Beppu es una pequeña ciudad costera de la isla de Kyūshū -al sur de Japón- y aunque no es el destino más frecuente de los turistas que visitan Japón, es una de las ciudades balneario más importantes de todo el país.

Por ello, es muy popular como destino turístico interno debido a sus aguas termales naturales u onsen y a sus infiernos o jigokus (地獄), que atraen a más de 12 millones de turistas cada año. Os hablaremos aquí de cómo visitar los principales infiernos de Beppu y de qué podéis encontrar en cada uno de ellos.

Los jigoku o infiernos de Beppu atraen a más de 12 millones de turistas al año Click to Tweet

Visitando los 8 infiernos más importantes

En total hay diez infiernos, pero lo más normal será que hagamos la Beppu Jigoku Meguri, la ruta que nos llevará por los 8 infiernos más conocidos y que es la que os vamos a contar aquí, puesto que se pueden visitar todos en el mismo día.

Un infierno, por cierto, no es otra cosa que un pozo volcánico con agua a altas temperaturas (entre 50 y 99,5 ºC) y barro y, en algunos casos, olor a huevos podridos debido al azufre. Eso sí, varios de ellos tienen onsen o baños para pies (ashiyu, 足湯), con lo que si llevamos mucho rato caminando podemos relajarnos un momento, nuestros pies lo agradecerán.

Visitar estos 8 infiernos de Beppu es sencillo porque existe una entrada conjunta para todos ellos de forma que por 2.100 yenes (unos 17 euros) podemos visitarlos todos, aunque el traslado de un infierno a otro sigue corriendo de nuestra cuenta.

Lo que sí hay que tener en cuenta es que, en general, están montados por y para el turista. Esto hace que encontremos algunos preciosos porque se sitúan en enclaves naturales maravillosos, pero otros sin embargo dan un poco de vergüenza ajena, como ahora os contaremos.

Sellos de los jigoku en BeppuSi queremos visitar los infiernos por separado, el precio es de 400 yenes pero, debido a que están alrededor de las montañas de Beppu y ya que nos hemos desplazado hasta allí, lo más inteligente es aprovechar y verlos todos. Eso sí, prestad especial atención a los horarios, ya que aunque se puedan visitar desde bastante temprano por la mañana (8:00 horas), por la tarde cierran relativamente pronto (17:00 horas), como muchos otros sitios en Japón.

Y para que podamos marcar nuestro avance, y como es costumbre en museos, estaciones de tren y otros lugares japoneses, cada uno de estos 8 infiernos tiene un sello particular. Existe además existe una hoja que marca la situación de cada infierno en un mapa de Beppu, con espacio para que añadamos el sello de cada jigoku o infierno,  uno de los sellos, con lo que podemos ir marcando nuestro avance y luego llevarnos la hoja completa de recuerdo.

De estos 8 infiernos, 6 de ellos están muy próximos, en el distrito de Kannawa, y de hecho se puede ir caminando de unos a otros. :

Umi-jigoku o umizigoku, el infierno marino

El Umi-jigoku (海地獄) -que también veremos escrito como Umizigoku– o infierno marino es uno de los más bonitos de todo el recorrido y, además, donde comienza nuestro recorrido por los 8 infiernos de Beppu. Recibe su nombre por su estanque de agua de color azul cobalto que recuerda al mar y que sin duda es una maravilla.

Nada más entrar en el infierno, cuando no sabemos muy bien qué vamos a encontrar, nos quedaremos boquiabierto al ver la naturaleza tan exuberante tanto en el infierno como en las montañas que lo rodean: arboles verdes y muy frondosos, estanques con nenúfares del tipo Victoria Amazónica, etc.

Eso sí, nada más entrar, lo primero que encontramos es un pequeño puesto humeante con un letrero que nos dice que el agua en este infierno está a 98 grados. Aquí el olfato nos dejará claro que estamos en un lugar “diferente”, y es que todo el azufre que hay en la zona hace que a medida que nos adentramos en el infierno vayamos notando un curioso olor a huevos podridos.

