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Love is Blind Japan

Love is Blind Japan y el amor en Japón

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Love is Blind Japan (ラブイズブラインドジャパン) es un reality show de Netflix sobre el mundo de las citas, los ligues y el amor en Japón. Es la versión japonesa del programa original estadounidense del mismo nombre en el que hombres y mujeres participan en una serie de citas a ciegas para encontrar una pareja con la que casarse.

Y cuando decimos «citas a ciegas» lo decimos de manera literal. Porque bajo el pretexto del «experimento», durante los primeros días los participantes hablan a través de unas cabinas, sin verse las caras. Se busca con ello alcanzar una «conexión emocional», sin que se interponga la atracción física.

Cuando los participantes alcanzan esa «conexión emocional», se van formando parejas. Parejas que no se han visto nunca las caras, recordemos. Aquellos que consiguen conectar con alguien, se comprometen y por fin se ven por primera vez. Tras ese primer encuentro, se van unos días de «viaje idílico» y al volver pasan a vivir juntos antes de la boda, en la que se darán el «sí, quiero» delante de sus familiares y amigos. O el «no quiero», porque la particularidad de Love is Blind es que los concursantes llegan hasta el día de la boda y en muchos casos dicen allí, delante de todos, que no.

Evidentemente, se trata de un reality en el que vemos tan sólo un porcentaje muy pequeño de todo lo que ocurre. Y todo está muy editado y dramatizado para mantener el interés del espectador. Pero, a pesar de ello, a través de Love is Blind Japan es posible aprender más y quizás sacar algunas conclusiones interesantes sobre la sociedad japonesa y sobre cómo los japoneses se relacionan entre sí.

¡Ojo, spoilers!

Evidentemente a continuación hablamos libremente de todo lo sucedido en Love is Blind Japan. Por eso, si no lo visto la serie y no quieres spoilers, no sigas leyendo.

Roles de género

Comenzamos con uno de los temas más candentes, también para los participantes de Love is Blind Japan. En las cabinas es habitual verles hablar sobre el reparto de tareas domésticas o la conciliación en caso de tener hijos. ¿Debería dejar de trabajar la mujer al casarse y tener hijos? ¿Debería dedicarse exclusivamente a ser ama de casa? Éstas son algunas de las preguntas que surgen y que a veces se contestan de manera algo vaga. Y, en otras ocasiones, de manera absolutamente seria.

Un caso interesante es el de la pareja formada por Mori (37, dermatólogo cosmético) y Minami (26, arquitecta). Minami deja muy claro en cada una de las citas que tiene en las cabinas que disfruta de su trabajo y que, por lo tanto, no quiere convertirse en ama de casa. Ella misma explica que vio sufrir a su madre para sacar a su familia adelante (a falta del padre). Y confiesa que no está dispuesta a pasar por algo parecido.

Minami es independiente y quiere seguir trabajando porque así, en caso de que le sucediera algo a su pareja, no se encontraría en una situación complicada. Deja muy claro, una y otra vez, que busca una pareja dispuesta a aceptarla como mujer trabajadora e independiente que es. Una mujer que lucha por romper con los roles de género establecidos en la sociedad tradicional japonesa. Y no es la única. El casting de Love is Blind Japan sorprende positivamente porque en él vemos a muchas mujeres que buscan igualdad con sus compañeros masculinos.

De hecho, muchas de las mujeres del programa se muestran abiertamente contrarias a convertirse en amas de casa. Valoran sus trabajos y sus estilos de vida y no están dispuestas a dejarlo todo por un hombre. Esto se ve especialmente en las charlas que las mujeres tienen en el salón, donde se relajan tras las citas y comentan las personalidades de los hombres que han conocido.

Pero Minami es en cierto modo «atacada» o «incomprendida» por su pareja por mostrarse fuerte y decidida. Por ser asertiva y directa. Por asumir un rol menos complaciente del que supuestamente debería tener la mujer desde una visión tradicional. Y eso lleva que al final, la pareja rompa su relación sin llegar al altar.

