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No mucha gente conoce la existencia de las maikos, las aprendizas de geisha. Y es que la figura de la aprendiza actualmente ya sólo existe en Kioto.

Y mientras que en el resto de Japón las chicas que deciden convertirse en geishas pueden conseguirlo en poco tiempo, sólo en Kioto necesitan un entrenamiento intenso en las artes tradicionales antes de poder convertirse en una geisha de pleno derecho.

Acercándonos a una maiko

Habrá mucha gente que, conocedora ahora de la existencia de las maikos, no sepa distinguirlas y vea tan sólo geishas (si es que tienes la suerte de toparte con una mientras paseas por Kioto, claro). Bien, las maikos son fácilmente reconocibles por su apariencia externa, ya que su forma de vestir es increíblemente llamativa, nada que ver con el estilo más sosegado y maduro de las geishas.

Aunque profundizaremos más en las diferencias entre maikos y geishas en entradas posteriores, podemos decir que el kimono es muy diferente, ya que en el caso de las maikos tiene largas mangas que llegan hasta el suelo y es de colores brillantes y diseños recargados y llamativos. A este tipo de kimono se le llama furisode, pero ya hablaremos en otras entradas de esto. El kimono interior, además, tiene un cuello de color blanco y rojo, que contrasta enormemente con el cuello totalmente blanco de las geishas.

Maiko Harukyo del hanamachi de Miyagawacho, en Kioto:

MiyagawachoMaiko1

El obi que llevan es larguísimo, de colores vivos y patrones muy llamativos, y aunque va atado casi a la altura de las axilas, de manera que el nudo casi alcanza el cuello de la maiko, los extremos inferiores pueden llegar a rozar el suelo. Para ello, sobre todo las maikos más bajas, calzan las okobo, unos zapatos de madera muy altos, a menudo lacados, que les obliga a caminar con pasos muy cortos, algo que los japoneses consideran extremadamente atractivo.

En cuanto al peinado, existen varios estilos diferentes, específicos para las maikos, que indican el periodo en el que se encuentran dentro de su aprendizaje. Un detalle a tener en cuenta es que el pelo de las maikos es natural, al contrario que las geishas, que normalmente usan peluca. Una maiko deja crecer su pelo durante todo el tiempo que dura su aprendizaje y todos los peinados que lleva son realizados sobre su propio cabello. Por ello, históricamente siempre se ha considerado como un símbolo de un aprendizaje duro y productivo que la geisha más madura tuviera una pequeña calva en su coronilla, algo que determina la cantidad de peinados que ha llevado, y la dureza que esto representa para el pelo. Sin embargo, a medida que el tiempo de aprendizaje se hace más corto y que las pelucas se hacen cada vez más comunes, este hecho se está convirtiendo simplemente en un recuerdo más para las geishas retiradas.

Cabe destacar, asimismo, que además del elaborado peinado, las maikos utilizan extensiones de pelo llamadas ketobo y los adornos que llevan en el pelo son muy abundantes y recargados y suelen ir acorde con la estación del año. Estos adornos, o kanzashi, son de diferentes tipos y colores, pero cabe destacar el bira kanzashi y el hana kanzashi. El bira kanzashi tintinea cuando la maiko camina, mientras que el hana kanzashi marca la estación del año con su color y su forma de flor.

Aunque las maikos son todo un espectáculo para los ojos, lo cierto es que no dejan de ser chicas muy jóvenes, por lo que su maestría en las artes tradicionales y en las artes sociales aún no está plenamente desarrollada como en el caso de las geishas. De una maiko se espera básicamente que baile (de ahí su nombre, “chica que baila”, según los caracteres japoneses que forman la palabra), y que se deje ver, y aunque también se dedican a rellenar los vasos vacíos de sus invitados, su cometido no es el de entretenerlos en el mismo grado que una geisha.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, las maikos normalmente venían de familias pobres, ya que la profesión de geisha era la única posibilidad que tenían de subsistir. Hoy en día, sin embargo, estas mujeres escogen la profesión libremente, sin ningún tipo de obligación. Según las leyes japonesas actuales, la escolarización es obligatoria hasta los 16 años, momento tras el que una chica puede convertirse en maiko. El aprendizaje suele durar unos cinco años, con lo que a los 21 una chica puede haberse convertido ya en una geisha de pleno derecho.

Estas aprendizas de geisha comienzan, por tanto, a una edad temprana, aunque no tanto hoy en día como en el pasado. Cuando entran en la okiya o casa de geishas se les llama tamago (huevo). En esos momentos reciben una educación muy intensa en poesía clásica japonesa, música, ceremonia del té, baile, etc., así como en cultura general, para mejorar sus habilidades conversacionales. A los 17 años se convierten en maikos, y entonces pueden empezar a asistir a fiestas y banquetes y trabajar de forma parcial. Una vez completada su formación y convertidas ya en geishas, empiezan a reembolsar a la okiya el dinero gastado en su educación y manutención.

