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Dejima (出島), que literalmente significa “isla de salida”, fue una isla artificial situada en la ciudad de Nagasaki que tuvo gran importancia histórica. Y es que Dejima fue el único lugar donde Japón permitió el comercio con el exterior, aunque muy controlado, durante el periodo de Edo.

La isla artificial de Dejima se construyó en 1636 para albergar, en un principio, a los portugueses e intentar controlar así sus incesantes actividades misioneras. Sin embargo, cuando los portugueses y los españoles fueron expulsados del país, fueron los holandeses los que ocuparon esta isla. Se convirtieron así en los únicos occidentales en poder comerciar en Japón durante los dos siglos de cerrazón del periodo de Edo.

Con la apertura de Japón al exterior y los avances del siglo XX, Dejima dejó de ser una isla y casi desapareció entre los edificios construidos en los terrenos ganados al mar a su alrededor. Pero desde hace unos años existe un programa para recuperar la isla y reconstruir sus maravillosos almacenes, residencias, muros y puertas y hasta volver a rodearla de canales para que vuelva a ser una isla. Así, la Dejima actual es una especie de museo al aire libre en el que poder aprender más sobre ese importante periodo de la historia japonesa.

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Un poco de historia de Dejima

Para comprender la importancia de Dejima tenemos que analizar brevemente la historia de la región de Kyushu a comienzos del periodo de Edo, unos años convulsos para un Japón sumido en guerras civiles.

En 1571 llegó el primer barco portugués al puerto de Nagasaki. Desde entonces y hasta 1636, cuando se completó la construcción de la isla de Dejima, portugueses, españoles e italianos llegaron sin cesar a Nagasaki con la intención de establecer lazos comerciales con el país nipón pero también con un objetivo evangelizador muy claro. No en vano, estos países eran representantes de la fe católica y trataban de llevarla allende los mares.

El shogun Tokugawa Iemitsu ordenó que se construyera la isla artificial de Dejima para segregar a los comerciantes portugueses en Nagasaki y así evitar la propagación de su religión, que estaba ganando adeptos en grandes cantidades. En 1637 el shogunato pudo frenar la Rebelión de Shimabara (de la que os hemos hablando en este post) gracias a la ayuda de los protestantes holandeses. Estos, en clara enemistad con los católicos portugueses y españoles, lucharon por frenar las misiones católicas y ofrecieron convenios comerciales al shogunato sin ningún tipo de evangelización a cambio. Evidentemente, esto satisfizo al shogunato, puesto que los holandeses no tenían ningún interés en convertir a los súbditos japoneses a la nueva religión.

Es por ello que en 1638 portugueses y españoles fueron expulsados del país. Dejima quedó vacía y la economía de la ciudad de Nagasaki se resintió gravemente. Fue entonces, en 1641, cuando la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (Vereenigde Oostindische Compagne, VOC) transfirió sus operaciones mercantiles desde el puerto de Hirado, desde donde llevaban comercializando desde 1609, hasta Dejima. En aquel momento se convirtieron en los únicos occidentales en tener relaciones comerciales con Japón.

Dejima en el pasado

Extraído de Titsingh, I. (1822). “Illustrations of Japan” [online]

La isla artificial de Dejima, de 120 metros de largo, 75 metros de ancho y un total de 15.000 metros cuadrados, tenía una clara y peculiar forma de abanico con un muelle de llegada en el extremo oeste. La isla sólo estaba conectada con tierra firme por un único puente y fue construida para mantener a los extranjeros segregados sin relacionarse con el resto de japoneses. De hecho, el control de entradas y salidas de Dejima era férreo y básicamente no se permitía la salida de los holandeses ni la entrada de japoneses, con algunas excepciones. Además, no se permitían armas ni ningún símbolo o servicio religioso y todos los gastos corrían a cargo de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales.

La isla de Dejima contenía, además de almacenes diversos, el alojamiento para 20 comerciantes holandeses, siempre bajo supervisión japonesa. También había algunos alojamientos para los oficiales y el encargado jefe, comerciantes, intérpretes, guardias diurnos y nocturnos, cocineros, carpinteros y administrativos japoneses y cortesanas de las casas de té de Maruyama, las únicas mujeres cuya entrada estaba permitida en Dejima.

