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La isla de Sado es la sexta isla más grande de Japón, por detrás de las cuatro islas principales y de Okinawa. Se encuentra situada enfrente de la ciudad de Niigata con lo que es fácilmente accesible desde allí y es un destino perfecto para aquellos que busquen algo fuera de los circuitos turísticos tradicionales.

Aunque la isla de Sado tiene muchas cosas que ofrecer, uno de sus principales atractivos turísticos son las antiguas minas de oro o Sado Kinzan (佐渡金山), una visita extremadamente recomendable y que bien merece la escapada hasta Sado desde Niigata… ¡las recomendamos muchísimo!

Os contamos nuestra experiencia a continuación y os damos más información sobre el resto de la isla de Sado, para que podáis decidir si queréis añadirla a vuestro itinerario por Japón.

Las antiguas minas de oro

Las antiguas minas de Sado o Sado Kinzan fueron las minas de mayor producción de todo Japón. Al estar en una isla algo alejada de Edo (la actual Tokio) puede parecer que no fueron tan importantes, pero la realidad es que su importancia y rendimiento es similar a la de las minas de Potosí (Bolivia) o a las Zacatecas (México), por ejemplo.

Las minas fueron descubiertas en 1601 por tres buscadores de oro de la cercana mina Tsurushi. Tres años más tarde, en 1604, Iwaminokami Okubo fue designado responsable general de las minas por el gobierno de Tokugawa Ieyasu que paso a controlarlas directamente a través de la llamada Oficina del Magistrado. Unos años más tarde, en 1622, se acuñó la primera moneda de oro o Sado koban y en 1696 se completó el drenaje del túnel Minamizawa, de 922 metros de longitud, resultado de la introducción de nuevos equipos para drenar, algo que desde siempre había sido uno de los principales problemas de la mina.

Las venas de oro se extendían más de 3.000 metros hacia el este y el oeste, 600 metros hacia el norte y el sur y 800 metros en profundidad, con lo que la longitud total de los túneles alcanzó los 400 kilómetros.

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Así pues, las minas fueron la mayor fuente de ingresos del shogunato Tokugawa que pasó a controlar la isla y las minas directamente durante 267 años.

En 1869, con la restauración de Meiji, el gobierno se hizo cargo de las minas, que pasaron a manos de una familia leal al gobierno en 1889 hasta que en 1896 fue vendida a la empresa Mitsubushi. En estos años, la producción de la mina aumentó gracias a la introducción de modernas tecnologías mineras por parte de un ingeniero de minas inglés llamado Erasmus Gower, entre otros. La mina cerró sus puertas finalmente en 1989, hace relativamente poco, y desde entonces pueden visitarse de manera turística. Cuando nos enteramos de esto nosotros también nos sorprendimos, sí.

Durante sus 388 años de funcionamiento, las minas produjeron 78 toneladas de oro y 2.330 toneladas de plata, lo que supone la mayor producción de oro de todo Japón durante ese periodo. El periodo de mayor producción de la mina fue durante la era Tokugawa con 41 toneladas de oro. Durante la era Meiji se consiguieron 8 toneladas de oro, durante la era Taisho 7 toneladas y finalmente durante la era Showa 22 toneladas de oro.

En la actualidad, las minas de oro de Sado están abiertas al público y disponen de muchísima información, tanto en paneles explicativos como en pequeños montajes con muñecos mecanizados, que nos hará comprender no sólo cómo funcionaban las minas desde sus inicios, sino también su importancia dentro de la historia japonesa.

Existen dos túneles que podemos recorrer caminando: el túnel del periodo de Edo (Sōdayu) y el túnel del periodo de Meiji (Dōyu). En función del tiempo que tengamos podemos escoger visitar uno o ambos. La entrada cuesta 900 yenes por túnel aunque si escogemos el billete combinado que nos permite ver los dos, el precio es de 1.400 yenes. Las minas están abiertas todos los días de 8:00 a 17:30 horas (de abril a octubre) y de 8:30 a 17:00 horas (de noviembre a marzo).

