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Hace unas de semanas comenzamos una serie de entradas sobre masculinidades japonesas. Después de hablar de las masculinidades previas al Japón actual y de definir la llamada ‘masculinidad del sarariiman, explicamos qué pasó en Japón para que la figura del sarariiman perdiera fuerza y comenzaran a aparecer nuevas masculinidades a finales del siglo XX y principios del siglo XXI, tema de la entrada de hoy.

Recordemos que el sarariiman (o salaryman en inglés) es el omnipresente oficinista asalariado de traje oscuro y camisa blanca que puebla las oficinas y calles de Japón y que ejemplifica un tipo de masculinidad hegémonica hasta hace unos años en Japón. Durante los años de la posguerra se le vio como el ‘guerrero corporativo’ que pudo sacar el país adelante, pero a partir de 1990 sufrió directamente las consecuencias del estallido de la burbuja económica y su mundo se derrumbó.

sarariiman viejos

Imagen de Tsumatamago

Pero además de tener en cuenta las razones socioeconómicas de la pérdida de hegemonía del sarariiman, hay que tener claro también que la identidad de género no es estable y que continuamente se redefinen y se renegocian sus términos, haciendo que la representación del género cambie constantemente y así, la hegemonía del sarariiman está cada vez más contra las cuerdas con el auge de distintas masculinidades emergentes. Además, la existencia de hombres y mujeres que prefieren la soltería, el aumento de los divorcios, el retraso u oposición al matrimonio o la opción de no querer tener hijos demuestran la existencia de nuevas dinámicas de género que han puesto contra las cuerdas la estabilidad social, política y económica de Japón (Castro-Vázquez, 2012, p. 690).

Existen varias masculinidades emergentes, pero hoy nos centraremos en un fenómeno global, aunque de fuerte presencia en Japón, como es la feminización de la masculinidad (especialmente en oposición a las características de la masculinidad del sarariiman) ejemplificada por el hombre nuevo o shinjinrui y el hombre herbívoro o sōshoku danshi.

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El actor (y ahora también cocinero televisivo) Mokomichi Hayami es un ejemplo de esta nueva generación de hombres japoneses.

La feminización de la masculinidad: del shinjinrui al sōshoku danshi

Como resultado de todos estos cambios económicos, políticos y sociales, la masculinidad hegemónica del sarariiman se ha visto seriamente afectada y muchos hombres japoneses buscan, cada vez más, un modo de liberarse del concepto tradicional de masculinidad que los define como proveedores y sustentadores de la familia (Kitamura, 2008, p. 71). Pero la “crisis de la masculinidad” japonesa no es exclusiva de Japón, sino que es una crisis del discurso normativo que se distingue por representaciones y prácticas de fuerza, poder, control y dominación que diferencian la masculinidad de la feminidad. De hecho, el feminismo y los cambios laborales son dos de las causas que pueden causar esta crisis global (Shugart, 2008, p. 281).

La emergencia y evolución de discursos de masculinidad en el ámbito cultural más amplio ha sucedido en casi todas las naciones industrializadas (Shugart, 2008, p. 280). Así, ciertos aspectos de la cultura popular y de masas, como el manga, las series de televisión o las revistas, pueden, por un lado, diseminar y reforzar el discurso hegemónico, pero a la vez también pueden reírse de él o incluso sabotearlo (Dasgupta, 2011, p. 132) abriendo así nuevas posibilidades para que las masculinidades no hegemónicas puedan mostrarse y normalizarse.

El ‘hombre nuevo’ o shinjinrui

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Imagen de Okano

La fusión de los rígidos roles sociales en los que hombres y mujeres han sido encorsetados desde la década de los años 1950 (Shugart, 2008, p. 285) ha supuesto que las nuevas generaciones cada vez rechacen más el ideal previo de masculinidad del sarariiman que designa la cultura corporativa.

Este ideal se ejemplifica en la figura poco estética del oyaji, el hombre de mediana edad poco atractivo (Iida, 2005, p. 4) que se convertirá en el nureochiba, un hombre que se ha pasado la vida trabajando fuera de casa, desconectado de su familia y que cuando se jubila se convierte en todo un estorbo.

De hecho, la expresión nureochiba (lit. hojas mojadas caídas) se popularizó durante la década de los años 1980, aunque a veces también se utiliza la expresión sodaigomi ​​(lit. desechos de tamaño grande) para referirse a estos sarariiman jubilados que han perdido toda conexión dentro del hogar y que, una vez que se jubilan lo único que hacen, básicamente, es estorbar.

