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La estética japonesa
La estética japonesa

La estética japonesa: del wabi-sabi al mono no aware

Última actualización:

La estética japonesa es casi una filosofía de vida. Y ha dado forma no sólo a las artes tradicionales sino también a los códigos sociales y manera de ser de los japoneses. Es decir, ha influido y mucho en el día a día de la vida de los japoneses. Y aún hoy, mires dónde mires, se deja notar.

El refinamiento sutil, que no se ostenta, ni se dice ni se muestra, sino que se insinúa (miyabi). La capacidad de sentir y de conmoverse (mono no aware). La importancia de la fugacidad, de lo efímero y lo caduco (mujōkan). La oscuridad de la belleza, el misterio de una belleza que no se puede descubrir (yūgen).

O la belleza de las cosas mundanas (wabi sabi). Pero también, la sensualidad elegante y sobria (iki). La sencillez refinada (shibui). La apreciación por la creación y la formación (geidō). O la belleza del movimiento y del tempo (johakyū)…

Todo son ideas y valores que han influido a lo largo de los siglos el concepto de estética japonesa. Pero, ¿qué hace que algo sea bello para los japoneses? Lo abordamos en esta entrada.

Ikebana, belleza efímera
Ikebana, belleza efímera

Estética y religión

El concepto tras la idea de estética japonesa surge de la combinación de las dos religiones mayoritarias y más influyentes del país: el sintoísmo y el budismo y especialmente el budismo zen.

El sintoísmo deja notar su influencia a través de la importancia de la naturaleza. La observación de la naturaleza es una pata fundamental de la estética japonesa, que aspira a conseguir objetos tan bellos como la propia naturaleza.

Por otro lado, la influencia del budismo zen es especialmente visible en los conceptos de la caducidad e imperfección de las cosas. La naturaleza es bella porque es imperfecta, por lo que la imperfección es bella.

Valores básicos de la estética japonesa

De ahí que surjan cuatro de los valores generales claves de la estética japonesa, que se oponen en cierta medida a la visión occidental del concepto de belleza y arte.

Son la asimetría o irregularidad, la insinuación o capacidad de sugerir, la caducidad y la sencillez o naturalidad.

Wabi-Sabi

Si en Occidente buscamos la simetría y el equilibrio, entendiendo que si algo no es simétrico no es bello, porque está «descompensado», en Japón el desequilibrio visual es bello. Se trata del concepto de wabi-sabi (侘寂), la belleza de la imperfección, de la fugacidad, de aquello incompleto. Y justamente lo bello es bello porque imita a la naturaleza, ya que la naturaleza es irregular, no simétrica.

En Japón las formas bellas son las formas no rebuscadas o elaboradas, son las cosas pequeñas por encima de las grandes construcciones. Por ejemplo, las cerámicas raku o zen destacan por su imperfección aparente, por su tosquedad.

No son refinadas, no parecen bien terminadas, parece que tengan defectos (que normalmente han sido deliberadamente añadidos). En este caso es una «naturalidad» aparente. Mucho se podría decir, de todas formas, sobre si es realmente natural y sencillo algo a lo que se le han añadido estos defectos a propósito, de todas formas.

En la vida actual, podemos encontrar la importancia que tiene este valor estético por ejemplo en la celebración del mes de noviembre shichi-go-san, que celebra la irregularidad (de los años de niños y niñas). Aunque quizás los jardines tradicionales japoneses son un ejemplo perfecto de la belleza de la asimetría y la irregularidad; son jardines que imitan el paisaje de la naturaleza y por lo tanto son asimétricos e irregulares y justamente eso los hace bellos.

Shibui

Muy relacionado con el concepto de wabi-sabi es el ideal de shibui, la belleza de la sencillez. Una sencillez que, en muchos casos, sólo es aparente porque ha sido buscada, estudiada y muy controlada. Pero para los japoneses lo bello es aquello que parece simple. 

De nuevo, a menudo nos sorprendemos ante algunas piezas de cerámica que parecen «simples» y «poco trabajadas» a nuestros ojos. No obstante, esa buscada y trabajada sencillez es justamente lo que hace de esa pieza algo bello, algo único y probablemente algo muy deseado.

La belleza de la imperfección y la sencillez
La belleza de la imperfección y la sencillez

Yugen

Otro concepto importante es el del yugen (幽玄), la belleza de la sutileza, de aquello a lo que se hace vagamente referencia, que se insinúa de manera misteriosa pero profunda.