Dos roles de especial interés eran el kapitan (カピタン) y el otona (乙名). El kapitan recibía el nombre holandés de opperhoofd (plural, opperhoofden) que significa literalmente ‘oficial supremo’. Este término se usaba para los jefes de los establecimientos comerciales en el extranjero, es decir, para definir al factor jefe u oficial ejecutivo al mando del establecimiento comercial de Dejima. El opperhoofd o director de Dejima era tratado como el representante del estado tributario, por lo que una vez al año (y posteriormente una vez cada cuatro años) tenía que visitar al shogun en la antigua Edo.

Por otro lado, el otona era el supervisor japonés de Dejima. Seleccionado de entre los eruditos o ancianos de la ciudad, el otona realizaban una gran variedad de tareas relacionadas con la gestión de la isla, como responder a peticiones de obra y emitir permisos, asignar personas, supervisar las actividades de los holandeses, etc. El otona tenían tanto trabajo que pronto se solicitó la ayuda de encargados y secretarios, llegando a tener unos 50 subordinados.

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Dejima en 1820. British Museum

Durante los dos siglos de comercio en Dejima (de 1641 a 1847), llegaron un total de 606 barcos holandeses a la isla. Además del comercio de objetos variados, Dejima destacó por el comercio de libros y artefactos científicos, lo que se conoce como el movimiento rangaku (estudios holandeses). Algunas de las técnicas e ingredientes que llegaron a Japón gracias a Dejima fueron la fotografía, el bádminton, los billares, el café o la cerveza, por poner solo algunos ejemplos.

Al comienzo de las relaciones en Dejima, a pesar de que los gastos de mantenimiento eran muy altos, la Compañía lograba sacar beneficios del comercio con Japón: los holandeses adquirían básicamente seda y comercializaban con cristalería y especialmente con libros e instrumentos científicos. Pero cuando el comercio holandés en Dejima se limitó a dos barcos por año en el siglo XVIII, la Compañía entró en bancarrota en 1795 y el control de Dejima pasó a manos del gobierno holandés, quien consiguió mantenerlo a pesar de las guerras de la época.

Finalmente en 1854 Japón se vio obligado a abrirse al exterior y restauró el comercio exterior en los puertos de Yokohama y Hakodate. Fue entonces cuando, tras 218 años de monopolio holandés en el comercio con Japón, Dejima dejó de tener razón de ser, por lo que unos años después cerró definitivamente sus puertas. Además, como resultado de la construcción del puerto, que se terminó en 1904, la ciudad de Nagasaki creció y ganó terreno al mar, de manera que la isla de Dejima acabó anexionada y casi olvidada entre los edificios del resto de la ciudad.

La reconstrucción de Dejima

Durante el periodo de cerrazón, Dejima fue el único punto de contacto entre Japón y el extranjero, por lo que la isla fue fundamental en la modernización de Japón al ser el lugar de intercambio de conocimientos académicos, económicos, científicos y culturales.

Sin embargo, durante el periodo de Meiji, la ciudad de Nagasaki reclamó los terrenos alrededor de Dejima al mar y la isla dejó de ser una isla. Dado que Dejima es un importante patrimonio histórico, no sólo para Japón sino para la historia mundial, la ciudad de Nagasaki decidió intentar restaurarla para mostrarla a la generaciones futuras. Entre los planes de recuperación de Dejima está trasladar parte del trazado de la carretera nacional 499 que pasa por el extremo occidental de Dejima y crear un canal del río Ginza para recuperar la zona y reconvertirla así en una isla.

Actualmente, en el museo al aire libre de Dejima podemos encontrar edificios restaurados del periodo de Edo y periodo de Meiji. Y es que, después de muchos intentos, en 1996 se decidió recuperar Dejima como patrimonio histórico de la ciudad de Nagasaki. Así, coincidiendo con el 400º aniversario del inicio de las relaciones entre Japón y Holanda, en el año 2000 Dejima volvió a abrir sus puertas, con algunos edificios rehabilitados: la residencia del subdirector, la cocina, los almacenes nº 1 y nº 2 y la residencia del capitán del primer barco.

Más adelante, en 2006, se rehabilitaron algunos edificios más: la residencia del director comercial, el despacho de los oficiales japoneses, la residencia del administrativo jefe, el almacén nº 3 y la compuerta de esclusa. Las obras no se han detenido y, con más de 16 edificios restaurados, en 2017 se instaló una réplica del puente Omotemon-bashi que unía tierra firme con la isla de Dejima, acercándose poco a poco a la idea original de devolver a Dejima su característica forma de abanico.

