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La geisha

La geisha: arte y tradición en la cultura japonesa

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La geisha (芸者) es una mujer que ha estudiado profundamente las artes tradicionales japonesas. Esto incluye música y baile tradicional y ceremonia del té, por ejemplo. Además también se ha formado lo suficiente para ser capaz de mantener activa una reunión, dando conversación, inventándose juegos, etc. En Kioto suelen recibir el nombre de geiko (芸妓), mientras que en otros puntos de Japón suelen llamarse geigi (芸妓).

Para una aprendiza o maiko, llamar la atención y dejar al cliente con la boca abierta es fácil: simplemente tiene que aparecer y dejarse ver. Su kimono y el enorme obi de colores llamativos, los vistosos ornamentos en el pelo y su elaborado peinado sorprenden a cualquiera.

Para una geisha, sin embargo, sorprender es un poco más complicado. Esta mujer viste un kimono más sobrio y es en general menos ostentosa en su apariencia, mucho más madura. Es por ello que la única forma que tiene de asombrar al cliente es a través de sus dotes artísticas, así como la inteligencia de su discurso, su personalidad y su manera de ser.

Geigi bailando en Aizu-Wakamatsu
Geigi bailando en Aizu-Wakamatsu

La geisha

De maiko a geisha: el erikae

A la edad de 20 o 21 años o básicamente cuando la chica esté preparada, la maiko se convierte en geisha a través de una ceremonia llamada erikae, literalmente, «cambio de cuello». Esta ceremonia justamente consiste en cambiar el cuello del kimono, de ahí el nombre. Si en el caso de la maiko el cuello del kimono era de patrones rojos y blancos, el cuello del kimono de la geisha será totalmente blanco.

Asimismo, para el erikae, la joven también cambiará el estilo del kimono. Dado que ya no es una joven inexperta, sino una mujer con experiencia, dejará de llevar el kimono furisode de mangas largas y se pondrá un kimono de mangas más cortas, típico de las mujeres casadas.

El erikae es una ceremonia muy parecida al omisedashi o debut de la maiko, tanto en la forma como en el fondo. Para la ocasión, la joven abandona definitivamente el peinado sakko, que ha lucido durante las últimas semanas como maiko, y se coloca su primera peluca. Además, como es tradicional en las ceremonias más formales del barrio, se deja sin pintar de blanco tres (y no dos) líneas en su nuca.

La nueva geisha se dedica entonces a pasear por el barrio. Durante el paseo, va regalando unos papeles llamados noshigami por todos los establecimientos de importancia dentro del barrio, pidiéndoles su apoyo en el nuevo camino que emprende. Asimismo, igual que hizo durante su debut, durante los tres días siguientes al erikae, la mujer viste un kimono negro en el que se distingue el blasón, mientras que los tres días posteriores viste un kimono colorido y llamativo. A partir del séptimo día, la nueva geisha ya vestirá sus kimonos habituales.

Si la mujer ya tiene un danna, un patrono, éste será el que asumirá los elevados gastos de vestuario. Sin embargo, actualmente esto es algo extremadamente inusual, de manera que son ciertos clientes los que se hacen cargo del gasto (a través de tarifas increíblemente elevadas o de regalos sueltos que puedan hacerle). A veces, es la okiya la encargada de crear el «armario» de la chica, aunque esto último no es obligatorio. Sin embargo, sí suele ser habitual que la okiya le regale o preste a la nueva artista algunos de sus kimonos.

Ceremonias del pasado: el mizuage

En el pasado, la ceremonia que marcaba el paso de maiko a geisha, es decir, el paso a la edad adulta de la joven, se llamaba mizuage o «desfloración ritual», es decir, la venta de la virginidad de la chica. El rito de la desfloración caía en manos de un hombre rico y conocido en el barrio de geishas, que disfrutaba de la confianza de la propietaria de la okiya. Era habitual, no obstante, que después de esa primera relación sexual, la maiko y su patrono de mizuage no mantenían ningún tipo de contacto. De hecho, cuando una maiko era popular, algunos hombres pujaban por el preciado mizuage y un símbolo de la popularidad de la maiko, y de su previsible éxito posterior como geisha, estaba en la suma de dinero ofrecida a la okiya por su mizuage.