Las mujeres japonesas buscan hombres amables, comunicativos y cooperativos, por lo que muchos hombres jóvenes han empezado a buscar nuevas imágenes de masculinidad que van más de acuerdo con el deseo femenino. Las generaciones más jóvenes de la década de 1990 suelen recibir el nombre de shinjinrui, literalmente “hombre nuevo” (Iida, 2005, p. 4). Por cierto, este término apareció por primera vez en 1985 en el Asahi Journal en una serie de entrevistas a jóvenes y era un juego de palabras entre shinjin-rui (nuevas caras) y shin-jinrui (nueva raza) (Herbig y Borstorff, 1995, p. 49).

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Asahi Journal, 1985 y la primera aparición del término shinjinrui.

Los hombres shinjinrui son jóvenes brillantes, que tienen mucho talento y están bien educados, pero comúnmente no saben dirigir sus vidas ya que siempre han dependido de sus madres, de sus profesores o de sus superiores (Herbig y Borstorff, 1995, p. 50), porque han crecido en una sociedad jerarquizada en la que la mentalidad global pasaba por delante de la individual.

No obstante, se encuentran en un momento en el que hay un gran número de compañeros en la misma situación, la llamada “jerarquía horizontal” (Yamakawa, 2013, p. 43) o yokowari. Esto hace referencia a la división horizontal de una empresa, en la que la cooperación entre iguales es básica para el funcionamiento del departamento, porque al haber tantos compañeros en la misma situación se crea una desestabilización del orden social.

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Jóvenes en una sesión de búsqueda de empleo. Imagen de Baltic Asia

Así, son jóvenes que quieren disfrutar de los frutos cultivados por las generaciones anteriores (de la época de la reconstrucción y sacrificio nacional) y buscan una mejor calidad de vida, quieren tener tiempo libre para sus hobbies o para el refinamiento personal y buscan ‘salir’ del grupo y desarrollar una personalidad individual.

Son hombres que activamente usan estrategias y códigos estéticos típicamente femeninos, hombres de caras delicadas y hermosas, casi femeninas, con una piel suave, cejas depiladas, maquillaje en los ojos y en los labios y una forma corporal ciertamente andrógina que nos recuerda a los bishōnen de los manga (Iida, 2005, p. 2), los ‘chicos bonitos’ del manga para chicas, un tipo de personaje masculino con facciones y belleza muy femeninas.

Pero esta feminización de la masculinidad no sólo es una feminización física o estética, sino también de carácter. Parte del atractivo del nuevo hombre se encuentra en una supuesta mayor sensibilidad, especialmente en cuanto a los roles de género, y su disposición a llevar a cabo actividades tradicionalmente femeninas (Darling-Wolf, 2004a, p. 288). Son hombres que valoran las excursiones en familia, que celebran aniversarios y disfrutan de actividades de ocio en familia (Watanabe, 1993).

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Aiba Masaki interpreta a un joven padre en el dorama My Girl

Pero el shinjinrui no es exclusivo de Japón, tampoco. En un contexto global, la aparición del nuevo hombre surgió sobre los años 1970-1980 como respuesta a un cada vez más intenso movimiento femenino. Era un hombre que, según Collier (1992) tenía “cierta crisis de identidad a medida que sus novias descubrían el feminismo o el sexo sin penetración.” (Citado en Horsley, 2005, p. 27). Según Edwards (1997, p. 39), a mitad de la década de 1980 el hombre nuevo evolucionó siendo “cariñoso, dedicado a la crianza y sensible” por un lado y “narcisista, pasivo e introspectivo” por el otro. Este “nuevo hombre”, dedicado a aquellos a los que ama (sensible) pero preocupado también por su aspecto físico (narcisista) comenzó a hacerse popular en las revistas y la publicidad de la época.

El ‘hombre herbívoro’ o sōshoku danshi

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Eita en Hanako for men

Del shinjinrui ha surgido otra masculinidad más diferente a la hegemónica del sarariiman: es la del hombre herbívoro o sōshoku danshi, que legitima una relación de iguales entre hombres y mujeres, entre masculinidad y feminidad (Charlebois, 2013).

Fukasawa Maki acuñó el término “herbívoro” por primera vez en 2006 en una serie de artículos para la Nikkei Business Online titulada Guía para promocionar los danshi de menos de 35 años. El término se utilizó para referirse a un tipo de joven japonés que no era agresivo o activo (usaron la expresión gattsu gattsu shinai) en el amor y en el sexo (Yuen, 2013, p. 5).

