En algunos artículos de Japonismo sobre Pinku Eiga hemos hecho alusión varias veces al SM (sadomasoquismo), y en concreto al privativo bondage japonés conocido como kinbaku o shibari, pero hasta ahora no nos habíamos centrado en estudiar con profundidad la figura de Naomi Tani, a todas luces la embajadora de la modalidad en su vertiente cinematográfica.

La bautizada como “Reina del SM” es uno de los rostros más célebres del cine nipón, hasta el punto de que se señala que es conocida incluso por aquellos fans que nunca han visto una película erótica producida en Japón. De físico grosero, alejado del patrón instaurado por las jóvenes modelos asiáticas, Tani explotó su magnetismo y su arrebatadora personalidad, causando furor en un público que la veía como la japonesa perfecta por su carácter maternal. Comenzando su carrera en el underground del Pinku Eiga, luego en los años 1970 se convirtió en uno de los estandartes de la todopoderosa Nikkatsu, donde su estilo fue imitado hasta la saciedad.

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Naomi Tani es una de las figuras cinematográficas más alabadas en Japón.

Nacida como Fukima Akemi el 20 de octubre de 1948 en Hakata, Tani da muestras de rebeldía muy pronto al decidir abandonar el hogar paterno antes de cumplir la  mayoría de edad, y después de haber perdido a su madre cuando tan solo contaba con dos años; este hecho provoca que rompa relaciones con un progenitor completamente enfadado. De precocidad alarmante, la muchacha se instala en Kumamoto para trabajar como hostess a principios de la década de 1960 y luego viaja a Tokio, escapando de un hombre con el cual tiene una bronca por una oscura estafa de medio millón de yenes. Es 1966 y, en la capital, intenta entrar en el mundo del cine, realizando primero una sesión fotográfica de desnudos; lo cierto es que Tani no llega a completar este trabajo, pues lo abandona cuando se da cuenta de que ha caído en manos de uno de los abundantes caraduras que en aquella época prometían papeles falsos a cambio de poder sacar instantáneas lascivas de las ilusionadas meritorias.

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Sesión fotográfica de una jovencísima Naomi Tani, posando ya con su pseudónimo.

Por lo menos, la experiencia le sirve para que conozca a la escritora Toyohara Michiko, la cual disfrutaba de cierta popularidad al haber publicado unas novelas dirigidas al público femenino en las que criticaba las características del hombre japonés; esta autora, gracias al éxito alentado también por alguna que otra aparición pública marcada por un crudo exhibicionismo sexual, pudo debutar como actriz en una película que adaptaba uno de sus relatos sobre homosexualidad. A continuación, Toyohara contratará a Tani como asistenta personal, lo que hará que la segunda comience a codearse con los amigos literatos de su jefa.

La novelista no quería exponerse más por el momento, así que utilizó a Tani como si fuese una especie de alter ego, llevándola a las oficinas de la editorial Futabasha. Esta empresa estaba a punto de convertirse en una de las más famosas del país, en el gran holding que es en nuestros días, gracias a la publicación de numerosas revistas juveniles sobre manga y juegos, pero en aquellos momentos estaba enfocada en material para adultos, sacando unas cuantas kasutori, las revistas para adultos de las que ya os hemos hablado. De este modo, Tani se estrenó como modelo de desnudos en publicaciones como Yūmo agurafu o Manga sandē, bajo el nombre de Murayama Akemi, trabajo que nunca dejará, ni tan siquiera cuando esté en lo más alto de su carrera cinematográfica.

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Pronto, la futura estrella protagonizará muchas portadas de las revistas kasutori o para adultos.

