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Haragei (腹芸) significa literalmente ‘el arte del vientre’ y se refiere a una costumbre japonesa de dejar una parte importante de la comunicación a las insinuaciones.

El silencio y los eufemismos o afirmaciones vagas tienen en la comunicación japonesa una importancia vital. A partir de ellos se comunican sentimientos y pensamientos que de otra manera, de viva voz, no podrían ser transmitidos. El haragei es el arte de usar el vientre, nuestro interior, para interpretar las insinuaciones del otro interlocutor, todo sin usar el habla. Es el arte de la comunicación no verbal.

“Muchos japoneses tienen la firme convicción de que si han de recurrir a las palabras para comunicar sus sentimientos, no están comunicando verdaderamente.”
Carlos Rubio

La clave del haragei es, pues, insinuar, más que afirmar claramente y evitar así ofender al otro interlocutor, algo muy relacionado con la necesidad japonesa de mantener la armonía social (wa) y no perder las formas ante el otro (tatemae). Para los japoneses, es en el vientre, en el hara, donde se encuentra la verdad, en contraposición con nuestra parte externa o visible, que es propensa a engaños (*).

¿No os ha pasado alguna vez que el japonés no os dice claramente que “no” a algo, sino que  gira ligeramente la cabeza mientras murmura algo (‘maaa’, ‘hum’, ‘sōka…’) o dice alguna frase vaga del estilo de ‘se intentará’ o ‘ya veremos’ o algo así? Eso es haragei, la habilidad de decirte que ‘no’ sin decírtelo claramente, con la intención de transmitírtelo de otra manera. Y tu capacidad de entenderlo sin mediar palabra. Así pues, el silencio puede pues ser sinónimo de honradez (puesto que el vientre no engaña), de discreción social, de vergüenza o de resistencia, ya que expresar los propios deseos abiertamente se considera ingenuogrosero o de mala educación (**), además de que a veces puede poner a ambos interlocutores en una situación embarazosa.

haragei

Imagen de doradoradora

Por el contrario, en algunas sociedades occidentales el silencio en comunicación suele ser no sólo incómodo sino también sospechoso (¿qué estará pensando en realidad? ¿qué me esconde?). Esto es así porque debido a nuestros orígenes griegos valoramos mucho la retórica como herramienta, pero los japoneses transmiten a través del silencio, los gestos y las expresiones faciales una serie de emociones y sentimientos que sienten que no pueden decirse en palabras. En Oriente, se valora más el silencio porque la idea de base es que quien habla muy bien, te puede engañar, mientras que la persona que no habla demasiado es más pura y sincera.

(*) Lebra, Takie Sugiyama (1976). Japanese Patterns of Behavior. Honolulu: University of Hawaii Press (pág. 160)
(**) Rubio, Carlos (2013). El Japón de Murakami. Las señas de identidad del autor de Tokio blues. Un viaje hacia el país que configura su universo. Madrid: Aguilar (pág. 435)