Otro ejemplo interesante es el de Atsushi (42, empresario) quien menciona, sin ningún tipo de pudor, que creía que la cocina era «el dominio de la mujer» y que quería estar con alguien a quien le gustaran las tareas del hogar. Las caras de las mujeres al otro lado de la cabina, que lo definieron como «el típico tío de Kyushu» (Kyushu danshi, en japonés) lo dijeron todo. No hace falta ni decir que Atsushi regresó solito a su casa.

Sin duda alguna, un tema candente. No por nada Japón se encuentra en la posición número 120 del Índice global de brecha de género 2021 del Foro Económico Mundial. Es evidente que hay mucho por hacer, pero el reality nos genera cierto positivismo, porque vemos que cada vez más mujeres (y hombres) luchan por cambiar la tendencia.

Ayano, hablando del "Kyushu Danshi"
Ayano, hablando del «Kyushu Danshi»

La (no) comunicación

Éste puede ser uno de los puntos más complicados de comprender para muchos espectadores extranjeros. El idioma japonés es, de por sí, un idioma «vago». Es decir, es un idioma de alto contexto, en el que muchas cosas se dejan sin decir o se dicen a modo de silencio. A menudo para evitar situaciones de conflicto y mantener la armonía.

Si en Occidente valoramos la dialéctica como herramienta de comunicación (los idiomas occidentales son de bajo contexto), en Japón se valora el silencio. Porque en él reside la verdad, según creen. Y esto es problemático, porque saber «leer» esos silencios es, en ocasiones, extremadamente complicado. En Love is Blind Japan vemos a las parejas hablar, pero también usan los silencios para comunicarse; y en muchos casos para comunicar disconformidad. Y como espectadores, a menudo tenemos problemas para comprender qué se está comunicando en realidad.

Un ejemplo de lo difícil que es comprender aquello que «no se dice» en japonés (pero que sí se está comunicando) lo encontramos, de nuevo, en la pareja de Mori y Minami.

Cuando están rompiendo su relación, Mori afirma que quiere una pareja que le apoye a él y a sus sueños. Minami se mantiene firme y le contesta que, como lleva diciendo desde el primer minuto de programa, ella quiere seguir con su carrera profesional. A lo que Mori responde que, visto lo visto, lo mejor es romper. Y allí termina su relación.

Está claro que todo está muy producido y editado, pero ¿a qué se refiere exactamente Mori con esa afirmación de que busca una pareja que le «apoye a él y a sus sueños»? Probablemente se refiera a que busca una mujer complaciente y que se pliegue a su estilo de vida (muy relacionado con los roles de género de los que hablábamos antes).

De hecho, a lo largo del programa vemos cómo a Mori comienza a molestarle que Minami sea tan directa al hablar y que tenga las ideas tan claras. Probablemente se da cuenta de que quiere una mujer más dependiente, más centrada en hacerle feliz a él (y no tanto en buscar su felicidad personal). Pero lo dice de manera un tanto vaga para, justamente, salvaguardar las apariencias, que es el siguiente punto del que queremos hablar.

Mori rompiendo su relación con Minami (© Netflix)
Mori rompiendo su relación con Minami (© Netflix)

Salvaguardar las apariencias

Decíamos antes que la premisa del programa es que los concursantes lleguen hasta el día de su boda y allí, delante de todos los invitados y vestidos de novios, digan si se quieren casar o no. Y esto es así en las versiones estadounidense y brasileña, pero no en la japonesa.

En la versión japonesa, muchas parejas van deshaciéndose a lo largo del experimento, tanto durante el «viaje idílico» (que no siempre lo es) como durante la fase en la que comparten piso. Y no pasa nada, simplemente dejan de aparecer y el programa se centra en las parejas restantes.

