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Para entender bien qué son las geishas debemos tener en cuenta un sinfín de detalles acerca de su trabajo, su vida, su historia y su entorno. Para eso os contamos aquí a modo de introducción, una visión global de estas mujeres y de su “mundo de la flor y el sauce”.

Tratar de definir el concepto de geisha en unas cuantas líneas y no resultar simplista es algo prácticamente imposible de conseguir, dada la gran complejidad de su mundo, pero al menos podemos intentar dar unas líneas directrices que ayuden a comprender un poco mejor qué son, cómo y dónde viven, a qué se dedican, cómo han evolucionado y qué futuro les espera.

El título del artículo, el mundo de la flor y el sauce, es la traducción directa del término japonés karyūkai, que es el nombre que utilizan las geishas para referirse a su mundo particular, de barrios enteramente dedicados a las artes, con casas de té, casas de geishas, peluqueros, teatros, etc., puesto que las geishas, en palabras de una de las más famosas, Mineko Iwasaki, son bellas como una flor, y a la vez flexibles y fuertes como un sauce.

¿Qué es una geisha?

Kanji de GeishaUna de las mejores maneras de empezar a explicar qué es una geisha es analizar el significado de los kanji, los ideogramas o caracteres de origen chino que forman parte de la palabra japonesa geisha, 芸者. El primer ideograma, 芸 (leído gei) significa “arte”, mientras que el segundo, 者 (leído sha) significa “persona”. Así pues, si hacemos una traducción directa según el significado de cada ideograma, geisha significa “persona (que se dedica a) las artes” o “artista”.

Esta definición, naturalmente muy generalista, no deja de ser tremendamente adecuada. Las geishas son mujeres con un gran conocimiento y un profundo dominio de las artes tradicionales japonesas, como por ejemplo el sadō o ceremonia del té, el shodō o caligrafía, el nihon-buyō o baile tradicional japonés, la música (el shamisen y otros instrumentos tradicionales), ikebana o arreglo floral, así como otros aspectos tales como vestir apropiadamente el quimono (algo que alcanza casi el rango de arte), etiqueta y conversación.

El término karyūkai significa “el mundo de la flor y el sauce”. Así que toda geisha es en esencia hermosa, como una flor, y a la vez elegante, flexible y fuerte, como un sauce

Las geishas, en sus comienzos, fueron el mayor símbolo de la modernidad japonesa, ya que ellas eran las pioneras en cada cambio estético que se iba produciendo en la sociedad. No en vano fueron ellas las creadoras del lazo taiko para atar el obi, algo que luego copiaron todas las mujeres; fueron las primeras en utilizar los hakama, un tipo de falda-pantalón que hasta ese momento sólo habían vestido los hombres en sus vestimentas formales, aunque hoy en día las geishas ya no lo utilizan, y así con muchas otras cosas.

Con la apertura del país hacia el mundo occidental tras la Restauración de Meiji, y con la posterior ocupación estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial, las geishas de nuevo siguieron siendo las pioneras a la hora de aceptar las nuevas modas en vestimenta y peinados llegadas de Occidente, pero a medida que iban surgiendo las llamadas geisha girls, precursoras de las actuales hostesses o camareras, y al ver que no podían competir con éstas, y que se las empezaba a tomar por prostitutas, las geishas optaron por volver hacia lo tradicional.

Es por esto que las geishas, hoy en día, se alzan como las depositarias de las artes tradicionales japonesas, que tanto peligro corren actualmente con la influencia occidental (especialmente la estadounidense, de gran calado en Japón); además, se han convertido en la esencia de lo que significa realmente ser japonés.

El trabajo de una geisha consiste, básicamente, en entretener a los clientes con su dominio de las artes y la conversación. Con gran conocimiento y educación, una geisha reconocida deberá poder hablar con sus clientes de absolutamente cualquier asunto, desde temas serios como política e historia, hasta chistes y bromas. Pero lo verdaderamente especial de una geisha es que sabe ver cuál es el estado de ánimo de sus clientes, de forma que dependiendo del humor y del ambiente del banquete, actúa en consecuencia, relajando la velada y haciendo que todos los invitados pasen un rato agradable.

Todo esto es posible porque las geishas, aunque dedican una gran parte de su tiempo a estudiar y perfeccionar sus dotes artísticas, también son excepcionalmente cultas, en un sentido mucho más amplio. Por ello, cuanto mayor sea la geisha mejor será en el ejercicio de su profesión. En primer lugar, porque su maestría en las artes será mucho mayor, pero también porque poseerá un mayor conocimiento del mundo, lo que le proporcionará mejores dotes conversacionales.