Además de la reconstrucción de varios edificios, es interesante recalcar la variedad y calidad de los objetos recuperados durante las excavaciones arqueológicas en isla. Hoy, estos objetos se exponen en las distintas salas del interior de los edificios rehabilitados: cerámicas europeas y chinas, objetos europeos de cristal, materiales relacionados con el comercio de cobre nacional, tejas japonesas, material de construcción, botellas de vino… ¡de todo!

A continuación, os contamos un poco más sobre los edificios rehabilitados hasta la fecha. Los tenéis todos marcados en el mapa general de Nagasaki también, que podéis usar en directo durante vuestro viaje por Japón (como os explicamos aquí).

Compuerta de esclusa

La entrada a Dejima se realiza por la antigua compuerta de esclusa. Este es el lugar por el que entraban y salían los objetos comercializados así como el conocimiento académico y científico y la cultura de holandeses y japoneses. El extremo sur se usaba para la importación y la zona norte para la exportación.

Nada más entrar, a la derecha, nos encontraremos con la antigua oficina de aduanas que se usa hoy de taquilla donde comprar las entradas para visitar Dejima; mientras que a la izquierda está la residencia del capitán del primer barco.

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Residencia del capitán del primer barco

A comienzos del siglo XIX, se permitía la llegada de dos barcos holandeses en el verano. Al llegar a Dejima, el capitán de la primera embarcación holandesa que llegase a puerto se alojaba en el segundo piso del lado oeste de este edificio hasta su partida de vuelta a Holanda en noviembre; su tripulación, mientras tanto, se quedaba alojada en el barco.

Actualmente podemos ver una recreación de cómo era esta residencia a partir de los informes del capitán C.T. Van Assendelft de Coningh, quien se alojó aquí en 1851.

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En el lado este del segundo piso se encontraban las habitaciones de los oficiales de comercio holandés en la isla. Para la recreación de esta zona, se usó la lista de objetos que se subastaron tras la muerte del oficial de alto rango Hermanus Smit, quien murió en Dejima en 1821.

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La gran mayoría de edificios de Dejima usaban la primera planta de almacén. Según las anotaciones de Hendric Doeff, quien trabajó como director de Dejima a comienzos del siglo XIX, este almacén en concreto se usó para almacenar una balanza, carbón y azúcar de baja calidad. La balanza que hoy se expone en Dejima fue donada a la ciudad de Nagasaki por el museo Stichting NMI de Delft.

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Residencia del subdirector

Justo enfrente de la residencia del capitán del primer barco encontramos la residencia del subdirector, cuyo primer piso se usa como tienda de recuerdos. Aquí podemos encontrar información general sobre esta isla, como si fuera una especie de oficina de bienvenida a Dejima, por decirlo de algún modo.

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Residencia del director o factor jefe

Justo al lado encontramos uno de los edificios emblemáticos de Dejima: la residencia del director o factor jefe. La residencia del director u opperhooft era el edificio más importante de la isla artificial y servía simultáneamente de oficina y de lugar de recepción de invitados.

El edificio tenía unas características arquitectónicas únicas, como por ejemplo salas para almacenar las mercancías y comida del director en el primer piso, un pasillo que cruzaba por el centro todo el edificio, escaleras exteriores techadas y una habitación con suelo de madera.

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Una de las características más destacables del edificio es la escalera triangular que nos lleva al segundo piso desde el exterior, aunque años más tarde fue cambiada por una escalera interior. Según los distintos diarios de los directores, el gran vestíbulo de la escalera triangular se usaba para colgar avisos de gestión contra incendios y otros boletines. La sala contigua al vestíbulo era usada por los holandeses para recibir visitas.

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En el segundo piso se encontraban los aposentos del director y consistía en el apartamento privado del director y los despachos oficiales en los que hacer negocios y recibir a los invitados. En la actualidad, se han usado muebles del siglo XIX y otros objetos para recrear la vida del lugar en varias salas de la residencia.

