En uno de nuestros artículos anteriores hablábamos sobre la heya, y decíamos que su traducción literal (“habitación”) no era aplicable a este caso, ya que una heya de sumo es muchísimo más que eso. Hoy nos encontramos con otra palabra que nos lleva de nuevo a engaño, la palabra oyakata. Y es que si bien la traducción literal es la de “maestro”, las labores de esta persona van mucho más allá que las de un simple entrenador o profesor de sumo.

Los oyakata son, sin duda, los personajes más importantes de la Asociación y los que se encargan de tomar todas las decisiones que afectan al mundo del sumo. Son los miembros de la Junta Directiva, encargados de seguridad en los torneos, responsables de la planificación de los mismos, entrenadores, dirigentes de su propia heya (los que tienen una en propiedad), relaciones públicas de sus luchadores… como vemos, sus tareas van mucho más allá que las de un simple entrenador.

Nishikido oyakata realizando tareas de juez de dohyo

Una de las cosas que a uno se le vienen a la cabeza al hablar de los oyakatas es si no se estará cargando sobre los hombros de estas personas demasiadas responsabilidades, algunas de ellas para las que a lo mejor no están lo suficientemente preparados. El mundo del sumo, ya lo sabemos, es muy cerrado y es realmente difícil que cualquier persona ajena al mismo pueda entrar. Eso hace que los destinos de un deporte que mueve cientos de millones de yenes al año quede en manos de personas sin prácticamente ninguna preparación académica superior y cuyo curriculum se basa simplemente en los éxitos deportivos durante su etapa de luchador en activo. De hecho, desde hace tiempo se viene abogando por la entrada de personas ajenas a la Asociación en la Junta Directiva de la misma, y tan sólo los recientes escándalos de amaño de combates y de apuestas ilegales han hecho que el propio Ministerio de Cultura y Deportes tomara cartas en el asunto y prácticamente impusiera la presencia de varios directivos externos en la junta rectora.

Para conseguir llegar a ser oyakata una persona tiene que haber sido luchador de sumo y, además, haber conseguido durante su carrera en activo el dinero y los apoyos suficientes como para poder optar a conseguir uno de los 105 nombres existentes que le permitirán seguir ligado al mundo del sumo hasta su jubilación a los 65 años. También ha de tener la nacionalidad japonesa, por lo que los luchadores extranjeros que desean permanecer en el mundo del sumo se apresuran a solicitarla en cuanto la ley se lo permite. Asimismo un aspirante a oyakata ha de cumplir al menos una de estas tres condiciones:

  • Haber llegado 1 vez hasta el San’yaku.
  • Haber competido durante 20 torneos en Makuuchi.
  • Haber competido durante 30 torneos como sekitori.

Hay una excepción a esta norma y es que los que heredan una heya tan sólo necesitan haber competido 12 torneos en Makuuchi o 20 como sekitori.

Izutsu Oyakata en plena deliberación sobre un resultado ajustado

Evidentemente hay nombres con más tradición y prestigio que otros. Algunos como Futagoyama, Takasago, Kokonoe, Tokitsukaze, Sadogatake, etc., tienen un prestigio acumulado en años de servicio a la Asociación y no pueden ser adquiridos por cualquier luchador, de tal forma que casi siempre son los Yokozunas u Ōzeki los que los consiguen.

Las licencias de oyakata son conocidas con el nombre de toshiyori (anciano), myoseki (nombre) o kabu (acción), así como toshiyori-myoseki o toshiyori-kabu. Aparte de las 105 licencias comentadas, existen también nombres de toshiyori otorgados de forma especial por la Asociación de sumo a determinados sekitori que tuvieron un excelente rendimiento durante su vida como luchador en activo. Reciben el nombre de ichidai-toshiyori y coinciden con el shikona o “nombre de guerra” utilizado por el agraciado durante su época en activo. Tienen la particularidad de que se extinguen en el momento de la jubilación o fallecimiento de su poseedor, no pudiendo traspasarse ni darse en herencia. Actualmente los grandes Yokozunas Kitanoumi y Takanohana poseen uno de estos nombres. También el gran Taiho tuvo el honor de mantener su shikona durante su época de oyakata hasta su jubilación.

Evidentemente no todos los oyakatas tienen su propia heya, ya que en la actualidad existen sólo 49, por lo que el resto de los oyakatas desarrollan labores de entrenamiento y apoyo en cualquiera de estas heyas, normalmente en la que estuvieron como luchadores en activo. El prestigio que da tener una heya propia es mayor que el ser simplemente oyakata ayudante y además le permite optar a los puestos directivos de la Asociación. La Junta Directiva de la Nihon Sumō Kyōkai está formada por un Rijichō o Presidente y 12 directores más. Cada dos años y siempre tras el Hatsu Basho se realizan elecciones para renovar esta Junta, siendo las próximas elecciones en enero de 2012.

El Ozeki Harumafuji celebrando su victoria con su oyakata

El Ozeki Harumafuji celebrando su victoria con su oyakata

Evidentemente los sueldos de los oyakata varían en función de la categoría o el puesto que ocupan dentro de la estructura de la Nihon Sumō Kyōkai, pudiendo oscilar entre los casi 21 millones de yenes anuales que recibe el Presidente o Rijichō hasta los poco más de 12 millones anuales que reciben los oyakatas sin cargo específico en la Asociación.

Por último no podemos olvidarnos de otros asistentes inferiores que reciben el nombre de wakaimonogashira y sewanin. Son asistentes por debajo del rango de un oyakata y realizan tareas de organización. Normalmente estos puestos son ocupados por antiguos luchadores de la parte baja de Makuuchi, de Jūryō o de Makushita.