Como ya hemos visto en el artículo sobre las kasutori que os enlazábamos unas líneas atrás, estas revistas estaban repletas de reportajes sobre SM o sadomasoquismo, incluso aunque no estuviesen especializadas en tal modalidad erótica. El arte de atar a mujeres es un emblema nacional cuyos profesionales son vistos en Japón como maestros; dejaremos para otro momentos un estudio más conciso sobre el masoquismo nipón, pero digamos ahora que las kasutori con SM estaban dirigidas a un público culto y adinerado, que apreciaba (y sigue apreciando) unas técnicas consideradas como milenarias. El caso es que, por intercesión de Toyohara, Tani conoció a los principales valedores del kinbaku, haciéndose amiga íntima de varios de ellos; por ejemplo, Takashi Tsujimira y Kayama Shigeru, representantes de la célebre revista Kitan Club, un símbolo patrio dedicado al SM, se hicieron valedores de la mujer. Tani fue presentada a Shigeru por otro hombre transcendental de la temática, sino el más importante: Oniroku Dan, el escritor que revolucionaría el SM japonés y una de las figuras clave del acervo cultural de ese país; la devoción mutua que se creó entre el hombre y Tani fue de tal calibre, que es difícil desarrollar la biografía profesional de uno sin el otro.

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Lady Moonflower (1976), uno de los clásicos del SM de Tani.

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Lady Moonflower de la serie Roman Porno de la Nikkatsu.

Por el momento, mientras Oniroku explotaba su creciente popularidad como escritor de SM, planificando su propia troupe, productora cinematográfica y demás, Tani conocía al director Seki Kōji en las instalaciones de Futabasha. Este personaje ha pasado a la historia por ser uno de los padres del Pinku Eiga, y en aquel momento ofreció a Tani un papel en la cinta Supesharu (Special, 1967), el debut en la gran pantalla de nuestra amiga, donde dará vida a la amante de un tratante del mercado negro que se dedica a engañar a clientes en una casa de baños.

La actriz se presenta ya aquí con su seudónimo, un apelativo formado a partir de la figura del novelista Tanizaki Junichirō, cuya novela Chijin no ai también es conocida como Naomi; de todas maneras, hay quien señala que “Tani” hace referencia a su tamaño pectoral, dado que en castellano la palabra significa “valle” y en este caso representaría el canalillo de la mujer (una actriz posterior, Oka Naomi, homenajeó a la estrella a la hora de adoptar este mote, pues “oka” es “colina” en español).

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Casi no existen imágenes del bautismo cinematográfico de Naomi Tani. Aquí, una: Special.

Special no es un largometraje adscrito a la rama del SM, así que Naomi Tani no comenzará a labrarse su efigie como emperatriz del kinbaku hasta trabajos posteriores. Oficialmente son Gendai joi igaku (1967) de Ogawa Kinya y Nyotai zangyakuzu  (1967) de Sakao Masano, las cintas que la muestran por primera vez torturada y zarandeada por cuerdas, aunque esto no es del todo cierto pues otros trabajos anteriores, como por ejemplo Nikukei (1967) de Komori Kiyoshi, ya cuentan con shibari en sus argumentos. En realidad, el registro de Tani en todas estas Pinku Eiga es siempre el mismo, la interpretación de inocentes chicas extorsionadas por la yakuza.

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En Nikukei, el personaje de Tani ya sufre toda clase de torturas.

Entre 1967 y 1968, la nipona aumenta su currículo, aunque sin llegar a formalizar ese número de entre cien y doscientas películas que muchas fuentes le han solido atribuir. El mito alrededor de su persona no se crea aquí, a despecho de lo que se cuenta en la legendaria entrevista que ofreció a la revista Asian Cult Cinema, en un artículo aparecido en el número 19 de 1998 que nos asombró a muchos por los datos ofrecidos, y que desde entonces es tomado como referencia para desarrollar su biografía.

En puridad, la frágil memoria de la actriz, así como su conocida altivez, se unieron para distorsionar unos hechos que no concuerdan con la realidad. En aquellos días, es cierto que Tani logra protagonizar muchas películas, pero no es considerada la estrella del Pinku Eiga, alejada de un trono que es ostentado por otras diosas como Katori Tamaki o Tatsumi Noriko. Tani pertenece a una productora (más agencia que productora) llamada MAGpuro, dirigida por Tanemira Tadashi, la cual la cede a otras pequeñas empresas en un paquete completado con más actrices que se harán luego un nombre en el Pinku Eiga.