Tres maikos paseando por el centro de Kioto durante el día, antes de empezar a trabajar:
maikos por la calle shijo_rio

Shikomi-san

Si paseamos por Gion, en Kioto, a las cinco de la tarde en busca de maikos y geishas, las encontraremos, seguro. Pero también toparemos con una joven japonesa que acompaña a las maikos y geishas a las ochaya (casas de té), al taxi, etc. Su aspecto es el de una adolescente normal, aunque normalmente sus andares la delatan (tienden a andar ya como si llevaran kimono) y a veces se puede ver cómo practica movimientos de manos y brazos que ha aprendido en las clases de baile. Y es que antes de ser propiamente una maiko, la chica que decide convertirse en maiko recibe el nombre de shikomi-san.

En este primer periodo, la joven realiza ciertas labores de sirvienta (como limpiar las habitaciones, hacer la compra y sobre todo, dedicarse a las maikos y las geishas, ayudándolas en todo momento) y aprende los detalles más íntimos del hanamachi o distrito de geishas, observando a sus futuras hermanas mientras les ayuda a prepararse para los banquetes o les acompaña por el hanamachi. Durante este periodo, que dura aproximadamente un año (aunque se puede llegar a completar en menos tiempo), la shikomi-san se familiariza con el lenguaje kyo (una manera formal de hablar propia de las geishas), aprende las maneras de comportarse de una maiko, y también las habilidades básicas y las reglas que tienen que observar y respetar dentro del hanamachi. Asimismo, deberá aprender el modo de vida de una okiya, y sobre todo, llegar a ser obediente y acatar las normas y las jerarquías tan estrictas de esta sociedad.

En la imagen, la maiko Suzuha y su shikomi (que sería la futura maiko Kotoha) en la calle Hanamikoji del hanamachi de Gion, en Kioto (imagen tomada en 2004):

GionHanmikoji_maiko y shikomi

A pesar de vestir como muchachas normales, las shikomi-san deben irse acostumbrando a vestir con kimono, que no en vano es una de las señas de identidad de toda geisha. Deben aprender a ponérselo rápida y correctamente, con todo el resto de adornos. Asimismo, también tienen que aprender a doblar correctamente los kimonos, ya que uno de sus principales cometidos consiste en doblar los kimonos de las geishas y maikos de la okiya.

Y es que en este periodo, no solo se pone a prueba la resistencia física de la shikomi, sino también la mental. Todo lo que hace o dice es cuidadosamente vigilado por todos los miembros de la okiya, que corregirán cualquier error que pueda cometer. Lo primero que tiene que aprender es el dialecto de Kioto y la manera formal que tienen las geishas de expresarse. Su manera de hablar propia debe desaparecer completamente. Y poco a poco, la forma de ser de una geisha empieza a convertirse en su segunda naturaleza.

También tiene que aprenderse los nombres de todo el mundo en el hanamachi así como su lugar en la jerarquía. Y dado que ella es la de un nivel más bajo, lo único que puede hacer cuando camina por las calles es inclinarse para saludar con humildad a cualquier persona que se encuentre. Este es, sin duda, el aspecto más duro de ser una shikomi: aprender a vivir con el hecho de estar en el último lugar y aguantar graciosamente los duros reproches que a veces le puedan hacer las geishas, sin protestar.

La formación de una joven aprendiza tiene lugar, por supuesto, fuera de la okiya también. Las shikomi de hoy en día van a escuelas normales, pero al mediodía asisten a clases en el kaburenjo donde aprenden las artes típicas de una geisha: canto, shamisen, ceremonia del té, etc. Es aquí, en el kaburenjo, donde tienen que soportar la primera prueba de bailar solas ante una audiencia formada por las mujeres más importantes del hanamachi.

Así pues, si el trabajo no fuera suficiente, la shikomi tiene que encontrar tiempo no sólo para las abundantes clases que recibe en el kaburenjo, sino también para ensayar y estudiar lo aprendido en el mismo. Entre las clases y el trabajo en la okiya, la shikomi no dispone apenas de tiempo para ella misma, por eso, estas chicas suelen desear con ansia los dos días libres al mes de que disponen.