El mizuage no era un proceso fácil y muchas veces tenía una duración de hasta 7 días. Se dice que, durante los primeros encuentros, el patrono utilizaba clara de huevo para lubricar la zona genital de la maiko e iba preparándola introduciéndole los dedos poco a poco, hasta que llegaba el día, marcado por el almanaque, en que, medio vestidos, el patrono completaba el mizuage. Cabe destacar, además, que el mizuage no era una ceremonia secreta, de manera que no sólo muchas maikos compartían patrono de mizuage, sino que el rito se celebraba por todo el barrio de geishas y la maiko repartía dulces y pequeños regalos en los establecimientos más frecuentados por ella.

Tradicionalmente, tras el mizuage, la maiko pasaba a llevar un peinado diferente, llamado ofuku e iniciaba la ceremonia del erikae, en la que cambiaba el color de su kimono interior y del cuello, pasando a llevar uno de color blanco en lugar del rojo que habían llevado hasta ese momento, que eran las señales que indicaban que la maiko había perdido su virginidad, lo que solía causarles cierta vergüenza. Actualmente, sin embargo, ni el erikae ni el peinado ofuku son sinónimos de la pérdida de la virginidad, puesto que tal ceremonia, como hemos comentado anteriormente, ya no existe (aunque existan todavía muchos rumores sobre el tema).

En 1958 se promulgaron leyes anti-prostitución que incluían, entre otras cosas, la prohibición de este tipo de prácticas. Por ello, actualmente el mizuage es una costumbre ilegal y que no se practica desde hace muchísimo tiempo.

Sin embargo, como todo lo que tiene que ver con el sexo y el secretismo, el tema del mizuage sigue siendo uno de los más espinosos del mundo de la flor y el sauce. A raíz de la publicación de Memorias de una geisha, de Arthur Golden, se ha hablado y mucho de esta polémica ceremonia. Mineko Iwasaki, la geisha de Gion Kobu que inspiró la novela de Golden, se enojó muchísimo con el escritor al leer la traducción al japonés de dicha novela, sobre todo en lo referente a su mizuage, algo que la llevó a escribir su propia historia, titulada Vida de una geisha. La verdadera historia. Otra geisha que se ha lanzado al mundo literario, Kiharu Nakamura, cuenta en su novela Vida de una geisha como consiguió evitar su mizuage al hablar sin parar con su patrono hasta que este se quedó profundamente dormido. Finalmente, cabe destacar también la cruda descripción de la ceremonia que hace la geisha Sayo Masuda en su Autobiografía de una geisha, que resulta tremendamente realista e impactante para el lector occidental actual.

Geisha Kokimi y maiko Kogiku en un taxi
Geisha Kokimi y maiko Kogiku en un taxi

La despedida: el hiki-iwai

Una mujer puede decidir dejar de ser geisha cuando quiera y por las razones que quiera. Cuando decide retirarse oficialmente, se realiza una ceremonia llamada hiki-iwai. Se trata de una ceremonia sencilla, en la que la geisha da las gracias a toda la comunidad del barrio por haberla ayudado durante sus años de trabajo. Este ritual marca su abandono público de la profesión. Y aunque no es obligatorio realizarlo, sí es lo habitual, porque es lo que está «bien visto».

La ceremonia del hiki-iwai es bastante informal, sobre todo si la comparamos con otras ceremonias del barrio. La mujer, normalmente vestida de día (es decir, con kimono sencillo, sin peluca ni maquillaje) regala unas cajas llenas de arroz a sus profesores, a las propietarias de las casas de geishas y casas de té, a sus hermanas de profesión y a otros colegas del barrio. Así, expresa su más sincero agradecimiento. Se dice que si el arroz es blanco y está cocido, significa que la mujer nunca más volverá a ejercer la profesión. En cambio, si el arroz está teñido de rojo por la adición de judías rojas, la mujer deja abierta la posibilidad de volver al barrio.

En la vida de una geisha no hay fecha de jubilación, así que mientras una mujer quiera trabajar de geisha, sea popular y tenga clientes regulares, puede seguir en activo, sin tener en cuenta su edad. No obstante, cualquier mujer puede abandonar la profesión en cualquier momento y por cualquier motivo: porque quiere abrir un establecimiento dentro o fuera del barrio, porque se quiere casar y formar una familia, porque se siente mayor para ser geisha, etc.

Algunas abandonan la profesión a una edad temprana (25 o 26 años) para casarse y adoptar una nueva vida. Otras, por el contrario, dedican toda su vida al barrio, primero como geishas y después como propietarias de negocios relacionados.