En el artículo de Asian Cult Cinema, Tani afirma haberse sentido molesta durante años por la esclavitud empresarial a la que es sometida por una tal Dokuritsu Productions; en realidad, la actriz se está refiriendo a esta cadena de productoras independientes formada por MAGpuro y sus colaboradoras, y “dokuritsu” (“independiente”) es un término que la entrevistadora Hamamoto Maki confunde en el contexto.

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Tsubo jigoku (1971), de Takeda Ario.

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Tsubo jigoku.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Uno de los hombres fuertes que lidera esta cadena es Komori Kiyoshi, el hombre que provoca el nacimiento del cine cruel japonés, tal como habíamos visto en otro artículo de Japonismo sobre el tema. Es evidente que la relación que surge entre este director y Tani provoca el acercamiento total de la mujer al mundo del SM, antes además de la aparición de Oniroku Dan.

Con él, trabaja en muchas cintas de denigración femenina, como en la mencionada Nikukei, o en Zanki: seitai jikken (1967). En una de ellas, Gokuhi: onna gōmon (Absolutely Secret: Girl Torture, 1968), Tani apuntaló su fama como extraordinaria profesional al concretar una secuencia terrible aún padeciendo fiebre: la toma se realizó en invierno y en la profundidad de una montaña; la mujer estaba colgada boca abajo con otro actor, sobre un cubo de agua, y la situación estaba empeorando para ella porque el líquido mojaba su larga melena; el equipo quería parar y llevarla al hospital, pero Tani se negó para no hacer perder dinero a los productores. Por otro lado, les dijo que iba a vomitar agua para hacer más creíble la escena, y todo mientras su acompañante sufría una conmoción cerebral.

La profesionalidad estaba asegurada pero al mismo tiempo comenzó a correr el rumor de que Tani no era buena compañera; su agresividad y malos modos provocaron que no fuera muy querida por un gremio de actores que la veía capaz de todo con tal de sacar beneficios personales; el realizador Yamamoto Shin’ya, que trabajaba aquí como ayudante de dirección de Komori, salió en su defensa, afirmando que Tani era “un monstruo” pero “un monstruo profesional”.

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Onna no aji (1967) de Okuwaki Toshio para World Eiga, una Pinku en la que trabaja al lado de Tatsumi Noriko, la gran estrella del género.

Entre finales de 1967 y mediados de 1968, la japonesa participó en varios eventos organizados para publicitar el mundo del Pinku Eiga. En un club de Shinjuku, su contribución en una fiesta de Futabasha fue tan admirable que una productora recién nacida y de nombre Yamabe Productions hizo todo lo posible para que MAGpuro se la cediera. La primera película que Tani hará para ellos será Irodō jingi (1968) de Hideki Miki y con guion de Oniroku Dan.

La Yamabe Productions era una especie de instrumento artístico organizado alrededor de varios amigos ligados al Kitan Club. Su jefe Yamabe Nobuo trabajaba como técnico en TV Hoso, cadena en la que recalará Oniroku Dan para trabajar como traductor. Digamos que los dos amigos planifican una extensión de la productora de televisión, utilizando al grupo de Yamabe y a otros aliados que se unen después, como por ejemplo el ex-boxeador y campeón nacional Hachiro Tako, para acceder al circuito cinematográfico.

Oniroku estaba disfrutando en esos momentos de su popularidad más alta escribiendo relatos de sadomasoquismo para Kitan Club (y otras revistas similares), y los responsables de este magazine querían que sus historias se llevaran a la gran pantalla.

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Nekkingu; Gendai Ai no Jiten: Shiritai Toshigoro; Kōshoku tsuma; Daburu beddo. (De izquierda a derecha. Todas de 1967).

Hagamos un alto en la biografía de Naomi Tani, para dar unas pinceladas sobre la vida del celebérrimo Oniroku Dan. Nacido el 16 de abril de 1931 en una familia muy cinéfila, el hombre comenzó a trabajar como traductor para la revista Tokyo Times en 1955, a la par que probaba suerte en certámenes literarios con el seudónimo de Kuroiwa Matsujirō. Con otro mote, Hanamaki Kyotaro, envía un relato al Kitan Club que fue publicado en julio de 1958.

