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Una de las cosas que quizá nos sorprendan cuando visitamos Japón por primera vez son los coches de tren sólo para mujeres, que suelen funcionar de lunes a viernes en las horas de más frecuencia de viajeros, es decir, en hora punta. Estos coches tienen como objetivo frenar los casos de acoso (chikan hanzai) a mujeres en los abarrotados trenes de la hora punta japonesa. Y este acoso puede ser tanto físico con tocamientos deliberados como verbal con susurros subidos de tono.

Los acosadores, llamados chikan, se esconden tras el anonimato que ofrece un tren a rebosar de personas para molestar a las mujeres. Para la Policía Metropolitana de Tokio el término ‘molestar’ hace referencia al acoso sexual deliberado, generalmente físico aunque a veces también puede ser verbal, y que consiste en tocar a alguien por encima de la ropa (especialmente en zonas como el trasero o los pechos), restregar el cuerpo de uno contra el del otro por detrásdesabrochar camisas o faldas y hasta hacer fotos por debajo de la falda.

Desgraciadamente, estos casos siguen sucediendo (como pudimos ver hace unos días en Twitter, cuando alguien compartió la foto de un chikan grabando la ropa interior de una pasajera con su teléfono móvil), pero la mentalidad va cambiando y estos casos cada vez se denuncian más, tanto por parte de la acosada como por parte de los testigos. Desde la policía, se ruega a las víctimas que respondan públicamente en voz alta al sentirse acosadas, que agarren la mano del acosador, etc., y se pide la colaboración de cualquier persona que sea testigo de estos casos, como el que hemos visto denunciado por Twitter.

Las víctimas de los chikan suelen ser veinteañeras (en un 50% de los casos) y menores (en un 30% de los casos), lo cual, bajo mi punto de vista, agrava la situación. En el año 2008, se reportaron 2.169 casos oficialmente en la ciudad de Tokio, la cifra más baja desde 2005, probablemente gracias a la masiva implantación de vagones específicos para mujeres que se llevó a cabo ese año y que se ha ido extendiendo por todo el país. Es curioso como esta cifra, que a priori parece altísima, en Japón se ve como un triunfo porque es la más baja de los últimos años.

La sociedad japonesa ha ido tomando conciencia de la gravedad de los crímenes realizados por chikan. En la ciudad de Tokio este tipo de actos pueden suponer seis meses de prisión o una multa de hasta 500 mil yenes, o un año de cárcel o un millón de yenes para los casos reincidentes.

Fuente principal: Fukada, T (2009) In anonymous packed trains lurk gropers. The Japan Times.