Sea como fuere, con cada celebración de hiki-iwai, el barrio pierde una artista y se pregunta, con el paso de los años, si lograrán no desaparecer.

Geigi en el restaurante Ikinariya de Niigata
Geigi en el restaurante Ikinariya de Niigata

El patrono: el danna

Una figura de importancia en el pasado era el patrono, llamado danna. Como patrono, el danna se encargaba de todos los gastos de vestuario y peluquería.

Tradicionalmente el danna era un hombre rico, conocido dentro del barrio y cliente regular de alguna casa de té del mismo. No obstante, convertirse en danna no era fácil. Primero había que consultarlo con la propietaria de la casa de té en la que trabajaba la chica y que frecuentaba el futuro danna. La razón era lógica: ella sabía si la chica estaba dispuesta o no a conseguir un patrono. En caso afirmativo, la propietaria de la casa de té hablaba directamente con la propietaria de la casa de geishas para definir los detalles del patronazgo. En estas reuniones, ya con el futuro danna, se hablaba de forma clara y detallada sobre la cantidad de dinero que él estaba dispuesto a otorgar y gastar con la mujer. En ese momento, la mujer podía decidir aceptar o rechazar el patronazgo.

Cuando una mujer decidía aceptar el patronazgo, no se realizaba ninguna ceremonia de celebración y no existía ningún papel que certificara dicho patronazgo. Esto va muy de la mano de la confianza tan importante en los barrios de geishas. Según un dicho de los barrios de geishas, «si no se puede confiar en alguien sin firmar un papel, entonces no hay razón para firmarlo». En caso de que alguno de los dos quisiera romper el patronazgo, se tenía que pagar una cantidad llamada mazu, además del salario de los tres meses posteriores.

Así pues, una vez aceptado el acuerdo, el danna pagaba un «salario» mensual a la chica. Este salario normalmente cubría los gastos de manutención y alquiler del piso al que la geisha podía trasladarse. A veces el danna también compraba kimonos y obi o la invitaba a representaciones teatrales, viajes y eventos. Curiosamente, sin embargo, si el danna contrataba a la geisha para un banquete, tenía que pagar como cualquier otro cliente. A pesar de la estrecha relación que los unía. El danna solía ser un hombre bastante mayor que la geisha y gozaba del privilegio de ser la prioridad número uno en el tiempo libre de la chica. Así, la mujer no podía quedar con otro hombre fuera de las horas de trabajo y si alguien la invitaba, tenía que consultarlo primero con su danna.

Sin embago, aunque en el pasado casi todas las geishas tenían su patrono, en la actualidad ya muy pocas gozan de esta ventaja. Los grandes cambios económicos y sociales han contribuido a que en la actualidad haya menos hombres lo bastante ricos como para convertirse en patronos de una geisha.  Actualmente, las geishas tienen «seguidores» o «simpatizantes», una especie de «fans», por decirlo de alguna manera, que pueden ser hombres o mujeres. Estos seguidores apoyan a la mujer en su carrera profesional, contratándola en distintos banquetes, presentándole a otros clientes potenciales y siguiéndola en todo lo que hace.

Estos simpatizantes suelen ser un grupo de clientes frecuentes que no pueden asumir el esfuerzo económico de convertirse en danna, pero sí pueden hacer regalos a la chica, contratarla en banquetes y apoyarla en su carrera. Gracias a esta ayuda esporádica, que pueden ser menos esporádica cuanto más famosa y conocida es una geisha, la mujer puede subsistir y vivir bien sin gastar gran parte de sus ahorros en vestuario y accesorios.

Geishas independientes o jimae

El tiempo de servicio en una casa de geishas suele ser de 5 o 6 años. Este tiempo, llamado nenki en japonés, incluye las etapas de shikomi y maiko. Durante este tiempo, la geisha vive y trabaja en y para la casa de geishas.

Una vez devuelto todo el dinero invertido por la casa de geishas en su formación y trabajo , la geisha puede abandonarla y convertirse en jimae, en una geisha independiente. Como jimae, la geisha trabajará como cualquier profesional más y disfrutará, quizás, de una vida un poco más relajada, lejos de la constante supervisión de la propietaria de la casa de geishas.