Este olor se hace más intenso a medida que nos acercamos al estanque de agua azulada que da nombre al infierno. Este estanque tiene 200 metros de profundidad y surgió hace 1.200 años de una erupción volcánica. Resulta curioso porque los ojos nos dicen que estamos ante una vista maravillosa, pero el olfato nos impulsará a salir corriendo de allí para evitar ese olor. Resulta un tanto complicado intentar equilibrar estas dos experiencias sensoriales tan dispares. Y el agua de este estanque está tan caliente, y suelta unos vapores tan interesantes, que hay una cesta con huevos colgada sobre el agua, para cocerlos. Y es que los huevos negros, cocidos en estos infiernos, son considerados como un manjar.

El Umi-jigoku tiene más que ver que el estanque principal o el lago de la entrada, ya que también cuenta con un pequeño santuario sintoísta, con un camino cubierto de varios torii. No, no es Fushimi Inari, pero resulta bonito.

Y cerca de esta zona, tenemos un “onsen para pies” o ashiyu en japonés que es uno de los mejores inventos del mundo y relaja un montón. En este caso además está cubierto, para que no nos queme demasiado el sol (nosotros fuimos en pleno verano y lo agradecimos), y con bancos en la piscina con agua, para que nos podamos sentar a descansar mientras relajamos los pies con al agua calentita del onsen. Eso sí, el agua se ha templado previamente porque como con una temperatura de 98 grados se nos caería la piel a tiras, cosa que no ocurre. A nosotros se nos cayó, pero fue más por todo el sol que nos dio durante la visita a todos los infiernos, pero ésa es otra historia.

Y ya que estamos en Japón, que es un país consumista a más no poder, encontraremos una pequeña tienda justo tras el lago de la entrada donde podremos comprar recuerdos de nuestro paso por los infiernos de Beppu. De hecho, podremos comprar incluso huevos cocidos sobre estas aguas sulfurosas.

Oniishibozu jigoku, el infierno de la cabeza afeitada del monje

El Oniishibōzu jigoku (鬼石坊主地獄) o Infierno de la cabeza afeitada del monje se caracteriza por piscinas de barro hirviendo, y si logramos acostumbrarnos al olor y nos quedamos un rato mirando el barro, podremos ver cómo se forman burbujas en su superficie. Entonces comprenderemos el porqué del nombre de este infierno, ya que dichas burbujas asemejan a la cabeza afeitada de un monje (bōzu atama en japonés). Oniishi hace referencia al nombre de la zona donde se encuentra el infierno.

Además de esto, el infierno es bastante grande y podemos ver zonas pedregosas de las que emana vapor de agua que procede de las profundidades de la tierra. Además, algunas de las piscinas de barro o estas zonas con piedras tienen caminos que nos permiten acercarnos un poco más a las particularidades del Oniishibozu jigoku.

Y como decíamos al principio, este es uno de los infiernos que cuenta con un onsen para pies, llamado ashiyu en japonés (足湯). Está situado en un extremo del recinto, con forma circular y asientos para que nos lo tomemos con calma. Hacednos casos, puede que sea sólo el segundo infierno de nuestra ruta, pero conviene hacer un alto en el camino y relajar los pies todo lo que podamos.

Yama jigoku, el infierno de la montaña

El Yama jigoku (山地獄) o Infierno de la montaña es el tercer infierno del jigoku meguri o paseo por los infiernos de Beppu del que os hemos hablado. No es uno de los infiernos más espectaculares ni más grandes, aunque sí podemos ver que el vapor de agua se filtra por cualquier recoveco de la montaña en la que está situado el infierno, y así podemos ver grandes columnas de humo por dondequiera que miremos.

Lo más curioso es que este infierno alberga una especie de zoo en miniatura, con unos pocos animales como el simpático hipopótamo de las fotos, pero lo cierto es que el espacio es muy pequeño y los animales están hacinados. Esto, sinceramente, no nos gustó nada.

Kamado jigoku, el infierno de la caldera o del horno

El Kamado jigoku (かまど地獄) o Infierno del horno o de  la caldera es el cuarto infierno de la ruta y, sinceramente, uno de los infiernos más horteras que podemos encontrar en Beppu. Nada más entrar nos encontraremos una estatua de un demonio cocinando, que parece de cartón piedra.