A partir de aquí, entabla amistad con toda la gente importante del círculo privativo dedicado al sadomasoquismo japonés, y sigue publicando relatos de dominación en más revistas de la temática. Al fin, entre agosto y septiembre de 1962, salen serializados los tres primeros capítulos de su obra magna, Hana to hebi (Flower and Snake), en Kitan Club, la historia que le hará famoso en el mundo entero al proponer una iconografía de SM muy característica.

La sumisión femenina que propone Oniroku está centrada en resaltar la belleza de la mujer a partir del sufrimiento. Luego, el cine erótico desfigurará esta base, haciendo que el escritor ponga el grito en el cielo, al convertir su imagen en una oda a la misoginia más cruda. Según Oniroku, la idea de atar a una fémina está relacionada con el deseo de que la hermosura no se escape, y por ello hay que contemplar su kinbaku como una lisonja al género femenino, al contrario del bondage centrado solo en la humillación.

En el cuadro desarrollado por Kitan Club a partir de los preceptos establecidos por el autor en Hana to hebi, y que tanto ha influenciado en muchos sensei del shibari o en directores como Ishii Takashi, existe un ambición de contentar a logias o grupos de hombres pudientes con la exposición de mujeres aristócratas, muchas veces en reuniones secretas.

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Zanki: Seitaijikken (1967) de Komoro Kiyoshi, donde Tani ya es atada tal como Oniroku Dan imaginará.

Cuando Naomi Tani sea presentada a Oniroku por su colega Yamabe Nobuo, el escritor no dudará en afirmar que sus siguientes relatos de SM estarán inspirados en el modelo de mujer que representa la actriz. Y es que Tani es para él la japonesa por antonomasia, a la que le queda perfectamente el kimono, que luce una larga cabellera azabache y que está lo suficientemente entrada en carnes como para que su cuerpo no sufra cuando sea izada por las cuerdas. Además, Tani es de rostro endurecido, tanto como para exhalar un aire arrogante, que Oniroku asocia a esa superioridad femenina por la que el hombre vive amedrentado y que es necesario derribar.

Por lo pronto, los acólitos de Oniroku firman la primera versión de Hana to hebi (1965) sin Tani, pues aún no la conocen. La realización del filme corre a cargo de Kobayashi Satoru, que es ayudado por nada más ni nada menos que el “abuelo” del Pinku Eiga, Wakamatsu Kōji, y la producción recae sobre Yamabe, el cual vende la película con el sello de Tokyo Kikaku (la primera encarnación de la Yamabe Productions, operando ésta bajo el paraguas de TV Hoso; la cadena quebraría poco después, alentando a Yamabe a montar definitivamente su propia productora).

La estética del filme, así como la del resto que conforman las decenas y decenas de obras que levantará la Yamabe Productions, es palpablemente televisiva (o teatral), tal como se deduce de las fotografías que perviven. Da la impresión de que estas películas eran como material para distribuciones muy reducidas, incluso para pases privados, completando esa aureola de iconografía oculta tan cara a los aficionados trajeados al kinbaku de Kitan Club. De hecho, la reseña que se realiza en la misma Kitan Club de agosto de 1968, habla sobre ello.

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La primera versión de la desconocida y perdidísima Flower & Snake, en un amplio reportaje que Kitan Club publicó en la época de su estreno.

La siguiente película que promueve Yamabe desde sus oficinas de Meguro es Nureta onna (1965), con guion otra vez de Oniroku, el cual sigue utilizando su seudónimo de Kuroiwa Matsujirō. La película es firmada por Matsubara Jirō, el cual será uno de los hombres recurrentes tras la cámara; otros realizadores de la productora serán Shintarō Kishi y Takagi Takeo (este mote cubre a uno de los peces gordos de la cinematografía japonesa, Sojirō Motogi, socio de Kurosawa Akira y productor de los filmes más importantes del maestro en su etapa para la Toho; no hay duda de que este directivo fue el impulsor de la creación de la Yamabe Pro, tras una reunión en Meguro que es descrita en una de las autobiografías de Oniroku).