Si así lo desea, la geisha independiente podrá «asociarse», por llamarlo de alguna manera, con la casa de geishas que desee. Por ejemplo, en la foto siguiente, podemos ver la casa de geishas Mikami. De izquierda a derecha, veremos los nombres de Takamaru, Fukunami, Tamaha, Mamesono, Mameryo, Danyuu, Mameka, Takazuru, Eriko, Nakako, Ichimaru y Teruko. Algunas de ellas no forman parte de la «familia de geishas» de esta casa en particular y son geishas independientes. Pero se asocian a la casa de geishas, para ayudarse mútuamente.

Okiya Mikami con placas de nombres de geishas independientes
Okiya Mikami con placas de nombres de geishas independientes

Aspecto visual de una geisha

Para demostrar que es mucho más madura que la maiko, a la que todavía le queda mucho por aprender, la geisha lleva kimonos y obis menos llamativos y pocos adornos en sus pelucas, además de un calzado más acorde a su experiencia y maquillaje algo diferente.

Si bien la maiko es joven e inexperta y busca «sorprender» con su atuendo, la geisha es ya una mujer experimentada que ha estudiado mucho para estar donde está, con lo cual demuestra su valía no tanto en su aspecto físico sino en sus dotes, que es lo que la hace especial, lo que sorprende y engancha al cliente.

El kimono, obi y calzado

Las geishas llevan un kimono de mangas cortas, como cualquier mujer casada o de cierta edad. De esta manera, demuestran su experiencia como geishas. Además, una vez la joven se convierte en geisha, llevará un lazo en forma de caja, típico de las mujeres que visten kimonos. Es decir, dejará atrás la pomposidad de la maiko y todo su atuendo será mucho más sobrio, de colores menos vistosos y combinaciones más tranquilas.

El cuello del kimono será siempre blanco y el color del kimono interior será rosado. A excepción del barrio de geishas de Miyagawacho en Kioto, donde las geishas lucen un kimono interior de color rojo.

El calzado tradicional de las geishas son las geta. En el período Heian, las geta eran sandalias para vestir de manera informal, y su altura evitaba que se arrastrase el kimono. Hoy en día, sin embargo, las geta son las sandalias tradicionales japonesas por excelencia. Normalmente son de suelo de madera y cuentan con dos correas de terciopelo o de vinilo en forma de V llamadas hanao.

Asimismo, también existen las geta lacadas, que se utilizan en verano para evitar que el sudor estropee y manche la madera. Éstas son las que usan las geishas, en color negro, cuando visten formalmente con un kimono de tipo kurohikizuri.

Así pues, las geta de madera tienen una suela plana de madera sostenida sobre dos tiras de madera llamadas ha, cuya altura suele ser de unos cinco centímetros, para su uso diario. Una característica peculiar es que el talón sobresale uno o dos centímetros por la parte trasera de la sandalia. También existe una versión más moderna y cómoda, en la que los soportes de madera son más anchos que en el caso tradicional. Las geta están diseñadas tanto para hombres como para mujeres. La única diferencia es la forma del pie; mientras que las geta de las mujeres tienen una forma redondeada, las de los hombres tienden a ser bastante más cuadradas.

Cabe destacar que en la actualidad existen unas geta cubiertas con plástico transparente en toda la zona de los dedos, llamadas ashida, que se usan cuando llueve o nieva, para salvaguardarse de las inclemencias del tiempo. Estas geta son de mayor altura que las geta normales y con los ha o soportes de madera más estrechos.

En muchas ocasiones, sin embargo, tanto maikos como geishas pueden llevar otro tipo de sandalias: las zori. Las zori son unas sandalias planas con correas en forma de V, aunque de hecho, cualquier sandalia japonesa que sea plana podrá recibir el nombre de zori. Las zori pueden estar muy decoradas o pueden no llevar decoración alguna, y las visten tanto mujeres como hombres.

Los peinados

Hasta mediados de los años 1960, las geishas solían peinarse su propio pelo, como todavía hacen las maikos en la actualidad. Sin embargo, con el declive del número de peluqueros profesionales y la dificultad del peinado a elaborar, las chicas pronto empezaron a utilizar pelucas, llamadas en japonés katsura.

El katsura, único y exclusivo para cada geisha, está hecho a medida con pelo humano tratado, por lo que su precio ronda los 500.000 yenes. Este elevado precio se debe a que el peluquero crea el peinado como si de pelo real se tratara.