Puede parecer un detalle nimio, pero es una demostración de lo importante que es salvaguardar las apariencias en Japón. Ese «save face», que se dice en inglés y que a veces se traduce como «guardar la cara». Es decir, evitar avergonzar a alguien, evitar que esa persona caiga en el «deshonor» o que sienta que ha perdido el «respeto». El mentsu (honor, respeto) es clave en las relaciones humanas japonesas y está muy arraigado en su cultura. De hecho, existe la popular expresión mentsu wo ushinau que literalmente significa algo así como «perder el respeto/honor» («loss of face» en literatura inglesa) y que es algo que debe evitarse a toda costa.

El tan arraigado instinto de salvaguardar las apariencias lleva a muchos participantes a romper antes de la boda para así evitar avergonzar a sus parejas públicamente diciendo «no». Algo que, desde un punto de vista tradicional, sería visto como un deshonor, una vergüenza, una falta de respeto. De hecho, las dos parejas que finalmente se casan son las dos únicas que llegan al altar… Más claro, imposible.

En Japón, más que a la franqueza, se da mucha importancia a saber guardar las apariencias. Tanto que, al contrario de lo que sucede en otras versiones del programa, aquí se les permite romper antes de llegar al altar. Pero otro ejemplo de esto lo encontramos, justamente, en la pareja de la que hablábamos antes. Mori se molesta en repetidas ocasiones con Minami porque siente que ella está siendo demasiado directa. Mori se siente «atacado», casi podríamos decir que en ocasiones siente cierto «deshonor» ante lo que dice Minami. Las palabras de ella son una «pérdida» de esas apariencias y eso resulta terriblemente doloroso para él.

Midori y Wataru llegaron al altar y (evidentemente) se casaron
Midori y Wataru llegaron al altar y (evidentemente) se casaron

Tatuajes y pelo rubio

Uno de los participantes más populares de esta primera edición de Love is Blind Japan es Ryotaro (32, peluquero). Ryotaro es alto, delgado, tiene varios tatuajes y lleva el pelo teñido de rubio. Para las audiencias internacionales, esto no es nada significativo. Al contrario, es algo bastante cotidiano. Por lo que a muchos espectadores extranjeros les costará entender el revuelo que surge alrededor de su look.

Para explicarlo de manera sencilla, en Japón este look se asocia de alguna manera a los delincuentes (especialmente el pelo teñido de rubio) y/o a la yakuza, la mafia japonesa (especialmente los tatuajes). En resumidas cuentas, no es la apariencia que una persona «decente» debería tener. Y esto se ve claramente cuando Motomi ve por primera vez a Ryotaro tras su compromiso en las cabinas. Echa un pie hacia atrás y habla abiertamente del «miedo» que el look de Ryotaro puede infundir en otras personas.

Motomi enseguida acepta el aspecto de Ryotaro, sabe ver más allá de su apariencia. Pero se preocupa especialmente por el qué dirán sus padres cuando conozcan a su pareja. Tanto es así que Ryotaro al final sorprende a todos tiñéndose el pelo oscuro para la ocasión. Y decimos «sorprende» porque en conversaciones con Motomi y con sus amigos siempre había dejado claro que no quería teñirse el pelo de negro. Pero lo hace finalmente para facilitar la aceptación de los suegros.

Ryotaro y su problemático pelo teñido de rubio
Ryotaro y su problemático pelo teñido de rubio

El estigma del divorcio

Japón tiene una tasa de divorcio bastante más baja que otros países occidentales. En 2020 la tasa de divorcios por cada 1000 personas fue de 1,69. Quizás por ello todavía hay cierto estigma relacionado con el divorcio, porque la «rotura» de la familia se ve como un «fracaso» del concepto de familia tradicional.

No obstante, el estigma parece afectar casi exclusivamente a las mujeres. Por ejemplo, Motomi (27, publicidad) y Nanako (35, ex-profesora de ballet) se muestran altamente inseguras a la hora de confesar que están divorciadas. Es todo un drama, lleno de lloros y nervios. Y agradecen mucho cuando sus futuras parejas reaccionan positivamente quitándole hierro al asunto.

