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Hace un par de semanas comenzamos una serie de entradas sobre masculinidades japonesas. Después de hablar de las masculinidades previas al Japón actual y de definir la llamada ‘masculinidad del sarariiman, hoy nos centramos en las razones y causas de la pérdida de hegemonía del sarariiman que supondrán la aparición de masculinidades no-hegemónicas del Japón actual de las que hablaremos la semana que viene.

La existencia de múltiples masculinidades y las relaciones de poder que existen entre ellas es innegable, ya que las masculinidades son configuraciones de prácticas sociales que se construyen, se liberan y cambian con el tiempo (Connell y Messershmidt, 2005, p. 852 ), es decir, no las podemos ver como categorías fijas e inmóviles.

La masculinidad, entendida como la configuración de prácticas de la vida diaria, es básicamente una construcción social.
R.W. Connell (2002, p. 45)

El modelo del sarariiman todavía tiene una poderosa influencia en la percepción de la masculinidad en Japón, ya que cualquier práctica que reclame identidades de género no hegemónicas perturba las normas culturales y es un reto para la economía patriarcal (Iida, 2005 , p. 3). Sin embargo, su hegemonía se ha visto amenazada por los últimos cambios económicos y demográficos que han puesto sobre la mesa las dudas sobre la necesidad de su papel como sustentador y dominador sobre la mujer (Taga, 2011, pág. 139).

igualdad de género en japónCon el sarariiman, las relaciones de género eran binarias y presentaban hombres y mujeres como contrarios en colisión. Las mujeres tenían que ser “buenas esposas y madres inteligentes” y los hombres tenían que convertirse en el “pilar de la casa” sobre el que se tenía que aguantar todo el sistema familiar y, por extensión, toda la nación (Castro-Vázquez, 2012, p. 690).

La recesión económica, que conllevó el declive de la cultura corporativa masculina de Japón y un aumento de la inestabilidad laboral, además de una mayor participación de la mujer en el mercado laboral y una bajada de la natalidad (Ishii-Kuntz, 2002, p. 199-200) son algunas de las razones por las que la ideología dominante del sarariiman parece estar perdiendo fuerza. Es bajo esta situación de cambios en la que especialmente los hombres y mujeres jóvenes han encontrado nuevas oportunidades para explorar y reafirmar nuevas identidades de género más allá de las que conformaban el ideal hegemónico del sarariiman (Iida, 2005, p. 4).

Cambios socioeconómicos en la década de los 1990 y masculinidad

El colapso de la cultura corporativa

Tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial, la ocupación aliada promovió la democratización y la modernización del país, y en la década de los años 1950 Japón fue testigo de un periodo de crecimiento económico brutal, el llamado milagro económico (Taga, 2011, p. 137).

salaryman burbuja económicaNo obstante, durante la década de 1990, la situación comenzó a cambiar. En febrero de 1991, la burbuja económica estalló y las repercusiones fueron desastrosas. El estilo de gestión japonés, antaño muy admirado, comenzó a dejar de ser la norma (aunque todavía fuera muy presente en muchas empresas), y la economía japonesa fue empeorando hasta el punto de que las reducciones de personal pasaron a ser la norma y no una excepción.

Tal era la inestabilidad que la década de 1990 es conocida como “la década perdida” porque el país tenía tanto trabajo en rehacerse tras el estallido de la burbuja económica que no consiguió implementar ninguna medida de futuro para revitalizar su la economía.

De hecho, las generaciones anteriores habían seguido al gobierno, a sus superiores y a sus padres a la hora de crear, construir y modernizar Japón, lo que había definido su rol de hombres. Sin embargo, en el Japón contemporáneo, eso dejó de existir y la masculinidad perdió su definición concreta.

Y si bien esta nueva generación de hombres a menudo se ha etiquetado, como afirma Snyder (2010, p. 1) como “la generación perdida”, lo que las generaciones anteriores han visto como una pérdida (la pérdida del incentivo de construir una nación, la pérdida de disponibilidad laboral), ha sido el instigador de un renacimiento de la “integración” en la masculinidad japonesa (Snyder , 2010, pág.1)

Así pues, tanto la recesión económica como el colapso del sistema corporativo, que quitó a los sarariiman tres de sus “tesoros” laborales: trabajo de por vida, sistema de promociones a partir de la antigüedad y sindicalismo corporativo (Robertson y Suzuki , 2002, p. 9), hizo que muchos hombres empezaran a sentir cierta incertidumbre por su futuro.

