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Los resultados  del Global Gender Gap Report, un informe del Foro Económico Mundial que analiza las disparidades entre sexos a nivel mundial, muestra que Japón en vez de mejorar, sigue cayendo situándose en posiciones tan bajas como en la posición 101 del ranking de 132 países.

Los resultados del informe nos sirven de excusa y nos permiten analizar el estado de la mujer japonesa en el mercado laboral, así como diferentes temas relacionados, como el acoso sexual en el lugar de trabajo o el acoso por maternidad, aspectos que tienen mucho que ver en el fracaso de las políticas igualitarias que ha intentado llevar a cabo el primer ministro Shinzo Abe.

La mujer japonesa y el mercado laboral

Si bien con la Restauración de Meiji la mujer consiguió la igualdad legal con el hombre y el pleno acceso a la educación, no fue hasta la segunda mitad del siglo XX, con la derrota japonesa en la Guerra del Pacífico y la posterior ocupación aliada, que Japón se vio sometido a un gran número de cambios y reformas.

Con una nueva constitución y leyes que buscaban asegurar la igualdad entre géneros y luchar contra la discriminación, parecía que la mujer japonesa podría conseguir la plena igualdad, pero las cifras del informe demuestran que nada más lejos de la realidad.

Y eso que la igualdad de género y el acceso de la mujer a los puestos de trabajo es actualmente un tema de vital importancia para el futuro de Japón, especialmente si tenemos en cuenta el impacto directo que este aspecto tiene sobre la economía, en un país que sufre de falta de trabajadores debido a la caída en los índices de natalidad y al envejecimiento de la población. Japón no está sabiendo utilizar el potencial de miles de mujeres totalmente preparadas y las consecuencias hace mucho que se han empezado a notar.

Cambios a partir de la Segunda Guerra Mundial

Uno de los cambios más importantes que vio Japón durante los años 40 y 50 del siglo pasado fue la transición de un sistema familiar patrilineal basado en la relación padre-hijo hacia un sistema en que la mujer es el centro de la familia nuclear y la autoridad absoluta en casa, responsable tanto de la educación de los hijos como de las finanzas familiares.

De aquí surgieron los roles que todavía hoy en día están muy asentados en la sociedad japonesa: el centro de la vida del hombre era el trabajo, mientras que el centro de la vida de la mujer era la casa y los hijos. Esta organización social se grabó fuertemente en la mente de la sociedad japonesa y sigue estando muy presente hoy en día, con hombres dedicados en cuerpo y alma  a sus trabajos (con largas jornadas laborales e implicación nula en la familia) y mujeres dedicadas exclusivamente al cuidado de su familia y de su casa.

Japón no está sabiendo utilizar el potencial de miles de mujeres totalmente preparadas.

Sin embargo, el aumento de la esperanza de vida femenina, la bajada de la natalidad, el alto coste de la vivienda y la educación y el pleno acceso de la mujer a la educación superior fueron algunos de los motivos que supusieron un aumento en la participación femenina en el mercado laboral, especialmente entre las mujeres casadas con hijos mayores, que quisieron volver al mercado laboral y se encontraron con trabajos precarios y/o de media jornada con sueldos bajos, sin ningún tipo de posibilidad de promoción ni beneficio. ¿La razón? Como he comentado antes, el hecho de que la organización social de los roles masculinos y femeninos  todavía estaba muy presente en la mente colectiva.

La empresa como familia

La organización social de los roles se vio especialmente reforzada por el concepto de la empresa como familia que surgió en la segunda mitad del siglo XX. Si bien antes de la Segunda Guerra Mundial, en un momento extremadamente nacionalista y militarizado, Japón utilizó el concepto de familia tradicional para unir la sociedad y fomentar el patriotismo, convirtiendo el Estado en una gran familia, después de la Segunda Guerra Mundial este tipo de estructura familiar se trasladó en el mundo empresarial.

sarariiman-en-japonAsí, al comparar la empresa con una gran familia, se conseguía que todos los empleados cooperaran en su continuidad, como lo harían con su familia. Los trabajadores consiguieron viviendas corporativas y hasta escuelas específicas para sus hijos, mientras la empresa obtenía dedicación exclusiva: el empleado dedicaba todas sus horas disponibles a la empresa, con largas jornadas y sin tiempo libre, reforzando la necesidad de que la mujer se quedara en casa y cuidara de los hijos.