Por ejemplo, situada cerca del vestíbulo y teniendo en cuenta su distribución, la gran sala de 17,5 esterillas de tatami de tamaño se cree que se usaba como espacio para importantes trabajos administrativos, así como para negociaciones con oficiales japoneses y sus intérpretes.

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Por otro lado, la sala de 15 esterillas de tatami de tamaño se cree que se usaba para tareas administrativas del día a día en Dejima. En el centro de la sala encontramos hoy un bonito reloj con una caja de música que el director de Dejima regaló al shogun Tokugawa en su visita a Edo en 1822.
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Curiosamente, todo indica que el vestíbulo de la residencia se usaba como salón y aquí llaman poderosamente la atención las réplicas de las lámparas, cuyos originales se encuentran hoy en Holanda. Estas lámparas están decoradas con palomas, un símbolo que también aparece en una pintura del artista de Nagasaki Kawahara Keiga.

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En el salón principal, que es la mayor sala de toda la residencia con 35 esterillas de tatami de tamaño, es donde todas las mañanas y tardes los empleados holandeses se reunían para comer. La comida se preparaba en la cocina, situada detrás de la residencia. Este salón también se usaba para entretener a oficiales japoneses y otros eventos de importancia.

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Además, también podemos ver la sala de estar, la habitación de las cortesanas, el dormitorio del director o la biblioteca. Y es que los japoneses que visitaban Dejima no sólo buscaban relaciones comerciales sino también conseguir información del exterior. En la biblioteca de la residencia del director había enciclopedias y otros trabajos de interés indispensables para dar respuesta a las complicadas preguntas de los invitados japoneses.

En una de las salas podemos saber más sobre los viajes oficiales del director de Dejima a Edo, una de sus funciones más importantes. Desde 1633, el director debía viajar a Edo una vez al año para reunirse con el shogun Tokugawa y agradecerle en persona el privilegio que suponía poder tener relaciones comerciales con Japón. A partir de 1790 la frecuencia del viaje se redujo a una vez cada cuatro años, pero aún y así se realizaron un total de 166 viajes a Edo hasta que se realizara el último en 1850.

La procesión normalmente salía de Nagasaki en enero y llegaba a Edo a comienzos de marzo para visitar al shogun, ofrecerle sus respetos (y algunos regalos) y volver directamente a Nagasaki.

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Justo aquí también podemos ver la placa lacada en oro de la factoría de Dejima (del museo Rijksmuseum de Amsterdam) en la que se muestran los nombres de todos los hombres que sirvieron como director u opperhoofd en Dejima.

Durante las primeras décadas, el director solía abandonar Japón después de tan solo un año en el puesto, pero posteriormente el plazo se fue alargando. Hendrik Doeff fue el director que pasó más tiempo en el cargo, concretamente desde 1804 hasta 1817.

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Cocina

Detrás de la residencia del director encontramos la cocina. Aquí se preparaba la comida que el personal holandés comía en el segundo piso de la residencia del factor jefe dos veces al día, como hemos comentado.

Aquí se comerciaba también con especias, ingredientes extraños y recetas de cocina.

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A la salida encontramos un cañón de bronce recuperado del puerto de Nagasaki en 1954. El cañón lleva la insignia de la Compañía y en él se puede leer la inscripción “Amsterdam Anno 1640”, por lo que se sabe que el cañón fue producido por el artesano de campanas y armamento Assuerus Coster (1604-1661) e instalado en uno de los barcos holandeses que partieron del puerto de Amsterdam hacia Nagasaki.

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Despacho de los oficiales japoneses

También detrás de la Residencia del director encontramos el despacho de los oficiales japoneses, dedicados a  supervisar las actividades de los empleados holandeses. Este edificio, que sólo se usaba durante la época de transacciones comerciales, servía de despacho para el tesorero y los guardias, además de servir como residencia para los oficiales japoneses.

El edificio tenía las características típicas de las casas japonesas de la época, con un porche y tres apartamentos separados en su interior.

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Según los archivos del antiguo director Hendrik Doeff, siempre había un guardia nocturno posicionado en el exterior del despacho de los oficiales japoneses, así como otros guardias vigilando los barcos que iban y venían. Dado que el primer piso de este edificio estaba dividido en tres espacios independientes, es probable que uno de ellos estuviera reservado para los guardias.

