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Ya son tres los Yokozuna que encabezarán la clasificación del próximo torneo de mayo, el Natsu Basho. Sin embargo la nueva promoción de Kakuryu hará que los tres grandes campeones del sumo sean de nacionalidad mongola, y eso gracias a los cambios en las normas establecidas por la propia Asociación Japonesa de Sumo tratando de conseguir la promoción de un luchador japonés.

Un ligero vistazo atrás

Recapitulemos, porque para los que no sigan el mundo del sumo con mucha asiduidad todo esto les puede sonar raro. Desde que en 1986 se promovió a Futahaguro al máximo grado del sumo sin haber conseguir ni un solo triunfo en la máxima división y a raíz de los acontecimientos posteriores protagonizados por este luchador (y de los que hablaremos en un próximo artículo), la Asociación de Sumo impuso unas normas no escritas mucho más rígidas para la obtención del máximo grado. El primero que las sufrió fue el hawaiano Konishiki, que a pesar de conseguir dos triunfos en tres torneos con un resultado global de 38-7, vio como le era negada la promoción, en una decisión que con el tiempo resultó ser acertada ya que el norteamericano no consiguió nunca rendir al mismo nivel debido, quizás, a su excesivo peso (llegó a alcanzar los 275 kilos) y a sus maltrechas rodillas.

No fue el único que sufrió la rigidez de las normas japonesas. Takanohana, uno de los mejores luchadores japoneses de todos los tiempos, vio como en 1993 se le negaba la promoción a Yokozuna a pesar de que en cuatro torneos había conseguido un título y tres subcampeonatos (uno de ellos perdido en el desempate) con un fantástico registro de 50-10, y tuvo que esperar hasta conseguir dos títulos de forma consecutiva a finales de 1994 para que por fin su esfuerzo fuera recompensado con el máximo grado del mundo del sumo, y eso a pesar de que sumaba ya SIETE títulos de la máxima división.

El gran Yokozuna Takanohana, que no fue promovido hasta que llevaba siete títulos

El gran Yokozuna Takanohana, que no fue promovido hasta que llevaba siete títulos.

La popularidad del sumo en declive

Este rígido sistema parecía seguir en vigor hasta que los luchadores extranjeros empezaron a copar los primeros puestos del banzuke o clasificación. El último luchador japonés en lograr un título fue Tochiazuma en enero de 2006 y desde entonces todos los triunfos han sido para los sumotori de Mongolia, salvo en dos ocasiones en que la Copa del Emperador fue alzada por el búlgaro Kotooshu y por el estonio Baruto (ambos ya retirados).

Durante esta época, además, la Asociación de Sumo tuvo que luchar contra una serie de escándalos que minaron la popularidad del deporte en Japón. Amaño de combates, apuestas ilegales, la muerte de un joven luchador por recibir malos tratos… todo esto hizo que el interés de los japoneses por su deporte nacional cayera hasta mínimos históricos, teniendo incluso que suspenderse en varias ocasiones los tradicionales torneos de exhibición por diferentes regiones japonesas al no encontrar empresas dispuestas a cubrir los gastos de organización de dichos eventos.

El Yokozuna Hakuho

El Yokozuna mongol Hakuho, gran dominador actual del mundo del sumo.

En 2011 los grados de Yokozuna y Ozeki estaban copados por los luchadores extranjeros. Estaba claro que la Asociación de Sumo debía hacer algo para revertir la situación, y en el plano deportivo se comenzó a promover a determinados luchadores japoneses al grado de Ozeki rebajando ligeramente los requisitos necesarios. Era la forma de conseguir que los aficionados locales se identificaran con sus luchadores y volvieran a mostrar interés por un deporte en franca decadencia ante las nefastas decisiones tomadas por sus rectores.

La Asociación monta la trampa… y cae en ella

Los Ozeki promovidos no mostraban tener la habilidad y destreza suficiente como para llegar más arriba, y por el contrario esa laxitud hizo que otros luchadores extranjeros pudieran también acceder a ese segundo grado del sumo. Sin embargo la cosa cambió cuando el japonés Kisenosato alcanzó un gran estado de forma a mediados del 2013, que le hizo conseguir cuatro subcampeonatos de forma consecutiva con un registro global de 48-12.

Parecía que por fin había un luchador japonés en disposición de conseguir un título y la Asociación de Sumo se moría de ganas de promover a un local al máximo grado del sumo, con la esperanza de que eso volviera a traer a los aficionados a las gradas del Kokugikan. Para ello durante el pasado año ya se comenzó a preparar el ascenso, diciendo que si Kisenosato conseguía un título habría ya demostrado ser merecedor del ansiado ascenso… incluso en noviembre de 2013 se llegó a afirmar que si perdía el campeonato en un desempate, ese registro contaría como si hubiera sido campeón, en un claro intento de rebajar al mínimo los requisitos que se exigían hasta ese momento.

El Ozeki Kisenosato

El Ozeki Kisenosato era la gran esperanza japonesa del sumo.

El problema de poner una trampa así es que puede que no caces la pieza que esperabas, y eso fue lo que le ocurrió a la Nihon Sumo Kyokai. Empecinados en promover a un japonés, no cayeron en la cuenta de que esas normas podían valer para otros luchadores, y ahí estaba el mongol Kakuryu para aprovecharse de ellas.

En enero de 2014 el japonés Kisenosato realizaba un mal torneo y finalizaba 7-8, con lo que se evaporaban todas las expectativas que la Asociación había puesto en su promoción. Pero, por el contrario, Kakuryu finalizaba con un fabuloso registro de 14-1, perdiendo además el título frente al Yokozuna Hakuho en un desempate. Se acababa de cerrar la trampa y quién había caído en ella era la propia Asociación de Sumo. Ahora no podía desdecirse y se veía en la obligación de mantener para el mongol Kakuryu los mismos criterios de promoción que tan magnánimamente la habían ofrecido al japonés Kisenosato.

El Haru Basho o Torneo de Osaka del pasado mes de marzo dictó sentencia. Realizando una gran competición, el Ozeki de Mongolia repetía el registro de 14-1 y además se llevaba el título de la máxima categoría, poniendo a la Asociación en un brete. Ahora ya no podía echarse atrás, y la propia prensa japonesa dio por hecho que Kakuryu sería promovido en unos días, utilizando para ello las propias normas que la Kyokai había propuesto para buscar la promoción de Kisenosato. Atrapados sin salida, la Asociación de Sumo no tuvo más remedio que promover a Kakuryu al máximo rango del mundo del sumo.

Kakuryu con su grupo de seguidores festejando el título de marzo

Kakuryu con su grupo de seguidores festejando el título de marzo.

En poco más de un mes se inicia en Tokio el Natsu Basho, y en él tendremos a tres Yokozuna, los tres de Mongolia y sin ninguna opción a la vista de promover a un japonés. No sabemos si la Asociación de Sumo volverá a endurecer los requisitos de promoción, seguramente todo dependerá del rendimiento de Kakuryu desde ahora en adelante, pero lo que sí está claro es que a partir de ahora se andará con más cuidado a la hora de tomar según qué decisiones. O al menos eso esperamos por el bien del deporte nacional japonés.