Las geishas hoy en día

Si bien a lo largo de la historia ha habido casos de muchachas del Japón más interior y económicamente deprimido que fueron vendidas para convertirse en prostitutas por la fuerza, o en los menos casos, en geishas, sin poder decidir su futuro, actualmente cualquier chica que haya terminado la educación secundaria obligatoria puede convertirse en geisha si así lo desea. Muchas jóvenes interesadas en las artes tradicionales japonesas encuentran en el mundo de las geishas una manera de profundizar en el conocimiento de dichas artes.

Llegar a cierto grado de maestría en estas artes es muy difícil de conseguir si no se pretende ser una geisha, puesto que los mejores profesores y las mejores escuelas se dedican, casi única y exclusivamente, a formar a las geishas. Y es que ser geisha no es tan sólo salir cada noche y acudir a fiestas privadas. La geisha tiene que estudiar, y mucho. De hecho, para llegar a ser una buena geisha hace falta mucha disciplina y muchas horas de duro estudio; un aprendizaje y una dedicación que durará toda la vida profesional de la geisha.

Geiko Kikumaru

Asimismo, la sociedad japonesa es, todavía hoy en día, profundamente machista, a pesar de estar cambiando poco a poco. La mujer sigue relegada por lo general a un segundo plano, siendo su función principal la de casarse, cuidar de la casa y crear una familia. El mundo de las geishas puede atraer a chicas con puntos de vista más modernos o contemporáneos, que no tengan como objetivo principal en la vida casarse y tener hijos, sino que quieran seguir estudiando y, sobre todo, viviendo sus vidas de forma independiente, ya que el mundo de las geishas es un mundo claramente feminista y de estructura marcadamente matriarcal (aunque no deja de ser irónico que el mundo más feminista de todos se dedique a “servir” a los hombres).

Eso sí, si una geisha decide casarse, deberá dejar de trabajar como tal, ya que los conceptos de geisha y esposa son claramente contrarios. Muchas geishas mayores, una vez retiradas del ejercicio activo de su profesión, deciden convertirse en propietarias de okiya o casas donde viven las geishas u ochaya, las casas de té donde realizan su trabajo, formando a nuevas chicas para convertirse en geishas o dándoles trabajo y manteniendo así esta larga tradición.

A día de hoy, sin embargo, no son muchas las chicas que deciden convertirse en geisha. Al fin y al cabo, una cosa es la posibilidad de llevar una vida independiente rodeada de preciosos y exclusivos kimonos, pero otra muy distinta es el estudio diario de artes tradicionales. Por ello, el mundo de la flor y el sauce ha visto como sus números descendían de forma alarmante a lo largo de las últimas décadas. Solamente en Gion, el más afamado distrito de geishas de Japón, había más de mil geishas antes de la I Guerra Mundial, un período especialmente floreciente para la economía japonesa. Al término de la Segunda Guerra Mundial, el número de geishas en Gion había descendido a 350, y ha seguido descendiendo hasta nuestros días.

El aprendizaje

Kanji de MaikoUna chica se convertía en geisha, tradicionalmente, después de un período de aprendizaje, que era más o menos largo dependiendo de las habilidades innatas de la chica y de la región en cuestión. Hoy en día, sin embargo, y teniendo en cuenta que las chicas llegan a este mundo no antes de terminar la educación secundaria, el período de aprendizaje casi se ha extinguido.

En Tokio, por ejemplo, el papel de aprendiza era conocido como han’gyoku, que literalmente significa “medio sueldo”, porque a las aprendizas se les pagaba la mitad de lo que cobraban las geishas. Sin embargo, este período de aprendizaje es, hoy en día, cosa del pasado, aunque en algunos casos existe de manera testimonial, teniendo una duración de tan sólo dos meses, pero como decimos, es normal que ni siquiera exista.

Por el contrario, en Kioto, la “capital de las geishas”, todavía existe el papel de la aprendiza de geisha, la maiko, que se dedica a observar y aprender durante un período idealmente de cinco años de duración, aunque a menudo esto tampoco se cumple y las muchachas están muy poco tiempo aprendiendo, dándose algunos casos de chicas lo bastante mayores como para pasar a ser geishas directamente.

Maiko en Gion

Todo esto, por supuesto, ha rebajado el nivel artístico de las geishas, puesto que cada vez se requiere menos esfuerzo para poder convertirse en una de ellas, y dado el número tan escaso de chicas que desean convertirse en una de ellas, las pocas que hay son tratadas con un mimo exquisito, para evitar que renuncien a continuar con ello, algo que a las geishas más mayores, las que tuvieron su apogeo en las primeras décadas del siglo XX, no les sienta nada bien cuando lo comparan con sus propias experiencias.