Así pues, empieza tratando el pelo con un aceite (gindashi-abura) y una pomada especiales, algo que tendrá que repetir aproximadamente dos veces al mes, para que la peluca se vea siempre nueva y limpia. En el pasado, cuando era un solo peluquero el que creaba la peluca, podía tardar hasta dos semanas, pero en la actualidad, al ser un trabajo de equipo, el proceso es mucho más rápido.

Cabe destacar, además, que si bien la maiko cubre su peinado con variados y vistosos adornos, la geisha es, una vez más, mucho más sobria en su elección. Así pues, una geisha normalmente se colocará sólo un peine de caparazón de tortuga (o de plata, en algunos casos y dependiendo de la formalidad del evento) llamado bekko en la base frontal (o trasera, o en ambos lugares) de la coleta, un adorno de aguja en la parte trasera del recogido y alguna otra joya o adorno de su elección.

En el siglo XVII, las mujeres de Japón dejaron atrás la moda de llevar el pelo largo y empezaron a recogerse el pelo, creando el estilo shimada, el más popular de los estilos tradicionales hoy en día.

Para poder trabajar, toda geisha necesita al menos tres pelucas de estilos diferentes: el estilo shimada, el más formal y conocido; el estilo tsubushi-shimada, un poco menos formal que el shimada; y el estilo mae-ware, utilizado para los bailes en las que la geisha tiene un papel masculino. Existen, además, otros tipos de peinados, ya que la historia del peinado japonés es amplia y variada. No obstante, la decisión de hacerse otras pelucas pertenece sólo a la geisha en cuestión.

En la actualidad, el estilo shimada es el peinado más formal que una geisha puede llevar y se distingue fácilmente porque en este peinado la totalidad del pelo se ata hacia atrás en una única coleta. Existen tres tipos principales de shimada: el taka-shimada, el tsubushi-shimada y el uiwata. El primero es un peinado de coleta alta que normalmente lucen las chicas jóvenes y solteras. El segundo, es un peinado de coleta aplanada que normalmente lucen las mujeres mayores. El tercero es un peinado de coleta atada con un lazo de algodón.

El segundo de los estilos, el tsubushi-shimada, fue muy popular entre las mujeres del siglo XIX. En apariencia es muy similar al shimada clásico, aunque menos formal. Se distingue porque la totalidad del pelo que forma la única coleta está un poco más aplanada que en el shimada normal, de manera que la coleta no está tan elevada como en el shimada formal y por ello es menos formal.

El tercero o mae-ware es un peinado muy parecido al shimada, aunque tal como se describe en su nombre (literalmente, «partido delante») se distingue fácilmente por la raya de partición situada en el centro de la parte delantera del peinado y también por el moño que se crea en el centro del peinado con los mechones de la coleta. Mientras que en el shimada y todos sus derivados la coleta se deja «suelta» (más o menos erguida, pero suelta), en el mae-ware se parte por la mitad y se utiliza para crear un moño por los lados de la misma.

El maquillaje

Igual que las maikos, las geishas también utilizan el maquillaje para mostrar su rango o actividad. Durante los tres años posteriores a su erikae o debut como geisha, la mujer que acuda a un banquete lo hará vestida de gala. Esto es, no sólo con el maquillaje de pasta blanco, sino también vistiendo el kimono de corte largo y la peluca o katsura adecuada para la ocasión.

A los tres años, las geishas ya más experimentadas y maduras que atiendan un banquete, lo harán bajo un aspecto un poco más similar al de cualquier mujer vestida de kimono. Sin embargo, si el compromiso así lo pide y la geisha tiene que participar en las actuaciones de danza durante el banquete, aunque ya sea una geisha mayor, lucirá el kimono de corte largo, el katsura y el maquillaje de pasta blanco. Así pues, los clientes no pueden exigir que tenga ese aspecto si no le piden también que baile.

La geisha que deba acudir maquillada al banquete se aplicará la base de maquillaje de pasta blanco con un cierto toque, muy sutil y casi imperceptible, de polvo rosa para marcar el contorno de la cara. Si bien la geisha utiliza los mismos colores que la maiko para perfilar los párpados, aquella siempre lo hará de una manera mucho más suave, con líneas más delgadas y menos marcadas.

