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Ya os había hablado un poco por encima del terekura (también escrito a veces como telekura) o los clubes telefónicos en aquella entrada sobre la industria sexual japonesa y lo variada que es, pero hoy quería incidir un poco más en este tipo de clubs.

El tabloide japonés Shukan Jitsuwa comentaba la semana pasada, con motivo del 25 cumpleaños del terekura (más o menos, porque surgieron alrededor de 1985), que esta práctica había cambiado la forma de relacionarse tanto para hombres como para mujeres.

Portada del Shukan Jitsuwa del 9 de junio sobre Terekura.Ya comentamos que estos clubes no son más que lugares con habitaciones o cubículos que cuentan con un teléfono, y los hombres pagan dinero por acceder a estas habitaciones y recibir llamadas de mujeres interesadas en verse con ellos, siempre y cuando las condiciones que se acuerden sean beneficiosas para la mujer. Lo único es que las chicas que llaman a estos clubes suelen ser colegialas…

Las chicas, para saber a qué teléfonos llamar, no tienen más que fijarse en las pegatinas que suele haber en las cabinas telefónicas, o incluso en los anuncios que incluyen los paquetes de pañuelos que se reparten de forma gratuita por todo Japón, que aunque generalmente tienen publicidad comercial de temas no relacionados con el sexo, a veces contienen teléfonos de este tipo de clubes.

De hecho, en el popular dorama GTO o Great Teacher Onizuka, en el episodio 7 el protagonista se deja convencer por su amigo policía de ir a uno de estos clubes, y el amigo le intenta quitar de la cabeza que sea algo malo. “No es prostitución”, le dice, “es más como un servicio de citas”. Luego, la chica que llama es una de sus alumnas y ahí comienzan los quebraderos de cabeza para el protagonista.

Otra muestra de estos clubes en la gran pantalla la podéis encontrar en la película Eat the Schoolgirl (Kogyaru-gui: Osaka terekura hen, en su título original), que no recomiendo para estómagos sensibles y en la que los dos protagonistas son adictos al sexo y uno de ellos, en concreto, al sexo telefónico, con lo que es cliente habitual de estos terekura.

Si queréis otra serie o dorama japonés donde se muestren estos clubes, podéis apuntaros IWGP o Ikebukuro West Gate Park, donde se habla de la mafia, de los problemas sociales y de la cultura sexual japonesa, como las citas compensadas o los terekura.

En este tabloide, tal y como nos cuenta Tokyo Reporter, entrevistaron a algunas mujeres en la cuarentena que se iniciaron en este mundo sobre los 17 años, y que cuentan como, en su experiencia personal, la “regla principal es dejar que los hombres flirteen”, mientras que otra comentaba que su primera experiencia fue con un hombre de unos 40 años y que le convenció con su labia de perder la virginidad, ya que le contó “que sabía hacerlo sin dolor”.

El escritor Yukio Murakami, que está especializado en todo lo que rodea a la industria sexual, cuenta que en los primeros años de existencia de estos clubes el dinero no era lo importante, sino que simplemente se entregaba como agradecimiento por haber escuchado, y entonces había incluso mujeres adultas que se desahogaban contando sus penas matrimoniales y sí, a veces había sexo, pero sin dinero de por medio, hasta que las colegialas empezaron a copar los terekura y a pedir dinero por las citas.

Algunas de las historias que se pueden leer en este artículo sobre el terekura son espeluzantes, como la de Hanayo, que gracias a sus habilidades al teléfono (era la encargada del teléfono en su empresa), cuando la burbuja explotó encontró una forma sencilla de hacer dinero en estos clubes, ya que en aquellos momentos también hubo un gran aumento del número de hombres que buscaban sexo barato. Más tarde, con 30 años, tuvo un matrimonio concertado y tuvo dos hijos, y cuenta que cuando los hijos ya habían crecido, volvió al negocio a buscar clientes, aunque dejando ya de lado los terekura, y sin bajar de los 20.000 yenes, aunque cuenta que a veces puede llegar a obtener 100.000 yenes por una cita.

Clubes telefónicos en Japón

Los terekura son uno de los negocios utilizados por las chicas más usados para conseguir dinero fácil, pero lógicamente, como hay que citarse con un cliente, y a menudo la cita conlleva una relación sexual, hay quienes no se atreven a dar ese paso y entonces se deciden simplemente por vender su ropa interior, aunque del negocio del burusera ya os daré más detalles en otro momento.

El artículo cuenta la historia de muchas mujeres casadas y con hijos que, en los primeros días del terekura, aprovechaban para sacarse un dinero extra o incluso para satisfacer los deseos de experimentación, como una chica que cuenta que llamaba a los terekura para tener sexo todos los días con alguien diferente, y que en algún caso incluso se citó con tres hombres a la vez. Muchas de ellas, pocos años después, seguían prefiriendo este mundillo al de un trabajo a tiempo parcial ya que consideraban que de esta forma conseguían más dinero.

Imágenes de Tokyo Reporter, Fuji TV y Japan Community.