El aumento de esta inestabilidad laboral conllevó la aparición de una nueva figura laboral, los freeters, un fenómeno que afecta cada vez más a hombres de 30 y 40 años y que no hace más que acentuar la pérdida de seguridad por parte del hombre japonés acerca de su rol de sustentador de la familia, uno de los pilares del concepto de masculinidad hegemónica del sarariiman. El término freeter proviene del término inglés free (libre) y el alemán arbeiter (trabajador) y hace referencia a mujeres y hombres que encadenan trabajos precarios o temporales, uno tras otro, sin ninguna posibilidad de promoción en el futuro.

freeters en japón

Gráfico propio con el número de freeters (hombres) de más de 30 años (por 10 000) a partir de datos del Ministerio de Gestión pública, Asuntos internos, Correos y Telecomunicaciones

El concepto de empresa como familia, que había conseguido que los hombres sarariiman se dedicaran en cuerpo y alma a la empresa dejando todas las tareas del hogar y la familia para su mujer, se vio altamente debilitado, afectando seriamente la división de género por trabajo y, de rebote, el concepto de masculinidad japonesa como tal.

En palabras de Jardine (1985), la crisis y construcción sexual y de género que empezó a sufrir el sarariiman tras el estallido de la burbuja económica y posterior recesión es “una pérdida de legitimatización, una pérdida de autoridad, una pérdida de seducción y una pérdida de genialidad “(citado en Kaplan et al, 1999, p. 2). En consecuencia, todas estas pérdidas comenzaron a amenazar la posición hegemónica y el prestigio del ‘macho’ heterosexual de clase media y con trabajo administrativo (Robertson y Suzuki, 2002, p. 9) que representaba el sarariiman y, en consecuencia, su sentimiento de masculinidad.

La presión ejercida durante décadas sobre la figura del sarariiman, sobre cuyos hombros se sostenía la recuperación económica de la posguerra y la imagen dominante de masculinidad, comenzó a pasar factura también cuando las cosas empezaron a ir mal, es decir, durante la recesión económica.

A finales de la década de 1990 el número de trabajos “no-regulares” aumentó (del 20,9% en 1995 al 34,0% en 2007 (Kumagai, 2013, p. 158)), lo que pasó factura a los jóvenes que sentían cómo aumentaba la presión sobre su masculinidad, pues los bajos salarios y la inestable situación laboral les impedían construir su identidad, debido a que no podían cumplir con los estrictos códigos de la imagen hegemónica de la masculinidad japonesa (Kumagai, 2013, p. 158-159).

salaryman

Imagen de Pangea Today (UrbanArt’12, Sonny Fabbri)

Por otra parte, la presión también aumentó entre aquellos que sí tenían trabajos “regulares”, notándose un aumento considerable de muertes por exceso de trabajo (karoshi) y de suicidios por estrés laboral (karōjisatsu). De hecho, en datos del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar, en el año 1999 se suicidaron 22 402 hombres superando, de lejos, las 9189 muertes por accidentes de tráfico (Nakamura, 2002, p. 165).

Estos datos supusieron una reevaluación del estilo de trabajo y de las condiciones laborales de los japoneses (Taga, 2011, p. 139) y tuvieron implicaciones en la mentalidad de los hombres japoneses jóvenes, que empezaron a considerar otras opciones de vida y de rebote, de masculinidad. El aumento de los movimientos o asociaciones de hombres que buscan explorar y poner en duda las suposiciones previas sobre el concepto de masculinidad definida socialmente (Taga, 2011, p. 140) es una prueba, como veremos más adelante.

karoshi y karojisatsu en japón

Gráfico propio sobre el aumento del número de compensaciones (casos aceptados por las aseguradoras) por karōshi y karōjisatsu con datos del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón (hasta 2011).

La tasa de suicidios en Japón durante las últimas décadas es un indicador claro de la grave crisis social y económica que ha atravesado el país. Según un estudio del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar, la tasa de suicidios entre hombres de mediana edad (43-53 años) es cinco veces mayor que la de las mujeres, lo que demuestra la correlación entre el índice de suicidios y el paro provocado por la recesión: los hombres que perdían el trabajo sentían que habían fracasado en su papel de proveedores y sustentadores de la familia y por tanto habían perdido también la esencia de su masculinidad (Kitamura, 2008, p. 73 ), lo que los hacía “ser hombres” y por tanto la única vía de escape era el suicidio.

