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En la entrada anterior vimos cómo estaba organizado el mundo del sumo, con las diferentes divisiones en las que se integran los luchadores. En una entrada que escribiremos más adelante os contaremos cómo ese rango influye no sólo deportivamente sino también en el día a día de una heya. Pero hoy vamos a centrarnos en la competición. Vamos a pasar un día entero en el pabellón de sumo.

A pesar de que durante todo el año los luchadores pueden realizar diferentes torneos de exhibición por todo Japón, tan sólo existen 6 torneos oficiales de sumo al año, llamados hon-basho y que se disputan durante los meses impares. Son los siguientes:

  • Enero – Hatsu Basho o torneo de año nuevo – Tokio
  • Marzo – Haru Basho o torneo de primavera – Osaka
  • Mayo – Natsu Basho o torneo de verano – Tokio
  • Julio – Nagoya Basho o torneo de Nagoya – Nagoya
  • Septiembre – Aki Basho o torneo de otoño – Tokio
  • Noviembre – Kyushu Basho o torneo de Kyushu – Fukuoka

Exteriores del Kokugikan de Tokyo (Foto: Martina Lunau)

Las reglas del sumo son extremadamente sencillas. El objetivo de cada luchador es enviar a su oponente fuera del ring (dohyō) o conseguir que cualquier parte de su cuerpo (excepto las plantas de los pies) toque el suelo. Los luchadores no pueden tirar del pelo, atacar a los ojos o golpear con el puño cerrado, aunque sí con la mano abierta. Como ya sabemos, si al finalizar un torneo un luchador consigue más victorias que derrotas ascenderá puestos en la siguiente clasificación (banzuke) y si no los bajará.

Los combates empiezan alrededor de las 9 de la mañana, cuando aparecen sobre el dohyō los luchadores de la categoría más baja, Jonokuchi. Algunos días también hay combates de mae-zumo, siempre al principio de la jornada. Posteriormente van sucediéndose los combates de las categorías de Jonidan, Sandanme y Makushita, que aproximadamente nos llevarán hasta las 2 y media de la tarde. Al principio del día la afluencia de público es muy escasa, y tan sólo los familiares de los luchadores suelen estar allí animándoles. También hay algunos aficionados que quieren ver de cerca las jóvenes figuras del mañana, aunque lo cierto es que son los menos. Poco a poco y según van subiendo al dohyō luchadores de mayor graduación, las gradas del pabellón de sumo se van llenando con cada vez más aficionados.

Llega el momento del Jūryō dohyō-iri. Hemos alcanzado ya la primera de las dos categorías principales y los luchadores realizan un acto de presentación sobre el dohyō, ataviados con sus kesho-mawashi mientras son presentados ante todo el público uno a uno. Posteriormente se retiran a los vestuarios para prepararse para los combates, mientras se disputan los cinco últimos enfrentamientos entre los luchadores de Makushita.

Alrededor de las 4 de la tarde finalizan los combates de Jūryō y llega entonces el momento culminante de la jornada, el desfile de los luchadores mejor clasificados, el Makuuchi dohyō-iri. Al igual que ocurre con los luchadores de Jūryō, uno a uno van subiendo al dohyō mientras son presentados ante los espectadores. Aquí el ambiente ya ha alcanzado una temperatura lo suficientemente alta como para que el público defina sus preferencias con atronadores aplausos y gritos de ánimo hacia sus favoritos. Incluso la televisión japonesa empieza sus transmisiones en este punto.

Presentación de los luchadores durante la ceremonia del dohyō-iri (Foto: Martina Lunau)

Presentación de los luchadores durante la ceremonia del dohyō-iri (Foto: Martina Lunau)

Ceremonia del Yokozuna Dohyo-Iri (Foto: Martina Lunau)

Ceremonia del Yokozuna Dohyō-Iri (Foto: Martina Lunau)

Pero un observador avispado se dará cuenta de que falta algún luchador. Es cierto, aún no ha aparecido el Yokozuna. Y es que el gran campeón realiza una presentación muy particular, el Yokozuna dohyō-iri, una bella sinfonía de movimientos cuyo objetivo es el de espantar a los malos espíritus.

Si bien todos los combates están llenos de rituales, los de las categorías inferiores duran muy poco, mientras que en las superiores los rituales se alargan algo más. De hecho, el propio combate es lo que menos tiempo tarda en realizarse. En sumo, como en todas las artes marciales japonesas, la cortesía y el ritual se respetan y los combates comienzan con una inclinación de cabeza de ambos luchadores, como saludo. Tras retirarse brevemente a su rincón y realizar algún shiko (levantar la pierna y dejarla caer violentamente contra el suelo), los contendientes se colocan frente a frente en cuclillas para frotarse las manos y aplaudir una vez, estirar ambos brazos con las palmas de las manos hacia arriba, volver estas hacia abajo y completar este ritual poniéndolas sobre las rodillas, mostrando de esta forma a su oponente que acude al combate sin portar ningún tipo de arma oculta. A continuación se retiran de nuevo a su rincón, en donde beberán el chikara-mizu, agua purificadora con la que se enjuagarán la boca, escupiéndola posteriormente. Comenzará entonces una especie de guerra psicológica en la que los luchadores se estudiarán varias veces antes de decidirse a comenzar el combate. Durante todos estos rituales, cada luchador cogerá de su rincón un puñado de sal que arrojará al dohyō para purificarlo antes del combate.

El combate comienza cuando las manos de ambos luchadores tocan el dohyō. Se supone que ambos rikishi deben tocar con ambas manos antes de empezar. El árbitro o gyoji puede declarar una salida falsa (matta) cuando un rikishi empieza antes que el otro. El gyoji enardece con sus voces a los luchadores durante todo el combate, y tiene que señalar obligatoriamente un vencedor aunque no esté demasiado claro quién lo ha sido. Para deshacer posibles empates, hay cinco jueces sentados al borde del dohyō, más otro en una sala de vídeo al que se puede consultar en caso de necesidad. En este caso, los jueces pueden entonces subir al dohyō para deliberar, lo que se llama mono-ii. El resultado final puede ser la ratificación de la decisión del árbitro, cambiar su decisión o llamar a los dos rikishi para que repitan el combate.

Ceremonia del Yumitori-Shiki o danza del arco (Foto: Martina Lunau)

El último combate del día, el musubu-no-ichiban, siempre es el del Yokozuna y es el momento más importante de toda la jornada, sobre todo durante los últimos días del torneo en el que se debe de enfrentar a todos los Ōzeki y al resto de Yokozuna, si es que existe alguno más, cosa que no sucede en la actualidad.

Este último combate suele finalizar a eso de las 6 de la tarde, momento en el que se realiza la ceremonia de la danza del arco, en la que un luchador, normalmente de la categoría de Makushita, realiza un ritual con un enorme arco con el que se da por finalizada la jornada. Es el momento de tapar el dohyō con una tela enorme y apagar las luces directas para preservarlo en las mejores condiciones posibles hasta el día siguiente, en que todo volverá a comenzar de nuevo.