(Sobre)análisis de personalidad

El objetivo final del experimento es el matrimonio, es decir, encontrar una pareja con la que casarse. Y conseguirlo, además, en pocas semanas. En la versión japonesa vemos que ésta es una decisión que no se toma a la ligera, sino que se piensa y reflexiona muchísimo.

En otras versiones del programa, los participantes hablan de sus hobbies, sus miedos, sus familias, sus trabajos… Y eligen a sus parejas en función de si encajan o no juntos. En la versión japonesa, no obstante, vemos a los participantes leer y releer las notas que han tomado tras una cita, analizando las personalidades del otro sin cesar.

Hay minutos y minutos de metraje de los participantes revisando sus libretas, analizando cada respuesta, cada detalle, cada anotación. Es hasta demasiado :)

Muestras públicas de afecto

Es por todos conocido que los japoneses no son muy dados a las muestras públicas de afecto. Pero a pesar de ello a muchos espectadores puede sorprenderles ver cómo se comportan las parejas tras su compromiso, cuando se ven por primera vez.

En la versión estadounidense y, especialmente en la versión brasileña, los participantes son mucho más afectuosos, mucho más físicos. Hay besos y más besos y toqueteos varios entre los futuros marido y mujer. En cambio, en la versión japonesa suele haber una formal inclinación de cabeza y un abrazo más o menos encorsetado. Pero además, otro punto que sorprende a muchos extranjeros, es que se dan las gracias y usan fórmulas de respeto vacías como yoroshiku onegaishimasu (¡que se puede traducir de tantas maneras diferentes!).

Entre tanta formalidad japonesa, una pareja sorprende por su afectividad pública. Son Wataru (38, ejecutivo) y Midori (30, consultora), una pareja en la que justamente ambos han vivido en el extranjero, tienen amigos extranjeros con los que hablan en inglés y una visión del mundo algo más internacional. Y se nota en sus muestras de afecto, más cercanas a las occidentales.

No es el único beso en el puente de los cerezos (Priya también besó a su pareja), pero sí fue uno de los más afectuosos.

Midori y Wataru fueron los más afectuosos en el puente de los cerezos
Midori y Wataru fueron de los más afectuosos en el puente de los cerezos

Ser japonés

Éste es un tema que se pasa un poco por encima, pero que creemos que es importante recalcar. Priya (27, empresaria) sí que habla un poco más a fondo sobre qué significa ser hafu (del inglés half, «mitad») en Japón. De madre japonesa y padre indio bengalí, Priya consiguió el título de Miss Japón en 2016 y puso el foco en qué significa «ser japonés» y especialmente en «cómo» son los japoneses en el siglo XXI.

Pero quizás más interesante fue el intercambio de experiencias entre Mori y Minami. Ambos tienen raíces coreanas y ambos confesaron sentirse «inferiores» por ello. Tanto, que casi nos atrevemos a decir que esta pareja conectó, en gran medida, por esta misma razón. Porque tienen un background, una historia parecida y diferente a la «norma». Por desgracia, el programa editó gran parte de sus conversaciones al respecto y apenas pudimos escucharles hablar de este tema, pero desde luego influyó mucho en su elección.

Se ha hablado mucho de la homogeneidad japonesa. Pero con este tipo de experiencias y con un casting de participantes tan variado, se demuestra que es más una teoría (de lo que quizás les gustaría ser) y menos una realidad. Y es algo que va a seguir ampliándose en el futuro.

La importancia del aspecto

Finalmente, otro punto a analizar es la extrema importancia que se da al aspecto y el físico en Japón. Durante las citas en las cabinas, a pesar de no verse, tanto ellas como ellos van perfectamente vestidos, peinados y maquillados.