Es imperioso recomendar al lector que esté interesado en bucear sobre este enigmático grupo de hombres que no utilice JMDB (la base de datos cinematográficos japonesa) para obtener información, por ende tampoco es recomendable el uso de un libro inglés sobre Pinku Eiga muy conocido, dado que el autor utilizó inexplicablemente dicha base de datos para el desarrollo de su capítulo sobre Tani, Oniroku y la Yamabe. En realidad, aunque es cierto que los responsables de la productora utilizan seudónimos diferentes y hasta compartidos, el legado está expuesto de forma clara en numerosas entregas de Kitan Club, que para algo es la fuente para la que Oniroku y compañía trabajaban (las revistas son de fácil acceso en cualquier tienda de Jimbochō y a precios reducidos; hay que tener, eso sí, un conocimiento real de japonés para leerlas).

Hasta que Tani aparece en la Yamabe, la productora fabrica treinta y siete películas. Algunas de ellas son Ryōki no hate (1966), Ojoku no onna (1966), Onna no seidan (1967), Akai niku (1967), Nawa to chibusa (1967), Rinchi to shibari (1967), … Por sus títulos se evidencia que el kinbaku es el resorte de los argumentos, máxime cuando Oniroku participa en casi todas de alguna manera, o como guionista directo (utilizando también el apelativo de Hanami Kyotaro, por ejemplo) o como asesor o productor; además, el escritor introduce en el grupo a sus otros amigos novelistas, de modo que va perfilando lo que luego será la Oni Pro, su propia compañía de cine.

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Akai niku (1967), con guion de Oniroku Dan, representa perfectamente el universo del escritor en la pantalla.

Aunque parezca mentira, Oniroku era reacio a prolongar su Flower and Snake, ante las peticiones ansiosas de Kitan Club. La estrella no veía con buenos ojos que su “gallina de los huevos de oro” decayera en continuaciones cliché, pero hay muchas posibilidades de que fuera al conocer a Naomi Tani cuando cambió de opinión.

La actriz se acababa de casar con Yamabe Nobuo y, por lo tanto, el camarada de Oniroku enfocó toda la producción del 68 como vehículo promocional de su esposa. Tras Onna no shikiyoku (1968) de Hideki Miki, Tani protagonizará para la Yamabe la quinta secuela de Flower and Snake, bajo el título de Zoku. Hana to hebi: akai gōmon (1968) y dirección de Matsubara Jirō.

Estas películas exacerbaban el sadismo del kinbaku, según algunas fuentes porque la Aoi, una productora de Pinku Eiga controlada por un antiguo yakuza, Nishihara Giichi, había entrado en la distribución de los productos, exigiendo también que los guiones tuvieran a gánsteres como personajes principales; la Aoi compró por ejemplo la sexta secuela de Flower and Snake, un filme con Naomi Tani titulado Hana to hebiyori: niku no shōku (1968) y firmada por el inevitable Matsubara Jirō.

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Flower & Snake: Akai gōmon (1968).

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Flower & Snake: Niku no shōku (1968).

Naomi Tani participa en todas las películas que su marido saca adelante en 1968, a la par que participa en otras productoras. Su relación con Oniroku se estrecha y esto hace que gane popularidad, hasta el punto de que es contratada por Playboy para una popular sesión de desnudos conocida como The Girls of the Orient. El artículo sale en la edición de diciembre de ese año y la japonesa es acreditada como Noomi Tani.

Para muchos, este éxito acrecienta asimismo su mala fama como actriz problemática en los rodajes; sea como fuere, la actriz será capaz en los siguientes años de utilizar su influencia para producir y dirigir algunas películas de cosecha propia, y por si fuera poco, de actuar en el prestigioso teatro Nichigeki Music Hall de la Toho, demostrando su don para el striptease y el SM (por ejemplo en un show llamado Spring Night Woman’s Picture Scroll que levanta su inseparable Oniroku Dan).

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Naomi Tani en Playboy.

La siguiente y última etapa en la carrera de la estrella está asociada a la Nikkatsu, la major que coloca el cine erótico en la Serie A a partir de su saga conocida como roman porno. Los poderosos ejecutivos de la productora estaban detrás de Tani desde hacía tiempo, pero sobre todo a partir de que la mujer realizara una sesión de sadomasoquismo para la kasutori especializada SM Secreto. El primer largometraje de la Nikkatsu en el que Tani trabaja es Shinayakana kemonotachi (Sensuous Beasts, 1972) de Katō Akira.