El demonio cocina porque dentro de este infierno encontramos estanques sobre los que hay huevos cociéndose, como ya ocurriera en el Umi jigoku, que son una delicatessen.  A la entrada, además, tenemos una fuente de la que no sólo podemos beber agua, sino que además es típico hacerlo. Eso sí, entre que el agua sale caliente y que tiene sabor a podrido por las trazas de azufre, resulta muy poco apetecible. Aunque ya que estábamos, la probamos, como hacían el resto de japoneses. ¡Ya nos contaréis si hacéis lo mismo!

Luego, pese a todo esto, el estanque principal del Kamado jigoku es bastante bonito, porque tiene unas aguas con un color azul lechoso precioso. Lo que es menos bonito, aunque sí muy curioso, son otros estanques de barro adyacentes donde podemos ver burbujas de barro estallando y formando pequeños cráteres. Y ojo al ruido que hacen estas burbujas de barro al estallar ¡parece que alguien tuviera flatulencia!

Oniyama jigoku, el infierno del demonio de la montaña

El quinto de los infiernos incluidos en la entrada conjunta es el pequeño Oniyama jigoku (鬼山地獄) o Infierno del demonio de la montaña. Y si decíamos del infierno anterior que era algo hortera con su demonio cocinando, el Oniyama jigoku es bastante cutre. Porque básicamente es un criadero de cocodrilos, ya que al parecer la temperatura de las aguas de sus estanques son perfectas para que críen. Lo triste llega cuando ves que estos cocodrilos viven hacinados, que no tienen casi espacio para moverse y en lugar de ser algo interesante, te da lástima por los pobres cocodrilos.

Luego, el estanque principal del infierno -ya sin cocodrilos-, aunque el color verdoso de sus aguas no es del todo feo, no resulta especialmente bonito porque según cómo le dé la luz parece que es un estanque de agua sucia sin más. Tampoco ayuda, claro, que este infierno está rodeado de casas y bloques de apartamentos, que no ayudan a hacer de la vista algo memorable.

Al menos este infierno tiene también un onsen de pies o ashiyu en japonés, ideal para descansar los pies de tanto caminar.

Shiraike jigoku, el infierno del estanque blanco

El Shiraike jigoku (白池地獄) o Infierno del estanque blanco es uno de los infiernos más bonitos que hay en Beppu. Aquí encontramos estanques de aguas a gran temperatura que brotan del interior de la tierra y que adquieren un color blanco lechoso precioso que es el que le da nombre al infierno.

Lo curioso es que viendo las fotos parece que este infierno es un remanso de paz y tranquilidad, con sus jardines japoneses rodeándolo. La realidad es que, al contrario que los primeros infiernos de los que hemos hablado, el Shiraike jigoku está en mitad de la ciudad, con lo que está rodeado por edificios de viviendas, calles llenas de cables de electricidad, etc., y por supuesto de vehículos y de personas haciendo su vida cotidiana.

En este infierno no hay onsen o baño de pies, pero sí una pequeña caseta en la que poder sentarnos a la sombra para recuperar el aliento tras tanto caminar. Allí entablamos conversación con una familia japonesa que se sorprendió de que dos occidentales hubieran llegado tan lejos en sus viajes por Japón.

Estos 6 primeros infiernos se pueden recorrer caminando de uno a otro, y el orden para que caminemos lo menos posible es justo el que tenéis en esta entrada. Los dos restantes infiernos están en el distrito de Shibaseki, a unos 2,5 kilómetros de distancia de los 6 primeros, con lo que necesitaremos subir a algún autobús para que nos lleve hasta ellos.

Chinoike jigoku, el infierno del estanque de sangre

El Chinoike jigoku (血の池地獄) o Infierno del estanque de sangre es uno de los infiernos o jigoku más espectaculares de Beppu, aunque como decimos, está algo separado de los 6 que hemos mencionado anteriormente, con lo que continuar a pie el jigoku meguri o ruta de los infiernos hasta aquí no es aconsejable. El autobús 16 desde el infierno anterior nos llevará hasta aquí en unos pocos minutos.

Este infierno resulta precioso por su situación natural, todo rodeado de montañas. Si además añadimos al paisaje su estanque de 30 metros de profundidad y con aguas mezcladas con barro de color rojizo gracias a la mezcla de óxidos de hierro, magnesio y aluminio, entre otros, y con una temperatura de 78 grados, parece que estamos viendo un paisaje sacado de una película de ciencia ficción.