En Dejima había un total de seis casetas de guardias, una en cada esquina y dos en el centro. Los guardias trabajaban en turnos para evitar el contrabando y asegurar que nadie entrara o saliera de la isla sin permiso.

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En el primer piso podemos ver la réplica de una cuba socavada, cuyo propósito todavía hoy se desconoce. La réplica se elaboró al encontrar los aros de hierro y el agujero en las excavaciones de rehabilitación de la zona. Según parece, la cuba estaba medio socavada en el suelo, pero no se sabe para qué se usaba.

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También podemos ver un reloj de sol colocado en el jardín de Dejima por el director Herman Christiann Kasten, cuyas iniciales están grabadas a un lado. El reloj podía medir la hora entre las 6:00 y las 18:00 horas y la línea central representaba el mediodía. Actualmente podemos encontrar una réplica del reloj en el jardín Siebold.

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Almacenes

Justo enfrente de la residencia del director encontramos tres almacenes típicos de Dejima, que como muestran las antiguas ilustraciones y modelos de la época, eran los típicos almacenes japoneses de arcilla.

Los holandeses pusieron nombres de flores a los almacenes, por lo que además de por su número muchos almacenes eran conocidos por el nombre de una flor. Por ejemplo, el almacén nº 1 se llamaba ‘el almacén de la rosa’ y aquí se almacenaba azúcar y caña de azúcar; el almacén nº 2 contenía básicamente mercancías relacionadas con la madera; mientras que el almacén nº3 o almacén de los claveles se usaba para almacenar azúcar y otras necesidades de importación.

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Los edificios que daban al puerto sufrían grandes daños por el clima y los archivos indican que necesitaban de reparaciones en su exterior a menudo. Es por ello que aunque en un principio estos edificios tenían muros de yeso, más adelante fueron reparados y cubiertos con revestimientos de mayor durabilidad.

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Residencia del administrativo jefe

Al lado de los almacenes, encontramos la residencia del administrativo jefe, quien tenía sus aposentos en el segundo piso.

No se sabe exactamente para qué se usaba el primer piso, pero las excavaciones realizadas durante la época de rehabilitación de la zona descubrieron los restos de un tanque de agua y una especie de sistema de alcantarillado. La presencia, además, de grandes cantidades de mercurio en la tierra, sugiere que probablemente se usara como taller o laboratorio.

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Alojamiento de los administrativos

Enfrente de la residencia del administrativo jefe encontramos el alojamiento del resto de administrativos. Aquí podemos ver una exposición sobre la importancia del intercambio comercial y cultural en Dejima.

A ambos lados del edificio hay antiguos almacenes de azúcar, usados actualmente como salas de exposición. En el segundo de ellos podemos ver las obras de excavación de Dejima, así como los avances en la construcción del puente de Dejima (que terminó de completarse en febrero de 2017), y la obras varias que se están realizando en la isla.Dejima-103
Despacho del otona

Esta sala recrea la vida y el trabajo de los residentes de Nagasaki asignados a Dejima, conocidos como ‘Dejima otona‘, algo así como los eruditos o ancianos de Dejima. Estos trabajadores japoneses tenían varias obligaciones en la isla: responder a las peticiones sobre obras en Dejima; emitir permisos; gestionar el equipo contra incendios y otros servicios públicos; asignar personal a los trabajadores holandeses; y supervisar las actividades de los residentes holandeses.

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El edificio estaba reservado a los oficiales japoneses que frecuentaban la isla. La factoría de Dejima estaba bajo el control directo del Magistrado de Nagasaki y era administrada por representantes locales. El número de oficiales locales asignados a Dejima, incluyendo los ancianos y los intérpretes, era de unas 200 personas. Seleccionados de entre los ancianos de la ciudad, los otona realizaban una gran variedad de tareas relacionadas con la gestión de la isla. Tenían tanto trabajo que pronto solicitaron la ayuda de encargados y secretarios.

En la isla había unos 50 intérpretes divididos en distintos rangos: capataz, asistente sénior, asistente junior, intérprete regular, intérprete de bajo rango y aprendiz. Los interpretes no sólo realizaban tareas de interpretación sino que también traducían los informes del director holandés sobre sucesos ocurridos por todo el mundo y otros documentos.

Aparte, había también artistas, jardineros y lavanderos, así como compradores, quienes abastecían a los holandeses de productos de primera necesidad.