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La sesión de SM Secreto 1971.

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Así relato en mi libro Erotismo a la japonesa (T&B, 2012) cómo resultó ser la gestación de Hana to hebi (Flower and Snake, 1974), la popular versión que la Nikkatsu realizaría del escrito de Oniroku Dan, y que acabaría convirtiéndose en el inicio de una de las sagas imborrables de la cultura japonesa de nuestros tiempos: “los tres hombres (Oniroku, el director Konuma Masaru y el guionista Tanaka Yōzō) se enfrascaron en un tira y afloja hasta altas horas de la madrugada; si no respetaban el texto, Dan no daría el consentimiento… Finalmente, las luces de la casa se apagaron de repente, para que Tani hiciera acto de presencia, enfocando a los peones de la Nikkatsu con la luz de una linterna”. Tani, que había sido la propulsora del proyecto, dejaría obnubilado a un Konuma que se convertiría en ese momento en su director fetiche.

La cinta de Konuma es un clásico que coloca sobre el tapete todas las pautas a seguir para las siguientes adaptaciones de Oniroku, las cuales llevarán en su título el nombre del escritor o el de Naomi Tani como reclamo propagandístico. Los argumentos se resumen en la historia de chicas que son secuestradas para sufrir unas torturas y que, debido a una especie de enloquecido Síndrome de Estocolmo, acaban convirtiéndose en ninfómanas.

Por otro lado, la escatología es una constante que sirve para degradar a la hembra ante sus torturadores. En una secuencia de Flower and Snake, el joven que retiene a la hidalga interpretada por Tani no se atreve a violar a la mujer porque contempla al género femenino como superior; cuando la dama defeque por culpa de un enema colocado por sus raptores, la madre del chaval animará a éste a que la penetre al fin, haciéndole saber que, debido a la evacuación de excrementos, la mujer está al mismo nivel que el hombre.

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Una de las imágenes más famosas del cine japonés: Flower & Snake y Naomi Tani.

Konuma y Tani prorrogarán esta imagen en más clásicos como Ikenie fujin (Wife to Be Sacrified, 1974), para muchos la obra maestra de la pareja, en la que el realizador no duda en filmar a la actriz haciendo sus necesidades en un cobertizo. La escena fue muy polémica porque se le aportó al excremento un color muy chillón, tal como Nakata Hideo (el conocido responsable de la saga cinematográfica sobre Ringu, y que comenzó su carrera como ayudante de dirección en el roman porno) le hizo saber al propio Konuma, en un documental titulado Sadistic and Masochistic (2000) que levantó para honrar a este último.

Nakata logró un estupendo ejercicio de nostalgia al reunir para la ocasión a unos venerables sexagenarios como eran Konuma y Tani, pero al mismo tiempo puso en aprietos al viejo director, mostrándole la escena de marras; en el documental se aprecia como Tani le da unas palmaditas alentadoras a Konuma para que el hombre deje de preocuparse por su pasado cinematográfico en el roman poruno.

Otras anécdotas relacionadas con Tani y la Nikkatsu que hicieron correr ríos de tinta están ligadas al rodaje de Kurobara fujin (Lady Black Rose, 1978) de Nishimura Shōgorō, en la que se contempla como al personaje de la actriz se le embute tanto líquido en la tortura como para hacerle hinchar el vientre (efecto que según Tani logró ella misma sin efectos especiales), y a los de las películas que la estrella interpreta al lado de otra starlette del Estudio llamada Azuma Terumi.

Resulta que esta chica y Yamabe acababan de empezar una relación a escondidas, lo que provocaría la ruptura matrimonial de Tani; la rivalidad entre Azuma y Tani, tanto fuera como dentro de la pantalla, fue explotada por una Nikkatsu feliz por el morbo creado. Por ejemplo, en Nīzuma jigoku (Newlywed Hell, 1975) de Katō Akira, donde el kinbaku es resaltado desde una perspectiva casi religiosa, la porfía que estalla entre las chicas no es nada fingida.