Por cierto que el Chinoike jigoku vuelve a tener onsen o baños para pies, con lo que no dudéis ni por un momento en descalzaros y relajaros porque si estáis siguiendo el recorrido que decimos, este es el séptimo infierno que habréis visitado y vuestros pies agradecerán el descanso. Además, y como otros infiernos, tiene también una tienda donde venden recuerdos y productos para el baño.

Tatsumaki jigoku, el infierno del géiser

El último de los 8 infiernos de Beppu incluidos en la ruta jigoku meguri es el Tatsumaki jigoku (龍巻地獄) o Infierno del tornado. Básicamente este infierno es un géiser que suelta agua vaporizada a gran temperatura. Desde luego, no es de los más espectaculares, pero si hemos pagado la entrada conjunta y hemos visitado el Chinoike jigoku antes, que está al lado, no hace daño visitarlo.

Aunque el géiser no es demasiado grande, el agua llega a una altura de 20 metros y se encuentra a 105 ºC. Cada chorro de agua dura entre 6 y 10 minutos, con lo que tenemos tiempo de sobra para hacer fotos pero, si perdemos la ocasión de verlo, tendremos que esperar un rato. Y es que entre chorro y chorro suelen pasar unos 30 o 40 minutos. Eso sí, aunque nos parezca mucha espera, lo cierto es que es uno de los géiseres con intervalo más corto que existe.

Resulta muy curioso lo turístico que es, porque hay una sección de gradas justo delante del géiser, por si no quieres esperar de pie a que salga el agua. Y como ocurre con los demás infiernos, también tiene su tienda de recuerdos.

Los otros dos infiernos  que no están incluidos en la entrada combinada son el Honbōzu jigoku, o Infierno de Barro, y el Kinryu jigoku, o Infierno del dragón dorado.

Cómo llegar a los infiernos de Beppu

Para llegar a cualquiera de los infiernos primero tenemos que llegar a Beppu, por supuesto, pero esto es muy sencillo. En primer lugar, debemos ir hasta Hakata, en el norte de la isla de Kyushu. Hakata está muy bien conectada con el resto del país ya que podemos llegar con avión o con tren bala, mediante las líneas Sanyo y Tokaido de shinkansen desde Kioto, Osaka y Tokio o la línea Kyushu desde Kagoshima.

Una vez en Hakata debemos tomar el tren expreso limitado -incluido en el JR Pass– llamado Sonic que nos dejará en Beppu en menos de dos horas. Al llegar a la estación de Beppu, que también sirve como estación de autobuses, hay una oficina de turismo donde nos informarán de todo lo necesario para llegar hasta los infiernos.

Nosotros subimos a la línea 5 de autobús, que llegaba de forma bastante directa, pero también os servirán las líneas de autobús 2, 9, 41 o 43, además de la mencionada 5. Tenemos que bajarnos en la parada Umi-jigoku-mae (literalmente, delante del Umi-jigoku), y ya estaremos en situación de empezar nuestro recorrido por los infiernos.

Para visitar los dos últimos infiernos de la ruta, que no están cerca de los primeros 6, una vez que visitamos el sexto infierno -el Shiraike jigoku– debemos ir hasta la estación de autobuses de Kannawa, muy cerca de donde se encuentra este sexto infierno. Allí, debemos tomar la línea 16 de autobús que nos dejará en el Chinoike jigoku, el primero de los dos últimos infiernos.

Pero sin duda, lo mejor para no perderse es utilizar este mapa con todos los infiernos que componen esta ruta. En él, fuera de la vista principal, aparece también marcada la estación de Beppu, de tren y autobús. Asimismo hemos marcado la terminal de autobuses de Kannawa y algunas otras opciones turísticas y de ocio de la zona, para que disfrutéis de Beppu al máximo:

Si queréis ver más fotos, en Flickr tenemos galerías del Umi-jigoku, del Oniishibozu jigoku, del Yama jigoku, del Kamado jigoku, del Oniyama jigoku, del Shiraike jigoku y del Chinoike jigoku.

Entrada originalmente publicada el 7 de diciembre de 2011. Última actualización: 2 de julio de 2016