Teniendo en cuenta que las aprendizas de geisha en Tokio se han extinguido, virtualmente, nos centraremos en su contrapartida de Kioto, las maiko. Si analizamos la palabra según los ideogramas de los que está compuesta, 舞妓, encontramos una sutil diferencia respecto de la palabra geisha: el primer ideograma, 舞 (leído mai) significa “baile”, mientras que el segundo ideograma, 妓 (leído ko) significa “chica, joven”. Así pues, la maiko no es todavía una artista, sino que es una chica dedicada al baile tradicional japonés, literalmente una “bailarina”, aunque el término se ha traducido siempre en Occidente como “aprendiza de geisha”.

Una maiko, además de ser distinta a una geisha en su aspecto externo (ya analizaremos en otro momento las diferencias entre ambas), tiene obligaciones distintas. Como aprendiz, la maiko debe dedicar una gran parte de su tiempo al estudio de las artes, pero también debe acompañar a una geisha a las diferentes fiestas y banquetes. Esta geisha a la que acompaña es, generalmente, su onēsan o “hermana mayor” (geisha que guía los pasos de la maiko en sus años de aprendizaje). Al asistir a estos eventos, la maiko empieza a conocer a los clientes y vive en primera persona todos los aspectos intrínsecos del que será su trabajo. Cuando la okiya, la casa en la que vive la maiko, considere que está preparada, la chica se convertirá en geisha a través de una ceremonia llamada erikae, literalmente cambio de cuello.

La comunidad: los distritos de geishas

Las geishas se mueven dentro de sus propios distritos, llamados hanamachi, que literalmente significa “ciudad de las flores”. Aunque analizaremos en detalle la vida y situación de estos distritos en artículos posteriores, es importante, sin embargo, empezar a conocer y a familiarizarse con la estructura y reglas de las ciudades de las flores.

Los hanamachi son barrios de arquitectura marcadamente japonesa que normalmente se encuentran cerca de algún templo importante, donde en el pasado empezaron a surgir las ochaya (literalmente, casas de té), establecimientos de estilo tradicional que ofrecían no sólo té sino cualquier otro tipo de refrigerios y comida a los peregrinos, con salas adaptadas para banquetes, reuniones y fiestas. Es justamente en estos establecimientos, las versiones tradicionales japonesas de un bar, donde se celebran los banquetes a los que acuden a trabajar las maikos y las geishas.

Además de las casas de té, en los distritos de geishas encontramos las okiya o casas de geishas. Una okiya es básicamente una casa de estilo tradicional japonés donde viven y estudian las maikos y las geishas que no son independientes. En Kioto muchas geishas siguen viviendo en estas casas, pero en Tokio, por el contrario, muchas han abandonado las okiya para vivir de forma independiente, puesto que sus sueldos les permiten costearse sus propias viviendas con todo tipo de lujos y comodidades.

En la actualizad, en Kioto, muchas ochaya y okiya son en realidad un mismo establecimiento. En Tokio, sin embargo, siempre ha existido una separación entre la casa donde viven las geishas y el lugar donde ejercen su profesión. En el pasado estos lugares, las machiaijaya, o simplemente machiai, eran las versiones tokiotas de las casas de té. Sin embargo, aunque este término todavía sigue siendo bastante común en Tokio, fue abolido durante la ocupación estadounidense. Hoy en día, el término apropiado para referirse a los establecimientos en los que las geishas ejercen su profesión son los ryōtei, o restaurantes de alta cocina japonesa.

Cada geisha deberá estar inscrita en una única okiya, que será la casa para la que trabaje, viva o no en ella. La estructura social de una okiya es parecida a la de una familia, aunque con la particularidad de estar formada únicamente por mujeres: la okami o “madre”, que es la dueña de la okiya y la que toma todas las decisiones importantes; las onēsan o “hermanas mayores”, que son las geishas más experimentadas, que suelen tomar a su cargo a las aprendizas; y las maikos o aprendizas de geisha.

El trabajo: el ozashiki

El trabajo de una geisha y de una maiko se realiza en las ya mencionadas casas de té o restaurantes de alta cocina y consiste en entretener a los invitados durante toda la duración de los banquetes, llamados ozashiki, término que también hace referencia a las habitaciones con suelo de tatami y de estilo tradicional en las que se realizan estos banquetes.

Ichiriki

Hay que dejar claro que este término es utilizado únicamente por las geishas y por el resto de gente que trabaja en el mundo de la flor y el sauce, ya que para los invitados, los eventos a los que asisten y que están amenizados por estas mujeres se conocen como enkai, un término que significa fiesta o también banquete.