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Reportaje en una kasutori sobre lo que te podías encontrar en el bolso de la célebre Naomi Tani.

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La verdad es que estaba a punto de comenzar una mala temporada para la estrella que acabaría finalmente con su retirada del cine. Aunque Tani asegurará que dejaba las pantallas para que sus fans no contemplaran el declive de su cuerpo, es evidente que la Nikkatsu ya solo estaba ofreciendo papeles a actrices que como Azuma Terumi representaban el nuevo estilo de chica japonesa deseada por los hombres.

De hecho, la productora promocionó a descubrimientos como Mabuki Junko, Matsukawa Nami o Masaki Ran, con frases del estilo “la sucesora de Naomi Tani” o “la nueva reina del SM”, aunque la belleza de estas mujeres fuera completamente diferente. Tani se mofó de la supuesta falta de magnetismo de las sustitutas y hasta advirtió en público que esos cuerpos delgados y de modelo de pasarela no eran aptos para el kinbaku; como dándole la razón, Mabuki Junko tuvo que abandonar el cine en la cúspide de su carrera, debido a problemas físicos que, según el crítico Thomas Weisser y otros, estaban relacionados con las largas sesiones de filmaciones de las torturas (que se sepa con rigor, Mabuki nunca confirmó esta teoría).

La despedida de Tani en 1979 provocó la redacción de centenares de cartas de admiradores que solicitaban su vuelta, y el propio Oniroku Dan llegó a afirmar que nunca volvería a escribir más, pues sin su musa ya no había razón para seguir explotando el SM. Tras inaugurar una cafetería, Naomi no heya, en la que atendía desnuda a los clientes, Tani también sufría un percance en 1981 que la tuvo apartada de cualquier trabajo durante ocho meses: paseando a su perro, era golpeada por un coche, y la actriz cuenta que fue durante esa convalecencia cuando decidió divorciarse de su segundo marido, el cantante de enka Daido Tetsuya, con el cual se había casado poco antes (según la actriz, se firmaron los papeles de ruptura en 1984, aunque otras fuentes señalan que fue  en 1987) y que resultó ser otro adúltero.

En un principio, la ya ex actriz tuvo que sobrevivir haciendo trabajos de toda clase, como el de venta fría, puerta por puerta, pero con el seguro cobrado por el accidente, Tani pudo montar un garito nocturno en Kumamoto llamado Ohtani, el cual tuvo tanto éxito que las madames de otros clubs de la zona sintieron celos y se vieron obligadas a conspirar en la sombra, promoviendo habladurías sobre la ex actriz. Luego, ya en 1996, a quince minutos de Hakata, la mujer abría un gran videoclub especializado en roman poruno, Yours Naomi, en una época en la que el revival sobre cine asiático de Serie B alcanzaba su mayor apogeo, permitiendo a Tani el convertirse en la embajadora del Pinku Eiga.

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A partir de aquí, las apariciones públicas de la estrella se cuentan con los dedos y, por si fuera poco, la muerte en el 2011 de Oniroku Dan le llevó a renegar asombrosamente de su pasado. Esto último ocurría después de que Ishii Takashi estrenara unos años antes otra versión de Hana to hebi, un boom de recaudación gracias a la participación de la famosa Sugimoto Aya, que no dudaba en tomar el relevo de Tani, realizando un desnudo integral que fue muy cacareado.

Por otro lado, algún seguidor que tuvo el honor de charlar con Tani en Ohtani ha señalado que la mujer ya no quiere saber nada del roman poruno. La “reina del SM” se jubiló en 2013, tal como anunció el periódico Asahi Shimbun en su edición del 18 de diciembre de ese año, y su nombre ahora se mantiene vivo gracias a las reediciones de viejas películas y de artículos como éste.

Asimismo, es palpable que su legado, así como el de Oniroku Dan, pervive en la iconografía que Ishii maneja en sus últimas obras y en otro material dirigido supuestamente para público sofisticado, mientras el circuito pornográfico del país se atiborra de SM demasiado grueso y machista, y a la par que internacionalmente se frivoliza con el género en productos trasnochados y para masas como puede ser 50 sombras de Grey.