En cuanto a las cejas, al igual que la maiko, la geisha utilizará el color rojo para la delineación aunque también utilizará en muchas ocasiones el rosa, mucho más discreto; sin embargo, en el caso de la geisha, los colores son mucho menos intensos que en el caso de la maiko. Finalmente, uno de los aspectos más diferenciadores entre el maquillaje de maikos y geishas son los labios. La geisha joven podrá ya pintarse los dos labios casi en su totalidad, aunque todavía los maquillará un poco por dentro de la línea natural.

Recordemos, finalmente, que la geisha experimentada o adulta que no baila durante un ozashiki, normalmente lucirá maquillaje de su elección (como cualquier otra mujer de su edad), el pelo recogido al estilo actual y vestirá, también, un kimono de corte estándar, hasta el tobillo. Es decir, no siempre las veremos maquilladas para la ocasión.

El día a día de las geishas

Las geishas son criaturas de la noche, que llegan a acostarse a las 3 o las 4 de la madrugada todos los días. Así pues, es normal que su día no empiece hasta bien entrada la mañana, aunque dentro del barrio de geishas tampoco se permita mucha holgazanería y descanso. Es curioso, sin embargo, caminar por las calles del hanamachi a primera hora de la mañana: el silencio y la tranquilidad reinan por todas partes. Al mediodía, sin embargo, los ojos del visitante pueden empezar a ver aparecer maikos y geishas, en kimonos simples y sin maquillaje ni pelucas, de compras, de restaurantes o simplemente de relax.

Pero existe una gran diferencia entre maikos y geishas. Al situarse un poco más arriba en la escalera jerárquica, la geisha puede permitirse el lujo de levantarse un poco más tarde que la maiko, sobre las 9 o las 10 de la mañana, e ir tranquilamente al kaburenjo a las clases a las que asista, ya que la geisha, por más experimentada que sea, nunca deja de ir a clase. Debe repasar los movimientos de danza, las notas del shamisen, los movimientos de la ceremonia del té, tocar el taiko o hasta cantar.

Después, como la maiko, puede dedicarse a pasear o a comprar, aunque son muchas las veces en las que la geisha tiene que ir a comprar un kimono nuevo (o cualquier otro elemento de vestuario y accesorios) o tiene que llevar la peluca al cuidado del peluquero. Muchas veces, además, la geisha se detiene en el kenban, la oficina oficial de registro encargada de las reservas que hacen las ochaya para las maiko y geisha, y comprueba su agenda u otros quehaceres. Pero, por encima de todo, la geisha pasea, saluda, sonríe y habla un poquito con toda la gente que trabaja con y para ella en el hanamachi. El respeto mutuo y la lealtad se esconden detrás de estos paseos: si una geisha es maleducada, quizá el peluquero tardará más en arreglarle la peluca. Es por el bien de toda la comunidad del hanamachi que la geisha quede bien con todos y cada uno de sus miembros.

Al mediodía, de vuelta a la okiya, las geishas y las maikos comen y finalmente se preparan para la noche: con el kimono interior puesto, primero se maquillan, luego se visten y finalmente se colocan la peluca y los pocos adornos que suelen llevar. Entre las cinco y las seis de la tarde las geishas salen de la okiya y, siguiendo las instrucciones del kenban, acuden a una ochaya, donde normalmente habrá otras geishas o maikos. La noche transcurre de banquete en banquete, a veces a pie (si las ochaya están realmente cerca), aunque la mayoría de las veces las chicas se trasladan en taxi (para evitar los borrachos salaryman que, después de la cena y las copas con los compañeros de oficina, vuelven a casa).

Al llegar a casa, se desvisten, se quitan la peluca, se desmaquillan y se toman un ofuro, un baño típico japonés, todo con la ayuda, muchas veces, de la pobre shikomi-san, la joven situada en el escalón más bajo de la jerarquía de los hanamachi y la que menos (o peor, en todo caso) duerme.

Horarios de clases de las geishas de Gion
Horarios de clases de las geishas de Gion

Ser geisha: la esencia del iki

Una de las características que debe poseer toda aspirante a geisha es, sin ningún tipo de duda, el iki, un término japonés que podríamos traducir como la elegancia de las sutilezas e insinuaciones. El iki es un tipo de elegancia muy sensual, con mucho estilo. Una elegancia sutil cuyo valor principal es insinuar, no mostrar. Una elegancia discreta. Una elegancia (que parezca) natural, simple.

