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Terrace House (テラスハウス) es un programa de telerrealidad o reality japonés producido originalmente por Fuji TV que actualmente podemos encontrar en la parrilla de Netflix.

Si bien las primeras temporadas de Terrace House: Boys x Girls Next Door se emitieron únicamente en Fuji TV, en 2015 Netflix decidió coproducir el formato y estrenar Terrace House: Boys x Girls in the City en Netflix, seguida de una segunda temporada, situada en Hawaii y que se titula Terrace House: Aloha State.

La premisa de Terrace House, según la propia presentación del programa, es la siguiente:

Terrace House es un programa sobre seis desconocidos que viven juntos y nosotros observamos cómo interactúan los unos con los otros. Lo único que les preparamos es una bonita casa y un coche. No hay guión.

Así pues, en Terrace House podemos ver cómo un grupo de seis jóvenes, tres chicos y tres chicas, que no se conocen de nada pasan a convivir en una casa, grabados por las cámaras de televisión y podemos ver cómo se conocen, cómo se adaptan los unos a los otros y cómo se relacionan.

Por qué Terrace House no es Gran Hermano

Lo primero que nos puede venir a la cabeza al leer la premisa de Terrace House es que es como un Gran Hermano japonés.

A pesar de ser también un reality, Terrace House no se parece demasiado a Gran Hermano, sino que más bien se inspira en el programa de la MTV The Real World, el que probablemente fuera el primer reality de la televisión moderna. En The Real World, varios jóvenes desconocidos entre sí compartían casa, pero seguían su vida: iban a trabajar o a estudiar, quedaban con amigos, etc. La idea era mostrar ‘el mundo real’, de ahí el título del programa, y en cierta forma se conseguía. Yo recuerdo ver el programa cuando era jovenzuela y la verdad, me encantaba.

Y ésa es la gran diferencia con Gran Hermano. Igual que en The Real World, en Terrace House los habitantes de la casa no están encerrados, sino que van a trabajar y a estudiar, quedan con amigos, visitan a sus familias, etc. Y no siempre la cámara les persigue, sino que la producción se centra en las dinámicas que suceden dentro de la casa o en algunas citas o reuniones que se suceden semana tras semana. De hecho, alguna sorpresa hacia el final de la primera temporada de Netflix tiene que ver justamente con eso, con las cosas que suceden fuera de cámara y de las que el espectador (y en muchos casos, varios ocupantes de la casa) no sabemos nada porque evidentemente se han mantenido en secreto, como sucede en la vida real.

Y ésa es, en parte, la gracia del programa, mantener las relaciones lo más naturales posible, sin forzarlas ni editarlas. Así pues, la premisa es muy básica: simplemente se nos muestra la experiencia de meter a una serie de jóvenes desconocidos en una casa y ver cómo interactúan. De la manera más natural posible, aunque la producción esté muy cuidada y a veces uno llegue a dudar de la naturalidad de todo aquello.

Otra diferencia con Gran Hermano es que Terrace House no es un concurso. Aquí no hay nominaciones ni expulsiones ni nada parecido. Se trata, como hemos dicho antes, de mostrar de la manera más real y natural posible, cómo es la vida en un piso compartido, aunque sí hay un panel de comentaristas en el estudio que añade grandes dosis de humor a lo que estamos viendo (y personalmente le da un toque sumamente especial al programa, ¡me encantan sus aportaciones!).

Pero aquí no hay gritos, ni insultos ni interrupciones. Tampoco sacan trapos sucios ni hurgan en errores o en su vida privada, simplemente comentan, desde un tono jocoso la mar de divertido, como espectadores que son. Y sinceramente,es muy refrescante encontrarte con un reality que no busca el conflicto por encima de todas las cosas, que no busca que los habitantes se peleen, formen alianzas o compitan entre ellos… Es refrescante ver un reality en el que el foco es únicamente ver cómo los habitantes se conocen e interactúan. Sin más.

Cada capítulo de Terrace House tiene un formato parecido. Al comienzo del mismo aparecen los seis comentaristas que nos ponen en situación. A partir de ahí, comentan un poco qué sucedió en el capítulo anterior y comentan un poco qué creen que va a pasar, a lo que sigue las imágenes de la semana en cuestión.