En el pasado, la vida de la shikomi era realmente difícil y aunque, naturalmente, hoy en día las cosas se han suavizado mucho, lo cierto es que sigue sin ser sencillo. Una shikomi tiene que dejar de lado la vida que normalmente llevaría como adolescente que es, y debe irse acostumbrando a las peculiaridades que la vida de una geisha conlleva, viviendo y trabajando ya en el hanamachi. Además de esto, tiene que dejar que le crezca el pelo hasta llegar a la longitud suficiente para poder llevar más adelante los peinados típicos de una maiko. Se acuesta tarde, esperando a que las maikos y geishas de la okiya vuelvan de los banquetes y se levanta temprano para ir a la escuela y a las clases del kaburenjo. No es de extrañar, pues, que muchas chicas abandonen el hanamachi sin haber superado el año de shikomi. Por esta razón, en muchos hanamachi o bien no existe el periodo de shikomi-san o bien existe durante un tiempo muy limitado.

Minarai

Después de haber superado el periodo de shikomi-san (también llamada a veces tamago, literalmente “huevo”), el siguiente paso es el minarai, literalmente “aprender mediante la observación”, un periodo corto, de un mes de duración, en el cual la joven vivirá un poco más desde dentro cómo es la vida en el mundo de la flor y el sauce. La joven deja atrás los vaqueros y las zapatillas deportivas y empieza a convertirse en una auténtica maiko.

En este momento, la joven comienza a aplicarse el shironuri, el maquillaje en pasta blanco tan distintivo del mundo de las geishas, y empieza a vestir un kimono llamado o-hikizuri, de largas mangas, junto con un obi que, a diferencia del de las maikos, se ata con uno de sus extremos colgando. Este obi es del estilo han-darari, e indica, con su longitud acortada, el estado de aprendizaje de la maiko. La joven tiene que aprender cómo moverse correctamente cuando lleva el o-hikizuri, sujetando bien los extremos del mismo y manteniendo la espalda perfectamente recta todo el tiempo de forma que el obi siempre esté ceñido. También debe aprender la manera de inclinarse correctamente según entra en un banquete, así como a tratar con los invitados y entretenerlos. Además, la joven se peinará por primera vez siguiendo el estilo ware-shinobu, del que hablaremos en otras entradas, y con el objetivo de no arruinar el peinado, dice definitivamente adiós a las almohadas normales y empieza a utilizar el takamakura, una especie de cojín de madera con un pequeño almohadón en la parte superior, donde apoyará el cuello. Durmiendo de esta manera su cabeza no toca el suelo y así su peinado se mantiene más o menos intacto.

Joven minarai en Gion, Kioto:

Gion_Miranai_Maiko1

Vestida ya con kimono, peinada siguiendo el estilo ware-shinobu y llevando un kimono que indica que se encuentra en el periodo de minarai, la aprendiza empieza a ir a una ochaya donde aprenderá, in situ, a comportarse en los banquetes. Todas las noches irá a esa ochaya y observará a las otras geishas para aprender cómo se rellenan las tazas de sake, cómo se limpian los ceniceros o cómo se mantiene una conversación fluida. En realidad, es difícil que le enseñen algo directamente, y las geishas esperan que la joven aprenda todo copiando lo que ellas hacen. En cualquier caso, esta es una oportunidad inmejorable para empezar a hacer contactos con gente que pueda ejercer una buena influencia en su futuro profesional.

San-san-kudo

El final de los periodos de aprendizaje shikomi y minarai son seguidos por una ceremonia llamada san-san-kudo, que literalmente significa “tres veces tres”, que también es parte de la ceremonia sintoísta de matrimonio en Japón.

Este ritual crea un vínculo profundo entre dos personas que no están relacionadas entre ellas, de manera que después de la ceremonia se considera que forman parte de una misma familia. Esta manera de “conectar los destinos” (por su significado en japonés) es el modo de realizar el matrimonio en Japón, pero las geishas usan el mismo término, en musubi, para referirse al lazo tan especial que se forma entre una maiko y su hermana mayor. Un en es una conexión entre dos personas, creada y no natural. En el budismo, en (o karma) va más allá de un mero vínculo humano, pero cuando los japoneses mencionan en su vida cotidiana que dos personas tienen un en, normalmente quieren decir que hay algún tipo de afinidad especial entre esas dos personas. El en musubi es el siguiente paso, la creación de un lazo que no es fácil de deshacer. Si estas personas tuvieran que separarse, el lazo no puede ser deshecho, tiene que ser cortado.

La ceremonia del san-san-kudo suele tener lugar en un día que se considere propicio (a consultar en el almanaque, claro). Para la ceremonia, que simboliza el fortalecimiento de los lazos existentes entre dos personas, de manera que tras ella la maiko quedará ligada a su futura hermana mayor, u onēsan, todos los participantes visten un kimono formal de color negro con los blasones apropiados.

