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La semana pasada comenzamos a hablar sobre masculinidades japonesas y nos centramos en las masculinidades previas al Japón actual, centrándonos en las características de la masculinidad del guerrero samurái y analizando qué sucedió en la sociedad japonesa para que apareciera la figura del sarariiman.

Hoy quiero hablar de la llamada ‘masculinidad del sarariiman, el omnipresente oficinista asalariado de traje oscuro y camisa blanca que puebla las oficinas y calles de Japón y que ejemplifica un tipo de masculinidad japonesa hegémonica hasta hace unos años, aunque dicha hegemonía se esté viendo contra las cuerdas con el auge de masculinidades emergentes mucho más femeninas, por llamarlas de algún modo rápidamente, como veremos en otras entradas.

La hegemonía de la masculinidad del sarariiman

Antes de comenzar a hablar del sarariiman, tenemos que dejar claro qué significa, al menos en el contexto de esta entrada, el concepto de ‘hegemonía’. Hegemonía significa ganar y mantener el poder, aunque esto implique la formación (y destrucción) de grupos sociales en el proceso, persuadiendo a gran parte de la población y organizando las instituciones sociales para que esta renegociación y ejecución de cambios parezca “natural” y “normal” (Donaldson, 1993, p. 644).

El hombre se ha visto reducido a una simple máquina que lleva el salario a casa.
Yukio Mishima (1978, p. 64-65)

La masculinidad del sarariiman es un ejemplo perfecto de una masculinidad hegemónica específica de una clase social que sólo es concebible en una economía capitalista global pero que también es cultural y políticamente específica (Connell, 2005, p. 200). La “masculinidad hegemónica” es la forma de masculinidad culturalmente dominante en un entorno específico, en el que ‘hegemónica’ significa tener una posición de liderazgo y autoridad cultural, pero no de dominio total sobre otras masculinidades.

masculinidad del sarariiman perfil

Imagen de Kigyoshimin

De este modo, la masculinidad hegemónica no tiene que ser necesariamente la masculinidad más común, pero sí una de las más visibles (Connell, 2002, p. 44). Según Robertson (1992) quizás es cierto que el sarariiman es sólo una minoría de la población trabajadora, pero sin duda ha dominado el discurso popular sobre la representación de la masculinidad hegemónica en Japón (citado en Gill, 2002, p. 145) hasta los nuestros días y por lo tanto es de vital importancia. De la misma manera que lo fue la masculinidad del samurái durante el Japón del periodo de Edo o las masculinidades emergentes que se abren paso en el Japón actual, pues las masculinidades pueden cambiar y luchar entre ellas por la hegemonía (Connell, 2002 , p. 51) a medida que surgen nuevos espacios.

Con ciertos cambios económicos aparecen nuevas formaciones sociales que quieren dar respuesta justamente a esos cambios y que tienen un impacto directo en la aparición de cambios en los roles de género (Koetse, 2012) y esto es especialmente acertado en el caso del Japón: a principios del siglo XX, junto a la urbanización y la modernización del país, y con el surgimiento o diseminación de sentimientos de resistencia hacia la homosexualidad, de los que hablaremos en otra entrada, apareció, también obligado, un nuevo rol de género para el hombre japonés y un nuevo modelo de masculinidad japonesa (Koetse, 2012), la masculinidad del sarariiman.

El concepto de sarariiman

Definir el concepto de sarariiman no es una tarea fácil. En términos generales, la palabra sarariiman hace referencia a los empleados oficinistas asalariados de empresas del sector privado que tradicionalmente han disfrutado de características laborales muy específicas. Estas características son un trabajo de por vida, promociones y aumentos salariales basados ​​en el concepto de antigüedad y una preocupación generalmente paternalista por parte de la empresa a cambio de lealtad servicial y continua del empleado hacia la empresa (Dasgupta 2011 , p. 119).

Pero naturalmente el término va más allá. Hay quien lo describe como “el criado afable pero competitivo de la oligarquía corporativa que domina la economía japonesa actual” (Connell, 2005, p. 200); o como un símbolo social, una construcción sociocultural, una ideología estatal y corporativa, una realidad sociohistórica (Robertson y Suzuki, 2002, p. 6) o el estereotipo dominante de la masculinidad japonesa de la segunda mitad del siglo XX (Darling-Wolf, 2004a, p . 83). Y si bien el sarariiman tuvo mucho que ver con el resurgimiento de Japón después de la Segunda Guerra Mundial, hoy en día es visto como un hombre sexista, sin imaginación, extremadamente ocupado, distante y sin emociones (Darling-Wolf, 2004a, p . 83).

masculinidad del sarariiman guerrero corporativo

Imagen de diamond

El origen de la figura del sarariiman surgió a principios del siglo XX de la mano del programa de modernización de la Restauración de Meiji para mejorar y ampliar el sistema educativo y puso sobre la mesa una serie de trabajos administrativos y de oficina donde la figura del asalariado empezó a cobrar fuerza, heredando los trabajos más burocráticos de los samuráis de finales del periodo de Edo.