Aquí se nota la producción de Netflix, con imágenes muy cuidadas y localizaciones muy interesantes, además de usar dinámicas más típicas de series de televisión que de realities, como cliffhangers a medio capítulo, momento en el que los comentaristas entran de nuevo a comentar, o a final de capítulo, dejándonos con ganas de más.

El panel de comentaristas es, en mi humilde opinión, una de las mejores cosas del programa. Comentan cada episodio de manera respetuosa, pero siempre usando el humor de base… ¡y lo que te puedes llegar a reír con ellos! El panel está formado por la actriz y presentadora de televisión You, la actriz y modelo Reina Triendl, el actor y humorista Yoshimi Tokui, la actriz Azusa Babazono, el humorista y miembro del dúo cómico ‘Nankai Candies’ Ryota Yamasato y el joven actor y modelo Kentaro.

Creo sinceramente que sin ellos el programa perdería parte de su gracia. Sus comentarios son un soplo de aire fresco y aportan muchísimo al ritmo del programa, porque son naturales y espontáneos. De hecho, a veces nos muestran imágenes de los comentaristas reaccionando en directo mientras ven el episodio, como un espectador más. No saben qué va a pasar y reaccionan acorde. Eso sí, ¡con muchísimo humor!

Una cosa curiosa es que el programa se emite cuando los habitantes todavía están en la casa, por lo que pueden verse, con unas semanas de retraso, eso sí, y comentar cosas que sucedieron en la casa y que ya están en emisión en Netflix, creando situaciones curiosas. Además, es importante recalcar que los habitantes pueden marcharse cuando quieran (algo que sucede con frecuencia), momento en el que entra un nuevo habitante a la casa.

Estudio sociológico a través de Terrace House

Terrace House es una oportunidad de conocer la cultura japonesa moderna y las dinámicas que mueven a los jóvenes japoneses actuales a la hora de conocerse y relacionarse, por lo que su visualización puede resultar muy interesante para cualquier aficionado a la sociedad japonesa.

No podemos hacer un estudio sociológico sólo a través de Terrace House, porque éste no deja de ser un programa de televisión, pero sí nos permite analizar ciertas pinceladas de código social que vemos aquí y allá o comentar cosas que, desde nuestra perspectiva occidental, nos sorprenden (por aquello de que terminamos comparándolas con nuestra propia experiencia).

Teniendo esto en cuenta, lo primero que nos llama la atención es la presentación de cada habitante de la casa. Cuando llegan, no hay abrazos ni grandes muestras de efusividad, sino que cada uno se presenta formalmente, de una manera bastante educada, mientras el resto está sentado en el sofá o la mesa del comedor. Durante mi época en la universidad japonesa y después en una empresa en Japón, tuve que presentarme formalmente varias veces – de hecho, es una de las primeras cosas que aprendí en japonés, a presentarme de manera correcta, así que es evidente la importancia que se da a este tipo de presentación en Japón.

Así pues, justo cuando entran en la casa, no hay abrazos ni encajes de mano, algo bastante normal si tenemos en cuenta el código de conducta japonés, pero las muestras públicas de afecto tampoco tienen demasiado protagonismo a la largo de la temporada. Naturalmente hay habitantes que se quieren (como pareja o como amigos) y su relación avanza y se vuelve más física, pero no tanto como esperaríamos de la misma pareja en otro país. Hay parejas de personajes que, a pesar de ser pareja formal, apenas se tocan, apenas se sientan juntos en el sofá y de las que sólo vemos el primer beso, nada más. Aunque evidentemente esto es sólo delante de las cámaras. En privado, cuando las cámaras no están grabando, sabemos de parejas que duermen juntas, por ejemplo. Así pues, no caigamos en la trampa de decir que los japoneses son fríos o no se tocan – simplemente son más reticentes a mostrarlo en público y guardan ciertas muestras de afecto para momentos privados.

Esto se nota especialmente con la entrada a la casa de Arman, un joven medio japonés que ha vivido gran parte de su vida en Hawaii y que parece más hawaiiano que japonés, la verdad (de hecho, sorprende a todos porque se le olvida descalzarse al entrar en la casa… ¡vaya entrada!). Él es mucho más efusivo, tanto verbal como físicamente, también en público (delante de sus compañeros, delante de las cámaras, en la calle…) y mucho más directo en sus intenciones. Eso sí, como decíamos antes, no es que los japoneses no sientan, son humanos y sienten como cualquier otra persona. Por ejemplo, en las despedidas, hay abrazos y lágrimas, especialmente entre aquellos habitantes que más han congeniado, porque al fin y al cabo, les une una buena amistad y termina una etapa bonita de sus vidas.