La ceremonia consiste en ofrecerse sake mutuamente, bebiéndolo de tres pequeñas tazas, con tres sorbos cada vez. A continuación, intentaremos explicarlo de forma más detallada. Hay tres vasos apilados en una pequeña superficie plana de madera, siendo cada vaso más grande que el anterior, con el más pequeño situado en la parte superior de la pila. La hermana mayor, la geisha, coge el vaso situado en la cima de la pila, y lo llena de sake. Entonces lo bebe en tres pequeños sorbos, tras lo cual ofrece el vaso a la maiko. La maiko entonces llena de nuevo el vaso y bebe también en tres pequeños sorbos, ofreciéndoselo luego a la geisha. Con el tercer vasito, vuelve a ser la geisha la que lo coge, bebe y se lo ofrece a la maiko. Una vez que se ha realizado el intercambio de sake, la ceremonia continúa con el intercambio de vasitos de sake de la maiko con la okāsan de la casa de té. Es en este momento cuando la maiko recibirá un nuevo nombre, que generalmente suele incluir alguno de los kanji (caracteres japoneses) del nombre de su hermana mayor, de forma que así es posible identificar una ‘familia’ de geishas y maikos.

Tablillas a la entrada de una ochaya en Miyagawacho que muestran los nombres con kanjis compartidos de maikos y geishas (para demostrar que forman parte de una misma ‘familia’):

Miyanombres4

Después de la ceremonia y de la entrada oficial de la nueva maiko en la sociedad de los hanamachi, las nuevas hermanas y la okāsan disfrutan de una comida tradicional a base de sekihan (arroz rojo) que se sirve sólo en ocasiones especiales.

Tras esta ceremonia, la apariencia de la joven maiko cambia ligeramente: comienza a llevar las okobo que ya hemos mencionado y su peinado pasa a ser del tipo momoware (del que hablaremos en próximas entradas). El kimono cambia ligeramente, siendo de mangas muy largas y el obi (que en la etapa minarai era más corto) pasa a ser largo y pesado, mientras que el eri, el cuello del kimono interior, será de color rojo.

Omisedashi

El día después del san-san-kudo tiene lugar otra ceremonia llamada omisedashi, en la que se celebra el debut de la maiko. Para ello se distribuyen entre las okiya, ochaya, restaurantes y demás establecimientos del hanamachi unos panfletos de papel rectangulares, llamados sashigami, con los nombres de la nueva maiko y de su onēsan. La maiko calza unas okobo nuevas y visita diferentes ochaya y restaurantes donde se celebran banquetes para enviarles sus saludos.

El hanamachi celebra de una forma bastante visual la llegada de una nueva maiko, colocando unos posters muy vistosos llamados mokuroku en la pared de la ochaya o lugar de celebración del omisedashi. Los mokuroku, que están llenos de símbolos que representan la felicidad y la buena fortuna, con frases como “que pases un buen día” o “que tengas mucha prosperidad”, son un regalo de la gente relacionada con la maiko, como su onēsan, otras geishas de la okiya, etc. Desgraciadamente, hay que destacar que en la actualidad sólo existe un único pintor de mokuroku en todo Kioto, lo que hace peligrar esta tradición en el futuro.

Ejemplo de mokuroku pegado en las paredes de una ochaya:

PontochoMaku2

Durante los tres días posteriores a la ceremonia del omisedashi, la maiko viste un kimono negro que tendrá el blasón familiar y al tercer día, durante tres días más, cambiará de kimono y lucirá uno repleto de colores llamativos. Durante estos seis días, la maiko atiende a todos los banquetes con su onēsan, que la presentará a sus clientes.

Sesión de fotos del omisedashi de la maiko Takachisa:

 

Omisedashi Maiko Takachisa

Después del debut de la maiko, esta continúa yendo a fiestas con su onēsan para seguir haciendo contactos entre todos los hombres que podrían llegar a convertirse en clientes suyos cuando finalmente se convierta en geisha. Así pues, tras su omisedashi la maiko se convierte en un miembro público de la comunidad de geishas, pero con la particularidad de no haber completado todavía su aprendizaje, de manera que no puede “entretener” del todo. Por ello, es la onēsan la que tiene la responsabilidad de llevarla a los banquetes, donde la maiko se sentará en un segundo plano y observará cómo trabajan las geishas más expertas.

De esta manera, la maiko puede aprender las particularidades del mundo de las geishas, se hace un nombre en la comunidad y entre los clientes potenciales y se deja ver mientras aún sigue en el periodo de aprendizaje. La noche puede ser entretenida, de banquete en banquete, pero durante todo este tiempo, y para el resto de su carrera la joven no dejará de asistir a clases del arte tradicional que haya decidido escoger como su especialidad en el kaburenjo, aunque dejará de asistir a las clases de instituto. Y cuando la comunidad crea que la joven está lista, la maiko se convertirá, finalmente, en una geisha de pleno derecho.