Aunque el término sarariiman comenzó a popularizarse tras la Primera Guerra Mundial, lo cierto es que no fue hasta los periodos Taishō y Shōwa cuando empezó a ejemplificar el entonces “nuevo hombre japonés”, el hombre de un nuevo Japón urbano, industrializado y moderno (Dasgupta, 2011, p. 122). La industrialización del país comportó grandes cambios en la sociedad y esto supuso el miedo a perder la identidad japonesa. Para controlarlo, se formaron nuevos conceptos de ‘tradición’: los ciudadanos debían ser leales para con el estado o la autoridad imperial y es por eso que el rol de la mujer se reafirmó en ser una “buena esposa, madre inteligente” mientras que los hombres se convirtieron en ‘guerreros corporativos’, porque mostraban rasgos específicos del discurso de la masculinidad anterior (la de los samuráis, de la que ya hablamos) como lealtad, diligencia, dedicación, sacrificio o trabajar duramente (Dasgupta, 2000, p. 193). Así, el sarariiman se convirtió en el discurso dominante del capitalismo-industrial patriarcal y heterosexual (Koetse, 2012), totalmente contrario a las prácticas homosexuales de tiempos pasados ​​que el gobierno quería erradicar en favor de la occidentalización.

La división sarariiman/sengyō-shufu

La ocupación aliada, después de la derrota en la Guerra del Pacífico, fue un punto de inflexión en la historia y el desarrollo del país y, del mismo modo, en las representaciones de la masculinidad japonesa. Tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial, la ocupación aliada promovió la democratización y la modernización de Japón, y durante la década de 1950 el país fue testigo de un periodo de crecimiento económico sin precedentes, con una rápida industrialización que supuso un aumento de las tareas administrativas. De aquí surgieron dos términos básicos para el orden social japonés: sarariiman y sengyō-shufu (ama de casa a tiempo completo), que pasaron a componer el discurso hegemónico de género (Taga, 2011, p. 137).

Si bien la modernización iniciada en el periodo de Meiji debería haber supuesto nuevas oportunidades laborales para las mujeres, con la creación de fábricas y molinos textiles y trabajos de secretariado en oficinas, lo cierto es que el sistema de salarios basado en la antigüedad y la presión social para que las mujeres se dedicaran en cuerpo y alma a la casa y los hijos no ayudaron a la inserción laboral de la mujer. De hecho, las mujeres comenzaron a ver el matrimonio como una manera de escapar de los trabajos tediosos de las fábricas o de las responsabilidades poco exigentes y nada motivadoras de la oficina (Lo, 1990, p. 12).

masculinidad del sarariiman sengyo shufu

Imagen de uranaisu

Bajo esta separación de los roles de género del sarariiman/sengyō-shufu, con mujeres centradas en la casa y la educación de los hijos y hombres dedicados en cuerpo y alma al trabajo y totalmente alejados de la casa y la familia, la masculinidad del sarariiman se caracterizó por dos conceptos claves: el matrimonio (heterosexual) y la dedicación al trabajo (Charlebois, 2013). Es justamente gracias a estos dos conceptos que el sarariiman consigue cumplir dos características cruciales de su masculinidad: la heterosexualidad y la madurez (Hidaka, 2010, p 165). Al ser heterosexual basa su masculinidad en el matrimonio y los hijos, y al ser el sustentador de la casa y la familia consigue cierto dominio sobre la mujer.

Hay que comentar, sin embargo, que a pesar de que la masculinidad hegemónica del sarariiman se confirma con la paternidad, la práctica de la paternidad es vista por muchos hombres japoneses como una debilidad, por lo que para muchos la idea de la crianza no entra en su idea de virilidad (Donaldson, 1993, p 647). Esto se puede ver claramente en la aparición de conceptos como los de ‘hogar sin padre’ o el ‘síndrome del padre ausente’ (llamado en japonés chichioya fuzai shindoromu) que hacen referencia a un sarariiman que, en palabras de Myōkō (1997, p. 220 hasta 221), es “un guerrero corporativo; más que ser un miembro de su familia, es un miembro de su empresa “(citado en Matthews, 2012, p. 115). El síndrome del padre ausente está bastante bien explicado en la obra de Saito Shigeta (1987) titulada Chichioya fuzai shindoromu. Oyaji yo, MO ichidō Kate ni modorō de la editorial Yomiuri Shinbunsha (en japonés, ya hablaremos de este concepto en otras entradas).

masculinidad del sarariiman paternidad

Imagen de Graphs/PIXTA

La superioridad masculina y el poder

El sarariiman se convirtió en la personificación, real e ideal, del modelo ideológico del éxito y superioridad masculina al que otros hombres debían aspirar a través de logros educativos y laborales (Robertson, 2002, p. 128). Así pues, la masculinidad del sarariiman se basa en el poder (Robertson y Suzuki, 2002, p. 6) y presupone que si un hombre no tiene éxito en términos de poder, autoridad y posesión, no puede considerarse un “hombre real” (es el concepto de ichininmae no otoko) (Robertson y Suzuki, 2002, p. 8). Es, además, un tipo de masculinidad que legitima una cierta manera de vestir, una cierta actitud hacia la vida y el trabajo y una cierta manera de hablar (Yamakawa, 2013, p. 43).