Los clientes, a la hora de acordar la asistencia de una geisha o maiko a un banquete, hablan con una oficina de registro de geishas que existe en cada distrito, llamada kenban. Estas oficinas mantienen actualizado el horario y la disponibilidad de cada geisha del distrito, y son ellos los que se ponen en contacto con las geishas para que asistan a los banquetes y fiestas para las que han sido requeridas.

En estas fiestas, los clientes pueden disfrutar de las habilidades artísticas de geishas y maikos, o simplemente de su compañía y su belleza atemporal en un ambiente único. Hablaremos más en detalle, sin embargo, de los banquetes y sus particularidades en posteriores artículos.

Cada minuto de tiempo que una geisha o maiko pasa en un banquete o fiesta se cobra a posteriori, en base al número de barras de incienso que se hayan quemado durante la duración de dicho banquete. Esta manera de controlar el precio de la velada se conoce como senkōdai o tarifa de barras de incienso o también como kyokudai o tarifa de joya. Un tercer término para referirse al dinero cobrado por las geishas es ohana o hanadai, o tarifa de flores. No se hace ningún pago en el momento, porque sería considerado como de mala educación, aunque al final de la noche sí que circulan propinas más o menos elevadas, llamadas go-shugi que los clientes dan en un sobre a las geishas.

Aunque a primera vista pueda parecer tentador asistir a uno de estos banquetes, debemos dejar bien claro que no es fácil entrar en una casa de té y disfrutar de un banquete acompañado por geishas. No sólo el precio es prohibitivo, al alcance sólo de los más adinerados, sino que además no todo el mundo puede entrar libremente en las casas de té, por más dinero que tenga. Para poder entrar y pedir los servicios de una geisha, el cliente tiene que ser conocido por la casa de té y disfrutar de la confianza de la propietaria de la misma. Asimismo, un cliente de confianza sólo introducirá y presentará a la ochaya a un amigo o compañero de trabajo si este es de total confianza, puesto que si esta persona le fallara en alguna cosa, el cliente perdería el favor de la casa de té. Esta regla de no permitir la entrada de clientes nuevos que no vengan avalados es lo que se conoce en el mundo de las geishas como ichigen-san kotowari.

Casa de té

Penetrar en el interior de los hanamachi es, pues, poco menos que misión imposible. Podemos pasear horas y horas por sus calles, ver casas de té, reconocer alguna okiya famosa, y quizás, si tenemos suerte y sabemos dónde y cuándo acudir, ver alguna maiko o alguna geisha de camino al trabajo, pero llegar al interior de este mundo es imposible si uno no tiene algún contacto que le pueda allanar el camino.

No debemos olvidar, sin embargo, que los tiempos cambian y los hanamachi tienen que ir adaptándose si no quieren desaparecer definitivamente. Por ello, distintos distritos de geishas se han organizado y han creado fundaciones que les permiten recaudar dinero a cambio de dar ciertos privilegios a los socios, como asistir a fiestas privadas, entradas preferentes en los espectáculos estacionales de baile más famosos, etc. Sin perder su identidad, que es lo que los hace tan atractivos, los hanamachi buscan recursos y opciones para no caer en el olvido del pasado.

La actualidad: las geishas en la sociedad contemporánea

Si bien es cierto que la sociedad japonesa se ha adaptado a la perfección a los modelos occidentales tanto en lo económico como en lo tecnológico, la antiguas costumbres y tradiciones japonesas permanecen y permean la vida diaria de los japoneses. Esto es importante porque para comprender el papel de las geishas en la sociedad nipona, primero debemos comprender las peculiaridades de dicha sociedad.

La primera diferencia que salta a la vista es el papel de la mujer en Japón. A pesar de que el feminismo también ha llegado al país del Sol Naciente, hoy en día sigue habiendo unas diferencias muy grandes entre hombres y mujeres, y se educa a los niños y niñas por separado. Por causa de la presión social y laboral, los jóvenes japoneses disponen de muy poco tiempo libre para poder relacionarse con el sexo opuesto, e incluso después del matrimonio es bastante poco usual encontrar parejas que tengan su vida social en común. Precisamente por esta particularidad de la cultura japonesa las geishas tuvieron su razón de ser, porque los hombres consideraban inapropiado e inimaginable poder divertirse con su mujer, necesitando entonces de las geishas para esto.