Pero en general, la contención es probablemente el término que mejor les define. Aunque evidentemente hay momentos de tensión, estos se suelen solucionar o bien hablando en una sala o en plan ‘reunión de grupo’ en la cocina o el salón. Se da muchísima importancia a la empatía, a saber ‘leer el aire’ (el concepto de kuuki yomenai del que ya os hemos hablado en Japonismo) y a veces eso conlleva que no sean claros y directos, que den muchas vueltas para decir lo que quieren decir. En Japón es muy importante mantener la armonía del grupo, es el concepto del wa del que también hemos hablado en varias ocasiones en Japonismo. En Terrace House conseguir este no-conflicto se cuida desde el propio programa: no es un concurso, no compiten por un premio, por lo que los habitantes de la casa no forman grupos, ni van unos contra otros para posicionarse mejor. Pero también forma parte de sí mismos, de cómo son en realidad.

En este sentido, no hay grandes discusiones, grandes peleas, gritos o lágrimas. Las emociones se contienen y se expresan de una manera diferente a lo que estamos acostumbrados. Aunque también es cierto que aquí juega mucho la edición del programa: hay muchas cosas que no vemos, sólo se nos muestra lo que el programa quiere que veamos, es decir, la imagen que el programa quiere que veamos, algo muy relacionado con el concepto de rei, de mantener las formas.

El programa no quiere incomodar a los espectadores, por lo que guarda las formas, hasta en la edición del mismo. Esto queda evidente en una (supuesta, porque no la vemos) gran discusión a mediados de temporada. Vemos la reacción de la casa, ya contenida y algo más tranquila, pero por cómo habla el resto de habitantes de la casa, por las cosas que dicen y cómo definen lo que ha sucedido, sabemos que ha sido una discusión fuerte. No la vemos, el programa no nos la muestra, probablemente porque era demasiado acalorada y quizás se pensó que esto podría incomodar al espectador, porque no aportaba nada, y se decidió guardar las formas.

A partir de lo que hablan durante el transcurso de todo el programa, nos damos cuenta de lo importante que es tener un objetivo profesional en la vida, si no parece que no eres responsable o que no te tomas las cosas en serio. Y se ve la importancia que le dan al hecho de esforzarse, aunque las cosas no terminen de salir como tú quieres. Es el concepto de ganbaru, el dar más importancia al esfuerzo que al resultado en sí, la idea de que mientras te esfuerces, aunque no consigas tu propósito, nadie podrá criticarte realmente. Así los habitantes de la casa hablan mucho sobre sus deseos, perspectivas y objetivos en la vida y se animan mútuamente usando el concepto de ganbaru. ¿Qué quizá es imposible conseguir ese objetivo? Pues sí, quizá, pero al menos tienes que darlo todo. Tienes que intentarlo sin rendirte.

Probablemente muy relacionado con este concepto ganbaru, hay que mencionar que es evidente que muchos de los habitantes de la casa tienen largas jornadas laborales. Llegan tardísimo a casa o se traen el trabajo a casa y duermen más bien poco, pero  la idea que se nos proyecta es que trabajan mucho, muchísimo, para conseguir ese objetivo del que hablábamos antes. De sus conversaciones extraemos que no tienen tanto tiempo libre y en ocasiones apenas se ven, porque sus horarios no coinciden.

A pesar de a menudo no verse con frecuencia (o quizás en consecuencia de ello) y siempre para mantener la armonía del grupo, vemos que a menudo usan el alcohol como medio de comunicación, lo que comúnmente se llama nominication. Es decir, a veces parece que necesitan compartir una cerveza para poder hablarse con más franqueza. Son todos iguales, aquí no hay jerarquías ni niveles sociales, pero es evidente que en ocasiones necesitan esa cerveza para eliminar barreras y hablar de temas que, de otra manera, les costaría más.