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Residencia del capataz

El encargado o capataz controlaba todo aquel que entraba y salía por la puerta principal de Dejima, de ahí que su ubicación sea cercana a la de la puerta de acceso a la isla artificial.

Justo detrás encontramos el antiguo almacén de cobre, que era la exportación principal de Dejima. Aquí hay exposiciones sore la historia de Japón y el mundo a partir de las excavaciones realizadas.

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Puerta principal Otemon

La puerta principal de Dejima estaba situada en un extremo del puente de Dejima y era el único acceso por tierra desde las calles de Nagasaki a la isla. La puerta estaba controlada por guardias en todo momento.

El embarcadero norte original se extendía hasta aproximadamente el centro del canal actual, pero fue reducido durante el periodo de Meiji para ampliar el canal del río. Como resultado, la puerta restaurada también se encuentra algunos metros al sur de su localización original.

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En el lado exterior del puente de Dejima, como decimos el único acceso por tierra a la factoría holandesa, se encontraba un cartel oficial con la lista de prohibiciones. Básicamente nadie, aparte de cortesanas y algunos monjes budistas, podía cruzar el puente hacia la isla y ninguno de los residentes holandeses podía salir sin permiso.

El cartel decía, más o menos, lo siguiente:

Decreto:

Quienesquiera que viesen una persona, ya fuera japonesa o extranjera, saltándose la ley o realizando un acto ilegal de cualquier naturaleza o usando sobornos para solicitar dicho acto debe informar a las autoridades.

El informador, aunque fuera el recipiente de una solicitud ilegal, recibirá un premio que será el doble en valor al soborno. Aquellas personas que escondan un acto ilegal serán castigadas en consecuencia.

Queda prohibido:

  • El acceso de mujeres, excepto de cortesanas;
  • El acceso de sacerdotes excepto misioneros aprobados por el templo Koyasan;
  • El acceso de vendedores ambulantes y mendigos;
  • La entrada de barcos dentro de los marcadores de Dejima;
  • La salida de holandeses de Dejima sin permiso previo;

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Cuando nosotros visitamos la zona, todavía no había el puente Otemon-bashi que en el pasado unía la isla de Dejima con el resto de Nagasaki. Como parte de las obras de recuperación de Dejima, el puente Otemon se terminó colocar el 27 de febrero de 2017 en una ceremonia especial en Dejima. El puente actual mide 4,4 metros de ancho y 38,5 metros de largo.

Antiguos almacenes de piedra

A ambos lados de la puerta principal encontramos sendos almacenes de piedra reconstruidos en 1956 a partir de antiguas fotografías. Así se muestra cómo eran los almacenes de la mitad oeste de la isla construidos en 1859 tras la apertura de Japón al exterior. En esta zona había varios almacenes que se atribuyen a Koyama Hidenoshin, el maestro carpintero que construyó la Iglesia de Oura y la Residencia Glover (que podemos visitar en los Jardines Glover).

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Es aquí donde encontramos también el monumento a Kaempfer y Thunberg. Y es que P.F. Von Siebold irguió este monumento en el jardín de Dejima en 1826 como homenaje a sus predecesores: E. Kaempfer, quien llegó a Japón en 1690, y C. Thunberg, quién llegó en 1775. Conocidos como los tres grandes eruditos de Dejima, Kaempfer, Thunberg y Siebold contribuyeron al desarrollo de Japón y a la introducción de información sobre la cultura japonesa en el exterior.

La inscripción en latín reza lo siguiente:

E. Kaempfer, C. P. Thunberg,
¡Mirad! Vuestras plantas crecen y florecen año tras año
ofreciendo guirnaldas de amor en vuestra memoria.
Dr. Von Siebold

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Jardín Siebold

P.F. Siebold, quien llegó a Nagasaki en 1823 para trabajar como médico residente en Dejima, mandó unas 260 especies de flora japonesa a Holanda. Esquejes de cinco de las especies cultivadas en los Jardines Botánicos de la Universidad de Leiden se plantaron aquí en el año 2000 para conmemorar el 400º aniversario de las relaciones entre Japón y Holanda. Concretamente fueron esquejes de arce japonés, hiedra, glicinia, akebia y zelkova japonés.

Aquí podemos ver expuesto también otro cañón holandés recuperado de la desembocadura del río Urakami en 1964. Se pueden ver grabados en su superfície la letra A, indicadora de la ciudad de Amsterdam, y la insignía de la Compañía.