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El túnel del periodo de Edo o túnel Sōdayu, que no es más que la parte oeste de la vena Aoban, una de las venas de oro más ricas de esta mina, se cavó a mano a comienzos del periodo de Edo. Disponía de nueve venas principales ricas en oro y plata (en Sado, el oro contenía un 30-40% de plata) y actualmente podemos ver de primera mano cómo era la vida en la mina durante esa época.

El túnel fue declarado monumento histórico nacional el 24 de mayo de 1994.

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En el periodo de Edo, los mabu o túneles mineros recibían el nombre de la persona que descubría la vena o el del supervisor de las operaciones mineras, por lo que el túnel Sodayu se llama así en honor a su oyamashi, el especialista que desarrolló y trabajó toda la mina. Éste fue el túnel principal de la mina durante la década de 1690 cuando tanto la tecnología minera como el sistema de transporte mejoraron considerablemente. Un ejemplo de ello es la bomba de drenaje suishorin que comenzó a utilizarse en las minas de Sado en 1653.

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Cabe recalcar que la gran pendiente del túnel baja más allá del nivel del mar. Es por ello que a medida que las operaciones alcanzaban profundidades mayores, la cantidad de agua aumentaba de forma constante, por lo que el drenaje se hizo muy necesario. En 1653 se creó una bomba de drenaje hecha de madera y bambú y, según parece, los especialistas encargados de usarla y mantenerla (llamados toibiki-ninpu y mizukae-ninsoku) recibían buenos salarios.

Sin embargo, los trabajadores de drenaje básicos (mizukae-mushuku) tenían que trabajar sin parar durante dos días y debido a la falta de mano de obra, el shogunato Tokugawa decidió reclutar a personas sin registro o mushukuin en las grandes ciudades de Edo y Osaka y mandarles a trabajar a la mina de Sado.

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Las excavaciones del túnel son un ejemplo perfecto de los túneles mineros del periodo de Edo. Aquí podemos encontrar túneles pequeños, antiguas entradas a canteras de exploración, agujeros de ventilación en el techo y las típicas entradas de los túneles de la época, además de fuelles chinos usados para ventilar los túneles de hollín y polvo que contaminaban el aire.

Además, podemos ver cómo, cuando el techo del túnel no era lo suficientemente fuerte, debían proteger la galería con vigas de madera. Los encargados de ello eran los yamadome-daiku o madereros que trabajaban directamente en las minas para asegurarlas. Su trabajo se consideraba tan importante que estaban bajo el control directo de la oficina del magistrado.

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Los mineros de realce buscaban minerales golpeando cinceles ligeramente con un martillo, una técnica que les permitía usar cinceles pequeños y evitar golpearse los dedos. Eso sí, los cinceles solían durar sólo un par de días y después tenían que llevarse a reciclar a la forja.

En comparación con otros trabajadores de la mina, los mineros de realce recibían un trato especial por ser técnicos especialistas. Tenían turnos de cuatro horas y se les permitía comer y descansar sobre esteras de paja en la galería.

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Para encontrar una vena de oro, los mineros solían cavar horizontalmente (llamado hittate-bori, en japonés), hacia arriba (kanmuri-bori) y hacia abajo (dai-bori). Cuando no la encontraban, calculaban cuál podía ser su dirección para encontrársela en el ángulo correcto. Un ejemplo de ello es el pequeño túnel Tanuki-ana (literalmente, agujero de tanuki) que se cavó en busca de una vena de minerales. Este tipo de túneles eran tan pequeños que apenas se podía pasar por ellos.

En algunos puntos (como en el Tanuki-ana de la foto) todavía podemos ver ciertos tonos verdosos en las rocas, que no es más que toba volcánica solidificada de hace 30 millones de años, ni más ni menos.

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Los túneles se solían inspeccionar únicamente con un cincel y un martillo para buscar venas de oro y plata y tan sólo se excavaban galerías después de planificar detalladamente su longitud, amplitud, altura y tiempo requerido para cavar.