Además, hacía referencia a los hombres heterosexuales que dan bastante importancia a la imagen personal (Kumagai, 2013, p. 162) y que son profesionalmente poco ambiciosos, consumistas, pasivos y que están poco interesados ​​en relaciones románticas heterosexuales (Charlebois, 2013). Es decir, hombres a los que les interesa la moda y la domesticidad y por tanto tienen intereses parecidos a los de las mujeres (Glasspool, 2012, p. 118).

Así, rechazan la masculinidad de las generaciones mayores y participan activamente en actos tradicionalmente tildados de femeninos como la cocina o la cata de dulces (Kumagai, 2013, p. 159). Sin embargo, pese a las críticas, especialmente de los mayores por su falta de ambición, espíritu y ganas de comunicarse con sus superiores, los hombres herbívoros también tienen cualidades integrales de la tradición cultural japonesa como son la ternura y la modestia (Kumagai, 2013, p. 159).

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Eita en Hanako for Men

Surgido como contrapartida a la masculinidad del sarariiman y como evolución del hombre nuevo, el hombre herbívoro japonés rechaza muchas prácticas asociadas con la masculinidad hegemónica, como un consumo excesivo de tabaco y de alcohol, la adicción crónica al trabajo, el analfabetismo emocional o la subordinación de las mujeres (Charlebois, 2013).

El término pronto caló en los medios de comunicación y surgieron miles de artículos y encuestas, especialmente en revistas femeninas, sobre la conveniencia de los hombres herbívoros, cómo atraerlos, etc.

De hecho, en 2009 empezó a publicarse una revista semestral especializada en hombres herbívoros, Hanako for Men, donde podemos encontrar una gran variedad de artículos sobre moda, cosmética, restaurantes, hobbies y cocina (Kumagai, 2013, p . 159).

Eita, un popular actor japonés nacido en 1982, ha aparecido en varias portadas de esta revista y, por lo tanto, ejemplifica para muchos qué es un hombre herbívoro. En las portadas y reportajes interiores suele aparecer cocinando, planchando, relajado en casa tomando un café o preparándose el desayuno, paseando a un perrito, cuidando de las plantas… vamos, en actitudes poco agresivas y más bien caseras, típicas del hombre herbívoro.

Otros nombres para la feminización de la masculinidad

Otro término similar, inventado por Megumi Ushikubo, fue ojōman, mezcla de los términos ojōsan (señorita, chica joven) y el inglés man (hombre). Ojōman quería referirse a los jóvenes de masculinidad ‘suave’ y poco ‘agresivos’ nacidos a mitad de la década de los años 1970 y 1980 que se preocupan por sus peinados, tienen buena relación con su familia, son ahorradores y disfrutan de quedarse en casa (Yuen, 2013, p. 5).

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Portada del manga OTOMEN

También apareció otro término, otomen, mezcla de los términos otome (chica soltera, señorita) y el inglés men (hombres), que se usó para referirse a jóvenes a los que les gustan las manualidades o hacer pastelería, por ejemplo (Yuen, 2013, p. 5), actividades tradicionalmente típicas entre las chicas jóvenes, pero no tanto entre los chicos.

Lo que es más interesante del término hombre herbívoro ‘o sōshoku danshi, sin embargo, es que el uso del término danshi no es habitual entre los hombres adultos ya que conjura imágenes de chico joven o adolescente (Yuen, 2013, p. 2). Convertir los ‘hombres’ en ‘chicos’ es más que la simple feminización de los hombres: es una reformulación de los contornos de la masculinidad hegemónica del Japón contemporáneo (Yuen, 2013, p. 2). El término, además, ha pasado a englobar varios tipos de hombres diferentes.

Ya sean las antiguas imágenes de los megane danshi (chicos que llevan gafas), los sūtsu danshi (chicos que llevan americana o blazer), los seifuku danshi (chicos en uniforme), los outdoor danshi (chicos que disfrutan de la naturaleza), los culture danshi (chicos a los que les gusta leer y ver películas indies), los biyō danshi (chicos preocupados por su estética), los fashion danshi (chicos a los que les gusta la moda), los creamy danshi (chicos algo pastelosos) o los actuales bentō danshi (chicos que se preparan su propia comida) y los mediáticos sōshoku danshi (chicos herbívoros), todo parece indicar que son imágenes ideales de hombres construidas desde la perspectiva de un cierto grupo de mujeres adultas (Yuen, 2013, p. 4) y publicitados en campañas de publicidad y marketing por los medios de comunicación.