No hablamos de emborracharse, que es algo que tampoco nunca veremos porque la edición nunca lo mostraría. Y eso a pesar de que es evidente que alguno ha acabado bastante mal en algún momento. De nuevo, se mantienen las formas, como ya comentábamos antes. Hablamos, en este caso, del simple hecho de abrir una lata de cerveza y compartirla con otra u otras personas. Ese momento es visto como un momento de intimidad, de confianza, de amistad. Un momento en el que las barreras desaparecen.

La casa de Tokio parece, desde el comienzo del programa, una gran gokon o cita en grupo, una oportunidad para conocer a gente y encontrar pareja. De hecho, después de las presentaciones formales, la pregunta que no dudan en hacer es sobre si tienen pareja o cuál es su tipo de chico/chica. Son directos, en este aspecto, algo que hasta sorprende, especialmente después de la formalidad de las presentaciones y la poca efusividad de la bienvenida.

Curiosamente, los habitantes van “a por todas”, que diríamos en un lenguaje más informal, y comienzan a pedirse citas y a salir desde el comienzo del programa. Da la sensación de que no tienen tiempo que perder o que no quieren perder el tiempo en ese aspecto porque, como mencionábamos un poco más arriba, no tienen tanto tiempo libre, así que no es cuestión de malgastarlo, suponemos :)

Como detalle final, habría que destacar los estereotipos de género y el machismo en la tareas del hogar, especialmente en la cocina, aunque también en la limpieza (ellos limpian la piscina, ellas la cocina). Cuando se conocen, después de preguntar sobre parejas y conocer qué tipo de persona les gusta a cada uno, curiosamente se preguntan quién sabe cocinar y quién no.

Hasta aquí se podría considerar una pregunta la mar de normal, al fin y al cabo van a compartir piso y en muchas ocasiones cocinarán para el grupo al completo. El problema aparece cuando algunos de los chicos se sorprenden de que algunas de las chicas contesten abiertamente que no saben apenas cocinar… ¡especialmente cuando esos mismos chicos tampoco saben cocinar! La entrada a la casa de un chef de un restaurante italiano es un soplo de aire fresco en este aspecto, porque es él el que enseña a cocinar a algunos de sus compañeros, pero el machismo latente es evidente.

Diferencias en Terrace House: Boys&Girls vs Aloha State

En enero de 2017 comenzó a estar disponible en Netflix Terrace House: Aloha State, la siguiente temporada de la factoría Terrace House que en esta ocasión se trasladaba a Hawaii.

En el momento de escribir este post sólo hemos visto hasta el capítulo 8, pues el programa sigue emitiéndose y no hay disponibles más episodios. Actualizaremos esta parte del post a medida que vayamos viendo más capítulos de Aloha State, pero con tan sólo 8 capítulos las diferencias entre la temporada de Tokio y la temporada de Hawaii son más que evidentes y creemos que es interesante reflexionar sobre ellas.

Es evidente que el lugar influye muchísimo. Si en Tokio el ritmo era frenético, como la propia ciudad, en Hawaii se toman las cosas con mucha más calma y van al ritmo de la isla. En los ocho primeros capítulos apenas han pasado cosas, si lo comparamos con los ocho primeros capítulos de Tokio, por ejemplo. Es evidente que van a otro ritmo, en todos los aspectos, aunque quizás también influye el propio casting de habitantes de la casa. En la edición de Hawaii tenemos cuatro harufu (de padre o madre japonesa y padre o madre de otra nacionalidad) y dos japoneses que viven en Hawaii, uno desde hace 3 años y la otra, de toda la vida. Quizá por ello, la gran mayoría muestra ser bastante más independientes y celosos de su tiempo personal que sus colegas de Tokio.

De hecho, las jornadas de trabajo no parecen ser tan largas, los habitantes tienen más tiempo de ocio y es más habitual verles en escapadas en grupo o con amigos, haciendo surf y muchas otras actividades más, muchas veces con gente diferente. Da la sensación de que necesitan menos relacionarse con sus compañeros de piso. En Tokio, quizás por la falta de tiempo libre, los compañeros eran amigos con los que beber o salir o posibles parejas con las que liarse, mientras que en Hawaii, tienen más tiempo y no van con tantas prisas. Se nota, pues, que la vida en la isla lleva otro ritmo y ese ritmo imprime tanto las personalidades como las relaciones de los habitantes de la casa.