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Cuando finalmente se encontraba una vena con grandes cantidades de oro y plata, se celebraba con un festival tradicional en la propia mina en el que se rezaba para que los minerales se reblandecieran y fueran fáciles de obtener.

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Los trabajadores que transportaban el oro desde las profundidades de la mina hasta su entrada eran inspeccionados a la salida del túnel. Estos transportistas usaban una bolsa de paja que pesaba unos 19 kilos.

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El túnel del periodo de Meiji o túnel Dōyu se usó hasta el cierre oficial de las minas en 1989. Aquí podemos encontrar mucha información sobre la era industrial japonesa así como ver de primera mano cómo las técnicas y herramientas mineras evolucionaron y se modernizaron con el tiempo.

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Siguiendo las vías llegamos al parque Takato y a la zona de mantenimiento y exposición del equipo minero, donde podemos ver cómo eran los trenes usados para transporte y un montón de herramientas y maquinaria diversa.

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Además, desde la zona del parque Takato, se tienen vistas preciosas de la cantera Dōyu-no-Wareto, declarada Reliquia Histórica Nacional en 1967, lugar donde se originó la mina y símbolo de las minas de Sado.

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Si nos acercamos a la cantera, pasando previamente por el santuario Takato, podemos ver el agujero principal de la mina.

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Además de los túneles, la visita a las minas de oro de Sado se completa con un museo y sala de exposiciones en el que podemos ver un ejemplo de la estructura de túneles de las minas, reproducciones de la época y mucha información sobre los minerales y la producción de la mina (y hasta intentar levantar un lingote de oro).

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A la salida, además, encontramos una tienda y una pequeña casa de té donde tomar un helado con láminas de oro, por ejemplo… ¡delicioso, sorprendente y divertido!

Visitas guiadas

Existen visitas guiadas (exclusivamente en japonés) de 80 minutos de duración que nos permitirán acceder a zonas cerradas y cercanas a las minas.

La visita ‘Herencia industrial’ nos lleva en autocar por algunas localizaciones históricas del periodo industrial de Sado, como puede ser la oficina del magistrado, así como por túneles, ascensores bajo tierra y diferentes plantas (de demolición, fundición o envío), todo localizaciones candidatas a ser Patrimonio de la Humanidad. Estas visitas guiadas comienzan todos los días a las 9:00, 11:00, 13:00 y 15:00 horas durante los meses de abril a noviembre y cuestan 2.200 yenes. No se habla nada de inglés, eso sí.

La visita  ‘Aventura de un buscador de oro’ nos lleva por los oscuros túneles del periodo de Edo donde podremos experimentar (con casco y linterna, eso sí) cómo buscaban oro en la época. Esta visita comienza todos los días a las 10:00, 12:00 y 14:00 horas durante los meses de abril a noviembre y cuesta 2.400 yenes. No se habla nada de inglés, tampoco.

Tenéis más información en la página web oficial (en japonés).

Cómo llegar

La mejor manera de llegar a las minas es en coche de alquiler, ya que el transporte público dentro de la isla de Sado es relativamente escaso y más si vamos con el tiempo justo (pero se puede hacer, como explicamos a continuación). En caso de que os interese un coche de alquiler, os recomendamos echar un vistazo a la página de nuestros colaboradores (y así de paso nos ayudáis un poco a mantener el sitio).

Si en lugar de coche nos hemos decidido por el transporte público, podemos tomar la línea principal de autobús [1] Honsen desde Ryotsu hasta Aikawa (1 hora, 820 yenes) y desde ahí cambiar a la línea [6] Nanaura Kaigan hasta Sado Kinzan (10 minutos) o tomar un taxi o una bicicleta hasta las cercanas minas.

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Visita a la isla de Sado

La isla de Sado está cubierta por dos cordilleras: la grande cordillera Osado al norte y la pequeña cordillera Kosado al sur. Entre medias encontramos la planicie de Kuninaka y la mayor ciudad de la isla: Ryotsu, aunque el puerto de Ogi también es importante.