Mujeres y políticas igualitarias

En segundo lugar, la masculinidad de Japón actual también se ve afectada por los cambios en las relaciones con las mujeres y la feminidad (Robertson y Suzuki, 2002, p. 10), y el aumento del feminismo y de los movimientos igualitarios en Japón. Japón está sufriendo un largo periodo en el que las tasas de natalidad caen año tras año, lo que está haciendo tambalear las bases de las biopolíticas japonesas.

Si bien para el hombre el matrimonio sigue siendo un importante ritual, especialmente para los que dependen de las tareas domésticas realizadas por mujeres (Robertson y Suzuki, 2002, p. 11), lo cierto es que las mujeres deciden casarse cada vez más tarde y tener cada vez menos hijos (también porque al casarse más, el primer hijo lo tienen más tarde y ya no se plantean tener un segundo).

tasa de natalidad en japón

Gráfico propio de la tasa de natalidad en Japón hasta el año 2012 (x 1.000) con datos del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar.

Una de las razones es sin lugar a dudas la participación de la mujer en el mercado laboral. Aunque todavía está lejos de poder equipararse con otras economías más igualitarias (en el año 2013, Japón se situaba en la posición 105 de 135 del World Gender Gap Report), lo cierto es que el aumento de la participación femenina en el mundo laboral japonés ha puesto en peligro la posición del hombre como único sustentador de la familia.

Además, esta participación también ha aumentado las expectativas por parte de las mujeres de que los hombres participen de las tareas del hogar (Taga, 2011, p. 139) y ha terminado de presionar así, un poco más, a un hombre que debe acabar de asumir todos los cambios sociales y económicos que están influyendo en su modo de vida, de trabajo y hasta de representación de una masculinidad hegemónica, es decir, de su manera de “ser hombre”.

Oportunidades y participación económica en Japón

Gráfico propio con datos del Foro Económico Mundial, 2013

Y es que la reconfiguración del ideal de masculinidad en Japón es un proceso donde también tienen mucho que decir las mujeres. La mirada femenina ha jugado y aún juega un papel muy importante en la definición de la masculinidad en Japón. Las expectativas de las mujeres han pasado de las 3-Bs del período de gran crecimiento económico (buena educación, buen salario y buena posición) a las 3-Cs de finales de los años 1990: tener unos ingresos [que permitan una vida] cómoda, ser comunicativo y cooperar en las tareas del hogar y la crianza de los hijos (Yuen, 2013, p. 5).

salaryman padre de familia

Imagen de The Uwaga Pies en Youtube

Además, los medios de comunicación también han sido especialmente importantes a la hora de utilizar términos e imágenes de nuevas masculinidades, como la del hombre herbívoro, y diseminarlas entre el resto de la sociedad (Yuen, 2013 , p. 6). De hecho, Shirakawa y Morioka en Hataraku onna (2009), destacan que los hombres herbívoros son especialmente populares entre las mujeres divorciadas porque después de sufrir maridos exigentes y abusivos, ahora estas mujeres buscan una relación entre iguales con hombres que no les hagan daño y que respeten su carrera y su independencia. En vez de las 3-Bs o las 3-Cs, para ellos las mujeres de hoy en día buscan las 3-Ps entre los hombres: poco narcisista, poca dependencia en que las mujeres hagan las tareas del hogar y poco riesgo de ser despedidos (es decir, tener una vida estable) (citado en Yuen, 2013, p. 6).

Si bien la incursión de la mujer al mercado laboral se ha debido al aumento de los movimientos feministas en Japón, hay que recalcar también la importancia de la creación de políticas que buscan la creación de una sociedad más igualitaria, o al menos que haga un mejor uso de su talento femenino.

Estas políticas se llevan a cabo, por una parte, como respuesta a la opinión pública, que comienza a mostrarse en desacuerdo con la tradicional división de género en el trabajo (Taga, 2011, p. 140), debilitando así la legitimidad del dominio masculino y, por otro, como medio para solucionar la grave falta de mano de obra dada por una baja natalidad y un uso poco eficiente de una parte de la población: las mujeres.

Las mujeres son una fuerza vital para la economía, pero aún así, pocas mujeres han logrado posiciones ejecutivas o de liderazgo y lo cierto es que en general reciben menos formación en el trabajo, tienen menos posibilidades de promoción y la diferencia salarial entre géneros es considerable (Herbig y Borstorff, 1995, p. 56).