Es justamente esta actitud centrada en la empresa, que todavía está muy establecida en la empresa japonesa, lo que hace que sea muy difícil para la mujer participar activamente. Las mujeres japonesas que quieren una carrera profesional, se encuentran con que el rígido horario laboral no se adapta a las demandas familiares, además de que desanima a aquellas que tengan ambiciones profesionales de casarse y tener hijos, algo que tiene un impacto directo en la economía: cada vez más mujeres retrasan la edad de matrimonio y la edad de tener su primer hijo y los índices de natalidad no hacen más que caer, envejeciendo la población y suponiendo una grave falta de mano de obra.

Discriminación laboral

La falta de flexibilidad es sólo uno de las ramas del problema. Mientras no haya un cambio de actitud por parte de toda la sociedad, la mujer no podrá avanzar hacia la igualdad. Por ejemplo, declaraciones como las del ministro de sanidad Yanagisawa, que describió las mujeres como “máquinas de hacer niños” y sugirió que el bajo índice de natalidad japonesa era culpa de mujeres que no estaban sabiendo cumplir con su obligación de tener hijos, o la recomendación de Shimomura (político del gobierno de Abe) hacia las mujeres para que “se queden en casa y cuiden de sus hijos” como solución a la falta de guarderías y centros infantiles, son claros ejemplos de que la mentalidad debe cambiar.

La mujer japonesa en el mercado laboral

La existencia de términos como christmas cake (para referirse a mujeres de más de 25 años sin perspectivas de matrimonio), shokuba no hana (literalmente, flor de oficina) u OLs (office ladies), que básicamente sirven a sus compañeros masculinos, demuestra que Japón está lejos de vencer la discriminación laboral por cuestión de género y que la idea de que la mujer es inferior al hombre en el ámbito laboral está todavía muy presente en la mente de toda la sociedad.

Justamente de estas mentalidades surge la discriminación que relega a mujeres extremadamente preparadas a sitios de poca responsabilidad o sin ningún tipo de promoción. No es raro, pues, que si una mujer con estudios y experiencia ve como un colega suyo menos preparado recibe una promoción antes que ella decida darse por vencida, dejar el trabajo y dedicarse a su familia.

Esto no quiere decir que estas mujeres con talento, educación, habilidades y experiencia quieran abandonar sus carreras profesionales. De hecho, un 63% de las mujeres japonesas afirma dejar el trabajo en cuanto tienen hijos por insatisfacción laboral, mientras que un espeluznante 49% lo hace al sentirse obstaculizada y ver que no tiene opciones de crecimiento profesional.

Algo que sorprende, y tal como detalla el informe del Foro Económico Mundial, es que Japón no dispone de una legislación específica que prohíba la discriminación por género. Si bien en 1985 se aprobó una ley contra la discriminación por género en el mundo laboral, lo cierto es que se presentó más como una serie de ‘recomendaciones’ y no tanto como una prohibición.

la mujer japonesa en el mundo laboralAdemás, tradicionalmente han existido dos vías de acceso al mundo laboral: el camino sogoshoku para aquellos que quieran una carrera profesional y optar a promociones; y el camino ippanshoku para aquellos, tradicionalmente mujeres, que quieran trabajar hasta casarse.

El principal problema es que en la gran mayoría de casos las mujeres no escogen el camino, es la empresa la que lo escoge por ellas, ‘animándolas’ a seguir el ‘curso normal’ de la mujer y trabajar hasta casarse y tener hijos. Es por eso que la gran mayoría de mujeres trabajadoras, aunque tengan una carrera universitaria y puedan acceder a puestos de trabajo específicos, acaban trabajando de OL.