Bajo este discurso hegemónico y como consecuencia de la derrota japonesa y las transformaciones sociales y económicas que siguieron, los hombres japoneses debían encontrar empleo, casarse y tener hijos para “ser hombres”. Así, la figura del sarariiman se convirtió en la personificación de la masculinidad hegemónica, neutralizando masculinidades alternativas (Dasgupta, 2011, p. 122) como la de la mafia yakuza o la de los nacionalistas, de las que hablaremos en entradas posteriores. La razón es clara: gracias a la división de género, a través de la cual el hombre se dedicaba plenamente al trabajo y la mujer a cuidar de la casa y de los hijos, que serían los trabajadores y madres del futuro, Japón pudo convertirse en una sociedad próspera y moral (Matthews, 2002, p. 112) y superó rápidamente la dureza de la posguerra.

masculinidad del sarariiman poder

Imagen de hiruton

El guerrero corporativo

La rápida recuperación tras la derrota de la Segunda Guerra Mundial y el milagro económico de las décadas de 1950 y 1960 se atribuye en gran medida a los sarariiman, o mejor dicho, a los kigyō senshi o guerreros corporativos de la época, y la división de trabajos según el género, en el que las mujeres cuidaban justamente de estos guerreros exhaustos.

Como dice Dasgupta (2011), el sarariiman, que ejemplificaba la noción de hombre japonés arquetípico que es marido/padre, productor/proveedor y heterosexual, pasó a considerarse una característica intrínseca de la “cultura nacional” japonesa y ejerció influencia total sobre las percepciones de masculinidad, teniendo un papel esencial en las representaciones de la masculinidad japonesa de la posguerra. Como construcción de género, es la manifestación de una masculinidad hegemónica y culturalmente privilegiada creada y recreada a través de instituciones y prácticas culturales y socioeconómicas de forma que este discurso de masculinidad puede considerarse la forma dominante o hegemónica de masculinidad.

masculinidad del sarariiman fotos guerreros corporativos

Imágenes de pspeace. Proyecto 企業戦士サラリーマンダム

La pérdida de identidad

Según Dasgupta (2011, p. 130 a 131), a partir de la década de 1990, sectores antes menos importantes económicamente como el turismo, la moda, la educación o los servicios y medios de comunicación comenzaron a ocupar un lugar más prominente en la economía del país. Estas eran áreas donde el énfasis se ponía menos en atributos tradicionalmente asociados con la masculinidad corporativa y más en la individualidad, el estilo o la creatividad.

Asimismo, con la recesión y la quiebra de la cultura corporativa que había sido antaño la responsable del éxito económico japonés, el modelo de masculinidad del sarariiman comenzó a ser cada vez menos atractivo. Las características laborales que conllevaron el apogeo del sarariiman (trabajo de por vida, promociones y salarios basados en la antigüedad, etc.) comenzaron a tambalearse y para muchos afectados todo esto no significó una pérdida de trabajo o de características laborales hasta entonces estables, sino la pérdida de su identidad como padre, proveedor y, en resumen, como hombre, que comenzó a cuestionarse.

masculinidad del sarariiman cansado

Imagen de kirarikira

Así, aunque el estatus de sarariiman todavía da fuerza al hombre japonés y es la base de la masculinidad dominante, es importante reconocer el hecho de que cada vez son más evidentes una serie de masculinidades diferentes. Diferentes cambios económicos, demográficos y de actitud sugieren que el modelo hegemónico de masculinidad se está transformando, no sólo por parte de los jóvenes (para quien el compromiso con el trabajo y su papel como sostenedor familiar ya no es una de las bases principales de su identidad masculina), sino también por parte del estado (que preocupado por el descenso de la natalidad, solicita una mayor participación del hombre en la familia) (Ishii-Kuntz, 2002, p. 201).

Así pues, con el estallido de la burbuja económica al comienzo de la década de 1990, las masculinidades no hegemónicas que antes vivían a la sombra de la masculinidad del sarariiman comenzaron a hacerse sentir con más fuerza y ​​la imagen masculina se fue suavizando en representaciones de cultura popular, como son los manga, las series televisivas o dorama y las revistas, comportando cambios aparentemente progresivos en la masculinidad que suponían cambios en la ideología patriarcal, para adaptarse con más facilidad a las condiciones sociales contemporáneas (Dasgupta, 2011, p. 131).

Lo veremos en próximas entradas :)

masculinidad del sarariiman hombre herbivoro

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NOTA: Podéis ver el trabajo original (en catalán) aquí.

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