Una geisha debe cumplir con todos estos objetivos: elegante, sensual, con estilo, sutil, discreta, natural, insinuadora… Los kanzashi en el pelo, por ejemplo, pasan de ser bastante opulentos y coloridos cuando la chica es maiko o aprendiza, a ser sobrios y escasos cuando la chica es geisha, y más cuando la geisha ya ni siquiera va ataviada con su maquillaje blanco. Por ejemplo, en vez de llevar kanzashi de joyas brillantes, utilizan adornos hechos de caparazón de tortuga. Mucho más sobrios y elegantes a la vez.

No obstante, el concepto de iki no es único y exclusivo de las geishas. En realidad, esta palabra surgió en el siglo XVIII cuando la clase gobernante fijó una serie de reglas para controlar las posesiones y la opulencia de los habitantes de las ciudades, sobre todo de los mercaderes.

Estos, debido a la jerarquización de la sociedad, estaban considerados como clases bajas, aunque en muchos casos eran mucho más ricos que las clases más altas de los samuráis. Esto, naturalmente, molestaba enormemente a los samuráis, de ahí que legislaran para que al menos se notara menos la diferencia de riqueza.

A partir de entonces, los mercaderes comenzaron a mirar con desdén las posesiones y ropas caras de las clases altas y crearon el concepto de iki: ciertas decoraciones, ciertos materiales, ciertos vestidos, aunque extraordinariamente caros, pasaron a ser considerados «horteras» porque mostraban un lujo demasiado evidente. Así, los mercaderes comenzaron a apreciar las insinuaciones y las sutilezas, y el iki, en pocas palabras, pasó a ser un tipo de elegancia sutil, discreta y natural, tanto en la vestimenta como en la manera de ser.

A comienzos del siglo XIX el mayor logro al que podía aspirar una geisha era que dijeran que tenía iki. En esos momentos las geishas eran la combinación perfecta de los estilos de dos tipos de mujeres totalmente diferentes: las yūjo y las shiroto.

Las primeras eran las cortesanas, o prostitutas, todo lo contrario del iki: sus extravagantes y desmañados kimonos, su excesivo maquillaje y su rimbombante uso del lenguaje a menudo eran objeto de burla. Las shiroto, por otra parte, eran mujeres que trabajan en la casa, como amas de casa o sirvientas, y vestían de una forma mucho más humilde pero, por supuesto, no tenían mucho interés.

El iki de una geisha era un delicado equilibrio entre estas dos categorías estéticas tan antagónicas y a menudo les llevaba horas y horas perfeccionar sus maneras de vestir, su forma de comportarse y sus habilidades artísticas para mantener este equilibrio.

Aunque el tiempo y los esfuerzos que las geishas ponían en conseguir el iki pueden sugerir lo contrario, el objetivo principal era y sigue siendo conseguir una elegancia sobria. Las geishas que tenían iki usaban maquillaje ligero pero refinado. Sus kimonos también tenían un patrón exquisito, con el obi atado en un lazo poco ceñido o doblado en cuadrado. Su forma de vestir sugería erotismo y sin mostrarlo descaradamente como en el caso de las cortesanas.

El erotismo, de hecho, tiene un papel importante en el iki. Las geishas saben perfectamente cómo ser seductoras: un mechón de pelo suelto en un peinado por lo demás perfecto, o un vistazo fugaz de color rojo debajo del cuello de un kimono negro, son las armas que utilizan para ser eróticas, pero sin llegar a ser descaradas.

El iki no es un ideal abstracto al que tienen que ceñirse las geishas a lo largo de su vida, sino que por el contrario, ellas mismas son muy importantes a la hora de crear moda, y en definitiva a la hora de establecer cómo se consigue ese estado de iki. El iki, también, es refinado e inocente, pero desde luego no es naif. Dentro del hanamachi se dice que para tener iki una mujer tiene que haber probado, por ejemplo, los frutos del amor, tanto los amargos como los dulces, y por eso las muchachas jóvenes rara vez tienen iki. El iki, pues, se consigue con los años y la experiencia.

Hoy en día las geishas siguen buscando ese iki, esa elegancia de las sutilezas y las insinuaciones, como parte de su trabajo. Y probablemente es ese iki el que hace que, cuando nos cruzamos con una geisha por la calle, nos sintamos extrañamente atraídos hacia ella.

Entrada publicada originalmente el 12 de marzo de 2011. Última actualización: 4 de mayo de 2020

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