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Estamos en plena época estival, y uno de los sonidos más típicos del verano japonés es el de las campanillas furin (風鈴) que significa literalmente “campanilla de viento”.

Al finalizar la temporada de lluvias (tsuyu) y con la llegada del verano, los japoneses cuelgan campanillas furin en ventanas y salidas al exterior (como puertas de terrazas y jardines). Estas campanillas, pues, evocan al verano no sólo al sonar con la agradecida brisa del verano japonés sino también con los materiales de los que están hechas, de cristal, cerámica o metal.

Para un japonés, el sonido de la furin es sinónimo del verano y les da cierta paz y tranquilidad, aliviándoles en cierta forma del húmedo calor del verano japonés.

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Las furin, originarias de China, fueron introducidas en Japón por antiguos monjes budistas y rápidamente se popularizaron. Son pequeñas y suelen tener una tira de papel rectangular colgado que cuando hace viento se mueve y hace sonar la campanilla.

En el pasado se colgaban de los bosques de bambú para ahuyentar a los malos espíritus, pero actualmente cuelgan de cualquier casa y templo por su belleza, simpleza y su característico sonido, tan evocador del verano.

Matsumoto