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Si buscamos en un diccionario la palabra heya nos encontraremos con que la traducción literal es la de habitación. Así que cualquiera que se inicie en el sumo pensará que vamos a hablar de lo que cada luchador hace diariamente en su habitación privada ¿verdad? Pues me temo que no va a ser así. Y es que el nombre de heya se utiliza, en el mundo del sumo, para referirse al “gimnasio” de entrenamiento de los luchadores. Y ponemos la palabras entre comillas porque una heya es algo más que eso, es un edificio en el que los luchadores no solamente entrenan, sino que comen, duermen y pasan sus horas de asueto… cuando las tienen.

Como ya hemos comentado en entradas anteriores, sólo las dos categorías principales (Makuuchi y Jūryō) son asalariadas y los integrantes de alguno de los rangos que las integran son conocidos como sekitori. Cobran un salario mensual bastante elevado, tienen asistentes (tsukebito) que les ayudan con todo, son los primeros en sentarse a comer y están exentos de cualquier tarea dentro de la heya, ya sea cocinar, limpiar, asistir al oyakata, etc. Todo esto lo tienen que realizar los luchadores de las categorías inferiores, cuyo máximo anhelo en el mundo del sumo es el de alcanzar la categoría de Jūryō para verse liberados de este estilo de vida.

Y es que, comparado con la alta calidad de vida que ha hecho de Japón una de las potencias industriales del mundo, la vida en una heya podría decirse que es casi feudal, y quizás esta sea una de las razones del poco interés de los jóvenes japoneses en integrarse en este mundo. Además todos los luchadores no asalariados viven en la heya, en habitaciones comunales. Tan sólo los sekitori disponen de habitaciones individuales e incluso pueden alquilar su propio apartamento, acudiendo sólo a la heya para los entrenamientos.

Un-dia-en-una-heya-japonesa

La jornada comienza muy temprano, alrededor de las seis de la mañana, cuando los luchadores de rango más bajo se levantan para preparar el dohyō de entrenamiento e iniciarse en la práctica diaria. Poco a poco van apareciendo luchadores de mayor nivel, que van tomando el relevo de los de más baja graduación, alguno de los cuales se retira del dohyō para comenzar con sus tareas diarias, como ir a hacer la compra o empezar a preparar la comida, y algunos luchadores consiguen tanta habilidad a la hora de cocinar que después de que sus vidas en el sumo han terminado, abren restaurantes donde sirven chanko-nabe, la comida típica de los luchadores de sumo y de la que hablamos en una entrada anterior. Los que no tienen tarea asignada en ese momento se quedan en el dohyō para atender a los sekitori durante su entrenamiento, que comienza a una hora más razonable. No es extraño que un luchador de otra heya venga de visita y tome parte en el entrenamiento, no solo para beneficiarse del entrenamiento ante otros luchadores de su nivel sino también para ayudar a los de grados inferiores.

A eso de las 10 de la mañana finaliza el entrenamiento y es la hora del aseo. De nuevo los luchadores de rango superior serán los primeros en bañarse, mientras los demás les atienden y esperan su turno para lavarse. Como se puede ver, el rango lo es todo en la vida diaria de una heya.

 

Llega la hora de la comida, y de nuevo el rango se impone. El oyakata se sentará primero, después los rikishi de más alto rango irán tomando asiento, siendo servidos por los de más baja graduación. Evidentemente, y a pesar de que se hace chanko suficiente para todos los luchadores, el privilegio de sentarse antes y poder escoger los mejores pedazos de la olla es un poderoso incentivo para que los rikishi estén ansiosos por escalar posiciones en el ranking.

Después de la comida principal, los rikishi se tumban a dormir una siesta de un par de horas, lo cual es otra de las razones por las que engordan tanto, ya que las calorías se transforman en grasa al no ser totalmente consumidas como combustible por los músculos. Tras la siesta muchos luchadores aprovechan para ejercitarse en el gimnasio o haciendo un trabajo básico de pies. Más tarde se servirá una cena ligera, aunque muchos luchadores aprovechan para salir a dar un paseo por la zona, van al cine a ver una película o acuden a algún bar cercano para tomar algo. De todas formas no todos disponen de tiempo libre, ya que aún hay tareas que realizar en la heya y algunos luchadores deben quedarse a realizarlas. Cuando llega la hora de acostarse, los sekitori casados se van a casa con su familia, normalmente un apartamento cerca de la heya, mientras que el resto permanecen en la heya. Llega la hora de descansar y preparar el cuerpo para una nueva jornada de duro entrenamiento.