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Sumo, la lucha de los dioses

Reseña de Sumo, la Lucha de los Dioses

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Que el mundo del sumo, la llamada «lucha de los dioses», anda ahora más revuelto de lo habitual es algo sabido por todos los que seguimos este ancestral deporte japonés. Pero para los que os acerquéis por primera vez al sumo, me gustaría que os encontrarais la imagen real de esta lucha tradicional nipona… ya habrá tiempo de analizar en profundidad los que está ocurriendo en Japón de un tiempo a esta parte. Y lo haremos, os lo prometo. Pero de momento empecemos por dar unas breves pinceladas sobre el sumo.

Y es que cuando se oye hablar de sumo enseguida a todo el mundo se le viene a la cabeza la imagen de dos luchadores corpulentos peleándose en combates que muchas veces apenas superan los cinco segundos. Sin embargo el sumo es muchísimo más que esa nimiedad. Estamos hablando del deporte nacional de Japón, un país con una cultura antiquísima y que trata de mantenerla viva incluso en estos tiempos modernos que corren. Y el sumo no es ninguna excepción.

Portada del libro Sumo, la lucha de los dioses
Portada del libro Sumo, la lucha de los dioses

No podemos dejar de lado que estamos hablando de un tipo de lucha con, que se sepa, más de 1.300 años de antigüedad. Y es que las primeras menciones que se tienen del sumo las encontramos en el Kojiki, un libro del año 712 que es el más viejo ejemplar existente del japonés escrito, en el que se relata una leyenda ocurrida 2.500 años atrás sobre ciertas luchas de sumo entre dos dioses nipones.

Incluso las pinturas existentes en algunas viejas murallas aún existentes nos indican que sus orígenes probablemente sean muy anteriores y que el sumo se realizaba en rituales agrícolas para pedirle a los dioses buenas cosechas. No fue hasta el periodo Edo cuando el sumo empezó a profesionalizarse y tuvimos que esperar hasta principios del siglo XX para ver la fusión de los hasta entonces grupos de Kyoto, Osaka (estas dos fusionadas con anterioridad) y Tokio en lo que es la actual Asociación Japonesa de Sumo, que ha tratado de mantener las antiguas tradiciones hasta los tiempos modernos.

Como ejemplos tenemos el tejado suspendido sobre el dohyō, con forma de un antiguo templo divino, y la vestimenta del árbitro, que simboliza al traje de caza de un guerrero japonés del pasado.

Las reglas del sumo son extremadamente sencillas. El objetivo de cada luchador es enviar a su oponente fuera del dohyō o conseguir que cualquier parte de su cuerpo excepto las plantas de los pies toque el suelo. Los luchadores no pueden tirar del pelo, atacar a los ojos o golpear con el puño cerrado. Si al finalizar un torneo el luchador consigue más victorias que derrotas, ascenderá a la siguiente clasificación y en caso contrario descenderá puestos.

Para conseguir la victoria hay decenas de técnicas, aunque realmente tan sólo se suelen usar una veintena como mucho durante los seis torneos anuales que se celebran en cada mes impar del año: enero, mayo y septiembre en Tokio, marzo en Osaka, julio en Nagoya y noviembre en Fukuoka. No existen categorías de peso y las divisiones existentes separan a los mejores luchadores de los menos dotados.

Los combates están llenos de rituales. Comienzan con una inclinación de cabeza como saludo, realizando posteriormente el shiko, que consiste en levantar la pierna y dejarla caer violentamente contra el suelo para espantar a los malos espíritus. Luego los contendientes se colocan frente a frente en cuclillas para enseñar a su oponente que acude al combate sin portar ningún tipo de arma oculta. Entre todos estos rituales cada luchador arrojará un puñado de sal al dohyō para purificarlo antes del combate.

El sumo vive un momento en el que el máximo exponente del mismo es un luchador mongol, Hakuho, que de momento domina por completo los torneos sin que parezca que haya ningún luchador japonés que le pueda hacer frente. También varios luchadores del este de Europa se están empezando a hacer un hueco entre los mejores. Dos luchadores argentinos (Hoshitango y Hoshiandesu) fueron la representación hispana en el sumo, aunque tras su retirada hace ya algunos años la bandera latina ha quedado en manos de los brasileños Kaishin y Kaisei, este último ya en la máxima división. Esperemos que gracias a ellos la comunidad latina mundial se interese un poco más por este milenario y apasionante deporte.

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Eduardo
Eduardo

Empecé a interesarme seriamente por el mundo del sumo en 1997 y gracias a internet descubrí no sólo un deporte apasionante sino también una cultura, la japonesa, que me tiene cautivado desde entonces. Mi obsesión por hacer llegar a los demás mi pasión por el sumo me ha llevado a crear una página web (www.leonishiki.com), un blog de sumo (sumojapones.wordpress.com), escribir y traducir artículos para la revista Sumo Fan Magazine (www.sumofanmag.com), colaborar con la cadena de televisión Eurosport en sus transmisiones e incluso me atreví a escribir el libro "Sumo, la lucha de los dioses", el único escrito en español sobre este tema. Y ahora estoy también en Japonismo. ¿Podré con todo? Si hombre, como no.