Lo bello es lo que se insinúa, no lo que se muestra. Lo directo, franco, claro y sin ambigüedades es rudo y maleducado. Las cosas hay que darlas a entender, hay que sugerirlas, hay que mostrarlas de forma indirecta. Es la idea de «dar a entender sin decir».

Esta sutileza profunda y misteriosa se puede leer en el clásico de la literatura del periodo Kamakura Hojoki (1212). En él, el autor Kamo no Chomei explora el «misterioso sentido de la belleza» y la triste belleza del sufrimiento humano a través de desgracias ocurridas en su tiempo.

Por ejemplo, mientras Chomei describe un gran terremoto, revela el sentido de la belleza en el universo y la triste belleza del sufrimiento humano:

Poco antes o después un gran terremoto sacudió la tierra. Esto también fue un suceso extraordinario. Se derrumbaron las montañas y se llenaron los ríos. Se agitaron los mares e inundaron la tierra. La tierra se hendió y el agua salió a borbotones. Las grandes rocas se quebraron y rodaron abajo hasta los valles. Las barcas que pasaban cerca de la costa quedaron a merced de las olas. Los caballos en las calles tropezaron al andar.

En las afueras de la capital ni un templo ni pagoda quedó intacto. Unos se desplomaron y otros cayeron. Se levantaron el polvo y las cenizas en vehemente humareda. El temblor de la tierra y el derrumbe de las casas sonaron igual que truenos. Los que quedaban en casa serían aplastados. Afuera, la tierra estaba agrietada.

Hojoki

Miyabi

Dentro del ideal de la sutileza, destaca otro concepto de gran importancia para la estética japonesa: el concepto de miyabi (雅).

Se trata de un ideal estético que se traduce comúnmente como la belleza de la elegancia, la cortesía y el refinamiento sutil,. Este ideal de belleza busca eliminar lo vulgar, es decir, insinuar, mostrar sin decir explícitamente nada, porque ser claro y directo sería ser rudo y vulgar. 

El concepto de miyabi es un sello distintivo del periodo Heian (794-1185) y demuestra el auge cultural que experimentaba la sociedad japonesa en ese momento. Es un concepto que aparece representado en conversaciones de la corte.

Y de hecho, los personajes de la novela Genji Monogatari (siglo XI) son ejemplos perfectos de esa elegancia, cortesía y refinamiento sutil. Personajes que debate sobre «cómo es la mujer perfecta, a ojos de los hombres» y se preguntan, de manera natural, qué significa estar vivo y ser humano.

Mujo

En Japón no existe el deseo de perdurar para toda la eternidad, porque no existe el concepto filosófico de la inmortalidad del alma. Mientras en Grecia, por ejemplo, se construía en piedra (material resistente que sobrevivía al artista), en Japón se utiliza la madera, más caduca y además más ligada a la naturaleza.

Esto está relacionado con el concepto de mujo (), que suele traducirse como la belleza de la fugacidad y la conciencia de impermanencia de las cosas. Este concepto está íntimamente ligado al concepto de transitoriedad (anitya) del budismo, una de las «tres características de la existencia» que entiende que toda existencia está sujeta al cambio y que todo es transitorio.

De acuerdo a esta doctrina, todos los seres manifiestan el ciclo del samsara (nacimiento, vida, muerte y renacimiento); la única realidad no sujeta a la transitoriedad es el estado de Nirvana, que no conoce cambio. Por ello, aferrarse a las cosas sólo conduce al sufrimiento.

La novela Heike Monogatari (1220) es un ejemplo perfecto de mujo desde sus primeras páginas. Toda la obra está impregnada del sentimiento de lo efímero de la vida y la brevedad de los actos humanos. La lúgubre campana del monasterio de Gion, con la que abre esta clásica epopeya medieval, resuena a lo largo de los episodios y presagia la extinción de la estirpe de los Heike. Su eco nos recuerda que todo, por muy poderoso que sea, está condenado al olvido:

En el sonido de la campana del monasterio de Gion resuena la caducidad de las cosas. En el color siempre cambiante del arbusto de shara se recuerda la ley terrenal de que toda gloria encuentra su final. Como el sueño de una noche de primavera, así de fugaz es el poder de un orgulloso. Como el polvo que dispersa el viento, así los fuertes desaparecen de la faz de tierra.