Es por ello que si bien para los habitantes de Tokio la experiencia en la casa parecía una gran gokon y se tiraban de cabeza ante la oportunidad de conocer a gente y tener pareja, en Hawaii las cosas son muy diferentes. No sé si es por el estilo de vida y ese ritmo que decíamos parecía imprimir la isla en los habitantes o por sus propias personalidades, pero en Hawaii tardan muchas semanas en lanzarse a pedir o disfrutar de una cita. Así, aunque podríamos esperar que fueran más efusivos (que sí lo son algo más, pero tampoco mucho, la verdad), la verdad es que son mucho menos directos en cuanto a preguntar sobre tipos y gustos, decidir tener una cita o buscar el amor. Son cosas que preguntan, porque el formato les lleva a ello, pero queda claro que no han entrado en la casa específicamente para encontrar el amor… o al menos no de forma rápida.

Quizá relacionado con la edad de la mitad de los primeros habitantes de la casa de Hawaii (18 años), el alcohol no tiene una presencia tan clara como en la edición de Tokio. Si bien es cierto que se preguntan quién bebe y dos de ellos se declaran “amigos para beber”, lo cierto es que la presencia del alcohol es bastante baja en esta edición. Aunque también es verdad que les hemos visto poco en grupo, todavía, pues hasta el capítulo 8 tampoco han convivido tanto en grupo. Les vemos más en las habitaciones, pero poco en las salas comunes.

Tampoco les hemos visto cocinar mucho, parece que cada uno va a su rollo y cada uno cocina lo suyo, así que poco a comentar todavía en este aspecto. De hecho, hacen alguna excursión todos juntos, pero verles cenar juntos, por ejemplo, es algo que apenas hemos visto en los 8 capítulos que llevamos. Y eso, sinceramente, nos hace sentir que hay menos sensación de grupo. Como decíamos, probablemente porque son más independientes, se necesitan menos o que la vida lleva otro ritmo en Hawaii… o quizás no hayan encajado tan bien, habrá que ver cómo evoluciona con nuevas incorporaciones a la casa.

Finalmente, otro tema que de momento sorprende es la poca importancia que dan a tener un objetivo en la vida. Si bien los colegas de Tokio hablaban todo el rato de sus deseos, de qué hacían para conseguir sus objetivos y de cuánto trabajaban en ello, en Hawaii apenas se ha hablado del tema. Hay habitantes con mayor proyección profesional y habitantes sin idea clara sobre qué quieren hacer en la vida, y en general no parece importarles demasiado. No intentan ayudar ni empujar a nadie que no tenga claro su objetivo en la vida y de hecho hablan poco de ello. Van a otro ritmo, sin duda alguna. Al ritmo de Hawaii :)

A partir de la segunda parte, cuando entran nuevos habitantes a la casa, la cosa cambia algo, aunque las sensaciones generales siguen siendo las mismas. De todos modos, analizaremos con profundidad esta temporada en cuanto termine :)

Comentarios finales

Si bien es cierto que no podemos calificar Terrace House del mejor programa del mundo mundial, la verdad es que engancha. Engancha a pesar de que no seamos de realities, justamente porque es algo diferente a los realities actuales y… ¡podemos escuchar japonés en Netflix y eso siempre mola!

Además, aunque siempre partiendo de la base de que cada persona es un mundo, creemos que Terrace House nos permite ver y analizar, desde nuestra perspectiva como espectadores, cómo son y cómo se comportan los jóvenes japoneses en la actualidad, por lo que el programa nos resulta siempre de mucho interés.

Eso sí, no todo es perfecto tampoco, ¿eh? El formato abusa de modelos y actores, es decir, jóvenes que evidentemente están ahí quizás para vivir una experiencia diferente, sí, pero también para darse a conocer profesionalmente, y eso sinceramente cansa. Pero de vez en cuando hay alguna sorpresa, como el arquitecto que entra en la casa a mitad de la temporada de Tokio, que es un auténtico soplo de aire fresco y de realidad… y te vuelve a enganchar de nuevo al programa.