Así, esta ‘generación danshi (danshi seidai) creció en el periodo de recesión económica de los años 1990, cuando noticias sobre quiebras, despidos, muertes y suicidios por exceso de trabajo (karoshi karōjisatsu) plagaban los medios de comunicación. Es por ello que son jóvenes ahorradores, no son agresivos en el trabajo y no tienen grandes expectativas porque saben que trabajar duro ya no les asegura nada. A diferencia de la generación oyaji o la generación de guerreros corporativos nacidos alrededor de la década de 1940 que se dedican en cuerpo y alma al trabajo, los danshi priorizan el tiempo personal y se dedican a sus aficiones y actividades de recreo (Yuen, 2013, p. 5), feminizando incluso su carácter.

megane danshi

Megane danshi, chicos que hacen de las gafas una auténtica declaración de intenciones.

Por ejemplo, Aoyama (2011, p. 155) hablaba de un hombre sensible de la nueva era: el hombre ‘cocinero’ o cooking man (o ryōri danshi, chicos a los que les gusta la cocina), un hombre que cocina por placer, como construcción social de la masculinidad, un perfil muy popular en los medios actuales y la cultura popular. Algunos ejemplos, aunque hay muchos más, son el manga Kukkingu Papa (Papa cocinero) y el dorama Zenkai Girl! que nos presentan hombres familiares que se dedican a cocinar para sus seres queridos.

Pero el hombre cocinero, aunque no sea familiar, tiene mucha tirada en el contexto cultural japonés actual, como demuestran los manga convertidos en dorama como Bambino! o Antique Bakery o el manga Yakitatte !! Japan, además de la popularidad de Mokomichi Hayami, un joven actor que presenta su propio programa de cocina en televisión (MOCO’s Kitchen, en la NTV dentro del espacio ZIP!) y que ha editado varios libros de recetas de cocina. Mokomichi representa perfectamente este ideal del cooking man: es un chico alto, estilizado, de facciones suaves que cuida su imagen y disfruta cocinando para los demás.

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Mokomichi cocinando… ¡no me extraña que el programa tenga éxito! :)

Tradicionalmente, la cocina era un espacio prohibido para los hombres, como demuestra el dicho japonés danshi Chubut ni iru bekarazu‘, que podríamos traducir como “los hombres no deberían entrar en la cocina”. Con el crecimiento económico de los años 1980 hubo un auténtico “boom gourmet” entre la clase media y se popularizó la imagen del hombre cocinero que ahora está en todas partes: en la televisión, en el manga, el cine y en la literatura (Aoyama, 2011, p. 156), algo que, en realidad, ha sucedido en todos los países occidentales.

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Los integrantes del grupo idol SMAP llevan cocinando en la televisión japonesa desde 1996.

Hay quien dicen, sin embargo, que el hombre cocinero surgió no tanto de una feminización de la masculinidad, sino de una actividad naturalmente masculina que enfatizaba el movimiento dinámico y muscular y rechazaba la domesticación y la formalidad. La musculinización/masculinización de la cocina (Aoyama, 2011, p. 160) era una clara crítica, pues, a la domesticidad y el estilo de vida suburbano de las clases medias y, de rebote, una crítica a las amas de casa de la época.

Actualmente, sin embargo, el hombre cocinero se presenta como un “amo de su casa” que quiere serlo porque le gusta participar de la vida familiar o para ser popular entre las compañeras de trabajo (Yuen, 2013, p. 3), porque naturalmente los hay también solteros que usan la cocina para ligar. Entre las mujeres, la popularidad de esta construcción de género, de esta representación de masculinidad suave o femenina puede ser debida a que ofrece una forma de masculinidad más “segura” (Glasspool, 2012, p. 119).

relaciones en japón

Imagen de JapaneseLevelUp

Todos estos términos demuestran que, en las últimas dos décadas, la tradicional división de trabajo según el género en la familia y los antiguos ideales de masculinidad poco a poco van desapareciendo (Yuen, 2013, p. 5). Pero no debemos caer en la trampa de pensar que el surgimiento de masculinidades alternativas es un indicador de que las relaciones de género en Japón son cada vez más igualitarias. Más bien, las masculinidades herbívoras marcan un contexto en que las prácticas de género de la masculinidad hegemónica no están disponibles.