Heike Monogatari

Otro ejemplo perfecto de mujo lo encontramos en los ensayos Tsurezuregusa (1330-1332), que junto con El libro de la almohada (1002) y Hojoki (1212) conforman los tres mejores ejemplos del género de ensayos (zuihitsu).

Tsurezuregusa (traducido al español como Tsurezuregusa. Ocurrencias de un ocioso) se trata de una colección de notas y ensayos “en trocitos de papel” escritos entre 1330 y 1332 por el monje budista Yoshida Kenko. No es una obra religiosa, sino una colección de historias, vivencias, opiniones y recuerdos de su paso por la corte en los que el tema constante es la impermamencia de la vida.

A pesar de ser un monje budista, este ensayo toca el lado secular de una creencia particularmente budista que gira en torno a la idea de que la belleza de la naturaleza radica en su impermanencia. En los ensayos, hay un gran aprecio por la naturaleza incierta de las cosas y el concepto de que nada dura para siempre como motivación para que apreciemos todo lo que tenemos, relacionando la impermanencia con el equilibrio de la vida. Por ello, los comienzos y finales son interesantes y deben valorarse como bellos.

Las ramas a punto de florecer o los jardines cubiertos de flores marchitas son más dignos de nuestra admiración. En todo, son los comienzos y los finales los que son interesantes. 

Tsurezuregusa

Otro libro con el que podemos comprender un poco mejor este concepto de mujo es justamente el Hojoki, el tercer libro destacado del género de zuihitsu. Los primeras líneas del Hojoki son muy conocidas en Japón como ejemplo perfecto del concepto de mujo:

La corriente del río jamás se detiene, el agua fluye y nunca permanece la misma.

Las burbujas que flotan en el remanso son ilusorias: se desvanecen, se rehacen y no duran largo rato.

Así son los hombres y sus moradas en este mundo.

Hojoki

Mono no aware

Muy relacionado con el ideal de mujo, otro concepto conocido de estética japonesa es el mono no aware (物の哀れ), la capacidad de sentir y de conmoverse. Se trata de una sensibilidad especial o empatía que los japoneses sienten por lo efímero. Un sentimiento de profunda melancolía pero también de admiración y aprecio por la belleza caduca, la finitud de las cosas, la vida misma y el paso del tiempo.

Por su naturaleza, está muy relacionado con el concepto de impermamencia o mujo. De ahí la admiración por la belleza caduca de la naturaleza o el saber apreciar cada momento.

El término fue acuñado en s. XVIII por un erudito japonés del período Edo como concepto literario. Lo usó originalmente en su crítica de Genji Monogatari, y que luego también se aplicó al Man’yōshū, una antología poética de 759. El término comenzó aplicándose a las artes para a continuación afectar también a la vida cotidina.

De ahí la afición de los japoneses por la efímera belleza de los sakura o cerezos en flor, o también por el arte ikebana o arreglo floral, que es un arte efímero, caduco.

Iki

Relacionado con la belleza de la sutileza (yugen) y el refinamiento sutil (miyabi) hay que destacar otro concepto importante de la estética japonesa: el iki, la elegancia sensual o chic.

Las geishas son un claro ejemplo del poder de la insinuación, cubriendo su rostro de maquillaje blanco o vistiendo sobrios kimonos estampados pero dejando entrever el rojo del kimono interior.

Cerezos en Chidorigafuchi
Cerezos en Chidorigafuchi

Referencias

Esta entrada pretende ser sólo una introducción al concepto, del que se podrían escribir miles de entradas larguísimas, naturalmente. Nos dejamos muchas cosas en el tintero, pero como introducción al concepto de estética japonesa creo que hemos hecho un buen resumen.

De todos modos, si quieres profundizar en algunas lecturas, te recomendamos las siguientes:

  • Lanzaco Salafranca, Federico (2003). Valores estéticos de la cultura japonesa. Madrid: Verbum
  • Rubio, Carlos (2013). El Japón de Murakami. Madrid: Aguilar
  • Tsurezuregusa. Ocurrencias de un ocioso. Traducción de Justino Rodríguez. Hiperión, 1986
  • Hojoki. Canto a la vida desde una choza. Traducción de Masateru Ito. El Nacional, 2004.
  • Heike Monogatari. Traducción de Rumi Tani y Carlos Rubio. Satori, 2019
  • La novela de Genji. Traducción Xavier Roca-Ferrer. Ediciones Destino, 2014

Entrada publicada originalmente el 29 de mayo de 2014. Última actualización: 23 de septiembre de 2021

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