UntitledEl Estado, preocupado por las implicaciones económicas de la baja natalidad y el envejecimiento de su población, también ha tenido su parte en la reconfiguración de la masculinidad japonesa. Una de las quejas de la mujer actual es que si ella participa del mundo laboral, el hombre también debería participar del mundo familiar, lo que se trató en una campaña sobre la paternidad del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de la 1999.

En el póster, el marido de la popular cantante idol Amuro Namie sale con un niño en brazos, diciendo “un hombre que no cría a sus hijos no se puede considerar padre” (Ishii-Kuntz, 2003, p. 200), un mensaje directo, bastante duro y que incluso podríamos considerar hostil (Nakamura, 2002, p. 166).

Esta campaña popularizó el término ikumen, mezcla de las palabras ikuji (crianza) y el inglés men (hombres), para describir a los jóvenes que se dedicaban a la crianza (Yuen, 2013, p. 5). El ruido mediático de la campaña probablemente terminó de presionar a muchos hombres, exhaustos de tanta demanda institucional y de tanta presión social para que hubiera cambios en su masculinidad en un contexto en el que ya la situación económica y laboral les suponía un dolor de cabeza considerable.

Movimientos activistas masculinos

En tercer lugar, otros cambios que afectan a los hombres y a sus masculinidades provienen de los propios hombres, que han formado una gran variedad de grupos activistas que buscan explorar y poner en duda las suposiciones previas sobre el concepto de masculinidad definida socialmente (Taga, 2011, pág. 140) con grupos como Otoko no Kosodate wo Kangaeru Kai (Asociación de hombres para repensar la crianza) fundado en 1978, Otoko mo Onna mo Ikuji Jikan wo! (Red para la obtención de horas de crianza para hombres y mujeres) fundado en 1980, Ajia no Baibaishun ni Hantaï Suru Otoko-tachi no Kai (Asociación de hombres que se oponen a la prostitución en Asia) fundado en 1988, Menzu Ribu Kenkyū Kai (Movimiento de investigación para la liberación masculina) o el Menzu Sentā (Centro para los hombres) de 1995 y el Menzu Ribu Tokyo (Liberación masculina de Tokio) también de 1995 (Robertson y Suzuki, 2002, p. 11).

el guerrero corporativo japonés

El vencido guerrero corporativo japonés, empujado por una mujer. Fuente: The Economist (citado en Castro-Vázquez, 2012, p. 690)

La presión sobre el hombre japonés y su masculinidad parece ser enorme. La imaginería social a menudo muestra el fracaso de los hombres japoneses en cumplir con su rol social en términos de trabajo, género y sexualidad. Al fracasar a la hora de convertirse en empleados indefinidos y escoger trabajos temporales como freeters, de rebote fracasan en su rol de convertirse en un padre que proporciona y protege a su familia, y por tanto tampoco consiguen ser el pilar sobre el que se sostiene todo el sistema social, político y financiero del país. Además, para según quien, fracasan a la hora de mantener una apariencia “masculina” porque hacen un uso de la cosmética y de la moda que les hace ser más “femeninos” y reciben el nombre de herbívoros porque han fracasado también como seres sexuales, ya que no tienen ni ‘hambre’ ni deseo sexual (Castro-Vázquez, 2012, pág. 692) (figura 8).

soshoku danshi

Imagen de CNN

Así pues, el estallido de la burbuja económica y el colapso de la economía japonesa hicieron tambalear los pilares sobre los que se sustentaba la masculinidad hegemónica del sarariiman, definida por el trabajo y el matrimonio. La debacle de la cultura corporativa y la inestabilidad laboral y económica que afectó la autoestima de muchos hombres, el deseo creciente de la mujer de participar más activamente en el mundo laboral y del hombre de disfrutar de más tiempo libre han llevado a la aparición de nuevas masculinidades no hegemónicas que poco a poco van ganando terreno a la masculinidad arquetípica del sarariiman.

El dicho japonés que establece el marido/padre tradicionalmente ha de “estar sano y fuera de casa” (teishu ha jōbu de rusu ga ii) parece estar ya pasado de moda y los hombres de ahora no sólo deben dedicarse al trabajo, sino que también deben estar comprometidos con sus familias (Yuen, 2013, p. 5).

De estos nuevos hombres, de estas nuevas masculinidades, hablaremos la semana que viene… ¡no os lo perdáis!

soshoku danshi 2

Imagen de Josei Bigaku

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NOTA: Podéis ver el trabajo original (en catalán) aquí.

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Por una cuestión práctica, se enumera la bibliografía de todo el trabajo de fin de máster y no exclusivamente de este capítulo en concreto:

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