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El barrio de Kagurazaka (神楽坂), situado cerca de la estación de Iidabachi, es probablemente uno de los barrios de Tokio menos visitados por el turista. Sin embargo, con sus decenas de callejones estrechos, restaurantes de estilo tradicional (ryotei) y cafeterías de antaño, Kagurazaka es un barrio con encanto por el que os recomendamos pasear.

Porque Kagurazaka es la mezcla perfecta entre el Japón de antaño y el Tokio más cosmopolita. Durante el periodo de Edo (1603-1868), en Kagurazaka vivían muchos samuráis, pues el barrio se encontraba al otro lado del foso exterior del antiguo castillo de Edo. Además, en 1857 el barrio se había popularizado tanto como barrio de entretenimiento (del llamado ‘mundo flotante’) que fue declarado de manera oficial como hanamachi u barrio de geishas.

Así pues, Kagurazaka es uno de los barrios de geishas de Tokio y hasta la Segunda Guerra Mundial podíamos encontrar aquí unas 700 geishas. Actualmente todavía hay en Kagurazaka una escuela para geishas y la oficina central que gestiona el trabajo de las 30 geishas que todavía trabajan en alguno de los restaurantes tradicionales ryotei de Kagurazaka.

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Un paseo por Kagurazaka

Kagurazaka es un barrio popular entre los tokiotas especialmente por tener muchas cafeterías coquetas y restaurantes de estilo occidental (especialmente franceses) y de estilo tradicional japonés en los que disfrutar de cenas de lujo y menús de estilo kaiseki.

Muchos de estos restaurantes parecen estar semi-escondidos entre las estrechas y pequeñas callejuelas empedradas que conforman el barrio, que son usadas a menudo en películas y dorama porque en ellas parece que se ha detenido el tiempo. Pasear por estas callejuelas es, sin duda, una excursión que bien merece la pena tanto para intentar encontrar alguna de esas geishas de Tokio como para degustar una comida en un entorno único.

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A continuación os dejamos con nuestro mapa general de Kagurazaka y os contamos qué podéis ver y hacer durante vuestro paseo por este precioso barrio de Tokio. Recordad que podéis usar el mapa durante vuestro recorrido, como os contamos aquí.

Comenzamos nuestro paseo en la parte baja de la calle principal de Kagurazaka, situada justo en el extremo del foso exterior del antiguo castillo de Edo y el puente Ushigome. De hecho, aquí encontramos la cafetería Canal Cafe en cuya terraza podemos tomar un café con vistas al foso y hasta alquilar una barquita para explorar el foso a nuestro ritmo.

Si tomamos la calle principal, nos encontraremos con un montón de tiendas interesantes, especialmente tiendas de cerámica y artesanía japonesa, tiendas de kimonos y complementos tradicionales, tiendas de papelería, etc. pero también tiendas de frutas y verduras ecológicas y pequeñas pescaderías donde el producto es el rey. Os dejamos algunas marcadas en el mapa, pero hay muchísimas más.

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A medio camino, a la izquierda, nos encontraremos con la callejuela Kenban Yokocho, centro neurálgico de las geishas de Kagurazaka, pues aquí se encuentra la oficina de control y si tenemos suerte hasta podemos oír a alguna geisha tocar su shamisen. Si bajamos las escaleras, llegaremos al sento Atamiyu, unos baños vecinales en los que las geishas de Kagurazaka se aseaban todos los días en el pasado.

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De vuelta a la calle principal, tomamos una calle a la derecha para pasear por otra de las estrechas callejuelas que tan bien definen Kagurazaka, el callejón Geisha Shindo. Si en el pasado había aquí muchas casas de geishas (y de ahí su nombre), actualmente encontramos muchos restaurantes tradicionales de nivel.

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Desde aquí, llegaremos a Honta Yokocho, una calle transversal llena de restaurantes y cafeterías, lugar ideal al que acudir en Kagurazaka si queremos comer.

Pero si tan sólo queremos comer algo rápido, os recomendamos la tienda Gojuban, especializada en bollos chinos al vapor situada en la esquina con la calle principal, ¡tienen una variedad increíble! Lo bueno es que podemos comprar los bollos calientes y recién hechos para comer al instante o los podemos comprar fríos para calentarlos y comerlos después. Una gozada.