En el mapa superior hemos anotado muchos puntos turísticos y cosas que ver y hacer en Sado, entre las que destacamos, además de la visita a las minas de Sado, las siguientes:

  • Visitar la oficina del magistrado, una serie de edificios que funcionaron como centro político de la isla controlada directamente por el shogunato Tokugawa. Desde ahí se controlaba la producción de las minas y se realizaban tareas de administración.
  • Tomar un barco tradicional de madera taraibune desde el puerto de Ogi, una de las actividades más populares de la isla (especialmente desde las islas Yajima y Kyojima). Además, si estamos en Ogi a finales de agosto podemos disfrutar de uno de los festivales más importantes de la zona: el Earth Celebration organizado por el famoso grupo de tambores taiko Kodo que tiene su sede en la isla, el famoso pueblo Kodo Village, donde podemos probar a tocar el taiko.

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  • Pasear por el pequeño pueblo Shukunegi, famoso por sus calles llenas de canales y sus casas de madera de antiguos barcos. Destacan un par de casas rehabilitadas (que podemos visitar) y una casa de madera con forma de barco.
  • Disfrutar de las vistas de la bahía Senkaku, al noroeste de la isla, un parque casi-nacional con preciosos acantilados. Las mejores vistas se tienen desde el parque Ageshima, aunque si tenemos tiempo es recomendable tomar un crucero turístico por la bahía. Cerca tenemos también el precioso faro Sado Osaki y el acuario de la bahía de Senkaku.

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  • Visitar la pagoda de cinco pisos del templo Myosen-ji (cerca de Mano), que data de 1825 y acercarse a ver el antiguo y tradicional teatro Nō, que data del siglo XIX, cerca del santuario Daizen (en Mano).
  • Acercarse hasta el templo Konpon-ji (en Niibo), que data del siglo XVII y es conocido por ser el lugar donde el monje budista Nichiren vivió durante su exilio en la isla. Alternativamente, también podemos ver los jardines del templo Myōshō-ji (en Sawata), donde Nichiren vivió durante dos años o el cercano templo Jisso-ji donde Nichiren solía meditar y donde podemos encontrar un monumento en su honor.

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  • Conocer más sobre la historia de la isla en el Museo de historia de Sado, donde podemos encontrar exposiciones sobre la historia de Sado como lugar de exilio, eventos históricos y personajes célebres. Eso sí, casi todo en japonés.
  • Si nos gusta conducir y disponemos de un coche de alquiler, podemos hacer la ruta escénica Osado que va desde Chigusa hasta las minas de Sado y ofrece vistas panorámicas durante la mayor parte de su recorrido. Si vamos en coche, hacia el noreste de la isla encontramos un bosque de cedros, ¡precioso!
  • Subir hasta la roca Ono-game, a 167 metros sobre el nivel del mar y disfrutar de las vistas. O desde la playa, ver las bonitas Futatsugame.

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  • Imaginarnos que somos buscadores de oro en el parque Nishimikawa, donde podemos intentar encontrar oro (¡y llevárnoslo a casa!).
  • Pasear por los jardines Toki no mori para aprender más sobre el ibis japonés, símbolo de toda la zona de Niigata.
  • Darnos un chapuzón en alguna de las playas de la isla, la gran mayoría de las cuales tiene también zona de campings u onsen.
  • Probar sake de Sado (hecho con arroz típico de Sado) en alguna de las fábricas de la isla, las tenéis marcadas en el mapa.
  • Si vamos en coche, hacer una ruta por los faros de Sado… ¡merece la pena!

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Comer en Sado

En Sado destaca la calidad de su pescado y marisco, además de su arroz (y producción de sake), por lo que recomendamos probar alguno de los ingredientes o platos típicos:

  • Benizuwaigani o cangrejo de nieve rojo de las aguas de Sado.
  • Nambanebi o gamba dulce, también conocidas como amaebi, perfectas para comer crudas.
  • Kamburi o jurel pescado en invierno, con más grasa que el buri normal. Otro plato de jurel típico de Sado es el Burikatsu-don, un cuenco de arroz de Sado con jurel frito con una salsa de soja y dashi.
  • Pescado y mariscos de Sado, especialmente en sashimi, además de moluscos varios como kaki u ostras de Sado, además de sazae o caracol gris y awabi o abalone.
  • Ika Somen o patas finas de calamar de Sado.
  • Okesa Gaki o caqui de Sado, de gran calidad.
  • Arroz koshihikari y arroz toki to kurasu sato, ambos cultivados en Sado.

