La Cúpula de la Bomba Atómica o Genbaku Dōmu (原爆ドーム) es, posiblemente, el monumento/memorial más conocido de la ciudad de Hiroshima, y uno de los más conocidos en el mundo por su triste historia.

En realidad, hoy en día estas ruinas reciben el nombre oficial de Conmemoración de la Paz de Hiroshima (広島平和記念碑 o Hiroshima heiwa kinenhi) pero comúnmente se le da el nombre de Cúpula de la Bomba Atómica. Las ruinas forman parte del Parque Conmemorativo de la Paz y fueron declaradas por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1996.

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Y dejadme que os diga que es una de las visiones más espeluznantes de las que tengo recuerdo. Porque una cosa es haberlo visto en fotos y otra muy diferente caminar a su alrededor, sentirlo cerca, y pensar “aquí mismo, hace años, explotó una bomba atómica vaporizando a miles y miles de personas al instante”. Se te ponen los pelos de punta y un sudor frío te recorre la espalda. Y si visto de día impresiona, si os acercáis de noche, con la iluminación especial que tiene, resulta aún más duro.

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La historia del edificio es bastante conocida, y seguro que la habréis leído una y mil veces. Originalmente este edificio, inaugurado en 1915 y diseñado por el arquitecto checo Jan Letzel era la Exposición Comercial de la Prefectura de Hiroshima y tenía como objetivo promover la venta de bienes producidos en Hiroshima. El edificio, de estilo europeo y 25 metros de alto, tenía tres plantas construidas a base de ladrillo más un núcleo central de 5 plantas, y estaba coronado por una cúpula en cobre sobre un entramado de acero.

Cupula de la Bomba Atomica antes de la explosión

Cupula de la Bomba Atomica en 1933, cuando aún era la Sala para la Promoción Industrial de la Prefectura de Hiroshima. Imagen de http://www.pcf.city.hiroshima.jp/

Más adelante su nombre cambiaría 2 veces, primero a Sala de Exposición de Productos de la Prefectura de Hiroshima y posteriormente a Sala de Promoción Industrial de la Prefectura de Hiroshima. En 1944, ante la intensificación de la guerra, dejó de ser utilizado para la promoción industrial y pasó a ser sede de varias oficinas locales.

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Genbaku Domu, por Andreu Escriva

¿Y por qué se hizo famoso este edificio, o más bien, lo que queda de él? Porque fue la única estructura que quedó en pie cerca del hipocentro de la bomba. Por supuesto, sólo quedó su esqueleto, porque cuando la bomba explotó, el inmenso calor consumió el edificio por completo, matando a todas las personas que se encontraban en él y haciendo que techos y suelos se hundieran, así como la gran mayoría de paredes interiores de la segunda planta hacia arriba. Pero como el impacto fue desde arriba y casi totalmente en vertical, los cimientos de la sección central bajo la cúpula permanecieron en pie, así como la estructura interna de soporte del edificio que desde entonces quedó a la vista.

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Curiosamente, cuando se empezó a planificar la reconstrucción de la ciudad, la idea era demoler este edificio, al igual que el resto de ruinas que habían quedado en la ciudad. Pero entonces empezó la controversia, ya que había quienes querían demolerlo mientras que otros querían mantenerlo en pie como un símbolo de paz y de recuerdo a las víctimas. Finalmente se decidió mantenerlo, y se integró en el Parque Conmemorativo de la Paz, que se acabó de construir en 1964.

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Y en 1966, el Ayuntamiento de Hiroshima aprobó la preservación a perpetuidad de la Cúpula de la Bomba Atómica. Y desde entonces, aunque el parque está repleto de sitios interesantes que ver, estas ruinas son su principal atracción, y también el punto frente al que se sueltan las lámparas de papel en el río Motoyasu cuando llega el día del toro nagashi, el 6 de agosto de cada año.

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Hoy en día, lo que vemos es exactamente lo mismo que quedó en pie tras la detonación de la bomba. Solamente se han hecho un par de intervenciones mínimas para asegurar la integridad estructural del edificio, pero las ruinas que podemos ver son exactamente las que quedaron aquel fatídico 6 de agosto de 1945.

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Genbaku domu, de Andreu Escriva

Merece muchísimo la pena acercarse a verlo, aunque como os decía al principio, impacta. Nosotros, que además visitamos Hiroshima un 5 y 6 de agosto, es decir, la víspera y el propio día del aniversario de la bomba, la energía que hay allí, el silencio y la introspección de todas las personas con las que te cruzas, hacen que impacte aún más.

atardecer en el genbaku domu, de Andreu Escriva

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