Uno de los aspectos a destacar es la edición. La edición está muy cuidada y es una gozada de ver, pero hace que no veamos todo, que haya cosas que no sepamos y que nunca vayamos a saber… pero eso forma parte del mundo real, ¿no os parece?

Si tenéis Netflix, echadle un vistazo aunque no os gusten normalmente los realities… ¡quizá os enganche! Y si no, siempre podéis practicar japonés y aprender un poco más sobre sociedad japonesa viendo a los seis habitantes de la casa ;)

Y un extra… ¡Localizaciones para hacer turismo!

Como hemos dicho anteriormente, la producción está muy cuidada y nos permite conocer un montón de restaurantes, cafeterías y tiendas la mar de interesantes. En la primera temporada de Netflix, situada en Tokio, además de los lugares donde trabajan los distintos habitantes de la casa, salivamos al ver restaurantes de yakiniku, shabu-shabu, sushi, sukiyaki, monjayaki… y descubrimos restaurantes con terrazas maravillosas (¡hasta en pleno centro de Tokio!), izakaya modernas o cafeterías hípster donde relajarnos.

Hay muchísimos lugares, todos ellos detallados en los resúmenes de cada capítulo en la página web oficial (en japonés, eso sí), pero destacamos algunos que nos gustaron especialmente (¡aunque hay muchos más!):

  • Queen’s Bath Resort, un restaurante con terraza y vistas al Rainbow Bridge en Odaiba.
  • Diego by the River, un restaurante cerca de Enoshima.
  • Benten, un restaurante especializado en okonomiyaki y monjayaki en Asakusa.
  • Tarlum Bianco, un restaurante con terraza y vistas al Rainbow Bridge en Odaiba.
  • Naginoki, un restaurante de estilo izakaya con buenísima comida, en Omotesando.
  • Koya, un precioso restaurante con terraza frente al mar de Enoshima.
  • Onyasai Mishuku, un restaurante especializado en shabu-shabu.
  • Pukuichi, una izakaya moderna en la universidad Toritsu
  • Kai, una izakaya moderna en Azabu-Juba.
  • Munch’s Burger Shack, una hamburguesería japonesa con toque americano
  • Yakiniku Toraji, una cadena de restaurantes especializados en carne a la parrilla yakiniku.
  • Buaiso, una especie de izakaya con parrillas en la mesa, en Ebisu.
  • Tenoha&Style Restaurant, un restaurante con terraza y jardín interior en Daikanyama.,
  • Garum, una izakaya moderna de Ebisu.
  • N_1221, una izakaya súper trendy de Nakameguro.
  • Ashi, una izakaya moderna en Asakusa.
  • Marukita, un restaurante de cuencos de arroz y pescado en el mercado de Tsukiji.
  • nR table, una izakaya moderna de Omotesando.
  • Zaimoku the Terrace · Post by Honey, una cafetería con terraza y vistas a la playa de Yuigahama.
  • Hamajirō, un restaurante con terraza en pleno centro de Tokio, ¡en Ebisu!

Asimismo, durante las citas o salidas en grupo de los habitantes, descubrimos lugares geniales tanto en tokio como en sus alrededores, como por ejemplo:

  • El parque temático Tokyo Leisure Land en Aomi, Tokio.
  • La granja Komatsuzawa y un lugar de actividades en el bosque en Chichibu.
  • El parque Shiba de Tokio, a los pies de la Torre de Tokio, perfecto para correr y ejercitarse con preciosas vistas.
  • Las playas de Yuigahama, Hamasaki (Kamisu, Ibaraki) o Enoshima.
  • Los templos y santuarios de Kamakura.
  • La excursión a pie por el monte Takao.
  • El parque de atracciones Yomiuri Land en Inagi, Tokio.
  • Las luces de Navidad del centro comercial Caretta Shiodome
  • Las pistas de esquí Kawaba en Gunma.
  • El Museo de los Cup Noodles de Yokohama.
  • El crucero The Cruise Club Tokyo-Lady Cristal.

Con la segunda temporada de Netflix, habrá que ir anotando localizaciones de Hawaii… ¡para un próximo viaje!

Os dejamos con un vídeo del panel de comentaristas, viendo pequeñas imágenes de los que eran los próximos habitantes de la casa (y que ellos todavía no conocían):

¿Habéis visto o estáis viendo Terrace House? ¡Contadnos qué os parece!