A pesar de que los jóvenes buscan y aceptan una vida de igual por igual cada vez más, todavía es muy común la imagen de la mujer japonesa como la responsable de tener los hijos, de educarlos, así como de gestionar el dinero que entra en casa, que normalmente gana el hombre. Una geisha, por el contrario, es la antítesis de una esposa y cubre todo lo que ésta no llega a cubrir, es decir, es ingeniosa, sexy, inteligente, conoce las artes tradicionales, y hace compañía a los hombres cuando estos salen a divertirse por las noches.

Curiosamente, las geishas son el grupo femenino más emancipado de todo Japón. Es cierto que su trabajo les obliga a satisfacer siempre a sus clientes masculinos, de una forma intelectual, artística y por supuesto, agradable para la vista, pero detrás de todo esto, las geishas son de las pocas mujeres económicamente independientes que hay en Japón, y de las pocas que pueden reclamar posiciones de autoridad e influencia, lejos de las paredes del hogar.

Para casi todos los occidentales las geishas parecen esclavas de los hombres, pero su adulación constante del ego masculino no se aplica en su vida privada. En los distritos de geishas mandan las mujeres y dominan a los hombres en todo lo relacionado con el empleo y la autoridad socialmente reconocida. Para los chicos, el estigma social de ser el hijo de una geisha es mucho más importante y negativo de lo que lo es para las chicas, puesto que éstas pueden encajar perfectamente en la estructura matriarcal imperante en estos distritos.

Geiko con cliente

A lo largo de la historia la línea que separaba a una geisha de una prostituta ha sido muy fina y a veces algo transparente, aunque veremos este tema con más detalle en futuros artículos. Por ello, es hasta cierto punto comprensible que los occidentales se confundan a este respecto, y más si se tiene en cuenta la relación de muchas geishas antiguas con un patrón. Aunque hoy en día las geishas más afortunadas siguen disfrutando de los favores de un patrón, esto nunca ha significado que estas mujeres hayan sido prostitutas, ni en el pasado ni en la actualidad.

El patrón, llamado danna en japonés, suele ser un hombre de muchos y variados recursos y de gran influencia, que se ocupa de la mayor parte de las deudas y pagos de la geisha; es alguien realmente importante para ella, porque es su camino más seguro hacia el éxito y hacia su permanencia dentro del mundo de la flor y el sauce. Podríamos considerarlos como los mecenas de esta profesión. A principios del siglo pasado, cuando las chicas a menudo eran vendidas a las casas de geishas, un danna era la única manera de escapar de esa esclavitud, porque les permitía saldar la deuda que habían contraído, voluntaria o involuntariamente, con la casa de geishas en la que vivían.

Pero incluso aunque la situación hoy en día ha cambiado, y las deudas iniciales de una geisha no son tan grandes, estas mujeres se siguen distinguiendo, principalmente, por el número de kimonos que poseen, ya que por un lado necesitan muchos para poder ir en consonancia con los cambios estacionales, y además les encanta el coleccionismo de estas prendas. Los precios para los tipos de kimono que visten las geishas, normalmente de seda y con diseños pintados a mano sobre ellos, entre otras características, son prohibitivos y no están al alcance de cualquiera, y aunque las geishas ganan una buena cantidad de dinero, la gran mayoría se gasta en una gran cantidad de pequeños detalles, como las deudas contraídas en concepto de manutención y alojamiento con la casa en la que vivían, el pago de las lecciones de por vida en artes tradiciones, las constantes visitas al peluquero o al artesano que se encarga de hacer y cuidar las pelucas, cantidades ingentes de maquillaje, las tarifas para registrarse como geisha, etc.

Pero no todas las geishas, ni siquiera en el pasado, encontraban a un patrón, y en la actualidad la proporción de geishas con patrón es incluso menor. No en vano, hoy en día uno de los motivos por el que las geishas dejan el trabajo a edades cada vez más jóvenes lo encontramos en la dificultad para encontrar un patrón apropiado que pueda acarrear con todos los gastos que tienen. Y es que muchos de los empresarios que en el pasado utilizaban su propio dinero, cuando las empresas eran suyas, para pagar kimonos, clases y cualquier otro tipo de gasto de las geishas, hoy suelen ser miembros de los consejos de dirección de empresas multinacionales en las que el dinero no les pertenece, sino que está en manos de los accionistas, y por el que deben rendir cuentas, motivo por el cual cada día hay menos hombres con los recursos necesarios y las ganas para ser los patrones de una geisha, y sin esta inyección monetaria estas mujeres no pueden seguir manteniendo su ritmo de vida, por lo que muchas lo dejan antes de incurrir en deudas imposibles.

Esta entrada se publicó originalmente el 25 de marzo de 2006. La versión actual ha sido retocada, reescrita y las imágenes reprocesadas.