No obstante, dado que la estabilidad y el orden de la economía patriarcal depende del mantenimiento de fronteras de género claras, los defensores de la masculinidad hegemónica encuentran amenazadora la aparición de jóvenes que abiertamente acogen una estética y unas estrategias típicamente femeninas. Desde un punto de vista patriarcal, la “feminización de la masculinidad” se explica como una crisis en la que los aspectos femeninos ‘contaminan la base de la hegemonía cultural y erosionan la masculinidad definida convencionalmente’ (Iida, 2005, p. 5).

Se llamen como se llamen, ya sean sōshoku danshi, ojōman, otomen o incluso cooking man, parece evidente, por la manera en que estos ‘chicos’ son descritos por diferentes autores y publicaciones*, que son vistos como un nuevo grupo de hombres totalmente diferente al sarariiman.

Parece claro, además, que los hombres herbívoros no sólo huyen de la masculinidad tradicional, sino que la feminizan (Kumagai, 2013, p. 162), como parecen hacerlo muchas de las masculinidades alternativas a la normativa. Las críticas hacia una feminización de la masculinidad en Japón recuerdan, no obstante, a las reacciones durante la década de 1980 con los yuppies estadounidenses, jóvenes heterosexuales urbanos y modernos, de éxito y sofisticación, que iban siempre arreglados (Shugart, 2008, p. 283) o también hacia la metrosexualidad de los hombres occidentales de comienzos del siglo XXI, que era vista como una “debilidad” y los metrosexuales “tristes incapaces de retener su sentido de la masculinidad” (Bill, 2006), porque se entendía como una intersección entre la masculinidad normativa heterosexual y la masculinidad afeminada y gay (Shugart, 2008, p. 292) y por tanto llena de ambigüedad sexual.

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David Beckham, ejemplo perfecto del metrosexual de la década de 2000. Imagen extraída de la web de Mark Simpson.

El término metrosexual, creado en 1994 por el periodista Mark Simpson, hacía referencia a un nuevo tipo de hombre narcisista, ejemplificado en aquella época por David Beckham o Brad Pitt (Bill, 2006) y pasó a captar miles de titulares de libros y revistas. La metrosexualidad fue una moda pasajera (seguida de muchas otras modas, como el spornosexual actual), pero no pasó porque sí. Cuando los valores de género convencionales no consiguen seguir representando la conciencia de género de la población más joven, la reivindicación de identidades de género alternativas se convierte en una práctica cultural creativa (Iida, 2005, p. 6). La metrosexualidad sirvió de función retórica, vital y estratégica, como parte de un discurso más grande y actual sobre las nuevas masculinidades y la crisis de la masculinidad normativa (Shugart, 2008, p. 295).

Así, aunque no podemos dejar de plantearnos si la etiqueta de “hombre herbívoro” no es simplemente también una moda pasajera, como lo fueron en Occidente términos tan populares mediáticamente hablando como los de metrosexual, primero, o los conceptos de ubersexual y heteropolita después, lo cierto es que su importancia dentro de las teorías de género actuales es innegable, ofreciendo a los jóvenes japoneses la posibilidad de explorar nuevas identidades de género fuera del ideal hegemónico.

Sin embargo, las masculinidades ‘femeninas’ del hombre nuevo o el hombre herbívoro y los demás danshi no son las únicas masculinidades emergentes del siglo XXI… Y las hay muy diferentes, tanto comparadas con el sarariiman como comparadas con las masculinidades más femeninas expuestas en este post, como la masculinidad del otaku o la del pequeño (neo)nacionalista, además de masculinidades más ‘masculinas’ (ejemplos de hipermasculinidad) que también podemos encontrar en Japón actual.

Pero esto ya… ¡para otra entrada!

* Según Fukuzawa (2009), “un nuevo tipo de masculinidad” (atarashii otokorashisa wo Motta sonzai); en Hataraku onna (2009) “un nueva generación de hombres” (shinseidai no danshi); según Ushikubo (2008) “un nuevo ser” (aratana ikimono) (citado en Yuen, 2013, p. 5).

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Eita, Oguri Shun, Tsumabuki Satoshi y Miura Haruma en un anuncio del gel de pelo UNO. Ejemplos perfectos de hombres nuevos y herbívoros.

Más sobre masculinidades japonesas

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NOTA: Podéis ver el trabajo original (en catalán) aquí.

Bibliografía completa

Por una cuestión práctica, se enumera la bibliografía de todo el trabajo de fin de máster y no exclusivamente de este capítulo en concreto:

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