamachi se ven en la ardua tarea de tener que adaptarse a los nuevos tiempos para sobrevivir, sin perder por ello lo que les hace ser tan especiales, su increíble tradición cultural.

Pese a todos estos esfuerzos, los números continúan menguando, y según unas estadísticas de 1999, quedaban en ese momento 190 ochaya entre los cinco hanamachi de Kioto, que daban empleo a 195 geishas y 55 maikos.

Esperemos que puedan adaptarse y sobrevivir.