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Jizo y Warabe Jizo: La deidad guardiana de niños y viajeros

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Una de las deidades más populares y más queridas en Japón es, sin ningún tipo de duda, la del Warabe Jizo o simplemente Jizo, llamado Ksitigarbha en sánscrito. Se trata de la representación del bodhisattva Jizo Bosatsu, deidad protectora de los niños y los viajeros en la tradición budista.

Quizás por el nombre de «Warabe Jizo» o «Jizo» no sepas a qué nos estamos refiriendo. Pero si te los describimos físicamente, quizás te suene un poco más la cosa. Y es que si te decimos que nos referimos a esas pequeñas estatuas de monjes que suelen estar decoradas con gorritos de lana, bufandas o baberos -especialmente de color bermellón o rosa-, seguro que la imagen te suena un poco más, ¿a qué sí?

Jizos en el templo Zojoji de Tokio
Jizos en el templo Zojoji de Tokio
Estatua de Jizo en las inmediaciones del templo Zenko-ji de Nagano
Estatua de Jizo en las inmediaciones del templo Zenko-ji de Nagano

Para los japoneses, este bodhisattva es un ser compasivo, que ayuda, cuida, guía y protege a todo el que lo necesita. De hecho, por un lado, es el guardián de los viajeros y, por el otro, el protector de los niños. Y especialmente de aquellos niños que no nacieron y que al abortar quedaron atrapados en una especie de limbo.

De viaje por Japón, verás estatuas de Jizo como deidad guardiana de los viajeros y peregrinos en muchos caminos y cruces de senderos, normalmente dentro de un pequeño altar de madera, para que esté protegido de las inclemencias del tiempo. Puedes verlos, por ejemplo, en los senderos alrededor de la ciudad de Kioto o durante tu paseo por el monte Misen, en la isla de Miyajima, donde los peregrinos y viajeros les han hecho todo tipo de ofrendas. Y en la cultura popular, quizás te suene más por la película de animación El viaje de Chihiro, donde aparece en mitad de camino.

Jizo en el monte Misen
Jizo en el monte Misen

Las estatuas de Jizo como deidad protectora de los niños y la maternidad se encuentran en muchos templos budistas y son ofrendas de padres. Aquellos padres felices por haber conseguido la curación de su hijo de una grave enfermedad, por ejemplo, agradecen la intervención del bodhisattva Jizo colocando una pequeña estatua en el templo.

Pero también lo hacen aquellos que lloran la muerte de sus hijos y piden el favor de la deidad para que cuide el alma de su hijo fallecido. Y es que en la tradición budista japonesa se cree que las almas de los niños que nunca llegaron a nacer o que murieron tras el parto se encuentran en una especie de limbo, un lugar llamado sai no kawara.

Este especie de limbo o purgatorio no es un lugar agradable, pues también está frecuentado por otras almas menos puras que las de los bebés, razón por la cual el cuidado y protección de los Jizo sea vital. De ahí que los padres que hayan sufrido un aborto o la muerte de un bebé recién nacido realicen una ceremonia en el templo budista y compren una pequeña estatua Jizo que mantienen en el templo al que van a rezar frecuentemente por el alma de su pequeño en otra vida.

Esto lo puedes ver claramente, por ejemplo, en el templo Zojoji de Tokio, situado a los pies de la Tokyo Tower. Este templo tiene un amplio espacio con muchas estatuas de Jizo dedicadas a cuidar las almas de los niños fallecidos. O también en el precioso templo Hase-dera de Kamakura, a las afueras de Tokio.

Jizos en el templo Hasedera de Kamakura
Jizos en el templo Hasedera de Kamakura

Como parte de esa conexión con esa estatua de Jizo, los padres ofrecen gorros y bufandas de lana a las estatuas, para que no pasen frío, y baberos para que no se manchen con las ofrendas de comida o snacks que les hacen.Y además también ofrendan pequeños juguetes o artículos infantiles.

Los gorros, las bufandas y los baberos suelen ser de color rojo porque en Japón se cree que el rojo es el color que permite alejar a los demonios y las enfermedades. Y en el Jizo facilita la vida, la fertilidad y el parto, de ahí que todas estas ofrendas sean de color rojo.

Asimismo, también see cree que, para tener una mejor vida en su siguiente ciclo vital, hay que ir apilando pequeñas piedras, como haciendo una especie de montaña para poder cruzar el río Sanzu y escapar así de ese limbo o purgatorio. Ésa es la razón por la que es frecuente que los padres que han sufrido una pérdida apilen pequeñas piedras cerca del Jizo, a modo de plegaria, rezando para que esta deidad cuide y ayude a su hijo fallecido.

A menudo, las estatuas de Jizo tienen una forma casi infantil. En estos casos reciben el nombre de Warabe Jizo porque warabe significa «niño» en japonés antiguo. En tu viaje por Japón, encontrarás Warabe Jizo escondidos en muchísimos lugares. En el exterior del templo Tenryu-ji de Arashiyama, por ejemplo, o en el musgo del precioso templo Sanzen-in de Ohara. O hasta escondidos en las inmediaciones del salón Reikado del monte Misen de Miyajima, por poner sólo unos ejemplos.

Estatuas Osana-Jizo en Ohara
Estatuas Osana-Jizo en Ohara

Esperamos haberte sacado de dudas con este post, ¡disfruta de tu viaje!

Entrada publicada originalmente el 29 de enero de 2013. Última actualización: 5 de febrero de 2021

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