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De nuevo en la calle principal, andamos unos pocos metros hasta encontrarnos con el templo Zenkokuji dedicado a la deidad Bishamonten, una de las figuras más importantes del budismo japonés y uno de los siete dioses de la fortuna japonesa. Por eso, a menudo veremos su nombre escrito simplemente como Bishamonten Zenkokuji.

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El templo se construyó a petición del shogun Tokugawa Ieyasu en 1595. Años más tarde el salón principal sufrió un incendio por lo que finalmente fue trasladado a su ubicación actual en 1792.

Bishamonten Zenkokuji-3Bishamonten Zenkokuji-5Desde el periodo de Meiji, el templo ha cobijado a muchos eruditos y escritores, pero por desgracia acabó completamente destruido en 1945 con los bombardeos sobre Tokio durante la Segunda Guerra Mundial. Es decir, casi como el resto de la ciudad, que quedó arrasada por los bombardeos. Seis años más tarde, el templo se reconstruyó y hoy, por fortuna, se puede visitar normalmente.

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De vuelta a la calle principal, podemos seguir subiendo la cuesta hasta llegar al santuario Akagi, un curioso santuario que fue remodelado y diseñado en 2010 por el famoso arquitecto japonés Kengo Kuma. Si os gusta la arquitectura moderna japonesa, ¡no os lo perdáis!

De camino, pasaremos por tres tiendas de especial interés: la confitería Kagurazaka Karyo, especializada en tradicionales snacks de arroz okoshi; la confitería Baikatei, que data de 1935 y en la que podemos comprar wagashi, mame daifuku, warabi-mochi, etc; y la panadería Kagurazaka Kameido, con una deliciosa selección de bollos y panes rellenos. Por cierto, que justo enfrente de la confitería Baikatei podemos ver la pequeña estatua de Kobo-chan, dedicada al protagonista de este manga japonés.

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A continuación, la idea es volver sobre nuestros pasos hasta llegar de nuevo al templo Zenkokuji. Y aquí, justo enfrente del templo, podemos explorar otra de las callejuelas con encanto de Kagurazaka: la estrecha callejuela Hyōgo Yokocho, que por su aspecto nos transporta al periodo de Edo. Justo aquí encontramos Le Bretagne Creperie, la primera crepería de todo Japón y el ryokan Wakana, que desde 1954 ha sido un popular lugar de retiro entre escritores y músicos japoneses.

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A continuación, llegaremos al callejón popularmente llamado Kakurenbo Yokocho, es decir, el callejón del escondite o donde jugar al escondite. Y es que por su forma y su tamaño, es perfecto para esconderse y que no te encuentren.

Y ya finalmente tomaremos la cuesta Keiko antes de tomar otra callejuela que nos dejará de vuelta al final de la calle principal, punto en el que hemos comenzado este paseo.

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¿Y cuál es la mejor manera de terminar un paseo? ¡Comiendo un bollo pekochanyaki con la forma de la carita de Peko-chan, símbolo de la pastelería Fujiya… y de todo Kagurazaka!

Este bollo es parecido a un taiyaki, es decir, una especie de pancake hecho en las planchas especiales y relleno tradicionalmente de pasta de judías rojas anko, aunque aquí podemos encontrar muchos más rellenos disponibles (sí, también chocolate). Una buena manera de terminar el paseo, ¿no os parece?

El paseo por Kagurazaka es muy bonito y recomendable, porque combina el bullicio de la calle principal, llena de tiendas y restaurantes, con la tranquilidad de los pequeños y estrechos callejones empedrados, algunos de los cuales son muy estrechos, ¡mirad la foto en la que aparece Luis!

Por cierto, un dato a tener el cuenta: La calle principal de Kagurazaka está cerrada al tráfico todos los días de 12:00 a 13:00 y de 12:00 a 19:00 horas los domingos y festivos.

Cómo llegar

El comienzo del paseo o lo que es lo mismo, la parte baja de la calle principal de Kagurazaka está a 5 minutos andando de la estación de Iidabachi de la línea JR Chuo (incluido en el JR Pass) y las líneas de metro Toei Oedo, Tozai, Yurakucho y Namboku.

Algunas fotos más de Kagurazaka en este álbum de Luis Rodríguez.

Post publicado originalmente el 3 de septiembre de 2014. Última actualización: 16 de febrero de 2018