Dentro del hanamachi de Gion, uno de los paseos de los que más disfrutaremos sin duda de la belleza tradicional de Kioto es la calle Hanamikoji (de la que os quiero hablar un poco más extensamente en orta entrada). Justo al comienzo de la calle Hanamikoji, haciendo esquina con la calle Shijo (una de las principales avenidas de la ciudad) se encuentra una de las casas de té más famosas e históricamente importantes de Kioto, la casa de té Ichiriki (一力).

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Ichiriki vista desde la calle Shijo. Vemos que es imposible ver nada de su interior.

La casa de té Ichiriki es uno de los pilares del distrito de Gion desde hace unos 300 años. Sus muros, jardines interiores y salas de tatami probablemente han oído y visto cosas que jamás verán la luz, siendo el centro neurálgico de muchas conspiraciones y complots. De hecho, es especialmente destacable su papel en la historia de los 47 rōnin. Recordemos que el líder de los rōnin, Kuranosuke, pasa varias noches en Ichiriki y por ello se gana la reputación de jugador y borracho, lo que favorece que el posterior ataque a Yoshinaka sea todo un éxito. Asimismo, a finales del periodo de Edo, las paredes de Ichiriki dieron cobijo a las secretas reuniones para derrocar al shōgun que conllevaron finalmente la caída del shogunato Tokugawa y el inicio de la Restauración de Meiji.

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Ichiriki vista desde la calle Hanamikoji.

Recordemos que el término ochaya, que traducimos literalmente como casa de té, no se refiere a un establecimiento en el que simplemente tomar el té sino un establecimiento de entretenimiento exclusivo con maikos y geishas. Y es por ello que, también hoy en día, Ichiriki es un establecimiento extremadamente exclusivo al que sólo se puede acceder con invitación, es decir, hay que conocer a alguien ‘de dentro’ y obtener su beneplácito. Aunque no sólo necesitaremos nuestro ‘patrocinador’, sino también mucho dinero, ya que se rumorea que una noche de entretenimiento estándar con geishas y maikos puede llegar a costar unos 800.000¥ (más de 7.600 euros al cambio en el momento de escribir esto).

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Esquina de Ichiriki, donde se ven perfectamente las placas de bambú y madera situadas en la pared para salvaguardar la privacidad.

De estilo tradicional, Ichiriki está construida básicamente sobre madera y diseñada para proteger la privacidad de los invitados. Los inu yarai, o placas de bambú situadas en las paredes que dan a la calle Shijo, son un ‘repelente’ ideal que busca proteger la privacidad de las conversaciones dentro de la casa de té: alejan los oídos extraños de posibles conversaciones secretas en el interior y además quedan estéticamente bien (como detalle cabe resaltar que en la calle Hanamikoji son de madera, no de bambú). Asimismo, todas las ventanas están cubiertas por lo que es imposible ni adivinar qué hay en el interior y la organización de las diferentes paredes, estancias y la entrada hacen que desde fuera sea imposible ver el jardín interior. Tan sólo podemos ver un poquito el patio de la entrada a través del noren que cuelga en la misma (una pequeña cortina de tela que se cuelga en casas y establecimientos japoneses).

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Si habéis leído Memorias de una Geisha (de Arthur Golden), probablemente os suene el nombre de Ichiriki, ya que aparece en el libro. Os recomendamos no tomaros al pie de la letra las descripciones que hace el autor de la casa de té (de hecho os recomendamos no tomaros en serio nada de lo que describe el autor), ya que la dueña de Ichiriki siempre ha negado que Golden hubiera entrado nunca a su casa de té.

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Todas las fotos son propiedad de Laura Tomàs Avellana. Podéis ver alguna foto más, aquí.