Asimismo, la diferencia salarial entre sexos en Japón es la mayor de los países desarrollados y conjuntamente con la exigencia de una cultura corporativa, que supone una gran barrera para aquella mujer que no quiere o no puede cumplir con las expectativas de dedicación absoluta y largas jornadas, el número de mujeres en posiciones de liderazgo ha pasado tan sólo del 1% al 2,8% entre 1980 y 2005, es decir, ha tenido un crecimiento exageradamente lento.

A pesar de esto, las tasas de ocupación femenina no han hecho más que subir desde  2005, pero naturalmente todavía queda mucho camino por recorrer, especialmente en cuanto a la calidad de estos puestos de trabajo y las condiciones salariales. Está claro que si se fuerza a una mujer a trabajar más de 15 horas diarias con un sueldo inferior al de sus colegas masculinos y con menos posibilidades de promoción, es fácil que abandone y deje el trabajo, ¿no os parece?

Opciones de futuro

Japón está cambiando. Las nuevas generaciones ven las cosas desde un prisma muy diferente al de sus padres y la economía del país, malgastada por la baja natalidad, el envejecimiento de la población y la falta de mano de obra, está forzando al país a buscar cambios, pero sinceramente creo que todavía quedan muchos rastros del sistema familiar en el mundo empresarial japonés. La mujer que persigue una carrera profesional, no sólo tiene que luchar contra la discriminación laboral, sino también contra una estructura corporativa machista y de largas jornadas y las expectativas de lo que la sociedad espera de ella como mujer, y por ello retrasa el matrimonio y la maternidad.

Geiko Takamaru (Gion, Kioto)¿El resultado? El índice de natalidad en Japón ha caído en picado y ha supuesto un peligroso envejecimiento de la población, que amenaza seriamente la economía japonesa en un momento en que o se soluciona la enorme falta de mano de obra o la economía no resistirá.

Utilizar mejor las mujeres trabajadoras sería una innovación necesaria, como indica un estudio del año 2010 de Goldman Sachs, ya que se añadirían 8,2 millones de cerebros más de mano de obra y estimularía la economía en un 15%. Las mujeres japonesas tienen ganas, ahora solo hace falta que los empresarios, los colegas y la sociedad en general acepte y lidere el camino.

Desgraciadamente, y bajo mi punto de vista, el cambio está todavía lejos. Mientras la estricta política corporativa no facilite el equilibrio entre la vida familiar y profesional, y la mentalidad de la sociedad no acepte un cambio en los roles estipulados para hombres y mujeres, y se supere completamente la discriminación y se igualen salarios y oportunidades, la mujer lo seguirá teniendo muy difícil para acceder con normalidad al mercado laboral y equipararse con el hombre.

De hecho, en una encuesta realizada en marzo de 2014 por el Instituto Meiji Yasuda de Vida y Bienestar a 3.616 hombres y mujeres, quedó patente que 39,3% de los hombres encuestados y un 43,0% de las mujeres encuestadas creen que el hombre es el que debería trabajar a tiempo completo y que la mujer es la que debería quedarse en casa. 

Unos resultados que sorprendieron a los propios analistas del Instituto y que demuestran que definitivamente algo no casa con los supuestos intentos del primer ministro Abe de aumentar la participación de la mujer en el mundo laboral japonés como parte de su paquete de medidas y estrategia de crecimiento para reactivar la economía del país.

De hecho, la administración pública japonesa tiene grandes problemas para cumplir el objetivo del 30 % de empleo femenino en puestos directivos. Preocupado por los bajos índices de natalidad y la (alarmante) disminución de la mano de obra a consecuencia de la disminución de su población activa, el primer ministro Shinzo Abe prometió tratar de impulsar el empleo femenino, poniéndose como objetivo alcanzar el 30% de mujeres en puestos directivos de la administración pública para el año 2020.

Sin embargo, hasta 2015 las mujeres tan sólo han cubierto el 3% de dichos puestos. Y eso que según el Ministerio del Interior y Comunicaciones, el número de mujeres trabajadoras aumentó en 470.000 el año pasado, un incremento inferior al 2% que sin embargo marcó el mayor aumento desde 1991.