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Construido en 1965 como parte de las obras de rehabilitación del jardín de Dejima, este puente y el emparrado fueron diseñados a partir de las ilustraciones que representaban la Dejima de 1798, justo antes del gran incendio en la isla. La ilustración muestra un puente decorativo sobre un pequeño estanque con agua que servía para irrigar los campos de verduras y un emparrado de viñas para dar sombra.

Sin embargo, las ilustraciones posteriores de Kawahara Keiga y otros artistas no muestran ni el puente ni el emparrado.

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Dejima en miniatura

Justo al lado del jardín encontramos un modelo a escala 1/15 realizado en 1972 a partir de las ilustraciones de Kawahara Keiga. Este modelo muestra cómo era la isla de Dejima en 1820.

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Antiguo Seminario de Dejima

Enfrente de las miniaturas encontramos el antiguo seminario de la Iglesia Metodista de Dejima, construido en 1878 y que en 1883 se convirtió en el Seminario anglicano de Dejima. Hoy es el seminario protestante más antiguo de todo Japón.

El edificio actual, con remodelaciones de 1893, es un tesoro de gran valor de la historia de Dejima y actualmente en su interior encontramos una tienda de recuerdos y una cafetería.

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Antiguo Club Internacional de Nagasaki

Iniciado por el hijo de T. B. Glover, Kuraba Tomsaburo, junto con Shoda Heigoro y otros, el Club internacional de Nagasaki fue fundado en 1899 como lugar de intercambio entre los residentes japoneses y extranjeros de Nagasaki.

El edificio de estilo occidental fue construido en 1903 por Frederick Ringer y adquirido por la ciudad de Nagasaki en 1968. Hoy funciona de museo y lugar de descanso.

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Monumento a la amistad luso-japonesa

Esta escultura de Martins Correia es un tributo a los seis hombres que contribuyeron al intercambio entre Japón y Portugal. Hecha de bronce, la escultura se expuso durante la Expo’70 de Osaka y fue posteriormente donada a la prefectura de Nagasaki por el gobierno de Portugal.

La ciudad de Nagasaki recibió la escultura en 1973 y decidió instalarla en Dejima. En la escultura podemos ver a seis figuras importantísimas de las relaciones luso-japonesas o quizás mejor dicho de las misiones católicas en Japón: Francisco Xavier, Jorge Alvarez, João Rodrigues, Luis de Froes, Wenceslau de Moraes y Luis de Almeida.

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Campana que daba las horas

Entre los edificios de Dejima encontramos la campana que marcaba la hora. Según los archivos de la época, la campana tocaba a mediodía y durante los periodos de comercio y transacciones para anunciar la llegada de mercancías por las mañanas.

La campana, de estilo europeo, fue moldeada en el siglo XVIII y usada en Holanda antes de llegar a Dejima. Una vez en la isla, cambió de lugar en multitud de ocasiones.

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Muro del muelle occidental

En el extremo sudoeste de la antigua isla, se encontraba el antiguo muelle de llegada de Dejima. Hoy lo único que queda del lugar es una marca en el suelo en el lugar exacto donde el muelle se juntaba con el muro de Dejima, parte del cual todavía podemos ver en la actualidad.

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Información adicional

  • El acceso a Dejima está abierto de 08:00 a 18:00 horas, aunque en vacaciones escolares, Golden Week y momentos de gran afluencia de público cierra a las 19:00 horas.
  • La entrada cuesta 510 yenes.

Cómo llegar

Para llegar a Dejima, lo mejor es tomar el tranvía número 1 en dirección a Shokakuji y bajarnos en la parada ‘Dejima’, situada justo enfrente de la entrada principal.

¡Disfrutad de Dejima!

Más fotografías en este álbum de Luis Rodríguez y en este álbum de Laura Tomàs.

Referencias

  • Web oficial de los trabajos de recuperación de Dejima [en línea]
  • Gilbert, M.J. (2008). “Deshima Island: A Stepping Stone between Civilizations” en World History Connected 3(3) [en línea].
  • Klos, M. y Derksen, L. (2016). “Shared cultural heritage of Japan and the Netherlands” en Cultural Heritage Agency of the Netherlands [en línea].

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