Dónde dormir

Existen varias opciones de alojamiento por toda la isla de Sado para aquellos que quieran explorarla con tranquilidad.

Poco a poco iremos añadiendo las mejores opciones en el mapa superior, pero mientras tanto podéis echar un vistazo a este listado de los mejores alojamientos en Sado.

Festivales y festividades

Hay muchos festivales en la isla, aunque destacamos los siguientes:

  • Exposición de muñecas y altares del festival Hina Matsuri. Para celebrar el Hina Matsuri, son muchos los establecimientos y casas que exponen sus  Marzo, especialmente en Aikawa y Ryotsu.
  • Earth Celebration. El festival e música y artes internacional más conocido de la isla, organizado por el grupo de taiko Kodo. Finales de agosto, en Ogi. En 2016, el festival Earth Celebration se celebró el 26, 27 y 28 de agosto.
  • Mercadillos de Ondeko y Toki Yubae. Mercadillos con muchísimos puestos callejeros y bailes de deidades (ondeko) e ibis japonés (toki). Comienzos de octubre, en Niibo.
  • Ceremonia Do-oshi. Ceremonia sagrada del fuego para conseguir cambiar la suerte de aquellos hombres con edades consideradas ‘de mala suerte’. 3 de enero, templo Bishamon-do en Tsukibuse (Ryotsu).

Cómo llegar a Sado

La mejor manera de llegar a la isla de Sado es en ferry desde Niigata hasta Ryotsu, aunque las ciudades de Ogi y Akadomari también están conectadas por ferry con Naoetsu y Teradomari, respectivamente.

Desde Niigata, disponemos de dos opciones operadas por la empresa Sado Kisen hasta Ryotsu: ferrys para coches (2,5 horas, unos 2.510 yenes/persona) y aerodeslizadores de gran velocidad jetfoil (1 hora y 6.520 yenes/persona).

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Alternativamente, desde Naoetsu, la compañía Sado Kisen opera varios ferrys para coches con destino Ogi (2,5 horas y 2.750 yenes/persona) y desde Teradomari varios ferrys (no para coches) de alta velocidad hasta Akadomari (1 hora, 2.960 yenes). Eso sí, en ambos casos los ferrys no circulan durante los meses de invierno (desde finales de noviembre hasta marzo).

Cómo moverse por Sado

La manera más cómoda de moverse por Sado, como hemos mencionado anteriormente, es en coche de alquiler. En caso de que os interese un coche de alquiler, os recomendamos echar un vistazo a la página de nuestros colaboradores (y así de paso nos ayudáis un poco a mantener el sitio).

Si ésa no es una opción para nosotros, tenemos dos alternativas: los taxis turísticos (sólo en japonés) o los autobuses, ya que la isla de Sado no dispone de tren. Los taxis turísticos son buena idea si hablamos algo de japonés y viajamos en grupo (5, 6  o 10 personas). Existen 17 rutas preestablecidas, aunque se pueden acordar cambios con el conductor.

En cuanto a los autobuses, la isla de Sado tiene una buena red de autobuses (16 líneas, tenéis las principales marcadas en el mapa) que cubren más o menos todos los puntos turísticos, pero su velocidad y frecuencia de paso deja mucho que desear, aunque es una manera genial de ver cómodamente la isla y sus habitantes.

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Existen tres pases de autobús perfectos para recorrer la zona con viajes ilimitados: el pase de un día (1.500 yenes), el pase de dos días (2.500 yenes) y el pase de tres días (3.500 yenes). Los pases pueden comprarse en las oficinas de información de la compañía Niigata Kotsu Sado.