Sí, está claro que están en televisión y no quieren salir en ropa de deporte, pero sorprende verlos siempre perfectamente vestidos para la ocasión. De hecho, es una oportunidad fantástica para ver las últimas tendencias de moda masculina y femenina en Japón, la verdad.

Pero esto también lo vemos en la relación de la pareja más internacional, Wataru y Midori. Midori anima a Wataru a hacer ejercicio juntos y se alegra cuando Wataru pierde varios kilos en pocas semanas antes de la boda. La producción y edición de esas conversación roza el fat-shaming, a pesar de que Wataru está delgado para nuestros estándares.

Y una reflexión personal…

Además de por poder ver en directo cómo se relacionan hombres y mujeres en Japón, la versión japonesa de Love is Blind es probablemente mejor que las versiones estadounidense y brasileña por varias razones.

En primer lugar, el diseño de los espacios está muchísimo más cuidado. Las cabinas en las que los participantes hablan durante horas son mucho más bonitas, ejemplificando la elegancia de la estética japonesa. Por ejemplo, como comentaban en Reddit, la pantalla que separa a los participantes tiene forma de luna, porque en japonés existe la metáfora tsuki ga kirei (la luna está preciosa) para decir «te quiero».

Aunque otro lugar que destaca especialmente por su estética es el puente tradicional de madera, rodeado de flores de cerezo, en el que los participantes se ven por primera vez después de comprometerse. Es precioso y le da mil vueltas a las otras versiones del reality, sin ningún tipo de duda.

Además, nos pareció que la versión japonesa estaba más enfocada a la comunicación y menos al drama. Nos encantó que las cabinas tuvieran «buzones» a través de los cuales los participantes se pasaban todo tipo de material: desde libros a cartas. O la fantástica presentación (estilo powerpoint, pero en papel) de Midori, por ejemplo, que nos hizo sonreír a todos. Demostró ser una consultora al 100 % :)

Y muy relacionado con esto, destacamos especialmente también el respeto y buen ambiente que hay entre todos los participantes. Tanto las mujeres como los hombres hacen piña: se escuchan y se animan entre ellos, en ocasiones dando consejos muy valiosos. Nos gustó que se centraran más en eso y menos en el drama por el drama.

Para finalizar, una última reflexión. Nos ha parecido que el casting era bastante variado: mujeres trabajadores, todas las edades, profesiones liberales… Había un poco de todo. No sabemos si es porque estaba más destinado a un público internacional (no no los parece) o porque justamente el «japonés estándar» no quiere presentarse a este tipo de realities. Sea como fuere, teniendo en cuenta lo producidos y editados que están este tipo de programas, se agradece la variedad.

Love is Blind Japan está disponible en Netflix. Si lo has visto, cuéntanos, ¿qué te pareció?

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Laura
Laura

Licenciada en Traducción e Interpretación con inglés y japonés (UAB) con estudios especializados en la Universidad de Estudios Extranjeros de Kioto (KUFS) y Máster en Estudios de Asia Oriental (UOC). En la actualidad es cofundadora y directora de Japonismo, medio especializado en Japón líder en español donde escribe artículos sobre Japón y copresenta los pódcasts "Japón a Fondo" y "Japonesamente" centrados en cultura japonesa y viajes a Japón. Además, ha publicado dos libros "Japonismo. Un delicioso viaje gastronómico por Japón" y "Japón en imágenes" (Anaya Touring). Laura imparte clases de literatura japonesa, turismo, gastronomía japonesa, business en Japón y arte japonés en el Curso de Especialización en Estudios Japoneses (CEEJ) y ha impartido varios cursos en distintas organizaciones como el curso "Japón y las cuatro estaciones" en Casa Asia, la masterclass sobre "Protocolo japonés" en la Universitat Ramon Llull (Blanquerna) o el curso de digitalización de competencias para el grado de Estudios de Asia Oriental de la Universidad de Málaga.

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