La cultura de largas jornadas laborales, el sistema tradicional de remuneración y promoción basado en la antigüedad del trabajador, la dificultad para acceder a guarderías en las grandes ciudades y la falta de oportunidades para que las mujeres retomen sus trabajos después de su baja por maternidad son sólo algunos de los obstáculos que las mujeres deben superar si quieren proseguir con sus carreras profesionales. Todavía hay mucho trabajo que hacer y mucho camino que recorrer para cambiar estructuras sociales y llegar a una situación más igualitaria en el terreno profesional.

Japón está perdiendo la posibilidad de utilizar la mitad de sus cerebros, en un momento en que hace falta mano de obra. Aunque sólo fuera para salvar su economía (y no tanto por cuestiones de igualdad social), debería darse prisa.

Además… Acoso sexual en el trabajo

Otro problema grave para la inclusión de la mujer en el mercado laboral es el trato que recibe por parte de sus compañeros y superiores. Una encuesta del gobierno realizada en 2016 a más de 9.600 mujeres trabajadoras de entre 25 y 44 años concluyó que casi un tercio de las mujeres japoneses trabajadoras habían sido acosadas sexualmente en su lugar de trabajo.

Mujer japonesa en el mundo laboral

Si eso no fuera suficientemente preocupante, más de la mitad confesó haber sido víctimas de comentarios sobre su apariencia, edad o físico, especialmente por parte de colegas masculinos (y en un 24,1% de los casos por parte del jefe directo) y un 37% confesaba haber tenido que aguantar un número excesivo de preguntas sobre su vida privada (especialmente en cuanto a su estado civil o hijos).

En los casos más graves (que los anteriores ya lo son, por supuesto), un altísimo 40% confesaba haber sido víctima de tocamientos inapropiados, a un 28% les habían pedido persistentemente salir y tener citas y un 17%comentaba que las habían  presionado para tener relaciones sexuales. 

Podéis leer algunos comentarios más sobre a encuesta aquí.

Además… Acoso por maternidad

Otra problemática a la que se enfrenta Japón y especialmente la mujer trabajadora en Japón es cómo encaja la empresa y sus trabajadores un posible embarazo.

Los resultados de una encuesta sobre trabajo y embarazo realizada a comienzos de 2015 indicaban que una de cada cinco mujeres había sufrido algún tipo de acoso en su lugar de trabajo al quedarse embarazada.

La encuesta, realizada a nivel nacional entre el 26 de enero y 2 de febrero de 2015 por la confederación sindical japonesa conocida como Rengo se llevó a cabo por Internet a mil mujeres de entre 20 y 49 años de edad, que se habían quedado embarazadas mientras trabajaban.

De las 1.000 mujeres que respondieron a la encuesta, un 21% comentó que habían recibido un trato desfavorable, mientras que un 10% afirmó haber sufrido acoso verbal. Un 8% comentó que o bien fueron despedidas o sus contratos no fueron renovados al quedarse embarazadas.

mujer-japonesa-trabajadoraDe las encuestadas, un 43,7% comentó que trabajaba unas 8 horas al día durante el embarazo, mientras que un 16,6% afirmó trabajar 9 o más horas al día. Tan sólo un 4% de las mujeres encuestadas comentó haber ajustado sus horas durante el embarazo.

En general, un 74% de las mujeres embarazadas comentaron que su lugar de trabajo les ofreció algún tipo de compensación durante el embarazo, como permitirles ir al hospital durante las horas de trabajo, reducir el número de horas extra o no realizar trabajos de carácter físico, pero un 19% no recibieron ningún tipo de trato especial.

La encuesta también muestra que el 61% de las mujeres encuestadas dejaron sus trabajos al saber que estaban embarazadas, de las cuales un 55% afirmaron haber dejado el trabajo de manera voluntaria para poder dedicarse plenamente a cuidar de la casa y de su recién nacido.

 

NOTA: Este artículo se basa en una traducción y edición del ensayo que presenté para la asignatura de Género y Familia en Asia Oriental del máster en Estudios de Asia Oriental.

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